Año VIII
La Habana
29 de AGOSTO al
4 de SEPTIEMBRE
de 2009

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Escritoras cubanas opinan
sobre la existencia de una escritura femenina

 La Jiribilla • La Habana

 

Luisa Campuzano
Ensayista

Es una tendencia de la crítica el rechazar la existencia de rasgos de una escritura femenina absoluta. Se acepta la definición de una escritura femenina solamente en cuanto a sexo biológico, o sea, de una escritura masculina hecha por hombres y una escritura hecha por mujeres. Ahora bien, la escritura femenina implica rasgos específicos, por eso hay que establecer una diferencia entre literatura femenina y escritura femenina. Este último término se ha conceptualizado a lo largo de los años por una gran cantidad de autoras y tiene una amplia bibliografía en la que se han establecido una serie de características que están presentes en casi todo este tipo de escritura. Varias de estas son los rasgos autobiográficos, la necesidad de construir una identidad de género y la realidad de partir de experiencias personales. Dichos tópicos se refieren entonces a una serie de géneros o subgéneros literarios relacionados con la literatura confesional: autobiografías, memorias, cartas, diarios o literatura de viajes. También en la literatura femenina, en especial la del siglo XIX e inicios del XX, son más frecuentes las poetas que las narradoras o ensayistas.

Eso sería desde el punto de vista de los géneros, las formas en las que esta escritura se manifiesta. Ahora, a partir de los modos, de los procedimientos que se emplean, se ha hablado mucho del intimismo, de una escritura que indaga en las circunstancias del yo, de una escritura fragmentada en la cual habría saltos, o sea, no se seguiría la llamada lógica masculina organizada desde una perspectiva cronológica o causal, sino que habría una fragmentación del discurso.

Estos son los rasgos más generales, los cuales son muy parcos, dicen y hablan muy poco y hasta cierto punto funcionan en algunas etapas y en algunas escritoras, pues hay otras que sencillamente rompen con todo esto. Por eso se considera como un esencialismo por una serie de estudiosas el referirse a una escritura femenina prefijada. Otras críticas feministas, como es el caso de algunas francesas, más que encontrar la existencia de una escritura femenina, la propugnan, si bien encuentran sus cualidades en determinadas autoras. En este caso, se trataría de una escritura relacionada con los fluidos, con lo ideal, con lo natural, entre otra serie de cuestiones que también pudieran considerarse esencialismos. En fin, buena parte de la crítica se ha dedicado a determinar cuál es la proyección de una identidad, de una sensibilidad femenina en la escritura; pero eso puede ser más o menos evidente en dependencia de la obra que se analice. 


Laidi Fernández de Juan
Narradora

Sí, creo que las mujeres tienen un modo particular de escribir. Es un tema muy discutido, actualmente de moda. Sin embargo, creo (y apunto que no soy especialista en la materia, hablo desde mi perspectiva de lectora) que existe un modo femenino de escribir. Lo que no significa que sea exclusivo de las mujeres, ni mejor. Hay hombres que lo utilizan. Por ejemplo, Flaubert lo hace, Amos Oz también, muchas veces García Márquez, en ocasiones Tabucci. Es el punto de vista lo que hace la diferencia. Cuando se habla desde adentro hacia afuera, cuando la sensibilidad predomina sobre la acción, cuando se cuenta desde el núcleo hacia afuera (casi digo hacia el citoplasma, pero sería una pedantería médica), se está utilizando un recurso femenino. (…) Me interesa particularmente tratar la violencia contra la mujer, su discriminación, porque considero que todavía hoy seguimos siendo víctimas. Sucede que es una violencia de una sutileza que a veces no percibimos. Tenemos igualdad de salario, de condiciones laborales y aparentemente sociales; pero seguimos estando en un segundo plano. (…) No voy a enumerarte los problemas que enfrentamos a diario las mujeres; pero sí voy a decirte qué me propongo en mis cuentos. Primero, retratarnos. Desnudarnos en público a nosotras mismas. Ni somos inocentes del todo, ni tan atrevidas. En muchos casos, peleamos en público lo que en privado fomentamos. Nosotras somos machistas también. Admiramos en un hombre varias cosas que sentimos el deber de criticar. Todo es un juego de roles. En público, debemos atacar lo que en ocasiones nos gusta en privado. Conozco muchas mujeres (y tal vez yo esté en ese caso también) que son aguerridas defensoras del derecho de la mujer, y luego corren presurosas a sus hogares, porque el esposo está al llegar, y hay que tenerle la comida lista. Así que primero hay que ganar la batalla de la honestidad, de ser valientes ante nosotras mismas.

