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Joven literatura rusa

Entre la tradición y los caminos propios

Marianela González • La Habana

 Fotos: Jorge Ramírez (La Jiribilla)

 

Podría pensarse que en un país que atesora una de las más fuertes y sostenidas tradiciones literarias del mundo, la creación de los jóvenes escritores deba valerse de madurados mecanismos publicitarios para insertarse en la preferencia de los lectores en una feria comercial. Pero en los pabellones de venta de La Cabaña habanera, las mismas manos que se llevan sin titubeos los Cuentos populares rusos, Cuentos de grandes escritores rusos de los siglos XIX y XX y la compilación Cinco escritores de la revolución rusa, escrutan y seleccionan también dos textos de reciente edición por la Editorial cubana Arte y Literatura: Rusia, poesía viva y Narraciones rusas contemporáneas.

Se trata de dos compendios que repasan las obras de la más reciente promoción de escritores del país euroasiático, esa oleada de creación y pensamiento joven que desde en los años 2000 ha alcanzado resonancias más allá de Rusia. De modo que los lectores cubanos y extranjeros que visitan la Feria llevan a sus mesas de noche historias de Antón Chejov y de Dimitri Bykov, de Maiakovsky y de Oleg Pavlov. Poemas de Boris Pasternak y de Olesia Nikolaeva.  

La creación joven, de todas las latitudes, despierta inquietudes y sensibilidades, perspicacias y encuentros. O encontronazos. Y si proviene de un país con una riqueza extraordinaria en los ámbitos del pensamiento y la creación artística y literaria, las preguntas serán muchas y diversas. Y los panelistas, como los que asistieron este sábado a la sala Fernando Ortiz, no alcanzarán muchas veces a sostener el bombardeo. Pero al menos, saldremos con la certeza de que en nuestra mesa de noche no pesan vanidosas ilustraciones ni palabras fatuas.

Literatura nueva en un país nuevo

Escenas de la Rusia actual, historias extraídas de la descomposición de las aldeas y otros asentamientos rurales, narrativa militar. Temas distintos que confluyen solo en clasificaciones académicas; pero identificables como síntomas de una nueva generación que se abre camino entre lo establecido, que desmitifica y propone.

Antes de introducir detalles del fenómeno, el representante de la Fundación de Progreso Intelectual y Socioeconómico que fungió como coordinador del panel, decidió explicar brevemente las transformaciones que se han sucedido en Rusia en los últimos años y situar dentro de él las acciones que esta organización coordina.  

“En las últimas dos décadas, hemos experimentado cambios en el sistema político y económico, y como supone toda transformación profunda, también hubo cambios en el seno de la propia sociedad ―explicó. De modo que con el debilitamiento de la producción industrial sufrimos grandes pérdidas en la esfera intelectual. Antes de los 90, por ejemplo, teníamos en el país una Unión de Escritores, pero muy pronto se desintegró y perdió la capacidad de trabajar y agrupar a los escritores, sobre todo a los jóvenes.”   

No obstante, comparte el criterio de quienes afirman que los últimos años arrojan síntomas de recuperación: “Nos preocupaba que la tirada de libros había descendido considerablemente y junto con ella los niveles de lectura. Pero hoy, aunque el número de ejemplares ronda los tres mil y los cinco mil cuando en épocas anteriores conocimos los millones, ha aumentado bruscamente el número de títulos. Hoy se publican más de mil títulos al año”.

Los premios literarios, amén de los intereses editoriales que los orientan en muchas ocasiones, constituyen también uno de los principales incentivos de la producción literaria joven en Rusia. Según el moderador de este panel, más de 50 mil jóvenes concursan cada año.

No obstante este panorama y la crudeza que los años 90 significaron para el panorama literario ruso, fue precisamente a finales de esa década que la preocupación en torno a los jóvenes tomó fuerza. Ya a principios de los 2000, la Fundación destinó sus esfuerzos a agrupar los jóvenes escritores que habían estado dispersos por toda Rusia. Al mismo tiempo, uno de los objetivos de la organización ha sido unificar las revistas literarias con la producción de los jóvenes escritores, de modo que al menos las 13 grandes del país sirviesen de vehículo alternativo hasta los lectores, en ausencia de la publicación de las obras por las casas editoriales.

