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Teatro Estudio comenzó con la
experimentación para tratar de
encontrar en Stanislavski, en
Brecht, una respuesta a esa
tradición declamatoria que nos
llegaba de la España del siglo
XIX. Pero esa experimentación
terminó yendo más allá del
teatro, tenía que ver con la
vida misma. El tiempo que uno
empleaba en vivir era el tiempo
que uno empleaba en hacer
teatro. El teatro entendido como
trampolín para un modo de vida
diferente.
No hay que pensar en un arte
para el pueblo. El teatro, el
arte en general, es para el
pueblo. Puede ser codificado,
ampliado, pero es para el
pueblo. Sale del pueblo y a él
regresa. El teatro en la
Revolución ha ganado un público.
El final de una puesta de
Giorgio Strehler: una cortina de
hierro baja lentamente. Debajo
hay una carreta de paja. Durante
toda la obra el artista es
simbolizado como una mujer que
viaja en esa carreta. Veo que
esa cortina va a caer sobre la
carreta detenida en medio del
camino. Eso capta toda mi
atención. La cortina cae
“teatralmente” sobre esa carreta
y la desbarata haciendo un corte
simbólico. Después me dijeron
que esa cortina era una
tradición del teatro italiano
para proteger la platea en caso
de un incendio sobre el
escenario. En el teatro,
pocas veces uno logra estar en
contacto con ese nivel de
poesía. Es una experiencia
inolvidable, que te marca.
*29 de octubre de 2009.
Palabras de inauguración del Trece
Festival de Teatro de La Habana |