Luego, me gusta crear personajes femeninos “ideales” según mi punto de vista. Mujeres que se defiendan limpiamente, que sean capaces (como no lo soy yo) de cerrar puertas sin saber qué hay del otro lado. De salir del marasmo del canon social para abrirse camino. Mujeres que sean leonas con sonrisa de delfín, y que lleven la vida con toda la alegría y el sentido del humor que creo imprescindible. Estamos tan poco tiempo en la vida, que debemos ser capaces de crearnos un espacio libre de convencionalismos.


Marilyn Bobes
Narradora y poeta

He leído poco sobre feminismo y sé que existen muchas corrientes; pero yo no soy muy dada a la teoría y no podría saber a ciencia cierta lo que es. Sin embargo, no me molesta que me digan que hago una literatura feminista si eso quiere decir que defiende los presupuestos de la mujer, les da voz a las mujeres y defiende su derecho a la igualdad social. (…) Ser mujer implica una emotividad mayor porque nos han dado ese derecho a llorar, que los hombres no tienen. Como construcción social, nosotras somos distintas, según nos han educado para ser más emotivas, más prácticas. Somos más honestas y tenemos menos vergüenza de desnudarnos, sobre todo en el sentido espiritual. Yo me dejo ir como soy, y como soy mujer, eso aparece; pero es verdad que sobre todo al principio sí había un afán de identidad desde el punto de vista femenino en mi escritura, creo que como respuesta a la discriminación. En la medida en que las mujeres hemos sido más aceptadas, ha disminuido la necesidad de afirmación constante frente a los hombres.


Zaida Capote Cruz
Ensayista

Siempre que preguntamos si existe una literatura femenina, es como si estuviéramos preguntando si existen las mujeres. Las mujeres existen, escriben y, por tanto, hacen literatura femenina. En un sentido directo, se trata de una literatura producida por mujeres. Siempre trato de evitar cualquier declaración acerca de si esta literatura tiene rasgos específicos, sobre todo en el tema formal. A veces encuentras coincidencias, pero otras no. Por eso es importante el contexto, leer la producción cultural de las mujeres —como la de los hombres— en relación con su momento histórico, analizar los modelos que dominan el panorama de la autora, contra qué o a favor de qué escribe, cuál es la situación social de las mujeres en el lugar donde habita. Deben tenerse en cuenta todos esos elementos a la hora de analizar cualquier tipo de texto, lo escriban las mujeres, los hombres o las hormigas.

(…) A mí me interesa desde el punto de vista sociológico hacer crítica feminista. También desde el punto de vista literario, para saber cómo se construye el discurso de las mujeres a través de la historia. Pero es cierto que algunas autoras ven con mucho recelo que se les ubique en un espacio distinto al del canon nacional. Eso llega a ser problemático, porque a veces te estás planteando descubrir o trazar una línea de tradición de escritura femenina, y las autoras recelan un poco de que su antecesor sea Avellaneda y no Carpentier. La gente siempre aspira a ser reconocida por el canon, y no se dan cuenta de que también hay que cambiar esta manera de apreciación de nuestra propia tradición literaria. Ese sigue siendo un problema irresuelto.

Dentro de la crítica literaria feminista también se es muy puntual, se desatacan algunos momentos, pero no hemos conseguido una periodización. A veces no hay porosidad entre la crítica literaria feminista y lo que se dice en otros círculos, pero no es solo un problema de las mujeres. Me parece que quienes hacen crítica de narrativa cubana también están en pequeños guetos, o los que solo estudian la literatura de los jóvenes, igual. En la cultura cubana, hay poco intercambio, poca discusión, pocos espacios de diálogo cultural.

Por otra parte, el trabajo de los estudios feministas en la literatura sigue siendo una cuestión mayoritaria de mujeres. Me parece que no se ha extendido suficientemente, y todavía hay mucha precariedad en la difusión. Cada quien trabaja desde su espacio, pero aún no trasciende, y a nivel de los medios el discurso es mucho más conservador. Creo que esas ganancias siguen quedando en estratos culturales muy pequeños.


Aida Bahr
Narradora y ensayista. Dirige la Editorial Oriente que incluye la colección Mariposa, única en el país dedicada a divulgar la perspectiva de género.

