|
En la memoria del pueblo
cubano está inscrito con
especial cariño, el
inolvidable suceso
editorial que tuvo lugar
a mediados de la década
de los años ochenta con
la publicación de la
entrevista que Fidel
concedió a nuestro
entrañable hermano, el
sacerdote dominico
brasileño Frei Betto. En
aquella ocasión, tuve el
inmenso honor de
escribir el prólogo de
la edición cubana. Y no
por casualidad subrayé
que estábamos en
presencia de un
verdadero milagro.
Desde entonces su
amistad con la Isla y
los cubanos creció cada
día, así como también su
incondicional
solidaridad, confirmada
no solo en sus
frecuentes visitas a
nuestro país, sino
también con su acción y
con su pluma, con la que
ha defendido sin vacilar
un segundo, a Fidel y a
la Revolución Cubana,
que tanto ama.
En el sentido ético de
la vida y la obra de
nuestro amigo,
encontramos la armonía y
el vínculo necesarios
entre cultura, ética y
política. Por ello
merece el reconocimiento
agradecido de todos los
hombres y mujeres
buenos, no solo de Cuba
sino de toda la América
nuestra.
Betto, no es solo un
teólogo o un buen
revolucionario; Betto, y
bien lo demuestran las
páginas del libro que
hoy presentamos, es un
adelantado, es un
luchador político con
una profunda visión
cultural, y es un
ejemplo para todos,
porque es un creador al
que podemos considerar
como uno de los
representantes más
notables e indiscutibles
de las letras
latinoamericanas de hoy.
Porque hablamos aquí de
un hombre que es
brasileño por
nacimiento, pero que es
latinoamericano por su
obra y pensamiento.
Este libro de Frei Betto
lo tengo siempre
presente porque me lleva
a la idea del bien y de
que este produce dicha,
tal como nos enseñó
Martí. Nos conduce al
proceso de relación
entre lo que se llamó
objetivo y lo que se
denominó subjetivo y
ello es, precisamente,
lo que nos puede
orientar a la solución
de los temas prácticos
más importantes del
presente siglo.
Este libro contiene una
maravillosa descripción
del universo conocido…
Tiene el aval de la
ciencia y la poesía. Sin
ellas no hubiera podido
entenderse tan
sublimemente ni lo uno
ni lo otro y mucho menos
comprenderse, en lo
posible, “la obra del
artista”. Con estos
valores, Betto se
introduce y mueve en los
linderos que unen y
diferencian ambas
pasiones humanas.
Captar y asumir de forma
hermosa y optimista
estas emociones,
encontrar los nexos
entre el amor y la
razón, entre lo conocido
y lo desconocido, lo
creado y lo por crearse,
es el más alto y bello
reto espiritual del
hombre en su historia.
Cuando lo ha hecho con
rigor, ha accedido a lo
que muchas personas
llaman Dios, es decir,
el misterio que aspiran
a revelar con el símbolo
más alto creado por la
humanidad. Tan alto que
no pueden describirlo en
su fundamento real, a no
ser que lo busque en el
propio hombre, en sus
amores y sus angustias.
Y todos sin excepción,
creyentes y no
creyentes, lo han
situado allí mismo, en
el corazón humano. ¿Solo
allí se encuentra? He
ahí el enigma
indescifrable por la
ciencia.
Martí sintetiza con una
idea la alianza que Frei
Betto ahora describe,
“no hay poesía mayor que
la de los libros de
ciencia”. Ahí está lo
máximo a lo que puedo yo
llegar. Lo demás… No sé
la respuesta.
Sentados, como los
monjes que el autor
rememora, en la cúspide
de la gigantesca montaña
del conocimiento humano,
el religioso, el poeta y
el científico miran el
cielo cargado de mundos
con la fiebre de saber
lo que al hombre no le
es dado a conocer. Monje
tras monje, creyente
tras creyente, curioso
tras curioso, se han
sentado, como Frei Betto,
en esa hermosa piedra,
junto al cielo infinito
y como parte de él.
Todos, sin excepción, se
han hecho las mismas
preguntas y jamás han
encontrado respuesta a
las claves esenciales
que aspiran a
desentrañar.
Betto, como Varela y lo
más avanzado de la
teología
latinoamericana, no
sitúan lo espiritual a
gigantesca distancia o
en choque abrupto y
brutal con la materia.
Asumen el universo desde
su concepción teológica
y cristiana como algo
que le es propio.
Quienes lo sientan así,
cualquiera que sea la
conclusión a la que
arriben sobre las
“históricas verdades
eternas”, accederán a lo
más elevado del hombre y
su ciencia porque es
real y objetivo que
formamos parte de la
inmensidad infinita.
Damos gracias a la
Editorial de Ciencias
Sociales por esta
segunda edición La
obra del artista. Una
visión holística del
universo, en la que
Betto nos obsequia un
texto imprescindible por
los aspectos esenciales
del pensar filosófico
que aborda, y desde el
cual podemos asomarnos
al balcón del universo.
Desde nuestra
sensibilidad científica
y martiana, recomiendo a
los hombres de ciencia y
de conciencia,
cualquiera que sea su
credo, leer y estudiar
esta magnífica obra que
es como el propio Frei
Betto, un hecho
bondadoso.
Palabras de presentación
de la segunda edición
del libro de Frei Betto
La obra del artista.
Una visión holística del
universo. |