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Podría pensarse que en
un país que atesora una
de las más fuertes y
sostenidas tradiciones
literarias del mundo, la
creación de los jóvenes
escritores deba valerse
de madurados mecanismos
publicitarios para
insertarse en la
preferencia de los
lectores en una feria
comercial. Pero en los
pabellones de venta de
La Cabaña habanera, las
mismas manos que se
llevan sin titubeos los
Cuentos populares
rusos, Cuentos de
grandes escritores rusos
de los siglos XIX y XX
y la compilación
Cinco escritores de la
revolución rusa,
escrutan y seleccionan
también dos textos de
reciente edición por la
Editorial cubana Arte y
Literatura: Rusia,
poesía viva y
Narraciones rusas
contemporáneas.
Se trata de dos
compendios que repasan
las obras de la más
reciente promoción de
escritores del país
euroasiático, esa oleada
de creación y
pensamiento joven que
desde en los años 2000
ha alcanzado resonancias
más allá de Rusia. De
modo que los lectores
cubanos y extranjeros
que visitan la Feria
llevan a sus mesas de
noche historias de Antón Chejov y de Dimitri
Bykov, de Maiakovsky y
de Oleg Pavlov. Poemas
de Boris Pasternak y de
Olesia Nikolaeva.
La creación joven, de
todas las latitudes,
despierta inquietudes y
sensibilidades,
perspicacias y
encuentros. O
encontronazos. Y si
proviene de un país con
una riqueza
extraordinaria en los
ámbitos del pensamiento
y la creación artística
y literaria, las
preguntas serán muchas y
diversas. Y los
panelistas, como los que
asistieron este sábado a
la sala Fernando Ortiz,
no alcanzarán muchas
veces a sostener el
bombardeo. Pero al
menos, saldremos con la
certeza de que en
nuestra mesa de noche no
pesan vanidosas
ilustraciones ni
palabras fatuas.
Literatura nueva en un
país nuevo
Escenas de la Rusia
actual, historias
extraídas de la
descomposición de las
aldeas y otros
asentamientos rurales,
narrativa militar. Temas
distintos que confluyen
solo en clasificaciones
académicas; pero
identificables como
síntomas de una nueva
generación que se abre
camino entre lo
establecido, que
desmitifica y propone.
Antes de introducir
detalles del fenómeno,
el representante de la
Fundación de Progreso
Intelectual y
Socioeconómico que
fungió como coordinador
del panel, decidió
explicar brevemente las
transformaciones que se
han sucedido en Rusia en
los últimos años y
situar dentro de él las
acciones que esta
organización coordina.
“En las últimas dos
décadas, hemos
experimentado cambios en
el sistema político y
económico, y como supone
toda transformación
profunda, también hubo
cambios en el seno de la
propia sociedad
―explicó. De modo que
con el debilitamiento de
la producción industrial
sufrimos grandes
pérdidas en la esfera
intelectual. Antes de
los 90, por ejemplo,
teníamos en el país una
Unión de Escritores,
pero muy pronto se
desintegró y perdió la
capacidad de trabajar y
agrupar a los
escritores, sobre todo a
los jóvenes.”
No obstante, comparte el
criterio de quienes
afirman que los últimos
años arrojan síntomas de
recuperación: “Nos
preocupaba que la tirada
de libros había
descendido
considerablemente y
junto con ella los
niveles de lectura. Pero
hoy, aunque el número de
ejemplares ronda los
tres mil y los cinco mil
cuando en épocas
anteriores conocimos los
millones, ha aumentado
bruscamente el número de
títulos. Hoy se publican
más de mil títulos al
año”.
Los premios literarios,
amén de los intereses
editoriales que los
orientan en muchas
ocasiones, constituyen
también uno de los
principales incentivos
de la producción
literaria joven en
Rusia. Según el
moderador de este panel,
más de 50 mil jóvenes
concursan cada año.
No obstante este
panorama y la crudeza
que los años 90
significaron para el
panorama literario ruso,
fue precisamente a
finales de esa década
que la preocupación en
torno a los jóvenes tomó
fuerza. Ya a principios
de los 2000, la
Fundación destinó sus
esfuerzos a agrupar los
jóvenes escritores que
habían estado dispersos
por toda Rusia. Al mismo
tiempo, uno de los
objetivos de la
organización ha sido
unificar las revistas
literarias con la
producción de los
jóvenes escritores, de
modo que al menos las 13
grandes del país
sirviesen de vehículo
alternativo hasta los
lectores, en ausencia de
la publicación de las
obras por las casas
editoriales.
