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Luisa
Campuzano
Ensayista
Es una tendencia de la crítica
el rechazar la existencia de
rasgos de una escritura femenina
absoluta. Se acepta la
definición de una escritura
femenina solamente en cuanto a
sexo biológico, o sea, de una
escritura masculina hecha por
hombres y una escritura hecha
por mujeres. Ahora bien, la
escritura femenina implica
rasgos específicos, por eso hay
que establecer una diferencia
entre literatura femenina y
escritura femenina. Este último
término se ha conceptualizado a
lo largo de los años por una
gran cantidad de autoras y tiene
una amplia bibliografía en la
que se han establecido una serie
de características que están
presentes en casi todo este tipo
de escritura. Varias de estas
son los rasgos autobiográficos,
la necesidad de construir una
identidad de género y la
realidad de partir de
experiencias personales. Dichos
tópicos se refieren entonces a
una serie de géneros o
subgéneros literarios
relacionados con la literatura
confesional: autobiografías,
memorias, cartas, diarios o
literatura de viajes. También en
la literatura femenina, en
especial la del siglo XIX e
inicios del XX, son más
frecuentes las poetas que las
narradoras o ensayistas.
Eso sería desde el punto de
vista de los géneros, las formas
en las que esta escritura se
manifiesta. Ahora, a partir de
los modos, de los procedimientos
que se emplean, se ha hablado
mucho del intimismo, de una
escritura que indaga en las
circunstancias del yo, de una
escritura fragmentada en la cual
habría saltos, o sea, no se
seguiría la llamada lógica
masculina organizada desde una
perspectiva cronológica o
causal, sino que habría una
fragmentación del discurso.
Estos son los rasgos más
generales, los cuales son muy
parcos, dicen y hablan muy poco
y hasta cierto punto funcionan
en algunas etapas y en algunas
escritoras, pues hay otras que
sencillamente rompen con todo
esto. Por eso se considera como
un esencialismo por una serie de
estudiosas el referirse a una
escritura femenina prefijada.
Otras críticas feministas, como
es el caso de algunas francesas,
más que encontrar la existencia
de una escritura femenina, la
propugnan, si bien encuentran
sus cualidades en determinadas
autoras. En este caso, se
trataría de una escritura
relacionada con los fluidos, con
lo ideal, con lo natural, entre
otra serie de cuestiones que
también pudieran considerarse
esencialismos. En fin, buena
parte de la crítica se ha
dedicado a determinar cuál es la
proyección de una identidad, de
una sensibilidad femenina en la
escritura; pero eso puede ser
más o menos evidente en
dependencia de la obra que se
analice.
Laidi
Fernández de Juan
Narradora
Sí, creo que las mujeres tienen
un modo particular de escribir.
Es un tema muy discutido,
actualmente de moda. Sin
embargo, creo (y apunto que no
soy especialista en la materia,
hablo desde mi perspectiva de
lectora) que existe un modo
femenino de escribir. Lo que no
significa que sea exclusivo de
las mujeres, ni mejor. Hay
hombres que lo utilizan. Por
ejemplo, Flaubert lo hace, Amos
Oz también, muchas veces García
Márquez, en ocasiones Tabucci.
Es el punto de vista lo que hace
la diferencia. Cuando se habla
desde adentro hacia afuera,
cuando la sensibilidad predomina
sobre la acción, cuando se
cuenta desde el núcleo hacia
afuera (casi digo hacia el
citoplasma, pero sería una
pedantería médica), se está
utilizando un recurso femenino.
(…) Me interesa particularmente
tratar la violencia contra la
mujer, su discriminación, porque
considero que todavía hoy
seguimos siendo víctimas. Sucede
que es una violencia de una
sutileza que a veces no
percibimos. Tenemos igualdad de
salario, de condiciones
laborales y aparentemente
sociales; pero seguimos estando
en un segundo plano. (…) No voy
a enumerarte los problemas que
enfrentamos a diario las
mujeres; pero sí voy a decirte
qué me propongo en mis cuentos.
Primero, retratarnos.
