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En los primeros meses del
año 1961 se filmó la
película En días como
estos, dirigida por
Jorge Fraga. Antes Jorge
había dirigido el último
cuento de Cuba 58,
“Año Nuevo” y otros
trabajos en
la Sierra Maestra: La
montaña nos une y Me
hice maestro, la novela
de Daura Olema sobre su
experiencia como maestra
voluntaria. Todo esto
unido fue decisivo para
que naciera el filme En
días como estos.
En esta película trabajé
como escenógrafo y
director de arte, y
durante el rodaje se
evidenció cómo la mayor
parte de nuestros
realizadores en aquellos
momentos, formados por
el documental y
acostumbrados al
enfrentamiento de la
realidad y el descubrir
de su esencia,
cuando
pasaban a la ficción
iban influidos por esta
actitud sin pensar
que pueden darse casos
en que esa realidad
podía ser sustituida y
elaborada dentro de los
cánones de la ficción
que nos proporciona la
industria.
Antes de realizar este
largometraje, había sido
también su escenógrafo
en el corto de ficción
“Año Nuevo”. La
escena principal de este
cuento se desarrollaba
en los sótanos de
tortura de una estación
de policía. Después de
haber recorrido con el
fotógrafo y director
varios de estos lugares,
ninguno nos daba la
posibilidad dramática de
apoyar las torturas que
se iban a producir,
tampoco daba posibilidad
para una buena
iluminación y tenía problemas
con el sonido y los
movimientos de cámara.
Al fin lo convencí
presentándole un
proyecto que facilitaba
todo esto dentro del
dramatismo deseado: filmar en el foro,
utilizando la piscina
que este posee y
convertirla en el sótano
que queríamos. El diseño
lo conquistó, a tal
punto, que aceptó su
realización
inmediatamente. La
escenografía en este
caso cumplía así su
cometido, tanto
artístico, económico,
como práctico.
Una vez creado este
lugar tan deprimente,
los actores sintieron que
los ayudaba a su
deterioro mental y
físico por la atmósfera
creada en relación con las
torturas que se
llevarían a cabo. El
ambiente logrado también
lo tuvieron que sufrir
los técnicos que tenían
que bajar al sótano y
hasta el mismo director
sintió que ganaba en
todo lo que se había
propuesto. Con este
trabajo se estaba
demostrando que los
conceptos para reflejar
una realidad no
necesariamente debían
recurrir a los
principios o esquemas
del documental, que en
este caso podían ser
sustituidos por las
posibilidades que nos
brinda la ficción. Como
hemos dicho, la filmación
se logró con las
facilidades de una buena
iluminación, de un buen
sonido, acogiéndonos a
todas las ventajas que
brinda trabajar en el foro,
a las cuales ya me he
referido en trabajos
anteriores. A partir de
esta experiencia y su
trabajo en las montañas,
Fraga emprendió En
días como estos.
Este filme
—que
contó con la producción
del
compañero Juan Vilar y
la fotografía de Pepe Tabío
y Julio Simoneau—
tenía que partir de un
guión de 133 escenas y
830 planos. El tema de
la película, al cual me
voy a referir de forma
sintetizada, giraba en
torno a la confianza y
desconfianza en la
Revolución en medio de
contradicciones y dudas
de ese momento. Fraga
utiliza varios
personajes protagónicos
femeninos y más de
40 muchachas
extras, más 25 extras
varones, representando a
los primeros maestros
voluntarios que subieron
a alfabetizar a la
Sierra Maestra. Con esta
cantidad de jóvenes más
unos 30 técnicos
nos fuimos a La
Magdalena, el lugar
original donde
transcurría la trama,
que se encontraba más
allá de Minas del
Frío y al cual solo se
podía llegar por caminos
intrincados con arrias
de mulos. Los primeros
en salir fuimos los
compañeros del
departamento de
escenografía, pues
debíamos construir dos
campamentos: el de los
maestros voluntarios,
que reprodujimos a
partir de
fotografías existentes
de aquella
época, que estos
maestros habían
construido; este lugar
estaba cerca de un río
y se divisaba un
paisaje bellísimo de las
montañas orientales. El
otro campamento era para
los actores, los
técnicos y el resto del
personal. Las barracas
tenían divisiones para
el alojamiento de
hombres y mujeres.