La mujer es un ser biológicamente distinto del hombre, y eso es algo irreversible (un hombre puede suprimirse el pene, y hasta construirse una vagina, pero no injertarse ovarios, útero… y  procrear, y tampoco es posible el caso contrario), pero el resultado de esa distinción es que para la mayoría de los hombres (y de las mujeres) la diferencia implica una valorización de un aspecto específico de la mujer y una desvalorización del resto. Y eso es un condicionamiento social que viene desde el fin del matriarcado, por lo que no es fácil suprimirlo. Se desconfía en lo laboral de las mujeres porque “se complican”, es decir: paren, se les enferman los niños, se ponen histéricas durante la menopausia; el machismo que permea nuestra sociedad impide que los hombres se sientan cómodos asumiendo tareas consideradas tradicionalmente como femeninas y, en sentido general, un poco se asume que, como en la mayor parte de las especies del mundo animal al cual pertenecemos, a la hembra le corresponde un segundo lugar. Pero al mismo tiempo se acostumbra a exagerar mucho sobre todo esto. En mi familia las mujeres llevaron siempre la voz cantante: mi abuela botó a mi abuelo de la casa en 1927 y crió sola seis hijos y tres hermanos; mi madre fue siempre la consejera y eje de toda su familia, incluidos hermanos, sobrinos y sobrinas, su salario fue siempre el principal en mi casa. Yo tuve mucha suerte porque me casé con un hombre excepcional por su inteligencia y su sensibilidad, pero de no haberme encontrado con él, tampoco me hubiera convertido en un ama de casa, nunca habría aceptado compartir mi vida con alguien que no reconociera mi condición de escritora, que no me apoyara en mi realización profesional. No estoy negando la discriminación de la mujer, solo afirmo que en ella tiene un gran peso la autodiscriminación.

A lo largo de mi carrera laboral tuve jefes que desconfiaron de mis posibilidades, y algunos que me supusieron frágil, a todos los convencí de lo contrario; en una ocasión no pude acceder a un puesto de trabajo porque querían a un hombre, ya que el cargo exigía disponibilidad permanente, y me ha ocurrido que colegas escritores me han dicho comentándome un cuento que “parece escrito por un hombre”.  Las dos cosas me han hecho reír, a la larga, muchos años después, vinieron a ofrecerme el mismo cargo al que antes aspiré, y ya no lo quise, y si no le he hecho el cumplido a otros escritores de decirles que “escriben como una mujer”, se debe a que para mí la buena escritura no tiene sexo. (…) Escribo desde la mujer porque soy mujer. No pretendo denunciar nada, simplemente contar historias. (…) Sí creo que hay marcas, rasgos, que identifican la literatura escrita por mujeres, como los hay que identifican la literatura escrita por cubanos a diferencia de los de otras nacionalidades. Es una cuestión de identidad.


Mylene Fernández Pintado
Narradora

No sé decir con seguridad si es diferente la escritura de mujeres, pero me imagino que si existen tantas diferencias biológicas que se reflejan en cómo las mujeres reaccionamos frente a muchas cuestiones, a la hora de contar una historia también tendremos nuestra manera peculiar. (…) ¿Qué es lo femenino? Esa es una pregunta complicada, supongamos que lo femenino es un modo biológico diferente que quizá, o consecuentemente, te da un modo de comportarte distinto. Por ejemplo, la relación con los hijos; pero yo conozco padres maravillosos. También el mito de que las mujeres son las que cocinan se acaba porque ahora hay hombres cocineros, peluqueros y las mujeres se han vuelto tremendas científicas. Los roles están cambiando, hay padres amantísimos que cuidan a los niños mientras las mujeres trabajan. Y cuando ya, felizmente, hemos empezado a compartirnos e intercambiarnos un montón de tareas; creo que va quedando esa cosita más recóndita que tiene que ver, por ejemplo, con la forma en que nos sentamos, con nuestros gestos. Pero cada vez nos entregamos más, cambiamos cosas, y eso está muy bien.


Anna Lidia Vega Serova
Narradora y poeta

La mujer es absolutamente especial y a veces no conoce su propia fuerza, su propio alcance. Pienso que tal vez mis personajes femeninos sean una forma de descubrirme, autorreconocerme como mujer.


Karla Suárez
Narradora

Siempre me ha molestado la diferenciación de “literatura femenina”, porque nunca he escuchado que exista la literatura masculina... Yo soy mujer porque me lo dice el espejo (y otras evidencias) y seguro que este hecho de la naturaleza determina muchas cosas en mi vida, pero no estoy pensando particularmente en mi condición femenina a la hora de escribir. Hasta ahora las protagonistas de mis novelas han sido mujeres, sí, porque soy mujer (así también puedo hablar de los hombres que me gustan tanto J), aunque a veces me han dicho, por ejemplo, que la protagonista de Silencios (Letras Cubanas, 2008) es muy “masculina”, ¿quién los entiende, no? (…) La mujer, a lo largo de los tiempos y en muchas sociedades, ha sido marginada y muchos de los derechos que tiene ahora en sociedades como las europeas, por ejemplo, han sido ganados con largas batallas. Todavía hay países en los que la mujer tiene que pelear por el derecho al aborto, entre otras cuestiones. En este sentido la literatura puede influir del mismo modo en que influye en otras cosas: mucho o nada. No creo que la literatura pueda cambiar la realidad, pero sí creo que puede llamar la atención sobre ciertos aspectos, claro, en el caso de que el libro llegue a muchas manos.