Desnudarnos en público a
nosotras mismas. Ni somos
inocentes del todo, ni tan
atrevidas. En muchos casos,
peleamos en público lo que en
privado fomentamos. Nosotras
somos machistas también.
Admiramos en un hombre varias
cosas que sentimos el deber de
criticar. Todo es un juego de
roles. En público, debemos
atacar lo que en ocasiones nos
gusta en privado. Conozco muchas
mujeres (y tal vez yo esté en
ese caso también) que son
aguerridas defensoras del
derecho de la mujer, y luego
corren presurosas a sus hogares,
porque el esposo está al llegar,
y hay que tenerle la comida
lista. Así que primero hay que
ganar la batalla de la
honestidad, de ser valientes
ante nosotras mismas.
Luego, me gusta crear personajes
femeninos “ideales” según mi
punto de vista. Mujeres que se
defiendan limpiamente, que sean
capaces (como no lo soy yo) de
cerrar puertas sin saber qué hay
del otro lado. De salir del
marasmo del canon social para
abrirse camino. Mujeres que sean
leonas con sonrisa de delfín, y
que lleven la vida con toda la
alegría y el sentido del humor
que creo imprescindible. Estamos
tan poco tiempo en la vida, que
debemos ser capaces de crearnos
un espacio libre de
convencionalismos.
Marilyn Bobes
Narradora y poeta
He leído poco sobre feminismo y
sé que existen muchas
corrientes; pero yo no soy muy
dada a la teoría y no podría
saber a ciencia cierta lo que
es. Sin embargo, no me molesta
que me digan que hago una
literatura feminista si eso
quiere decir que defiende los
presupuestos de la mujer, les da
voz a las mujeres y defiende su
derecho a la igualdad social.
(…) Ser mujer implica una
emotividad mayor porque nos han
dado ese derecho a llorar, que
los hombres no tienen. Como
construcción social, nosotras
somos distintas, según nos han
educado para ser más emotivas,
más prácticas. Somos más
honestas y tenemos menos
vergüenza de desnudarnos, sobre
todo en el sentido espiritual.
Yo me dejo ir como soy, y como
soy mujer, eso aparece; pero es
verdad que sobre todo al
principio sí había un afán de
identidad desde el punto de
vista femenino en mi escritura,
creo que como respuesta a la
discriminación. En la medida en
que las mujeres hemos sido más
aceptadas, ha disminuido la
necesidad de afirmación
constante frente a los hombres.
Zaida Capote
Cruz
Ensayista
Siempre que preguntamos si
existe una literatura femenina,
es como si estuviéramos
preguntando si existen las
mujeres. Las mujeres existen,
escriben y, por tanto, hacen
literatura femenina. En un
sentido directo, se trata de una
literatura producida por
mujeres. Siempre trato de evitar
cualquier declaración acerca de
si esta literatura tiene rasgos
específicos, sobre todo en el
tema formal. A veces encuentras
coincidencias, pero otras no.
Por eso es importante el
contexto, leer la producción
cultural de las mujeres —como la
de los hombres— en relación con
su momento histórico, analizar
los modelos que dominan el
panorama de la autora, contra
qué o a favor de qué escribe,
cuál es la situación social de
las mujeres en el lugar donde
habita. Deben tenerse en cuenta
todos esos elementos a la hora
de analizar cualquier tipo de
texto, lo escriban las mujeres,
los hombres o las hormigas.
(…) A mí me interesa desde el
punto de vista sociológico hacer
crítica feminista. También desde
el punto de vista literario,
para saber cómo se construye el
discurso de las mujeres a través
de la historia. Pero es cierto
que algunas autoras ven con
mucho recelo que se les ubique
en un espacio distinto al del
canon nacional. Eso llega a ser
problemático, porque a veces te
estás planteando descubrir o
trazar una línea de tradición de
escritura femenina, y las
autoras recelan un poco de que
su antecesor sea Avellaneda y no
Carpentier. La gente siempre
aspira a ser reconocida por el
canon, y no se dan cuenta de que
también hay que cambiar esta
manera de apreciación de nuestra
propia tradición literaria. Ese
sigue siendo un problema
irresuelto.
