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Cuando Yevgeny
Yevtushenko lee sus
poemas interpreta los
personajes de sus
historias en verso, los
declama cual actor de
teatro, no recita,
existe en la poesía.
Leyenda viva de la
literatura rusa,
nominado en varias
ocasiones al Premio
Nobel de Literatura, más
de diez millones de
ejemplares de sus textos
han sido editados en su
país natal y ha sido
traducido en 72 idiomas.
De heredero legítimo de
Vladimir Maiakovski lo
calificó durante la
presentación de su libro
Manzanas Robadas
en la 19 Feria
Internacional del Libro
de La Habana el poeta
cubano Alex Pausides. El
Coordinador General del
Festival de Poesía de La
Habana destacó también
la vocación publicística
de la obra de
Yevtushenko y resaltó su
visión crítica no solo
de la poesía sino de la
sociedad en general.
Ejemplo de la difusión
de la obra de
Yevtushenko es la
musicalización por el
afamado compositor
Dimitri Shostakovich de
“Babi Yar”, uno de los
textos que integran el
volumen presentado en la
sala Nicolás Guillén de
la Fortaleza de San
Carlos de La Cabaña este
viernes 12 de febrero.
En el libro destacan
también el poema “La
ejecución de Stenka
Razin”, leído en ruso y
español, y que, junto a
“En el país llamado más
o menos”, arrancó de los
asistentes cerrados
aplausos.
Los 46 títulos de
Manzanas Robadas no
habían sido traducidos
anteriormente al
español, por lo que
estas páginas
trasladadas a nuestro
idioma por el poeta
chileno Javier Campos
son un regalo a los
lectores en castellano
de todo el mundo. Al
país suramericano lo
unen sus relaciones con
Salvador Allende y Pablo
Neruda, quien lo invitó
a Chile por primera vez
en 1964 y al cual
califica como “el poeta
del siglo”.
El poeta ruso llegó a
Cuba por primera vez en
1961 como corresponsal
de Pravda,
ocasión en la que
escribió dos decenas de
poemas que fueron
publicados en el diario,
entre ellos uno dedicado
a José Antonio
Echevarría, “Tres
minutos de verdad”.
Desde entonces su
relación con la Isla ha
pasado por sus sucesivos
retornos a nuestro país
y por la amistad con
escritores y artistas
cubanos. Fue el
guionista de Soy Cuba,
coproducción cubano
soviética dirigida por
Mikhail Kalatozov,
realizada en 1964 y
convertida luego de
muchos años en filme de
culto. Tras varios años
de ausencia regresó en
el 2006 al Festival
Internacional de Poesía
de La Habana donde
presentó su película
Kindergarten,
filmada en 1982 y cuatro
años más tarde los
lectores cubanos lo
reencuentran en el
espacio de esta Feria
del Libro.
Yevtushenko recuerda
como en una ocasión
Alejo Carpentier lo
llevó a un pequeño
restaurante para que
viera dos lienzos de
Fidelio Ponce de León y
se declara también amigo
de Alicia Alonso y René
Portocarrero. De este
último conserva un
cuadro en su colección
personal, la misma que
atesora obras de otros
cubanos como Ángel
Acosta León y Hugo
Consuegra junto a
cuadros de Marc Chagall,
David Alfaro Siqueiros y
Pablo Picasso, colección
que dentro de tres años
formará parte de un
museo del poeta en
Moscú.
Comunicador incansable,
mientras firmaba los
ejemplares de sus libros
el autor de Adiós
bandera roja
dialogaba con sus
admiradores cubanos.
Poetas, músicos, una
instructora de danza,
“hecha para ser
levantada en brazos” y
un joven artista de la
plástica a quien
jocosamente le “ordenó”
en tono de “dictadura
rusa” ser “un gran
pintor” basado en la
honestidad y la luz de
futuro de sus ojos, se
convirtieron en sus
interlocutores.
Conocedor de las más
diversas expresiones
artísticas Yevtushenko
resalta la importancia
de la tradición:
“algunos escritores
jóvenes quieren ser
grandes poetas sin
conocer a otros que han
escrito antes que ellos
y terminan inventando la
bicicleta de madera.”
Tal vez en su profunda
cultura radique
precisamente uno de los
secretos de su éxito,
las otras claves las
brinda él mismo: “En la
poesía la emoción y la
filosofía son
componentes muy
importantes,
especialmente la
emoción”.
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