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Enseñar a los niños a andar por
el camino de la felicidad, sin
tropiezos, o sorteando con éxito
las trampas de la vida, es el
propósito de un grupo de
teatreros mexicanos que han
llegado al Trece Festival
Internacional de Teatro de La
Habana. En el Guiñol, durante
los primeros días del evento, el
conjunto Kalipatos construyó el
universo donde un mosquito
emprendió el recorrido ―de la
soledad a la ilusión― para
encontrar la ansiada realización
personal. La obra forma parte de
la trilogía Dreamsectarium
a través de la cual el grupo de
Guanajuato intenta acercarse a
las ansiedades humanas. “Lo
quisimos hacer a través de
insectos, para que fuera más
divertido y llegara a los niños
sin que nadie se sintiera
herido; para poder hablar de
cosas que nos atañen a todos”,
explicó a La Jiribilla
Eugenia Cano, autora, directora
y actriz.
Zoom o el sueño de la felicidad
remite directamente al relato
más conocido de Antoine de
Saint-Exupéry. Como El
Principito, este mosquito se
topa en su largo viaje con un
avaro contador, un borracho, una
diva superficial, un
bibliotecario autosuficiente por
sabelotodo, un violento
barrendero y una araña
pandillera. Los personajes se
convierten en la metáfora de las
paradojas cotidianas; pero, como
en las fábulas, cada visita
concluye en tono moralizante.
¿Por qué es importante llegar a
los niños con este mensaje sobre
la felicidad, que
tangencialmente toca otros temas
como las adicciones, por
ejemplo?
En nuestras sociedades, las
instituciones y sobre todo los
medios de comunicación, nos
esquematizan la felicidad: para
ser feliz tienes que tener un
coche, una casa, tienes que ser
rubia y delgada. Te empaquetan
la alegría, y nada de eso es
cierto. Es importante que desde
niños tengamos en cuenta que la
felicidad depende de cada uno,
es una decisión que uno debe
asumir desde pequeño.
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Kalipatos ha concebido esta
puesta sin desligarse del
compromiso social del teatrista.
La directora del grupo considera
que “todo teatro es político,
aunque debe ser apartidista”.
Para la concepción de una pieza,
los mexicanos tratan de
articular “mensajes de tipo
social ―dice Cano― pero creo
que lo más importante del teatro
y su verdadera revolución, está
en mantener a la gente unida”.
El mundo donde Zoom emprende su
itinerario, deviene una
extrapolación del escenario real
humano: “lo que está sucediendo
en estos días es que están
dividiendo mucho a la gente, y
eso nos debilita”. El deber de
los hombres y mujeres del
teatro, en ese contexto, tiene
que ver, para la directora de
Kalipatos, con el “hacernos
sentir parte de un todo,
hacernos sentir queridos, con
todas las confrontaciones y
diferencias que puedan existir.
Al final, debemos considerar que
somos aceptados, respetados,
queridos. El teatro debe ayudar
a mantener estos lazos entre la
gente”.
La representación, durante tres
días en Cuba, con funciones
dobles, mostró las excelentes
cualidades actorales de Cano,
quien se desdobló en todos los
personajes de la obra. Aunque el
ritmo decae hacia el final,
Zoom (o el sueño de la
felicidad), logra mantener
atento al público ―niños y
adultos― al que se le permite
compartir canciones, bailes y
diálogos. La música en vivo,
interpretada por David Dávila y
Antonio López, aproxima también
a los espectadores a la historia
y sus enseñanzas.
Al decir de López, en Cuba han
encontrado un recibimiento
inesperado. “Teníamos ciertas
dudas sobre cómo iba a funcionar
el lenguaje, para poder
transmitir nuestras ideas. Pero a
fin de cuentas los niños son
niños en todos lados y han sido
muy receptivos, muy
participativos. Eso es lo que
nos llevamos de regreso a
México, ese gran cariño que el
público nos ha dado a través de
este círculo que se forma entre
el momento en que nosotros
lanzamos el mensaje y este se
recibe. El agradecimiento es
enorme y eterno siempre para la
niñez cubana.”
Kalipatos solo espera de la
Isla, “regresar”. Y recibir en
nuestras tablas a través del
Festival de Teatro, piezas como
Zoom…, que se acerca al
cosmos infantil sin maniqueísmos
ni subestimaciones, con
sencillez y limpieza, es también
un soplo oportuno de energía. |