Año VII
La Habana
2008

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 CRÓNICAS DE LA REVOLUCIÓN  (21 Parte)
Emboscada enemiga (IV)
William Gálvez • La Habana
 

El agotamiento provocado por las difíciles jornadas y las pocas horas de sueño vencieron a los jóvenes combatientes del pelotón de Silva. A pesar de las medidas tomadas no pudieron evitar quedarse dormidos. Esto motivó que los componentes de un segundo refuerzo se acercaran sin ser vistos, al extremo cosa rara de que uno de ellos conminó a Silva a la rendición. La reacción del rebelde fue rápida: a tiro limpio logró que los demás se despertaran y entraran en combate. Alfonso con su escuadra se sumó a la pelea. Ambos oficiales decidieron volver a la posición donde estaban antes. En los primeros disparos cayó herido el viejo combatiente Dalcio Gutiérrez. Fue evacuado y conducido en un carro para recibir asistencia médica. Al ser operado, comprobaron que no existían posibilidades de salvación, el hígado estaba destrozado, y los médicos cerraron el piquete para esperar su fin.
 

Al poco tiempo apareció la avioneta. Como volaba a baja altura, le dispararon; fue alcanzada por algunos plomos y se retiró envuelta en humo, por lo cual los rebeldes consideraron que la habían tumbado. La actuación enemiga puede conocerse por un informe, de fecha 12, del flamante jefe de operaciones del Regimiento teniente coronel Suárez

Suquet:
 

“ASUNTO: ...después de haber oído reiteradas veces al K-9 que llamaba al FAE 36 quien le contestaba sin que fuera oído, le ordené al Cap. Manuel Molinero Castillo, piloto del mismo, que continuara en dirección al batey de la expresada finca. Una vez en este lugar observé lo siguiente: (a) Una vez en contacto con el K-9 me indicó que el enemigo se encontraba situado en unas cañas próximas al batey y que los mismos salían y lo provocaban. Se efectuó un reconocimiento de observación tanto por el piloto de enlace, como por el Sgto. Batista, quien suscribe por todos los cuadros de caña en que se decía se ocultaban forajidos, informándole tanto al Tte. Martínez Alonso, como a los que se encontraban en el K-9 que en ese lugar no se encontraban personas algunas y a petición de los mismos dejamos caer dos granadas y varias ráfagas de ametralladora con el objeto de propiciarles a ellos el avance sin interrupción, lo que no efectuaron, no obstante haberlos conminado en distintas ocasiones, después de conocer la posición de los rebeldes debajo de tres rastras y en un monte cercano a estas y a menos de 100 yardas de nuestras tropas lo que se les repitió varias veces, indicándoles que avanzaran por el flanco derecho e izquierdo con el fin de que rodearan el batey y evitaran la fuga de los rebeldes, pues los mismos se estaban dispersando al notar la presencia del avión, lo que tampoco se cumplimentó.
 

“El Ofc. que suscribe pudo observar desde el avión que un jeep del Esc 26 GR en el cual se encontraba una ametralladora cal 30 delante de otros vehículos, se encontraba solo, lo cual pudo comprobar posteriormente por las manifestaciones del propio sold. José M. Alberto y de otros más, los que también manifestaban que no podían hacer fuego de ametralladora por motivo de que los rebeldes no los dejaban llegar a la misma. Por todas estas razones dejé que el piloto lanzara varias granadas de fusil y de mano en distintas direcciones del batey, dispersándose el enemigo a la retaguardia, protegido por los que se encontraban debajo de las rastras y en el monte cercano a estos, lo que les informaba enérgicamente a dichos oficiales sin que se tomara decisión alguna, por lo que continuamos dando vueltas para lanzar granadas al monte cercano y dar tiempo a que las tropas de Camagüey y Sierra de Cubitas llegaran. En este momento sentí una pequeña explosión dentro del avión y el piloto exclamó que lo habían herido, cosa que ya conoce esa superioridad, en la que estuvo expuesta la vida de los tripulantes, por la negligencia manifiesta o cobardía, ya que pudo haber sido derribado o incendiado por los rebeldes. Por otra parte se perdió la oportunidad tan brillante de haber eliminado un grupo de ratas con barbas procedentes de la Sierra Maestra que no excedían de 50 y otros que se encontraban a dos kilómetros del batey de la Finca La Federal que, según inf que tengo, el grupo que visitó la finca lo hizo para proporcionar el paso de otros elementos por los potreros y montes que componen dicha finca.


