Año VIII
La Habana

Del 7 al 13 de NOVIEMBRE
de 2009

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En días como estos

La escenografía y su papel en el cine

Pedro García Espinosa • La Habana

 

En los primeros meses del año 1961 se filmó la película En días como estos, dirigida por Jorge Fraga. Antes Jorge había dirigido el último cuento de Cuba 58, “Año Nuevo” y otros trabajos en la Sierra Maestra: La montaña nos une y Me hice maestro, la novela de Daura Olema sobre su experiencia como maestra voluntaria. Todo esto unido fue decisivo para que naciera el filme En días como estos.

En esta película trabajé como escenógrafo y director de arte, y durante el rodaje se evidenció cómo la mayor parte de nuestros realizadores en aquellos momentos, formados por el documental y acostumbrados al enfrentamiento de la realidad y el descubrir de su esencia, cuando pasaban a la ficción iban influidos por esta actitud sin pensar que pueden darse casos en que esa realidad podía ser sustituida y elaborada dentro de los cánones de la ficción que nos proporciona la industria.

Antes de realizar este largometraje, había sido también su escenógrafo en el corto de ficción “Año Nuevo”.  La escena principal de este cuento se desarrollaba en los sótanos de tortura de una estación de policía. Después de haber recorrido con el fotógrafo y director varios de estos lugares, ninguno nos daba la posibilidad dramática de  apoyar las torturas que se iban a producir, tampoco daba posibilidad para una buena iluminación y tenía problemas con el sonido y los movimientos de cámara. Al fin lo convencí presentándole un proyecto que facilitaba todo esto dentro del dramatismo deseado: filmar en el foro, utilizando la piscina que este posee y convertirla en el sótano que queríamos. El diseño lo conquistó, a tal punto, que aceptó su realización inmediatamente. La escenografía en este caso cumplía así su cometido, tanto artístico, económico, como práctico.

Una vez creado este lugar tan deprimente, los actores sintieron que los ayudaba a su deterioro mental y físico por la atmósfera creada en relación con las torturas que se llevarían a cabo. El ambiente logrado también lo tuvieron que sufrir los técnicos que tenían que bajar al sótano y hasta el mismo director sintió que ganaba en todo lo que se había propuesto. Con este trabajo se estaba demostrando que los conceptos para reflejar una realidad no necesariamente debían recurrir a los principios o esquemas del documental, que en este caso podían ser sustituidos por las posibilidades que nos brinda la ficción. Como hemos dicho, la filmación se logró con las facilidades de una buena iluminación, de un buen sonido, acogiéndonos a todas las ventajas que brinda trabajar en el foro, a las cuales ya me he referido en trabajos anteriores. A partir de esta experiencia y su trabajo en las montañas, Fraga emprendió En días como estos.

Este filmeque contó con la producción del compañero Juan Vilar y la fotografía  de Pepe Tabío y Julio Simoneau tenía que partir de un guión de 133 escenas y 830 planos. El tema de la película, al cual me voy a referir de forma sintetizada, giraba en torno a la confianza y desconfianza en la Revolución en medio de contradicciones y dudas de ese momento. Fraga utiliza varios personajes protagónicos femeninos  y más de 40 muchachas extras, más 25 extras varones, representando a los primeros maestros voluntarios que subieron a alfabetizar a la Sierra Maestra. Con esta cantidad de jóvenes más unos 30 técnicos nos fuimos a La Magdalena, el lugar original donde transcurría la trama, que se encontraba más allá de Minas del Frío y al cual solo se podía llegar por caminos intrincados con arrias de mulos. Los primeros en salir fuimos los compañeros del departamento de escenografía,  pues debíamos construir dos campamentos: el de los maestros voluntarios, que reprodujimos a partir de fotografías existentes de aquella época, que estos maestros habían construido; este lugar estaba cerca de un río y  se divisaba un paisaje bellísimo de las montañas orientales. El otro campamento era para los actores, los técnicos y el resto del personal. Las barracas tenían divisiones para el alojamiento de hombres y mujeres. También existía otra barraca para comedor y cocina, y una más pequeña para almacén y baño. Llevamos además de todos los avituallamientos y enseres sanitarios, una bomba “ladrón” para extraer el agua del río cercano hasta la cocina y las duchas. También con la ayuda del ejército y la escuela de Minas del Frío,  pudimos construir con equipos pesados un camino para hacer posible el traslado de todo lo que fuera necesario, aunque en los primeros momentos utilizamos un helicóptero para transportar los materiales y las herramientas de construcción. A propósito, en el mismo lugar donde aterrizaba aquel helicóptero, una mañana se nos apareció, sin saber de dónde había salido, nada menos que el Che Guevara. Se interesó por el tema y la filmación. Le explicamos con todo detalle y pareció complacido, nos auguró éxitos en nuestro empeño y que aquella película quedaría muy buena, y de inmediato nos preguntó algo que nos sorprendió y no supimos contestarle: —¿Saben ustedes lo que cuesta una hora de helicóptero?—... Pero entendimos y comentamos mucho después el significado de lo que nos quiso decir. Fue esta la única ocasión que tuve en mi vida de encontrarme personalmente con el Che.

Una vez terminados los campamentos, el director, Jorge Fraga, nos felicitó por la reproducción física de las fotografías de los campamentos originales que nos habían servido como modelo y que habían sido construidos como hemos mencionado por los primeros maestros que emprendieron una de las tareas más hermosas que ha hecho la Revolución. Sin pérdida de tiempo Fraga comenzó a ensayar y a filmar. Realmente no recuerdo cuántos días de trabajo se emplearon antes de que empezara a llover impidiendo continuar la filmación. A los nueve días de lluvia incesante, se me acercó un campesino y me dijo: Ustedes no van a poder seguir trabajando… aquí llueve sin parar durante meses. Días después le sugerí a Fraga: Jorge, este campamento lo podemos reproducir en el Bosque de La Habana,  y después venir a tomar los planos generales de la Sierra y de seguro que podrás lograr lo que te propones sin sacrificar en un ápice el ambiente  deseado. 

Estando ya en La Habana nos enteramos del paso del ciclón Flora por la región oriental y entre los muchos y trágicos estragos que hizo, había destruido totalmente todas las construcciones realizadas que esperaban por nuestro regreso. Ante tal situación, sin otra alternativa, Fraga aceptó la sugerencia de grabar en el Bosque de La Habana.

¿Cuál fue el resultado de filmar el 80 %  de la película en el Bosque de La Habana?

En primer lugar, se daba una atmósfera de jungla, donde la luz se filtraba a través del follaje, agregando belleza a la fotografía. Además la presencia de árboles centenarios hacía que con los planos cerrados no  se extrañaran aquellos planos tirados en  la Sierra Maestra. La película, sin duda, y fue el criterio de todos, no solo ganó en  calidad en cuanto a  expresión artística preconcebida por el director, sino que resultó más eficiente y económica su producción al ahorrarse grandes construcciones y la movilización del numeroso personal que acompaña a un largometraje y que ahora podía responder al llamado diario sin necesidad de convivir todos en la locación todo el tiempo; y sobre todo, se comprendió como precedente, que en los momentos de mayor complejidad de la ficción tanto en la utilización del foro, como en este caso de locaciones más competentes, pueden considerarse soluciones diferentes, siempre y cuando no afecten en un ápice, como hemos mencionado, las pretensiones artísticas que persigue el director y que pueden resultar más beneficiosas para el filme concebido y asumido por todos.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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