Dentro de la crítica literaria
feminista también se es muy
puntual, se desatacan algunos
momentos, pero no hemos
conseguido una periodización. A
veces no hay porosidad entre la
crítica literaria feminista y lo
que se dice en otros círculos,
pero no es solo un problema de
las mujeres. Me parece que
quienes hacen crítica de
narrativa cubana también están
en pequeños guetos, o los que
solo estudian la literatura de
los jóvenes, igual. En la
cultura cubana, hay poco
intercambio, poca discusión,
pocos espacios de diálogo
cultural.
Por otra parte, el trabajo de
los estudios feministas en la
literatura sigue siendo una
cuestión mayoritaria de mujeres.
Me parece que no se ha extendido
suficientemente, y todavía hay
mucha precariedad en la
difusión. Cada quien trabaja
desde su espacio, pero aún no
trasciende, y a nivel de los
medios el discurso es mucho más
conservador. Creo que esas
ganancias siguen quedando en
estratos culturales muy
pequeños.
Aida Bahr
Narradora y ensayista. Dirige la
Editorial Oriente que incluye la
colección Mariposa, única
en el país dedicada a divulgar
la perspectiva de género.
La mujer es un ser
biológicamente distinto del
hombre, y eso es algo
irreversible (un hombre puede
suprimirse el pene, y hasta
construirse una vagina, pero no
injertarse ovarios, útero… y
procrear, y tampoco es posible
el caso contrario), pero el
resultado de esa distinción es
que para la mayoría de los
hombres (y de las mujeres) la
diferencia implica una
valorización de un aspecto
específico de la mujer y una
desvalorización del resto. Y eso
es un condicionamiento social
que viene desde el fin del
matriarcado, por lo que no es
fácil suprimirlo. Se desconfía
en lo laboral de las mujeres
porque “se complican”, es decir:
paren, se les enferman los
niños, se ponen histéricas
durante la menopausia; el
machismo que permea nuestra
sociedad impide que los hombres
se sientan cómodos asumiendo
tareas consideradas
tradicionalmente como femeninas
y, en sentido general, un poco
se asume que, como en la mayor
parte de las especies del mundo
animal al cual pertenecemos, a
la hembra le corresponde un
segundo lugar. Pero al mismo
tiempo se acostumbra a exagerar
mucho sobre todo esto. En mi
familia las mujeres llevaron
siempre la voz cantante: mi
abuela botó a mi abuelo de la
casa en 1927 y crió sola seis
hijos y tres hermanos; mi madre
fue siempre la consejera y eje
de toda su familia, incluidos
hermanos, sobrinos y sobrinas,
su salario fue siempre el
principal en mi casa. Yo tuve
mucha suerte porque me casé con
un hombre excepcional por su
inteligencia y su sensibilidad,
pero de no haberme encontrado
con él, tampoco me hubiera
convertido en un ama de casa,
nunca habría aceptado compartir
mi vida con alguien que no
reconociera mi condición de
escritora, que no me apoyara en
mi realización profesional. No
estoy negando la discriminación
de la mujer, solo afirmo que en
ella tiene un gran peso la
autodiscriminación.
A lo largo
de mi carrera laboral tuve jefes
que desconfiaron de mis
posibilidades, y algunos que me
supusieron frágil, a todos los
convencí de lo contrario; en una
ocasión no pude acceder a un
puesto de trabajo porque querían
a un hombre, ya que el cargo
exigía disponibilidad
permanente, y me ha ocurrido que
colegas escritores me han dicho
comentándome un cuento que
“parece escrito por un hombre”.
Las dos cosas me han hecho reír,
a la larga, muchos años después,
vinieron a ofrecerme el mismo
cargo al que antes aspiré, y ya
no lo quise, y si no le he hecho
el cumplido a otros escritores
de decirles que “escriben como
una mujer”, se debe a que para
mí la buena escritura no tiene
sexo. (…) Escribo desde la mujer
porque soy mujer. No pretendo
denunciar nada, simplemente
contar historias. (…) Sí creo
que hay marcas, rasgos, que
identifican la literatura
escrita por mujeres, como los
hay que identifican la
literatura escrita por cubanos a
diferencia de los de otras
nacionalidades. Es una cuestión
de identidad.