(b) El Sub – Tte. Blanco E. Corzo momentos antes de la llegada de las tropas de Cubitas observó que el Tte. Martínez aparentaba estar fatigado y el Tte. Cabrera próximo a él, ambos inactivos, y a los cuales les dijo: ¿Ustedes qué hacen aquí? ¿Por qué no salen a combatir? haciendo caso omiso a dicha sugerencia, no así el Tte. Humberto Palacios Estévez que acababa de llegar y que tenía conocimiento hacía pocos momentos antes que el enemigo se había retirado y los persiguió. Acto seguido llegaron las tropas al mando del Cmdte. Piñero persiguiéndolos, batiéndolos hasta el río Tana donde comenzaron a disgregarse las ratas, continuándose su persecución hasta que por motivos de la oscuridad no pudieron ser vistos ya que se internaron en los montes cercanos.
 

“Así mismo pude comprobar que el Cmdte. Piñero le mandó varios mensajes verbales al Tte. Martínez desde el río y el terraplén para que dejara el batey y se uniera a él para batir a los rebeldes diciéndoles que si no lo hacía lo constituiría en arresto realizándolo entonces con bastante frialdad. Al propio tiempo, en esos momentos el Cmdte. Piñero le llamó la atención en distintas ocasiones al Sgto. Sup Juan Pérez Vázquez que se encontraba con un grupo de 17 hombres debajo y detrás de un camión de transportar tropas, los que por temor a ataque enemigo se refugiaron con mayor peligro, tanto para sus vidas como las de los que estaban atacando al enemigo, por motivo de encontrarse entre dos fuegos ordenándole el Cmdte. que saliera inmediatamente a combatir al enemigo o de lo contrario procedería contra ellos, cosa que realizaron inmediatamente. (c) Es significativo también que el Sgto. Sup. Herminio Najarro hablara muy de cerca con los rebeldes y estos con él, sin que procediera en forma alguna contra ellos. (d) El Tte. Cabrera a través de la microonda inf. que los rebeldes, muy cerca de él, lo provocaban sin que tomara medida alguna.”
 

RESUMEN. (1) que el grupo que penetró en el batey de la finca La Federal a las 0445 hrs. del día 9 estaba mandado por el “Che Guevara” que según inf. es un hombre más o menos de mi estatura, más delgado pelo castaño, mucha barba y peludo. Que el grupo que se quedó en la finca “Asturias” lo mandaba el Camilo Cienfuegos quien desde ese lugar en que se encontraba hablaba con Fidel Castro en la Sierra...”
 

El lector podrá darse cuenta de las mentiras enarboladas por el enemigo y la baja moral combativa de sus efectivos.
 

Una nueva visita de Camilo, ahora con un numeroso grupo de combatientes y de nuevo los comandantes cambiaron impresiones. Che insistió en esperar el otro refuerzo, pero su homólogo al fin lo convenció de que esas llanuras no eran propicias para entablar un largo combate, pues no había protección contra la aviación. El maestro comprendió que su alumno tenía razón por haber obtenido experiencia cuando operaba en las extensas llanuras del Cauto, y ordenó la retirada. Una vez que terminaron de enterrar a Dalcio y dispuestos a partir, se escucharon tiros en dirección a donde había quedado una posta cuidando la retirada. Che con otros más se dirigió al lugar.
 

Ciertamente el enemigo intentaba avanzar, pero al ver la riposta, se retiran. Poco después Che ordenó abandonar el lugar y, de esta forma, la Ciro Redondo se encamina hacia donde estaba acampada la Antonio Maceo.
 

El resultado final del combate: el enemigo sufrió dos muertos y cuatro prisioneros, no existen datos de si tuvieron bajas en el refuerzo que enviaron y que combatió con la emboscada de Silva. Se ocuparon 8 Spriengfiels y balas. Los rebeldes, dos muertos y tres heridos, uno de gravedad, Enrique Acevedo.
 

CONTINUARÁ

 

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