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Tras el vivir y el
soñar,
está lo que más importa:
despertar.
Justo en este mes se
recuerda en todo el
mundo un nuevo
aniversario de la muerte
de Antonio Machado. El
día que termine esta
Feria, se cumplirán
exactamente 71 años. El
22 de febrero de 1939,
en la localidad francesa
de Collioure, el
incansable caminante
dejaba de existir justo
al fin de aquella
dolorosa marcha que lo
alejó junto a su familia
de la sinrazón española.
Por ese motivo, la
representación andaluza
en la Feria del Libro de
La Habana ha incluido
entre sus actividades la
exposición Laberinto
de espejos y una
conferencia a cargo de
la poetisa e
investigadora española
Elena Medel y el
director de la
Biblioteca de Andalucía,
Salvador Gutiérrez
Solís.
La poetisa sintetizó
para los presentes la
vida y la obra de
Machado: La influencia
familiar, las
indagaciones en las
semillas culturales
españolas, el influjo de
los sistemas
educacionales en los que
se inscribió desde niño
y los azares de la
guerra. Todo ello, una
indagación en las claves
del pensamiento
republicano del poeta y
las sutilezas de su
obra.
“En tiempos en que la
fotografía no era muy
conocida, Machado se
retrató a sí mismo y a
los demás, a la vez que
dejó constancia de su
mundo”, concluyó Medel.
Por su parte, Gutiérrez
Solís se refirió a las
actividades de la
biblioteca y del Centro
Andaluz de las Letras en
relación con el
aniversario de la muerte
del poeta. Ambas
instituciones editaron
conjuntamente el pasado
año una selección de la
poesía de Antonio
Machado en un total de
cien mil ejemplares. El
texto fue obsequiado a
los asistentes al
encuentro en La Cabaña y
también se entrega a
quienes visitan la
exposición.
La muestra Laberinto
de espejos fue
preparada por el
escritor granadino
Antonio Jiménez Millián.
Consta de 35 paneles
destinados a promover la
obra y el pensamiento
del poeta, a la vez que
a transmitir la
importancia de la
protección del
patrimonio intelectual
de las naciones.
Así renace Antonio
Machado en la Feria del
Libro de La Habana. Tan
“ligero de equipaje”
como presagió cuando
apenas tenía 30 años;
pero más cerca de una
generación de lectores
que lo comprenden hoy en
la comunión de su obra y
su tiempo. La obra de
los tonos coloquiales,
la musicalidad, la
cercanía con la vida
cotidiana en uno los
tiempos más convulsos
que ha conocido el país
europeo. La obra de un
hombre “bueno, en el
mejor sentido de la
palabra”. |