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Conversación con Guillermo Calderón

Teatro con garras y dientes

Mabel Machado • La Habana

Fotos: La Jiribilla



Las obras Neva y Diciembre, presentadas en Cuba hace tres meses, introdujeron ante el público el trabajo del grupo chileno Teatro en el Blanco. La actriz Trinidad González develaba a un nutrido auditorio en la Casa del Alba algunas de las pretensiones del pequeño equipo de actores y profesores al cual pertenece: hacer un “teatro de preguntas y de reflexión”.

Guillermo Calderón, director del grupo, visita la Isla por primera vez invitado a participar en la 19 Feria Internacional del Libro. Mientras la pieza Neva se presenta nuevamente en la Sala Adolfo Llauradó esta semana, el dramaturgo aprovecha para intercambiar con los especialistas cubanos y conocer las impresiones de los asistentes al teatro.  

De su obra, recogida ya en una compilación de teatro contemporáneo chileno editado por la Casa de las Américas, ha confesado el carácter eminentemente político, a partir de su pertenencia a una generación que creció bajo la sombra de la dictadura militar en Chile, la cual impuso un “ambiente cultural muy confuso. Había mucha gente optimista que creía en la posibilidad de transformar la sociedad, de producir un viraje con matices socialistas. Las transformaciones quedaron a un lado cuando, al final de la dictadura, se produjo un aparente pacto de democracia”.

Calderón ha sufrido esta circunstancia de la historia que dejó a la izquierda “flotando en el aire”, porque no iba a participar de un sistema que no se correspondía con sus principios. Ahí es donde entroncan el pensamiento de este chileno con la obra del ruso Antón Chejov ―detalle este que lo conecta a la Feria de La Habana―, pues el autor europeo presenta en sus dramas el conflicto de una generación ausente que no puede llevar a cabo ningún cambio. “En mí se produjo una suerte de seducción por un autor lejano en el pasado, pero que habla a mi generación de manera muy contemporánea”, explica el joven dramaturgo.

Guiado por Chejov, Guillermo escribe Neva con el ánimo de hacer una obra dura y muy contestataria. Sin embargo, esta también ha sido para él la forma de comprobar que existen límites para hacer política desde el teatro, porque “a pesar de que uno desea que los temas tengan una trascendencia global, trabajamos en el espacio de la sala”.

Mirándose a sí mismo como autor, Calderón se percibe “atrapado en su biografía y presiente que estará habitando en ella por mucho tiempo”. Si se despegara de sus contemporáneos o de los creadores más jóvenes del teatro en Chile, sería por este motivo y porque más allá de ocuparse de la reflexión sobre el medio teatral mismo, ha buscado poner en crisis también al espectador, hacer entender al público que puede ahogarse en la mera cuestión cultural, ya que el “asistir al teatro es también un acto de elitismo”.

Dos proyectos mantienen en vela a Calderón en la actualidad: una representación de un supuesto discurso de despedida de Michelle Bachelet del gobierno de su país y otro sobre un lugar en Chile que funcionó como centro de torturas durante la dictadura. Con este último pretende provocar en los asistentes al teatro el repudio por una obra que “aborda nuevamente el tema de los crímenes y la injusticia”. En vez de negar el aburrimiento, lo asumimos con una metáfora de la tortura que no tiene que ver con esos métodos de terror en la realidad”.

Luego de Neva y Diciembre es difícil que alguien se acerque receloso a las nuevas propuestas de Teatro en el Blanco. Aún con el augurio del bostezo, no serán pocos los que quieran correr riesgos al estilo de Guillermo Calderón, quien no pierde tiempo para devolverle al teatro sus “garras y dientes”.

Diálogo. Cuba en el Blanco

Teatro en el Blanco ha decidido emprender una etapa de viajes por el mundo. En noviembre, durante el  XIII Festival de Teatro de La Habana, el grupo se presentó en Cuba. Hoy vuelven a la Isla, a la que Ud. llega por primera vez, ¿qué motivos impulsan esta nueva visita?

Cuando vino Teatro en el Blanco la primera vez quedaron muy felices y seguros de que tenían que volver a Cuba. Me dijeron que era imposible explicar lo que había pasado aquí. Yo, que no pude venir antes por compromisos de trabajo, me sentí muy tentado a hacerlo. Entonces se dio la invitación de la Feria del Libro que trae a Rusia como País Invitado de Honor. La ocasión era propicia para mostrar nuestro trabajo con la obra de Antón Chejov.

A mí me interesó mucho también la reacción del público cubano ante estas obras tan políticas. Se trata de piezas que hablan de temas que aquí son muy recurrentes, como la revolución y el compromiso político teatro. Me programaron varios encuentros como este en el Instituto Superior de Arte (ISA), la Casa del Alba y otros espacios, porque sentía necesidad de dialogar, de ver las reacciones del público y los especialistas sobre nuestro trabajo. Sé que es un auditorio distinto a otros, justamente por su historia política y cultural.

Ahora que su grupo ha tenido vínculos con la escena cubana, que Ud. ha intercambiado con actores, dramaturgos y críticos; ¿tiene alguna valoración especial sobre la producción teatral de Cuba, también a partir de las lecturas que ha hecho?

He visto un libro de los jóvenes dramaturgos cubanos, presenta una escritura muy suspicaz y personal. Fui al ISA, pude ver cómo funciona la escuela, es una instalación preciosa donde se erige un lugar importantísimo para el arte y la cultura.

Percibo que el arte está muy respaldado acá por las políticas culturales. No he podido ver todavía teatro en vivo, pero sí he leído y me parece además, por como el público ha recibido Neva, que hay un ambiente de gran vitalidad en el teatro.

En el Festival de Teatro su coterránea, la actriz Malucha Pinto confesaba que para muchos chilenos venir a Cuba había estado siempre entre sus anhelos. ¿Lo siente también así Guillermo Calderón?

Sí, por supuesto. Chile tiene una deuda muy grande con Cuba, este país apoyó mucho a Allende, pero también fue muy generoso cuando después del golpe militar acogió a muchos chilenos; todavía algunos de ellos viven acá. Siempre habrá un compromiso nacional muy importante.

Por otro lado, durante los años de la dictadura en nuestro país, crecimos con la música cubana, especialmente con los trovadores, que nos conectaron de manera muy fuerte con la Isla. Es un sentimiento que no se puede explicar, escuchábamos a Silvio Rodríguez y añorábamos inmediatamente estar acá.

Yo heredé de un tío una colección de la revista Casa de las Américas, que él había comprado en Chile en 1972. Ahora me recibieron en esa institución cubana, porque una de mis obras estuvo incluida en una antología de teatro chileno y fue muy conmovedor estar en ese lugar donde se hace una de las revistas que admiré desde pequeño, por sus bellos diseños y su volumen. Venir acá, después de tanto tiempo, va cerrando para mí un círculo de mucha emoción.

También, por supuesto, está la gran curiosidad por saber qué es Cuba en realidad, cómo funciona su cultura, su política, su economía. Cuando alguien viene a este país y regresa, no puede contarlo todo con igual intensidad a cómo se vive y te dice “tienes que ir”. Y es cierto, hay que ver cómo es su gente, cómo se mueve el proyecto socialista. Es una mezcla de sentimentalismo e indagación.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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