Desde hace diez años, por tanto, compete a la Fundación seleccionar las 150 mejores obras ―entre poesía, narrativa, ensayo, crítica, traducción, etc. ― y asumir su publicación en ediciones que las recopilan. Hasta el momento, han editado 15 volúmenes.

Gramática y semántica de un “joven escritor”

El primer decenio de este siglo ha develado escritores rusos de mucho talento. En términos generacionales, se distinguen “por la valentía, por la forma menos dramática de ver la vida, por la libertad, por la ausencia de temor a la hora de abordar problemas complejos y en el diálogo con el lector. Y no tengo en cuenta la edad, sino la nueva ola de escritores que acaba de descubrirse ante el lector”.  

Es la opinión de Lidiya Dovletkireeva, joven crítica chechena que participó en el panel y que imparte junto a la poetisa Olesia Nikolaeva el Seminario de Literatura el Instituto Máximo Gorki de Moscú.

“Y pocas veces dicen ‘soy un joven escritor’, precisamente porque muchos tienen otros oficios, vidas difíciles. Quienes exigen por ello privilegios, son menos confiables”, opina el narrador Leonid Yuzefovich.

Muchos de estos jóvenes autores no tienen, sin embargo, una formación académica en la rama de las letras. Por el contrario, algunos son nacidos en las repúblicas de la antigua URSS o en regiones donde han ocurrido serios conflictos bélicos, como sucede con los escritores de Osetia del Sur.

De todos modos, “no se enseña a ser escritor. Eso queda fuera de discusión ―dijo Nikolaeva. Pero en los alumnos del Instituto, por ejemplo, percibimos muchas veces un exceso espiritual que necesitan expresar con palabras. Y a veces las indefiniciones resultan en ganancias: el joven llega y dice, ¿por qué no escribimos de atrás para adelante?, pero tarde o temprano esas ansias de sustitución conllevan al surgimiento de nuevas formas al interior de los escritores, como nuevas intuiciones. Y ahí surge la verdadera literatura”.  

¿Y qué pasa con los clásicos?

A pesar de la fuerza de esta nueva ola de escritores, los panelistas se refieren a ella como un fenómeno disperso. No solo están incomunicados entre ellos, sino también con la tradición que les precede.

“Muchos de los autores jóvenes no leen los clásicos. La mayoría, de hecho, se leen a sí mismos”, dijo Leonid. Para enfrentar la creación anterior, por ejemplo, se ha inventado un nuevo término que define a la joven literatura: nuevo realismo. Para el panelista, esto tiene que ver con una sensación generalizada en la juventud rusa: “una vez que desapareció la URSS, solo se hablaba de sus errores. Ahora, se acercan a esa etapa de una forma más objetiva. Es un punto de vista clave para entender la nueva literatura y las diferencias con la tradición que le antecede”.  

La poetisa, por su pare, opina que “eso se entiende por una razón: la cultura rusa ha pasado por momentos difíciles, derrumbando taras, autoridades, y muchos de los grandes autores de otras épocas se convirtieron en un establishment. Por eso hoy la creación literaria se renueva con otras formas de representación e interpretación de la realidad”.  

Según cuenta Leonid, es una literatura que algunos llaman “sombría”, aunque se espera sea solo un fenómeno coyuntural. “Hay muchas cosas aún sin explicación, cosas que hay que restablecer y todo eso pasa también por la creación”.

En relación con el público que sigue esta literatura, sin embargo, los panelistas reconocen una barrera. Muy pocos autores logran hacer una carrera a nivel internacional e incluso darse a conocer en su propio país. Es la mayor preocupación incluso para los jóvenes consagrados, como la propia Olesia, Premio Boris Pasternak: “Hay que lograr que esa creación llegue a los lectores, pues estamos en un momento en que los creadores están apartándose de la tentación de una producción pseudopersonal y creando obras exquisitas, llenas de nuevos matices.”


No advierten en ello una tarea fácil, aunque no imposible. En los lectores cubanos, al menos, tienen las primeras ganancias.
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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