Mylene Fernández
Pintado
Narradora
No sé decir con seguridad si es
diferente la escritura de
mujeres, pero me imagino que si
existen tantas diferencias
biológicas que se reflejan en
cómo las mujeres reaccionamos
frente a muchas cuestiones, a la
hora de contar una historia
también tendremos nuestra manera
peculiar. (…) ¿Qué es lo
femenino? Esa es una pregunta
complicada, supongamos que lo
femenino es un modo biológico
diferente que quizá, o
consecuentemente, te da un modo
de comportarte distinto. Por
ejemplo, la relación con los
hijos; pero yo conozco padres
maravillosos. También el mito de
que las mujeres son las que
cocinan se acaba porque ahora
hay hombres cocineros,
peluqueros y las mujeres se han
vuelto tremendas científicas.
Los roles están cambiando, hay
padres amantísimos que cuidan a
los niños mientras las mujeres
trabajan. Y cuando ya,
felizmente, hemos empezado a
compartirnos e intercambiarnos
un montón de tareas; creo que va
quedando esa cosita más
recóndita que tiene que ver, por
ejemplo, con la forma en que nos
sentamos, con nuestros gestos.
Pero cada vez nos entregamos
más, cambiamos cosas, y eso está
muy bien.
Anna Lidia Vega
Serova
Narradora y poeta
La mujer es absolutamente
especial y a veces no conoce su
propia fuerza, su propio
alcance. Pienso que tal vez mis
personajes femeninos sean una
forma de descubrirme,
autorreconocerme como mujer.
Karla Suárez
Narradora
Siempre me ha molestado la
diferenciación de “literatura
femenina”, porque nunca he
escuchado que exista la
literatura masculina... Yo soy
mujer porque me lo dice el
espejo (y otras evidencias) y
seguro que este hecho de la
naturaleza determina muchas
cosas en mi vida, pero no estoy
pensando particularmente en mi
condición femenina a la hora de
escribir. Hasta ahora las
protagonistas de mis novelas han
sido mujeres, sí, porque soy
mujer (así también puedo hablar
de los hombres que me gustan
tanto
J),
aunque a veces me han dicho, por
ejemplo, que la protagonista de
Silencios (Letras
Cubanas, 2008) es muy
“masculina”, ¿quién los
entiende, no? (…) La mujer, a lo
largo de los tiempos y en muchas
sociedades, ha sido marginada y
muchos de los derechos que tiene
ahora en sociedades como las
europeas, por ejemplo, han sido
ganados con largas batallas.
Todavía hay países en los que la
mujer tiene que pelear por el
derecho al aborto, entre otras
cuestiones. En este sentido la
literatura puede influir del
mismo modo en que influye en
otras cosas: mucho o nada. No
creo que la literatura pueda
cambiar la realidad, pero sí
creo que puede llamar la
atención sobre ciertos aspectos,
claro, en el caso de que el
libro llegue a muchas manos.
Nancy Alonso
Narradora
El arte puede contribuir a que
se produzcan cambios sociales,
pero las causas de tales cambios
son otras. Esa contribución se
logra en la medida en que ayude
a las transformaciones en el
pensamiento de los lectores. Hay
quienes consideran, y hablo de
hombres y de mujeres, que está
pasado de moda, por ejemplo,
escribir sobre la violación
sexual de las mujeres, o sobre
la violencia doméstica, porque
eso ya ha sido contado muchas
veces. Sin embargo, mientras
tales problemas no sean
superados, y aun después, como
recordatorio de lo que no
debería volver a ocurrir, tiene
vigencia la función social de la
literatura al denunciarlos. Y
aunque creo que somos las
mujeres quienes más
comprometidas estamos a hacerlo,
la definitiva reivindicación
solo se logrará en la medida en
que también los hombres se
incorporen a ese combate. De no
hacerlo, todos, hombres y
mujeres, estamos permitiendo que
se perpetúe la injusticia. Hemos
hecho mucho, pero todavía nos
falta. (…)
Muchas mujeres se escandalizan,
por decir poco, ante el término
feminismo. Yo te confieso, con
orgullo, que soy feminista. Es
sabido que existen muchos
feminismos dentro de esa gran
corriente social, algunos de un
fundamentalismo que los
convierte en la imagen en espejo
del machismo. Pero, ¿por qué
identificar al movimiento
feminista con lo peor de este?
