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Entrevista con el investigador español José Luis Ferris

Miguel Hernández: la esencia de un poeta completo

Liliana Rodríguez • La Habana
Fotos: La Jiribilla

 

Miguel Hernández nunca visitó a Cuba; sin embargo, sus poemas atravesaron el océano para traer a La Habana el espíritu de uno de los más grandes poetas españoles. Ahora regresa a la Isla a través del relato de lo que fue su vida y su obra. José Luis Ferris es el autor de tan especial regalo, su libro Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta, se presentó en la Feria Internacional del Libro Cuba 2010. Para Juan José Sánchez Balaguer, Presidente de la Fundación Miguel Hernández, este texto es una de las mejores biografías del escritor de Orihuela, tal vez la más completa, pues nos deja al poeta puro, tan humano como cualquiera de nosotros.

El biógrafo,  ganador en 1984 del accésit del Premio Adonais de Poesía y en 1999 del Premio Azorín de Novela, entre otros reconocimientos, reconstruye la corta, pero intensa vida de uno de los intelectuales más emblemáticos del siglo pasado. Miguel Hernández constituye para muchos un misterio, por el gran período de tiempo en el que vivió silenciado; sin embargo, Pasiones, cárcel y muerte de un poeta aborda los aspectos más significativos de su vida, y ofrece, según Ferris, varias aristas que nos dan lo más importante: al hombre completo, al poeta, al soldado.

Esta es la primera edición de la biografía de Miguel Hernández que se publica fuera de las fronteras españolas, y constituye una de las actividades que por el centenario del poeta realizan el Centro Pablo de la Torriente Brau y La Fundación Miguel Hernández, entre otras instituciones cubanas. A propósito de su visita a La Habana, La Jiribilla conversa con el autor de estas páginas.

¿Qué le apasiona más de la vida y la obra del poeta oriolano?

Se me hace difícil seleccionar entre tantos aspectos. Lo más importante en una persona es la integridad, la honestidad y la fidelidad a unos principios propios. En la actualidad, la mayoría de los mortales es capaz de traicionar, sin importar a quién. Los principios morales e ideológicos ya casi no existen.

Miguel vivió una situación agonizante en la cárcel, realmente límite, pero siguió firme a sus ideas; esa es una de las cualidades que más admiro de él. Después, su capacidad para convertirse en un profesional de la literatura y la poesía en muy poco tiempo, mientras que el resto de los poetas y compañeros suyos necesitaron casi el triple de ese tiempo. Miguel comenzó a publicar poesía con 20 años y murió con 31. En solo 11 años de escritura hizo lo que cualquier otro escritor hubiera hecho en 30 o 40, como si hubiese sabido que su vida iba a ser corta. Admiro cómo fue capaz de aprender y madurar tan rápido y darnos una lección como creador inmenso.

Miguel, el poeta, el soldado, el hombre comprometido… ¿A cuál de ellos se pondera con mayor fuerza en la actualidad?

Miguel Hernández nunca tuvo ideales religiosos, aunque eso es algo que la historia nos ha hecho creer. Él no traicionó nada ni a nadie, porque estaba todavía formándose su pensamiento; evolucionó hacia un compromiso político que surgió en su vida. A partir de unos años, más o menos en el 35, cuando se mudó a Madrid, tomó una conciencia social y política que lo acompañó hasta la muerte. Nunca cambió su manera de pensar y ver el mundo, murió con sus ideas de manera firme.

Si lo asociamos con la historia de España —después de la muerte del dictador Franco, que es sobre todo cuando se reivindica— Miguel Hernández se vio como el soldado, el poeta comprometido, el hombre relacionado directamente con cuestiones políticas e ideológicas. Esto ya forma parte del pasado en España. Poco a poco se ha ido reivindicando la imagen de Miguel Hernández, pues ahora desde la investigación, la política o la literatura, se busca al hombre completo. Últimamente hemos podido conocer al joven adolescente que escribió un primer libro, Perito en lunas; al poeta del amor; al autor de libros como El rayo que no cesa; al hombre de la guerra y al de las cárceles. El conjunto, brinda un mapa integral sobre la vida de Miguel Hernández.

Cada país se apropia del poeta según su situación, digamos que es como un “sírvase el que quiera”; esa es la grandeza de la poesía. En una nación como Cuba, por ejemplo, que vive en permanente revolución, el Miguel Hernández ideólogo está siempre presente, aunque también se aprecie su poesía. Como poeta, Miguel anima y alienta. Tal vez quienes  descubran a este escritor en un país asiático —tenemos referencias de que en Filipinas, por ejemplo, se está leyendo su obra—, se refieran al oriolano como un poeta del amor.

¿Por qué cree que esa misma sociedad que lo apartó y lo tildó una vez de traidor se ha apropiado de él y de su obra?

