Año VIII
La Habana

16 al 22
de MAYO
de 2009

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Palabras en el Homenaje a Mario Benedetti

El más querido de los escritores latinoamericanos

Roberto Fernández Retamar • La Habana

Foto: Kike (La Jiribilla)

 

El pasado domingo dejó de existir uno de los más leídos y admirados, y probablemente el más querido de los escritores latinoamericanos de este tiempo: Mario Benedetti. Aunque se le sabía muy enfermo, la noticia conmovió al mundo entero, y de manera particular a quienes estamos vinculados a la Casa de las Américas, como lo estuvo él mismo hasta el fin de sus días.

Mario no fue solo autor de una obra literaria múltiple y rica, sino además una conciencia inclaudicable. Ello lo llevó a conocer dolorosas experiencias. En relación con algunas de ellas me escribió el compañero Julio Cortázar el 6 de octubre de 1975: “Dame noticias de Mario Benedetti. He estado muy inquieto desde que supe de su partida del Perú, y mis informaciones no son acaso las buenas. Me dicen que está con ustedes, cosa que deseo de todo corazón. Mario es uno de los hombres más valiosos de nuestro continente y por tanto siempre en peligro”.

En efecto, después de haber tenido que abandonar, perseguido, su país primero y la Argentina luego fue expulsado en 1975 del Perú. Volvió entonces a trabajar en la Casa de las Américas, como ya lo había hecho años atrás, cuando fundó nuestro Centro de Investigaciones Literarias y fue una fuerza irradiante. Con razón un biógrafo suyo, a propósito a esa expulsión del Perú, pudo decir: “Mario se irá, pues, a Cuba, que sigue siendo su patria política y el lugar donde ocurre la Revolución, a la que se siente ligado por un doble compromiso de admiración y lealtad.”

La difusión de la obra de Benedetti es tan inmensa como lo merece. Mario, afortunadamente, llegó a conocer en vida el reconocimiento incluso multitudinario que se le negara a otros grandes. Y junto a esa obra es imprescindible destacar la hermosa y valiente dignidad de su conducta. Bien conocimos ambas cosas, obra y conducta, en la Casa de las Américas, donde además de su presencia fundadora nos dio lecciones de modestia y humildad.

Tantas cosas llevan entre nosotros la marca de Mario, que ni queremos ni podemos olvidarlo. Vivirá cuanto viva su Casa de las Américas, que él contribuyó como pocos a hacer realidad.
 

Casa de las Américas, 19 de mayo de 2009.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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