Nuestra madre
La comparsa Los Marqueses de Atarés fue
de las primeras en constituirse en el
Cerro, organizada por los abakuá del
barrio. Precisamente, en Atarés se
sacramentó la nueva potencia Isún Efó, a
principios de 1938.
La coreografía, a cargo de Ambrosio
Díaz, representaba una boda de la
aristocracia colonial, donde un
comparsero disfrazado de cura casaba a
los novios. Aparecían además otros
muchos personajes complementarios y
significativamente no se olvidaba a los
curros de Carraguao. Toda la dramaturgia
se hacía con ademanes supuestamente
refinados, ofreciendo ―tal vez sin
proponérselo― una imagen caricaturesca
de aquella hidalga burguesía.
Integraba la comparsa casi un centenar
de hombres, mujeres y hasta niños, en su
mayoría negros y mulatos. Al margen de
lo que representaban dentro de la
coreografía, muchos fueron realmente
personalidades muy alegres y
pintorescas.
La música de la comparsa era altamente
movilizadora y contagiosa, y predominaba
la percusión. En su módulo instrumental
se distinguían el bombo, los
redoblantes, los bongoes, las maracas,
los cencerros, las claves y los
cornetines. Durante el recorrido se
interpretaban minuetes, rigodones y
piezas de cuadro, aunque el plato fuerte
eran las rumbas y las congas.
La cadencia de Los Marqueses de Atarés,
a diferencia de otras comparsas, sería
un poco más lenta, como tratando de
remendar el tono mesurado de la
aristocracia. No hemos podido precisar
si la variante rumbera "Palatino" es
tributaria al ritmo de los Marqueses; o
si por el contrario, son los Marqueses
quienes asumen esta variante rumbera.
Queda para pesquisas futuras. Lo cierto
es que se enriquece el baile popular, y
el baile carnavalesco habanero. Por eso,
el tema musical preferido de la
comparsa, decía así:
El ritmo de paso suave,
lo sacó el Marqué,
y todas las comparsas,
y todas las comparsas,
lo quieren coger.
Nosotros estamos orgullosos,
porque así se vé,
que la enseñanza,
la ha dado el Marqué...
La "enseñanza", el impulso y el
entusiasmo inicial, efectivamente lo
había dado Atarés. Y al carnaval
siguiente, en 1908, una nueva comparsa
aparecía: El Alacrán.
Nuestra cuna
Así surgió también la comparsa El
Alacrán, a raíz de estas tradiciones y
frente a disímiles condiciones debutó
por primera vez en 1908 y fue creada en
el solar 'Los carretones' en la calle
Vives entre Águila y Alambique, en el
antiguo barrio de Jesús María. Tenía sus
orígenes en la antigua comparsa Los
Moros Azules, de Jesús María, el barrio
natal de su fundador: Santos Ramírez
Arango. "El Niño", prestigioso músico y
abakuá de la potencia Usagaré Sangri
Moto, había crecido en El Canal y quiso
refundir la tradición comparsera de
Jesús María, con los aires de el Cerro.
Los primeros pasos
En un principio la mayoría de sus
integrantes eran hombres blancos
disfrazados de negro, exceptuando a
Santo Ramírez Arango (alias el Niño),
personaje que dentro de la escenografía
personificaba la figura del
contramayoral. Todos pertenecían a la
Sociedad Secreta Abakuá, de origen
carabalí.
El Niño fue uno de los más grandes
organizadores de la comparsa. Su
participación en septetos como los
Azules Tradicionales, la Rosa y Botón de
Oro, y su experiencia como compositor y
como artista, hizo que no solo se
convirtiera en uno de los más grandes
músicos cubanos de aquella época, sino
que revolucionó el estilo y la identidad
de la comparsa El Alacrán.
Musicalmente, El Alacrán era la síntesis
de muchas formas populares en el uso de
la percusión y los metales, incluyendo
el aporte de individualidades de varios
músicos cerrences como el rumbero y
guaguancosero María Dreke "Chavalanga".1
Participaban 25 músicos y los
instrumentos utilizados eran clarinetes
y timba. Por un largo tiempo se
prohibieron los instrumentos de
percusión y es a partir de 1938 que
Santos Ramírez logra incorporarlos.
