Año VIII
La Habana

15 al 21
de AGOSTO
de 2009

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Días y flores

Silvio Rodríguez, 1975

 

Si me levanto temprano,
fresco y curado,
claro y feliz,
y te digo: «voy al bosque
para aliviarme de ti»,
sabe que dentro tengo un tesoro
que me llega a la raíz.
Si luego vuelvo cargado
con muchas flores
(mucho color)
y te las pongo en la risa,
en la ternura, en la voz,
es que he mojado en flor mi camisa
para teñir su sudor.
Pero si un día me demoro, no te impacientes,
yo volveré más tarde.
Será que a la más profunda alegría
me habrá seguido la rabia ese día:
la rabia simple del hombre silvestre,
la rabia bomba —la rabia de muerte—,
la rabia imperio asesino de niños,
la rabia se me ha podrido el cariño,
la rabia madre por dios tengo frío,
la rabia es mío —eso es mío, sólo mío—,
la rabia bebo pero no me mojo,
la rabia miedo a perder el manojo,
la rabia hijo zapato de tierra,
la rabia dame o te hago la guerra,
la rabia todo tiene su momento,
la rabia el grito se lo lleva el viento,
la rabia el oro sobre la conciencia,
la rabia —coño— paciencia paciencia.

La rabia es mi vocación.

Si hay días que vuelvo cansado,
sucio de tiempo,
sin para amor,
es que regreso del mundo,
no del bosque, no del sol.
En esos días,
compañera,
ponte alma nueva
para mi más bella flor.
 


 

Rabo de nube

Silvio Rodríguez, 1978

 

Si me dijeran pide un deseo,
preferiría un rabo de nube,
un torbellino en el suelo
y una gran ira que sube.
Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza
que cuando escampe parezca
nuestra esperanza.

Si me dijeran pide un deseo,
preferiría un rabo de nube,
que se llevara lo feo
y nos dejara el querube.
Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza
que cuando escampe parezca
nuestra esperanza.


 

Blanco

Silvio Rodríguez

 

Todos los días se pinta de blanco
sale a la calle llena de colores,
y a cada minuto recibe un brochazo en la piel,
su espalda, sus manos, su rostro.

Van siendo invadidos por luces y sombras,
se le van encendiendo de fiebre y de frío,
de forma que cuando regresa y se mira no está,
mas vive bajo su avalancha,
mas vive bajo su avalancha.

Ahora está sin salir, casi nadie merece su amor,
pero saldrá cuando vayas por él.
Ahora te espera en su tumba ambulante, llena de color,
hasta que tu la deshagas de amor.

Ahora te espera de noche en su cuarto
hasta que quieras entrar a salvarlo
de lo que nunca ha elegido y arrastra con el.

Tu que de un beso lo configuraste,
tu que le echaste más blanco y lloraste
eres la vieja navaja que espera su piel.

Quiere blasfemar contigo de Dios, de los hombres y de él,
quiere llegar más allá de la luz.
Quiere destruir las flores con que se engañaron los dos,
quiere arrancar de su tierra una cruz.

Quiere olvidar que ha crecido educado
quiere a tu hijo para empinarlo
como un papalote invencible
vencedor del sueño.

Quiere decirle a cada vecino
que salga de sus miserables paredes
que tome la vida de ustedes, que no haya escondrijos,
y espera que vayas por él,
y espera que vayas por él.

Él no te espera mujer a que vayas a hacer el amor
mas bien la guerra es lo que quiere hacer
con veintipico de fechas respalda su sana elección
con veintipico de muerte es su amor.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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