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El pasado domingo dejó de
existir uno de los más leídos y
admirados, y probablemente el
más querido de los escritores
latinoamericanos de este tiempo:
Mario Benedetti. Aunque se le
sabía muy enfermo, la noticia
conmovió al mundo entero, y de
manera particular a quienes
estamos vinculados a la Casa de
las Américas, como lo estuvo él
mismo hasta el fin de sus días.
Mario no fue solo autor de una
obra literaria múltiple y rica,
sino además una conciencia
inclaudicable. Ello lo llevó a
conocer dolorosas experiencias.
En relación con algunas de ellas
me escribió el compañero Julio
Cortázar el 6 de octubre de
1975: “Dame noticias de Mario
Benedetti. He estado muy
inquieto desde que supe de su
partida del Perú, y mis
informaciones no son acaso las
buenas. Me dicen que está con
ustedes, cosa que deseo de todo
corazón. Mario es uno de los
hombres más valiosos de nuestro
continente y por tanto siempre
en peligro”.
En efecto, después de haber
tenido que abandonar,
perseguido, su país primero y la
Argentina luego fue expulsado en
1975 del Perú. Volvió entonces a
trabajar en la Casa de las
Américas, como ya lo había hecho
años atrás, cuando fundó nuestro
Centro de Investigaciones
Literarias y fue una fuerza
irradiante. Con razón un
biógrafo suyo, a propósito a esa
expulsión del Perú, pudo decir:
“Mario se irá, pues, a Cuba, que
sigue siendo su patria política
y el lugar donde ocurre la
Revolución, a la que se siente
ligado por un doble compromiso
de admiración y lealtad.”
La difusión de la obra de
Benedetti es tan inmensa como lo
merece. Mario, afortunadamente,
llegó a conocer en vida el
reconocimiento incluso
multitudinario que se le negara
a otros grandes. Y junto a esa
obra es imprescindible destacar
la hermosa y valiente dignidad
de su conducta. Bien conocimos
ambas cosas, obra y conducta, en
la Casa de las Américas, donde
además de su presencia fundadora
nos dio lecciones de modestia y
humildad.
Tantas cosas llevan entre
nosotros la marca de Mario, que
ni queremos ni podemos
olvidarlo. Vivirá cuanto viva su
Casa de las Américas, que él
contribuyó como pocos a hacer
realidad.
Casa
de las Américas, 19 de mayo de
2009. |