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Para conversar sobre la creación
escénica en el ámbito de las
estrategias comunicativas y los
relatos poéticos en sociedades
contemporáneas, se reunieron en
la Casa del ALBA un grupo de
directores de compañías
teatrales, cubanas y foráneas,
participantes en la
decimotercera edición del
Festival de Teatro Internacional
de La Habana.
La visualidad, la dimensión
grupal en las tablas, la
construcción social, las maneras
de pensar nuestra realidad y el
cómo comunicar en las sociedades
actuales fueron elementos
abordados por prestigiosas
figuras de un teatro ―casi
transnacional ahora― como Carlos
Celdrán, director de la compañía
Argos Teatro.
“La crisis de la comunicación y
la palabra marca el destino del
hombre. Eso cambia
vertiginosamente en nuestra
sociedad. No me interesa
afiliarme a ninguna corriente
estética o estilística. Me
interesa el sujeto contemporáneo
cubano que camina por las calles
y vive lo mismo que yo, me
interesan las contradicciones
políticas y sociales. Si el
teatro no busca eso se convierte
en pleonasmo, algo muy bello,
sí, pero solo eso”, afirmó
Celdrán.
Muchos de los participantes ven
el teatro como espacio para la
conspiración, como si el
escenario fuera un alter ego
de las palabras con las que el
público “de a pie” se
identifica. Entre ellos Raúl
Martín ―director de la popular
pieza Delirio Habanero,
interpretada por Teatro de la
Luna― quien explicó, además,
cómo la obra redescubrió,
fundamentalmente a los jóvenes,
algunos de sus personajes (Beny
Moré, Celia Cruz y el famoso
cantinero Varilla).
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Leslie Felbain,
directora del grupo
estadounidense Infinite Stage,
explicar, el componente migratorio de su
estética. Puesto que su grupo
está compuesto de filipinos,
irlandeses, británicos y
finlandeses, el tema de la
hibridación cultural es
fundamental para ellos.
“Tratamos de pasar mucho tiempo
juntos como colectivo. Eso es
elemental para poder tener una
comunicación más honesta y
derribar los muros defensivos
que cada persona tiene. De
manera que cuando nos paramos en
el escenario, esperamos que las
personas sientan nuestra
presencia y lo que les queremos
entregar”, concluyó.
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La variedad de las cuestiones
tratadas hace de este recuento
una amalgama de pequeñas
historias, aparentemente sin
conexión. Por esas pequeñas
historias, por la manera de
contarlas, para Joel Sáez,
director del Estudio Teatral de
Santa Clara, trabajar en el
descubrimiento de las
potencialidades expresivas del
cuerpo humano y alejarse de la
dictadura del texto
prevaleciente en los años 80, ha
sido trascendental en su
desarrollo artístico. Para él su
obra, Los Atridas, “se ha
convertido en una especie de
comentario del mundo en que
estamos viviendo”.
Pero si de transmitir mensajes
se trata, incluso de educar, la
propuesta de Diego Kogan y
Teatro Payros es uno de los
buenos ejemplos. Una comedia
bareback sobre el sida es
ante todo una apuesta a la
inteligencia. “Intenta poner en
crisis el
`paquetito sida´
desde
la comedia para provocar otro
tipo de reflexiones, para
intentar dejar de asociar a la
enfermedad con la muerte
inmediata. Tengo la certeza de
que hay que seguir diciendo este
tipo de cosas e insistir en
ellas hasta que sea necesario”,
aseveró el director.
Este es entonces el punto
convergente de cada uno de los
participantes en este foro:
decir, decir, decir. No importa
las disímiles formas, lo
importante es llegar al
espectador que escucha y siente.
De teatro, de eso se trata. |