Riñas
Cuando todavía no existían los
carnavales, las comparsas salían a
cantar y a bailar por los barrios
habaneros, fundamentalmente por los
municipios de La Habana Vieja y Centro
Habana. Casi todas las comparsas
respondían a un barrio y entre ellas se
daban disímiles enfrentamientos que una
y otra vez provocaron disputas entre los
grupos de distintas zonas. Las peleas
ocasionaron que muchas veces se
suspendieran las salidas de estas
comparsas y no fue hasta 1912 que
volvieron a resurgir y a arder con
nuevos ritmos y emociones las calles
habaneras al calor de las comparsas.
Un ejemplo fue la disputa del parque
Trillo, situado en el actual municipio
de Centro Habana, ese mismo año. La
comparsa El Alacrán fue retada por la
comparsa Los Gavilanes, en el lenguaje
abakúa. El alacrán había sido raptado y
enterrado en el torreón de San Lázaro
con un cartel que decía: "Si en el
barrio de Jesús María hay hombres,
tienen que venir a librar este alacrán
que los Ebión Efó tenemos en prisión”.
La potencia Ekereina que dominaba el
alacrán respondió al reto, y rescataron
el animal al precio de varios muertos y
heridos. Esto causó un gran escándalo en
los 43 barrios de la Habana. La riña fue
una de las más grandes de la época y
nuevamente fueron suspendidas las
salidas de las comparsas.
Años después, en 1937, la comparsa El
Alacrán, en su entrada al Cerro, tuvo
otros encuentros violentos,
principalmente con una comparsa atípica
que ya existía, llamada Serrana, cuyos
integrantes eran hombres homosexuales.
Nuevos pasos
La comparsa fue reorganizada ese mismo
año cuando llega al municipio Cerro. Se
realizó una profunda campaña para
reivindicar esta manifestación cultural,
con el apoyo del Centro de Estudios
Afrocubanos y su director Fernando
Ortiz, después de muchos esfuerzos para
que esas fiestas de cabildo se
convirtieran en lo que hoy es el
carnaval habanero.
No es hasta febrero de 1938 que sale por
primera vez esta ilustre comparsa con el
alacrán llevado por Santos Ramírez
Arango (el Niño), en el carnaval
habanero. Con una variación radical en
su coreografía y en la cantidad de
participantes e instrumentos musicales,
Santos Ramírez incorpora otros
instrumentos de percusión. La comparsa
tenía entonces 45 parejas, 38 músicos y
47 figurantes, 15 faroleros e igual
número de bailarines que danzaban sobre
una carroza en forma de barracón.
Ensayos e innovaciones
La comparsa originalmente ensayaba en un
placer ubicado en la calle Cepero y
Recreo, del municipio Cerro. Después se
trasladaron a Recreo y Resguardo. En
aquellos momentos en la comparsa existía
mucha disciplina. Era allí donde se
enriquecía el espectáculo con
coreografías, toques, congas y bailes.
El baile desde el punto de vista
coreográfico es muy sencillo, se reduce
básicamente a marcar el compás del ritmo
y levantar ligeramente la pierna cuando
se produce la síncopa, acompañada de
otros movimientos bruscos del cuerpo.
Este esquema básico puede variar de
acuerdo a la imaginación del director.2
En el caso de la comparsa El Alacrán,
los bailarines simulaban el corte de la
caña de azúcar.
Una de las canciones principales que
interpretaba la comparsa lleva por
título "El alacrán", y en la década de
los 60 la puso en boga Pedro Izquierdo
Padrón, conocido por Pello “El Afrocán",
aunque también ha sido interpretada por
diferentes orquestas con variados
ritmos:
Oye, colega, no te asombres cuando
veas
al alacrán tumbando caña,
al alacrán tumbando caña...3
La figura de la mujer también juega un
papel relevante en la comparsa El
Alacrán. Las mujeres eran representadas
por una directora que en el baile de El
Alacrán personificaba a la Abuela,
esposa del gallego a la que mordía el
alacrán en el pie. En 1946 una de las
directoras fue Bacilia Massip y le
sucedió Theodora Valdés.
