Año VIII
La Habana
Del 7 al 13 de NOVIEMBRE
de 2009

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Escándalo de mujer

Helen Hernández • La Habana

 

Uno de los mayores aciertos de este Trece Festival de Teatro de La Habana ha sido traer las mejores obras de los últimos años, devenidas ya  hitos de nuestro panorama teatral. Piezas como Delirio habanero, Si vas a comer espera por Virgilio o Escándalo en la trapa, han dotado de vigor esta nueva edición de la fiesta de las tablas, demostrando que bueno conocido todavía vale bien.


Escándalo en la trapa

Esta última es una de las obras más gratas subidas al proscenio, pues hace gala de un excelente equilibrio en la puesta, donde sobresalen la calidad del vestuario, el desplazamiento escénico y la paridad histriónica. Seleccionada como ganadora del Gran Premio en el XI Festival de Teatro de Camagüey, en el año 2006, por un jurado que la distinguió por “la capacidad para crear un universo teatral integrador de los diversos lenguajes expresivos, los cuales alcanzan una excepcional belleza formal y profundidad conceptual”, Escándalo en la trapa aúna la fuerza dramática del texto con la representación inteligente.

Frente al abarrotado auditorio del teatro Mella, Mefisto Teatro volvió a darles vida a los personajes concebidos por José Antonio Brene en su obra, convertida en un texto que denuncia a la discriminación cultural e histórica de las mujeres. Bajo la dirección de Tony Díaz, la puesta trae otra vez a la Isla a Enriqueta Favez, la primera mujer que ejerció la Medicina en Cuba a inicios del siglo XIX, aunque para ello debiera trasvestirse.

En su pieza, Brene versiona lo que sucedió a esta dama de origen suizo, que renunció al mandato social asignado a su género el del hogar y la gestación y tomó los vestidos e identidad masculina para poder recibirse de cirujano y practicar el noble oficio de salvar vidas. Lo más curioso es que la plaza elegida por el doctor Enrique Favez para desarrollar su profesión fue la primera villa del oriente cubano, Baracoa, una tierra que a sus muchas veleidades geográficas suma el acierto de ser testigo de la transgresión.

La provinciana ciudad de finales de la segunda década del siglo XIX es el espacio donde se desarrollan los hechos de Escándalo…, que narran la relación entre Favez y los pobladores de la Isla, primero deslumbrados ante su talento y bondad humana, pero luego devenidos jueces de su conducta. Los prejuicios y la doble moral patriarcales salen todo el tiempo a colación, en una intencionada denuncia a los límites impuestos por estas forzadas normas sociales que coartan la libertad de los seres humanos. 

El personaje de Favez parece estar dotado de cierta mística para atraer a los creadores por lo controvertido de su destino. Su historia ha sido llevada varias veces al audiovisual y a la literatura por escritores como Antonio Benítez Rojo en Mujer en traje de batalla, o por los investigadores  Oscar Montoto Mayor en La increíble historia del doctor Faber y Julio César González Pagés en su libro multimedia Por andar vestida de hombre, editado este 2009.

Enrique Favez Enriqueta llegó a Cuba en 1819 y se registró en el Protomedicato de La Habana para ejercer en Baracoa. Como médico había participado en varias contiendas europeas y tenía las condecoraciones del emperador Napoléon. Enriqueta estuvo casada con un doctor francés muerto en la guerra cuando ella solo tenía 18 años, por lo que su destino de viuda solo deparaba un nuevo matrimonio, la prostitución o los hábitos religiosos.

Por el contrario, la decisión de ocultar su verdadero sexo para lograr vivir de su intelecto es uno de los actos más audaces registrados en Cuba con la intención de burlar las leyes del sistema patriarcal. Favez, como en la obra de Brene, conoce a la joven huérfana Juana de León, a quien asiste durante su enfermedad y pide matrimonio formal con la intención de mejorar sus condiciones de vida y de salud. Sin embargo, ante la imposibilidad de poder consumar la unión, Favez confiesa su verdadera condición al Obispo Espada, quien la precisa a hacerla pública un tiempo después.

Con ligeras variaciones episódicas como el destino final de la Favez quien en vez de hacer pública su condición de mujer en Escándalo… es descubierta por la propia esclava a la que salva del abuso de su antiguo amo, todas estas historias las vamos conociendo a través de una de los tres actores que protagonizan la obra, Hedy Villegas. Esta Favez anciana, adolorida y cansada, funciona como una especie de conciencia narrativa que interactúa con el espectador y va contando de un modo excesivamente retórico en ocasiones, la tragedia de su vida.

En Escándalo… se privilegian los valores positivos del personaje, hasta el punto que se extrañan los matices de carácter propios de cada ser humano, favorables para el crecimiento dramático de la pieza. La crítica a la hipocresía machista convierte al personaje en una víctima en la que a ratos nos gustaría encontrar un gesto airado, un doblez de espíritu, un acto de temor o inseguridad. Pese a ser sostenido por una temática sumamente interesante y necesaria de rescatar, el tono doctrinario de ciertos pasajes precisaría reactualizarse y adecuarse al discurso de estos tiempos. Con ello se dinamizaría el desarrollo de la obra y evitaría el final esperado ya desde la mitad de la representación.

Estos escollos, sin embargo, no menoscaban la fuerza simbólica e ideológica que transmite la pieza, apoyada de manera magistral por el diseño de vestuario de Eduardo Arrocha. Cada personaje está perfectamente caracterizado desde una imagen que mucho tiene que decir a nivel sicológico y que armoniza junto al diseño de luces, el movimiento escénico, la gestualidad y la escenografía, para lograr una estética de altos quilates.

El destino fatal de Favez se encuentra hiperbolizado, incluso más allá de lo que fue la historia real, en la que luego de un juicio cruel y un denigrante examen físico, la mujer médico fue condenada a diez años de prisión. De ellos, solo cumplió cuatro en la Iglesia de Paula donde ejerció como médica y protagonizó una reyerta de las reclusas contra las autoridades. El final de su vida transcurrió en Nueva Orleans, donde ofició hasta los 65 años como madre superiora de la Orden de la Caridad.


Escándalo en la trapa

El castigo por la transgresión, la tragedia que pesa como sino en las personas “diferentes”, eran por entonces, únicas vías de resolver este tipo de conflictos, motivo reforzado por Brene al hacer morir de tisis a su personaje en la trapa. Tampoco están en la obra los rumores sobre la orientación lésbica de Favez, una arista que quizás hubiera hecho mucho más atrevido su tratamiento.

Es probable que la clave de toda la obra se encuentre en la intención de despertar la conciencia de los espectadores sobre la injusticia que supone la inequidad de género y el machismo como uno de los peores lastres de la sociedad moderna. Como dijera Hedy Villegas al hablar de su personaje: “¿Por qué pedir perdón si Dios me hizo mujer? Quien debe pedir perdón es esa sociedad decadente, donde la doble moral, el machismo, el doble discurso y la falsa religión mediatizan la existencia de hombres y mujeres; esa sociedad injusta que fue capaz de condenar a una mujer inocente, por el ‘gravísimo pecado’ de ser mujer”.

Aunque hoy de alguna manera el esfuerzo de las mujeres ha logrado revertir situaciones como estas, bien vale la pena salvar la memoria y condenar la sinrazón de menospreciar la capacidad de un ser humano a decidir su modo de vida. Rescatar figuras como la de Enriqueta Favez, en el siglo XXI, robustecen los bríos para nuevas empresas que, también desde el arte y la cultura, reivindiquen el fabuloso escándalo de una feminidad plena.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
IE-Firefox, 800x600