España es un país de contrastes, quizá podamos decir que siempre han existido dos Españas en lugar de una. Ya lo decía Antonio Machado “españolito que vienes al mundo, te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.

Durante los 40 años siguientes a la Guerra Civil, vivimos una dictadura; cuando esta desapareció, y comenzó en el país un período en el que entraron otras fuerzas políticas, se inició la reivindicación de los que estaban ocultos. Este proceso perdura, es una tarea larga, porque junto con Miguel Hernández, corrieron la misma suerte muchos historiadores, investigadores, poetas, dramaturgos y novelistas, quienes tuvieron que abandonar el país o acabaron en la cárcel o enterrados en medio de la guerra. Cuando el franquismo comenzó a gobernar, fueron silenciados, borrados, como si no hubieran existido; la historia se escribió como quisieron los vencedores, y entonces, desaparecieron personajes fundamentales que solo hoy se han comenzad a recuperar.

La misma sociedad que condenó a Miguel Hernández a una cárcel, y también de alguna manera al olvido, cambió de tintes después de la muerte del dictador. El gran poeta despertó, sobre todo a partir de los esfuerzos de la izquierda. Esperamos que en este año, a propósito de su centenario, se le coloque en el lugar que le corresponde.

¿En qué medida aquella situación de rechazo en algunos círculos intelectuales dejó huellas en la vida y la obra de Miguel Hernández?

Muchísimo, pero Miguel Hernández nunca lo evidenció en su obra, aunque sí es cierto que hay algunas cartas dirigidas a amigos, en las cuales se quejaba sobre esta etapa dura en su vida y su deseo de regresar a Madrid.

La más alta generación poética que dio España en los años 20 y 30, la llamada generación del 27, fue básicamente burguesa. En este contexto irrumpió un hombre como Miguel, que venía del pueblo, de una condición humilde, cuya familia no pudo darle dinero para poder llegar a Madrid. Él no trabajaba, y tuvo que salir a flote con la ayuda de amigos. En esta situación llegó a la capital, y no renunció ni a su carácter, ni a su modo de ser, ni a su modo de vestir. De repente, entró a los círculos intelectuales madrileños, un muchacho sin pretensiones de ningún tipo; pero que por su forma de ser y su carácter, por su gracia personal, llamó la atención de todos.

¿Qué diferencias reconoce en Hernández, antes y después de iniciada la guerra?

Enormes. Miguel Hernández no fue un militante católico, pero en Orihuela todos eran católicos: sus mejores amigos, el sacerdote que le dejó sus primeros libros. La primera obra de teatro que escribió Miguel, por ejemplo —con marcado contenido católico, religioso  y de una ideología radical dentro del propio catolicismo—, estaba muy bien escrita, fantásticamente estructurada, pero al editor en Madrid no le gustó lo que decía, porque detrás, había un trasfondo ideológico muy fuerte, religioso. Miguel lo reconoció al final, no llegó a decir directamente que estaba escribiendo al servicio de determinadas personas y cumpliendo una misión ideológica; pero sí dio a entender que aquello le importaba poco. No tenía ideas hechas. Se dejó llevar en cierta medida por las circunstancias; pero cuando lo invitaron a salir de ahí, sobre todo Pablo Neruda, y a escribir una poesía abierta, humanizada, fuera de lo religioso, más comprometida con la vida y con el hombre, Miguel no tuvo ningún problema para implicarse de verdad.

Algo que también influyó mucho en Miguel, fue la rivalidad que existió entre las dos personas más cercanas él a en ese momento: Pablo Neruda por una parte, y el mejor amigo del poeta de su pueblo, Ramón Sijé, por otro, como encarnación de la cara opuesta de la libertad. En medio de esa tensión acabó rompiendo la amistad con Ramón y a partir de ahí comenzó a tomar más en serio su compromiso ideológico y político. Ramón murió en Orihuela sin que pudieran limar asperezas, y fue esta muerte, la que lo impulsó a escribir la famosa elegía dedicada a Ramón Sijé, uno de los monumentos más grandes de la poesía funeraria española y mundial. Ese poema, de una profundidad enorme, marcó el cambio definitivo en la obra de Miguel Hernández. 

¿A quién considera como la persona más cercana a Miguel Hernández, la que influyó más en él y en su obra?

Compañeros de juventud como Sijé y Carlos Fenol, así como los grandes amigos de Madrid. Neruda —a mi entender el más influyente—, y Vicente Aleixandre, el poeta español, fueron quienes más le marcaron. Con Maruja Mallo tuvo una relación importante: su obra poética recibió la influencia de la plástica y la sensibilidad artística de esta mujer, y a la vez, la impronta de Miguel se hizo sentir en su obra pictórica. Asimismo, la figura del campesino, del dirigente comunista en España, y desde luego, de personajes históricos importantes que estuvieron junto con él a lo largo de su vida, también tuvieron que ver en la obra de Miguel.