El Alacrán y su religión
La comparsa del Alacrán nace también
bajo la influencia de fuertes
tradiciones religiosas. La presencia
africana de nuestros antepasados se
patentizó en negros y mulatos
descendientes de aquellos que fundaron
las comparsas congas. La gran influencia
de la cultura africana se hace evidente
en ritmos, instrumentos y formas
danzarias, propias de su tierra de
origen, únicos elementos que, junto a la
religión, pudieron conservar de sus
culturas.
Otro aspecto que se corresponde con el
aporte africano a la integración de la
cultura cubana fue la sociedad secreta
abakuá. Los abakuá o ñáñigos tendrían un
papel fundamental en la gestación de la
rumba y las comparsas.
La comparsa El Alacrán se identifica con
la religión abakuá, compuesta por
potencias o juegos de distintos nombres
con diferentes patrones en
representación del santo en adoración.
El juego o potencia representativo se
llamaba "Usagare Sangrimoto". Su patrona
y diosa es madre de las profundidades
del mar, la Santísima Virgen de Regla.
Como símbolo de su poder y su colorido,
los comparsantes visten con sus colores:
el azul y el blanco (fundamentalmente
con tela de guinga). La ceremonia en
honor a este santo es la más larga, por
ser ella la reina del Alacrán.
El carnaval surge desde 1937 y se
mantiene hasta la actualidad. En este
evento los comparsantes bailan al compás
de los tambores, haciendo gestos y
movimientos folklóricos. Cantan y bailan
para los santos y los muertos, pues
dicen que sin estos últimos no hay
existencia. Los santos se apoderan de
sus cuerpos y sus mentes, y sienten una
fuerza más allá de su poder como hombres
que los envuelve y libera su espíritu,
enlazándolos a sus antepasados, que
llaman también encarnación. Cuando esto
sucede, se los limpia y sacude con
hierbas y se libera al espíritu
encarnado.
La comparsa en sus inicios llevaba 15
farolas. Cinco de ellas representan a
los cinco santos reglamentarios y son
bautizadas todos los años, días antes de
comenzar el carnaval. Hilda Pardiñas,
reina del alacrán en 1953, describe así
el bautizo de la farola: "El bautizo de
la farola es tan viejo como la comparsa,
aquello era un verdadero espectáculo...
Los que construían las farolas eran muy
profesionales, aquellas farolas eran
verdaderas obras de arte". Si los
faroleros eran buenos construyendo
farolas, eran mejores bailándolas. Las
farolas se bendecían con cervezas,
tomadas en jícaras.
Las fiestas incubaron y conservaron
hermosas tradiciones, mantenidas a pesar
del tiempo y los inconvenientes que cada
época les ha impuesto. La tradición se
ha trasmitido de padres a hijos, de ahí
su firme arraigo popular. La familia
Valdés, de diez hermanos, fue el corazón
de esta comparsa. Hijos, nietos y
bisnietos entregaron su amor y corazón a
su formación y difusión. Familias como
los Alonso, los Morales, los Menéndez,
los Massip y muchos otros dedicaron sus
vidas al desarrollo de esta comparsa
tradicional, realizando muchos esfuerzos
por mantener sus colectivos.
Los fundadores la organizaron con
miembros de su generación que
envejecieron en la comparsa, al mismo
tiempo que incorporaron a los más
jóvenes de la familia. Tal es el caso de
estas familias que la han visto nacer y
que luchan día a día para mantener su
naturaleza totémica y su carácter de
rememorar ancestrales tradiciones y
mitos africanos.
Notas
-
Mario Dreke, “Chavalonga”, plantea,
según Yamir Macías, que su tema
“Invasora arrolladora” sirvió de
base a Pello El Afrocán para
elaborar su ritmo El mozanbique.
Véase Macías, Yamir. El Sabor del
Cerro, Mat. Mec. 1999.
-
Virtudes Feliú Herrera: “Fiestas y
tradiciones cubanas”. Centro de
investigación y desarrollo de la
cultura cubana Juan Marinello, 2003,
p. 173
-
Luis F. de Armas: “el alacrán en la
cultura cubana contemporánea. Una
aproximación”. ARACNET9 – Revista
Ibérica de Aracnología, 4 (2001):
99-103.
Fragmentos del estudio “Apuntes a la
historia de la comparsa El Alacrán”,
cortesía del Museo Municipal del Cerro. |