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Hijos míos,
quisiera regalarles mi
saber,
el fuego que en mi vida
puse al sol,
conciencia de mi alma
de puro trovador.
Hijos míos,
la historia no es
arriendo ni alquiler.
La muerte ha abierto
brecha sin perdón
entre quienes batallan
por sobrevivir.
Hijos míos,
desde Cristo queremos
lanzar
una estela que
abriera un azar
de esperanza, de un
sueño de paz.
Hijos míos,
vuestros hijos
tendrán que matar
pues por más que
hemos querido amar
nuestra especie no
quiere aceptar
el amor.
Hijos míos,
la guerra es siempre
intrusa al corazón.
Hacerla sin cuartel para
vivir
a veces, sin remedio
nos impone el dolor.
Hijos míos,
la Patria no es palabra
sino acción.
Mirar la humanidad sin
sonreír
es un atrevimiento
que no hay que tolerar.
Hijos míos,
con Martí propusimos
lanzar
una estela que abriera
un azar
de esperanza, de un
sueño de paz.
Hijos míos,
vuestros hijos tendrán
que matar
pues por más que hemos
querido amar
nuestra especie no
quiere aceptar
el amor.
Hijos míos,
el siglo que amanece no
anda bien.
El cielo no se aclara y
la luz
titila entre más sombras
que vienen y van.
Hijos míos,
venimos desde siempre en
porvenir,
cargamos sobre el hombro
una canción
que pacte un sortilegio
contra la sinrazón.
Hijos míos,
junto al Che volvimos a
lanzar
una estela que abriera
un azar
de esperanza, de un
sueño de paz.
Hijos míos,
vuestros hijos tendrán
que matar
pues por más que hemos
querido amar
nuestra especie no
quiere aceptar
el amor. |