Luego en la Guerra Civil aparecieron otros personajes que marcaron el pensamiento y a la obra poética de Miguel. Creo que Pablo de la Torriente constituyó la figura más significativa para el poeta en ese momento, pues el español comenzó a compartir la vocación de periodista del escritor cubano y se produjo una unión especial.

¿Qué importancia le confiere a la amistad de Miguel con otros grandes de las letras cubanas como Nicolás Guillén y Alejo Carpentier?

Ahora se está publicando bastante al respecto. La relación con Pablo de la Torriente fue de un cariño enorme. A Miguel le marcó muchísimo su muerte, fue la que más enfatizó y destacó en sus cartas. Entre todos los amigos que perdió durante la Guerra Civil, fue de él de quien habló especialmente.

Miguel conoció a Nicolás Guillén en el Congreso Intelectual Antifascista del año 37, y a Carpentier en París. Él veía a todos los grandes de la literatura que llegaban a España como héroes, los miraba de abajo hacia arriba, sin  valorarse mucho a sí mismo.

Entendía que en la otra parte del océano existía un mundo diferente, otra sensibilidad. Le enriqueció mucho saber del continente americano, intercambiar con los intelectuales de acá como Neruda y Octavio Paz. La esposa de Paz, Elena Garro, tiene hermosas experiencias con Miguel, cuyo sueño, una vez superado el tema de la Guerra Civil, era vivir en América Latina con su familia.

¿Cuáles fueron los principales desafíos que enfrentó Ud. durante la investigación y organización del material para escribir Pasiones, cárcel y muerte de un poeta?

El primer reto fue distinguir la verdad de la mentira entre lo  mucho publicado sobre Miguel. La recogida de información fue una tarea fundamental. Obtuve material sobre Miguel Hernández no solo en España, sino en otros lugares del mundo, desde un artículo publicado en La Habana en 1952, hasta uno en México y otro en Francia. Tuve que leerlo todo, y a partir de ahí estructurar, seleccionar y reconstruir el mapa de su vida, y ver qué espacios quedaban por completar, pues existían períodos sobre los que no se sabía nada.

Ud. se propuso conformar una biografía completa de Miguel Hernández. ¿Considera que esta obra ha contribuido a dar a conocer quién fue realmente Miguel Hernández?

Creo que sí, en buena medida lo que más ha destacado la crítica cuando el libro se publicó en España, y lo que han reconocido los lectores, es que por fin se ha conocido, de una manera muy cercana a Miguel Hernández. Antes era “un héroe perfecto” que murió como tal. Ahora tiene sus golpes de héroe, pero también sus golpes de ser humano, con defectos enormes y problemas, como todos. Fue un hombre decepcionó a sus mejores amigos que pretendieron salvarle de la cárcel, y ayudarle; pero también el que sabía que dejarse ayudar era contradecir sus principios.

La gente pensaba en el poeta pastor, pobre, quien milagrosamente se convirtió en un sabio. No fue un milagro, él estudió durante diez años y tuvo una disciplina y una preparación sólidas, siempre agradeció a sus maestros lo que había aprendido. También fue un hombre que cayó en la debilidad y en la tentación por mujeres que pasaron por su vida; un ser que se dejó amar y amó, sabiendo que eso podría engendrarle daños enormes, que no fueron tales si pensamos que lo condujeron a escribir poesía tan profunda como la de El rayo que no cesa.

Lo más importante fue haber logrado una historia observada desde diversos puntos de vista. Abordo la vida del poeta, sus compromisos políticos e ideológicos, las circunstancias en las que se vio envuelto e incluso situaciones específicas que dieron como resultado algunas de sus mejores obras. Pero lo principal en Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta son las múltiples perspectivas. La de su esposa, por ejemplo,  una mujer que lo amó a pesar de no entender lo que hacía. No podía permitirme dar solamente la visión del poeta; y  ese equilibrio fue el que me ayudó a humanizar más las circunstancias y la vida de un hombre que estaban muy idealizadas.

¿Cómo valora que Cuba sea uno de los países —además de España— que celebra con más acciones el centenario de Miguel Hernández?

Tiene mucha importancia. Por ser el biógrafo del poeta he estado invitado a muchísimos actos que me coincidían con la propuesta que me había hecho Cuba de asistir a la Feria. Pero el hecho de venir a La Habana era prioritario, sobre todo sabiendo que la Feria del Libro iba a dedicarle un protagonismo especial a Miguel con varias publicaciones. Próximamente en España, divulgaré lo que ha pasado aquí, aunque la Feria está teniendo mucha resonancia en Internet y yo he recibido incluso, llamadas de amigos que se han enterado de lo que está aconteciendo aquí. Es el único país de  mundo que se ha preocupado por editar una biografía sobre Miguel Hernández, por eso también es prioritario para mí estar con él.

 

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