Nancy Alonso
Narradora

El arte puede contribuir a que se produzcan cambios sociales, pero las causas de tales cambios son otras. Esa contribución se logra en la medida en que ayude a las transformaciones en el pensamiento de los lectores. Hay quienes consideran, y hablo de hombres y de mujeres, que está pasado de moda, por ejemplo,  escribir sobre la violación sexual de las mujeres, o sobre la violencia doméstica, porque eso ya ha sido contado muchas veces. Sin embargo, mientras tales problemas no sean superados, y aun después, como recordatorio de lo que no debería volver a ocurrir, tiene vigencia la función social de la literatura al denunciarlos. Y aunque creo que somos las mujeres quienes más comprometidas estamos a hacerlo, la definitiva reivindicación solo se logrará en la medida en que también los hombres se incorporen a ese combate. De no hacerlo, todos, hombres y mujeres, estamos permitiendo que se perpetúe la injusticia. Hemos hecho mucho, pero todavía nos falta. (…)

Muchas mujeres se escandalizan, por decir poco, ante el término feminismo. Yo te confieso, con orgullo, que soy feminista. Es sabido que existen muchos feminismos dentro de esa gran corriente social, algunos de un fundamentalismo que los convierte en la imagen en espejo del machismo. Pero, ¿por qué identificar al movimiento feminista con lo peor de este? Cuando digo que soy feminista suscribo las ideas más progresistas de ese movimiento, ese que aboga por que las mujeres y los hombres tengan iguales derechos. Pienso en las mujeres que hicieron posible que tuviéramos derecho al sufragio, derecho a estudiar, a trabajar. Pienso en nombres como el de Camila Henríquez Ureña, Vicentina Antuña o muchas otras mujeres a quienes tanto debemos, mujeres y hombres, por su pensamiento humanista.


María Elena Llana
Narradora

Nunca me sentí maltratada como mujer, si alguien se atrevió lo paré ahí mismo; pero eso de que me cierren en una editorial o que me quiten una posibilidad de trabajo, nunca. Tal vez haya vivido fuera del mundo o es que no estaba al tanto de ese concepto de ser discriminada y por eso ni me di cuenta. Siempre demostré que podía hacer de todo tanto en la literatura, como en el periodismo. Tuve tropiezos; pero nunca me sentí relegada como mujer. (…) Yo escribo desde mí misma, esas mujeres de mis cuentos de alguna manera también he sido yo, digamos que han sido momentos de mi vida, pensamientos míos, valoraciones. Escribo desde lo que soy y felizmente soy mujer, sin lugar a duda.

Fragmentos de la serie de entrevistas realizada por la periodista Helen Hernández Hormilla y que actualmente publica la revista Revolución y Cultura.

 


Mirta Yañez
Narradora y ensayista

"Lo “femenino” y lo “masculino” es una elaboración social y cultural. Profundizar sobre estos aspectos me llevaría a otra tesis doctoral y no puedo volver a sufrir ese calvario. Como bien han dicho los especialistas del tema, se trata de conductas adquiridas. Por ello se diferencia entre los términos “sexo” y “género”. Lo sexual es biológico, lo genérico es, entre otras cosas, cultural, juego de roles, elaboración de la subjetividad del pensamiento. ¿Acaso las vacas son vacunas y los toros “torunos”?, no cabe hablar de género donde no hay conciencia. Por tanto, lo femenino y lo masculino forma parte de nuestra idiosincrasia. Por lo demás, y lo sabemos muy bien, no es el mismo “femenino” el del romanticismo decimonónico (aunque muchos quisieran mantenerlo inmutable) y otra lo “femenino” actual. No es lo mismo la “masculinidad” de un hombre bien educado que la “masculinidad” de un “cheo”. Por cierto, que ha surgido un híbrido, yo los llamo los “culticheos”, tienen estudios, obra artística, pero se comportan como “aseres”, quizás por una visión vergonzante de su propia masculinidad. (...) Lo que caracteriza e individualiza a cada ser humano es su manera de ver el mundo. Ya sea masculino o femenino, joven o viejo, urbano o campestre, se trata de SU individualidad. Y ese mundo individual, condicionado por la sociedad, la educación, la economía y otras circunstancias, convoca un modo de escribir. No creo para nada (escuchen bien, lo he dicho mil veces, pero prefieren hacer oídos sordos a esta parte de mis opiniones), no creo que exista un modo “femenino” de escribir, como no existe un modo “campesino” de escribir. Se escribe como lo que se es, y punto. Bien distinto es que, a la hora de analizar críticamente un texto o una obra de arte sea válida, cómo no, la perspectiva de género. Existe un modo único de escribir: con talento."

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
IE-Firefox, 800x600