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Quien tiene la oportunidad de
asomarse cada día a Internet y
lo hace en busca de
información, por lo general,
termina deprimido.
Recesión, crisis, subida de
precios, desempleo, pérdida de
viviendas son palabras que se
han vuelto cotidianas. Claro,
existe un aluvión informativo
sobre esta gran calamidad que
sacude al planeta porque la
crisis estremece al mundo
desarrollado. Las hambrunas en
África que han matado
―y
matan―
a miles de personas nunca han
recibido ese torrente
informativo. Como tampoco el
desempleo crónico del mundo
pobre. Esos males de las
inmensas mayorías no son vitales
para las minorías controladoras
de las riquezas terrícolas y de
los medios de información.
Cuba no está ajena a esa
terrible situación mundial. Han
subido los costos de alimentos y
medicinas que necesariamente se
deben importar.
Con un verano tan caliente como
todos los de los últimos
lustros, se han impuesto fuertes
medidas de ahorro de
electricidad en el sector
estatal para evitar que los
apagones lleguen a la zona
residencial.
Y en ese contexto se realiza La
Noche de los Libros.
En el Sexto Congreso de
la UNEAC, Fidel dijo: “la
cultura es lo primero que hay
que salvar”, frase que ha sido
siempre una guía para adoptar
decisiones.
Promover que la lectura sea un
gran convite en el verano ha
merecido todos los esfuerzos
económicos necesarios. El libro
fue, es y será fuente
imprescindible para que las
personas sean más libres al ser
más cultas. Y si a eso se añade
que su venta deviene una fiesta
que incluye a otras artes, como
las exposiciones, las descargas
de la trova… entonces,
propuestas de esta índole
merecen aplausos.
Dedicada en esta tercera edición
al aniversario 107 del natalicio
de un gran poeta, Nicolás
Guillén, La Noche de los Libros
celebrada en la Calle 23, como
otras oportunidades, ha sido el
centro de presentaciones de
títulos, cafés literarios,
conferencias, encuentros con
autores y sobre todo de la
avidez por los libros por parte
de jóvenes, niños y menos
jóvenes, es decir, la familia
cubana.
Pero a la compra de títulos se
incorporaron fiestas infantiles
de disfraces, no cualesquiera
sino alusivos a personajes del
cine o las historietas, la
música y el deporte y la
presentación en diversos puntos
con diferentes obras de La
Colmenita, esa compañía singular
que forma artistas y sobre todo
mejores seres humanos. Se previó
también un espacio para el
deporte y las exposiciones.
La gran fiesta por la lectura ha
tenido escenarios en todas las
provincias del país para que el
culto jolgorio no quede solo en
la capital.
Estoy segura
de que bien vale la pena. Es como si
del presupuesto familiar una
parte se dedicara a comprar
alguna pieza literaria. Esa
siempre resultará un buen
empleo. Invertir en cultura es
invertir en el futuro y en que
crezcamos como personas. Por eso
La Noche de los Libros es un
caro jolgorio en el sentido
espiritual que demuestra no solo
la preocupación sino la
ocupación de las instituciones
culturales por el bienestar de
la población. |