Año VIII
La Habana
2010

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 CRÓNICAS DE LA REVOLUCIÓN 
CAMILO Y CHE (XLIV)
William Gálvez • La Habana
 

LA GRAN DECISIÓN (V): Camilo estaba seguro de que el ejército no iría a buscarlo monte adentro, esperaba que los invasoras estuvieran en un terreno favorable para atacarlos o emboscarlos en cualquiera de los caminos que escogieran para continuar la marcha. Asimismo, el jefe rebelde analizó el estado físico de sus hombres. Confiaba en su alta moral combativa; pero comprendió que no estaban en condiciones de enfrentar una cadena de combates sin grandes pérdidas. Tenía presente también la orden de Fidel en cuanto a la marcha.
 

Por ello, el jefe guerrillero consideró que tenía que burlar a los esbirros y evitar encuentros con sus emboscadas. Esto se lograba si la tropa invasora cruzaba la línea de Baraguá al Embarcadero, hacia el norte, antes que se detectaran su ubicación y comenzara el cerco. La columna tomaría entonces hacia el norte, con lo cual desorientaría completamente a los “sesudos” oficiales del tirano, incapaces de imaginar siquiera tal decisión, pues como siempre trataban de comparar su valor con la moral combativa de los revolucionarios: si ellos, por temor no se internaban en el monte los rebeldes según sus cálculos no saldrían de éste por la misma razón.
 

PLAN DE CAMILO: La idea inicial del Comandante invasor consistía en alejarse de la zona de Baraguá, rumbo al norte para luego conseguir camiones dirigirse por caminos del Norte de la Carretera Central hacia el Oeste y de nuevo cruzar al Sur, atacar alguna unidad, mas con el fin que cuando el mando castrense se diera cuenta de que los insurrectos habían salido de la zona de los montes de Baraguá, sacaran sus tropas o parte de ella para reiniciar su persecución con lo cual facilitaría el cruce a la Columna de Che, dividiendo así las fuerzas del ejército. Y de ser posible lo anterior tratar de alcanzar el territorio de Las Villas lo más rápidamente posible. Luego de este análisis, el jefe guerrillero decidió comenzar la marcha. Entonces el Señor de la Vanguardia le dijo al Auditor:
 

—Fíjate, tú que vas en la punta de la vanguardia, te encargarás de que el cabo Trujillo no se escape, él debe ir contigo.

—No te preocupes, Camilo, que un solo intento y es hombre muertorespondió el columnista.

Lo miró muy serio. Y advirtió:

—No, qué va, este hombre no se puede escapar, pero tampoco se puede morir.

—¿Cómo? —exclamó Gálvez.

—¿Tú no comprendes que si este hombre se muere nos será difícil salir de aquí?

—¡Sí! Pero, si él se escapa, el que se va a morir soy yo —dijo con preocupación el rebelde.

—Está bien, pero, trata que nada de eso suceda y no te preocupes, que con el miedo que tiene no será capaz de escaparse. —Dicho esto se retiró.
 

¿Cómo llevar un prisionero de práctico por una ruta que exigía avanzar rápidamente? Antes del amanecer debían recorrer unos 25 kilómetros, por malos caminos, para llegar a lugar seguro según el cabo, después de la carretera central o cerca de ella. El auditor consideró que lo más apropiado era amarrar una soga a la cintura de ambos. El único riesgo era que si al cabo le dabas por correr de seguro lo arrastraba fácilmente analizó el capitán, pues Trujillo era un hombre fuerte, de unos seis pies y el columnista más bajo, muy flaco y desnutrido. No obstante, esa era la única forma de seguirlo con cierta seguridad. Camilo aceptó la idea. Después de las cinco de la tarde se dio la orden de partida. El monte permitía poder caminar un tramo a la luz solar.
 

Cuando Trujillo fue amarrado con el oficial, es advertido que su vida dependía de no cometer ningún intento de fuga o hacerlos caer en una emboscada, pues quizá escuchara el primer tiro, pero no los otros.
 

En aquella ocasión, la jornada fue más dura. Atravesaron varias fincas procurando no dejar grandes rastros. Cruzando a corta distancia del central Baraguá. En la colonia Guanal, se oyó Radio Rebelde escuchada siempre que era posible; de ahí la expresión de Camilo, que los que estaban “chivateaban”, calificando así, en tono de broma, las informaciones que daba la emisora rebelde, acerca del avance de las Columnas Invasoras.
 

Muchos compañeros creyeron que se iba a atacar la guarnición del central. Se cruzó cerca de una emboscada. En el camino de la colonia San Francisco, se encontraron con el obrero Jorge Pérez y lo llevaron detenido, por medidas de seguridad. En la colonia Santa Teresa, pasaron cerca de otra emboscada. Cuando se acercaban a alguna de ellas, Trujillo lo informaba, por lo que había que caminar con el mayor cuidado y silencio. Atravesaron la línea central del ferrocarril, entre los poblados de Colorado y Gaspar. Al amanecer más agotado que nunca, por el superior esfuerzo de la larga caminata, acamparon en un cañaveral, a cien metros de la carretera central a 21 km de Ciego de Ávila.    

 

CHE: “Septiembre 27.- Urgentemente levantamos el campamento. Un peón nos vio y escapó corriendo. Hemos marchados todo el día y la noche presumiblemente por la arrocera “Aguilera”. Lo único que hemos comido en todo el día fue un poco de gofio con leche.”
 

La finca Las Trancas, donde le sorprende el amanecer de este sábado, tenía a unos dos kilómetros y medio el batey La Oliva, sin embargo, no se pudo realizar ninguna compra, pues no apareció ningún campesino para conducirlo hacia ese punto.

 

El mando superior del régimen consideró que la dirección del coronel Víctor Dueñas Robert contra los insurgentes era ineficaz y lo sustituyeron por Leopoldo Pérez Coujil, de igual grado y que se desempeñaba como jefe del tenebroso Servicio de Inteligencia Militar (SIM). Y conscientes de que los “forajidos” van in crecendo, ordenan: “... A los fines de la mejor distribución de los servicios de operaciones de esta provincia se divide el territorio de este Distrito Militar en dos zonas.” (Arch. 716-C-958)
 

La primera abarcaba los límites con Oriente hasta los de las ciudades de Camagüey y Florida, y la segunda, el territorio existente hasta las fronteras con Las Villas. Al mando de los tenientes coroneles Alberto del Valle y Suárez Suquet, respectivamente.

 

Aquí, otro de los incorporados el pasado 17, desertó, con la agravante de llevarse una de la bomba-mina. La actitud del peón que escapó cuando ve a los rebeldes, hace pensar que pueda ser un espía militar, lo que exige alejarse rápidamente de aquel lugar, aunque faltando el guía. Esto obligó a que se desplazaran por un terreno anegado, no solo de agua, sino de fango, con arroyos, canales y laguna. Con relación a las jornadas de esos días, Che escribió a Fidel:
 

“...Cruzamos un terraplén de cierto peligro y nos internamos en la zona arrocera donde están las grandes fincas de los hermanos Aguilera. No teníamos prácticos e íbamos tras las huellas esporádicas del compañero Camilo. Desde el día 20 caminamos casi ininterrumpidamente entre cenagales.
 

Tuvimos que abandonar los pocos caballos que llevábamos más de una vez; la “mazamorra”1 empezó a hacer estragos entre la tropa...”

 

1- Hongo producido por la humedad en los pies. Nombrado así por los campesinos.

 

La marcha la habían iniciado antes del anochecer y a las 24:00 del 27, el tramo vencido no pasaba de unos 3 km.


CONTINUARÁ
 

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