Desde hace diez años,
por tanto, compete a la
Fundación seleccionar
las 150 mejores obras
―entre poesía,
narrativa, ensayo,
crítica, traducción,
etc. ― y asumir su
publicación en ediciones
que las recopilan. Hasta
el momento, han editado
15 volúmenes.
Gramática y semántica de
un “joven escritor”
El primer decenio de
este siglo ha develado
escritores rusos de
mucho talento. En
términos generacionales,
se distinguen “por la
valentía, por la forma
menos dramática de ver
la vida, por la
libertad, por la
ausencia de temor a la
hora de abordar
problemas complejos y en
el diálogo con el
lector. Y no tengo en
cuenta la edad, sino la
nueva ola de escritores
que acaba de descubrirse
ante el lector”.
Es la opinión de Lidiya
Dovletkireeva, joven
crítica chechena que
participó en el panel y
que imparte junto a la
poetisa Olesia Nikolaeva
el Seminario de
Literatura el Instituto
Máximo Gorki de Moscú.
“Y pocas veces dicen
‘soy un joven escritor’,
precisamente porque
muchos tienen otros
oficios, vidas
difíciles. Quienes
exigen por ello
privilegios, son menos
confiables”, opina el
narrador Leonid
Yuzefovich.
Muchos de estos jóvenes
autores no tienen, sin
embargo, una formación
académica en la rama de
las letras. Por el
contrario, algunos son
nacidos en las
repúblicas de la antigua
URSS o en regiones donde
han ocurrido serios
conflictos bélicos, como
sucede con los
escritores de Osetia del
Sur.
De todos modos, “no se
enseña a ser escritor.
Eso queda fuera de
discusión ―dijo
Nikolaeva. Pero en los
alumnos del Instituto,
por ejemplo, percibimos
muchas veces un exceso
espiritual que necesitan
expresar con palabras. Y
a veces las
indefiniciones resultan
en ganancias: el joven
llega y dice, ¿por qué
no escribimos de atrás
para adelante?, pero
tarde o temprano esas
ansias de sustitución
conllevan al surgimiento
de nuevas formas al
interior de los
escritores, como nuevas
intuiciones. Y ahí surge
la verdadera
literatura”.
¿Y qué pasa con los
clásicos?
A pesar de la fuerza de
esta nueva ola de
escritores, los
panelistas se refieren a
ella como un fenómeno
disperso. No solo están
incomunicados entre
ellos, sino también con
la tradición que les
precede.
“Muchos de los autores
jóvenes no leen los
clásicos. La mayoría, de
hecho, se leen a sí
mismos”, dijo Leonid.
Para enfrentar la
creación anterior, por
ejemplo, se ha inventado
un nuevo término que
define a la joven
literatura: nuevo
realismo. Para el
panelista, esto tiene
que ver con una
sensación generalizada
en la juventud rusa:
“una vez que desapareció
la URSS, solo se hablaba
de sus errores. Ahora,
se acercan a esa etapa
de una forma más
objetiva. Es un punto de
vista clave para
entender la nueva
literatura y las
diferencias con la
tradición que le
antecede”.
La poetisa, por su pare,
opina que “eso se
entiende por una razón:
la cultura rusa ha
pasado por momentos
difíciles, derrumbando
taras, autoridades, y
muchos de los grandes
autores de otras épocas
se convirtieron en un
establishment. Por eso
hoy la creación
literaria se renueva con
otras formas de
representación e
interpretación de la
realidad”.
Según cuenta Leonid, es
una literatura que
algunos llaman
“sombría”, aunque se
espera sea solo un
fenómeno coyuntural.
“Hay muchas cosas aún
sin explicación, cosas
que hay que restablecer
y todo eso pasa también
por la creación”.
En relación con el
público que sigue esta
literatura, sin embargo,
los panelistas reconocen
una barrera. Muy pocos
autores logran hacer una
carrera a nivel
internacional e incluso
darse a conocer en su
propio país. Es la mayor
preocupación incluso
para los jóvenes
consagrados, como la
propia Olesia, Premio
Boris Pasternak: “Hay
que lograr que esa
creación llegue a los
lectores, pues estamos
en un momento en que los
creadores están
apartándose de la
tentación de una
producción
pseudopersonal y creando
obras exquisitas, llenas
de nuevos matices.”
No advierten en ello una
tarea fácil, aunque no
imposible. En los
lectores cubanos, al
menos, tienen las
primeras ganancias. |