También existía otra
barraca para comedor y
cocina, y una más
pequeña para almacén y
baño. Llevamos además de
todos los
avituallamientos y
enseres sanitarios, una
bomba “ladrón” para
extraer el agua del río
cercano hasta la cocina
y las duchas. También
con la ayuda del
ejército y la escuela de
Minas del Frío, pudimos
construir con equipos
pesados un camino para
hacer posible el
traslado de todo lo que
fuera necesario,
aunque en los primeros
momentos utilizamos un
helicóptero para
transportar los materiales
y las herramientas de
construcción. A
propósito, en el mismo
lugar donde aterrizaba
aquel helicóptero, una
mañana se nos apareció,
sin saber de dónde había
salido, nada menos que
el Che Guevara. Se
interesó por el tema y
la filmación. Le
explicamos con todo
detalle y pareció
complacido, nos auguró éxitos en
nuestro empeño y
que aquella
película quedaría
muy buena, y de
inmediato nos preguntó algo que nos
sorprendió y no supimos
contestarle: —¿Saben
ustedes lo que cuesta
una hora de
helicóptero?—... Pero entendimos y comentamos
mucho después el
significado de lo que
nos quiso decir. Fue
esta la única ocasión
que tuve en mi vida de
encontrarme
personalmente con el
Che.
Una vez terminados los
campamentos, el
director, Jorge Fraga,
nos felicitó por la
reproducción física de
las fotografías de los campamentos
originales que nos habían servido
como modelo y que
habían sido construidos
como hemos mencionado
por los primeros
maestros que
emprendieron una de las
tareas más hermosas que
ha hecho la Revolución.
Sin pérdida de tiempo
Fraga comenzó a ensayar
y a filmar. Realmente no
recuerdo cuántos días de
trabajo se emplearon
antes de que empezara a
llover impidiendo
continuar la filmación.
A los nueve días de
lluvia incesante, se me
acercó un campesino y me
dijo:
—Ustedes
no van a poder seguir
trabajando… aquí llueve
sin parar durante meses. Días
después le sugerí a
Fraga:
—Jorge,
este campamento lo
podemos reproducir en el
Bosque de La Habana,
y después venir a
tomar los planos
generales de la Sierra y
de seguro que podrás
lograr lo que te
propones sin sacrificar
en un ápice el ambiente
deseado.
Estando ya en La Habana
nos enteramos del paso
del ciclón Flora por la
región oriental y entre
los muchos y trágicos
estragos que hizo, había
destruido totalmente
todas las construcciones
realizadas que esperaban
por nuestro regreso.
Ante tal situación, sin
otra alternativa, Fraga
aceptó la sugerencia de
grabar en el Bosque de
La Habana.
¿Cuál fue el resultado
de filmar el 80 % de la
película en el Bosque de
La Habana?
En primer lugar, se daba
una atmósfera de jungla,
donde la luz se filtraba
a través del follaje,
agregando belleza a la
fotografía. Además la
presencia de árboles
centenarios hacía que
con los planos cerrados
no se extrañaran
aquellos planos
tirados
en la Sierra
Maestra. La
película, sin duda, y
fue el criterio de
todos, no solo ganó en calidad
en cuanto a
expresión artística
preconcebida por el
director, sino que
resultó más eficiente y
económica su producción
al ahorrarse grandes
construcciones y la
movilización del
numeroso personal que
acompaña a un
largometraje y que ahora
podía responder al
llamado diario sin necesidad de
convivir todos en la
locación todo el
tiempo; y sobre todo, se
comprendió como
precedente, que en los
momentos de
mayor complejidad de la
ficción tanto en la
utilización del foro,
como en este caso de
locaciones más
competentes, pueden
considerarse soluciones
diferentes, siempre y
cuando no afecten en un
ápice, como hemos
mencionado, las
pretensiones artísticas
que persigue el director
y que pueden resultar
más beneficiosas para el
filme concebido y
asumido por todos. |