Cuando digo que soy feminista
suscribo las ideas más
progresistas de ese movimiento,
ese que aboga por que las
mujeres y los hombres tengan
iguales derechos. Pienso en las
mujeres que hicieron posible que
tuviéramos derecho al sufragio,
derecho a estudiar, a trabajar.
Pienso en nombres como el de
Camila Henríquez Ureña,
Vicentina Antuña o muchas otras
mujeres a quienes tanto debemos,
mujeres y hombres, por su
pensamiento humanista.
María Elena
Llana
Narradora
Nunca me sentí maltratada como
mujer, si alguien se atrevió lo
paré ahí mismo; pero eso de que
me cierren en una editorial o
que me quiten una posibilidad de
trabajo, nunca. Tal vez haya
vivido fuera del mundo o es que
no estaba al tanto de ese
concepto de ser discriminada y
por eso ni me di cuenta. Siempre
demostré que podía hacer de
todo tanto en la literatura,
como en el periodismo. Tuve
tropiezos; pero nunca me sentí
relegada como mujer. (…) Yo
escribo desde mí misma, esas
mujeres de mis cuentos de alguna
manera también he sido yo,
digamos que han sido momentos de
mi vida, pensamientos míos,
valoraciones. Escribo desde lo
que soy y felizmente soy mujer,
sin lugar a duda.
Fragmentos de la serie de
entrevistas realizada por la
periodista Helen Hernández
Hormilla y que actualmente
publica la revista Revolución
y Cultura.
Mirta Yañez
Narradora y
ensayista
"Lo “femenino” y lo “masculino”
es una elaboración social y
cultural. Profundizar sobre
estos aspectos me llevaría a
otra tesis doctoral y no puedo
volver a sufrir ese calvario.
Como bien han dicho los
especialistas del tema, se trata
de conductas adquiridas. Por
ello se diferencia entre los
términos “sexo” y “género”. Lo
sexual es biológico, lo genérico
es, entre otras cosas, cultural,
juego de roles, elaboración de
la subjetividad del pensamiento.
¿Acaso las vacas son vacunas y
los toros “torunos”?, no cabe
hablar de género donde no hay
conciencia. Por tanto, lo
femenino y lo masculino forma
parte de nuestra idiosincrasia.
Por lo demás, y lo sabemos muy
bien, no es el mismo “femenino”
el del romanticismo decimonónico
(aunque muchos quisieran
mantenerlo inmutable) y otra lo
“femenino” actual. No es lo
mismo la “masculinidad” de un
hombre bien educado que la
“masculinidad” de un “cheo”. Por
cierto, que ha surgido un
híbrido, yo los llamo los “culticheos”,
tienen estudios, obra artística,
pero se comportan como “aseres”,
quizás por una visión
vergonzante de su propia
masculinidad. (...) Lo que
caracteriza e individualiza a
cada ser humano es su manera de
ver el mundo. Ya sea masculino o
femenino, joven o viejo, urbano
o campestre, se trata de SU
individualidad. Y ese mundo
individual, condicionado por la
sociedad, la educación, la
economía y otras circunstancias,
convoca un modo de escribir. No
creo para nada (escuchen bien,
lo he dicho mil veces, pero
prefieren hacer oídos sordos a
esta parte de mis opiniones), no
creo que exista un modo
“femenino” de escribir, como no
existe un modo “campesino” de
escribir. Se escribe como lo que
se es, y punto. Bien distinto es
que, a la hora de analizar
críticamente un texto o una obra
de arte sea válida, cómo no, la
perspectiva de género. Existe un
modo único de escribir: con
talento." |