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“Los temas del teatro
femenino como el amor,
la infidelidad, el sexo,
las drogas, la
preocupación por el
país, por el entorno y
por el futuro, son en
definitiva los temas de
la humanidad, pero
vistos desde otro
ángulo”, afirmó en su
conferencia de este
domingo Sherezada (Chiqui)
Vicioso, socióloga y
dramaturga dominicana.
Para esta autora el
análisis de género
consiste en observar el
rol que juega la mujer
en disímiles contextos.
Por eso el ensayo donde
Chiqui estudia la obra
de 12 dramaturgas
dominicanas, El
teatro dominicano: Una
visión femenina o de
género, está
dedicado a las
proverbiales hermanas de
Shakespeare, que no
aparecen citadas en
ningún documento de la
época, puesto que en el
teatro isabelino, al
igual que en algunas
regiones del mundo de
hoy, las mujeres eran
invisibles.
En el siglo XVIII “las
mujeres fueron
vilipendiadas como
fuente de pecado o
protegidas como el
animal doméstico
responsable de la
procreación. O rameras o
santas. Cuando por fin
fueron consideradas
sujetos participantes
del proceso de
intercambio teatral, de
todas formas no podían
ser actrices ni autoras
de los textos que se
representaban”, expuso
la autora La
carretera, obra
basada en un cuento de
Juan Bosh titulado
Mujer, que
constituye una denuncia
contra la violencia
hacia las féminas que
existe en República
Dominicana,
principalmente en las
zonas rurales.
Desde 1916, cuando
ocurrió la primera
invasión militar
norteamericana a
República Dominicana,
hasta 1922, año en que
comenzó la dictadura de
Trujillo, solo se
publicaron dos obras:
Los yanquis en Santo
Domingo y
Quisquilla de la
ocupación norteamericana.
El dictador, conocedor
de su papel nacionalista
durante las luchas
independentistas, sentía
una particular fobia
hacia el teatro, el cual
tuvo muy poco auge
durante su mandato.
En 31 años de dictadura
solo se publicaron 58
piezas teatrales, de
ellas únicamente ocho
eran de autores
dominicanos. En
particular, tres mujeres
sobresalieron en el
ámbito de las tablas
durante el período
dictatorial: Urania
Montaz, Delia Weber y
Carmen Natalia Martínez,
esta última dedicada al
teatro infantil.
Según el parecer de
Vicioso, por muchos
años, fundamentalmente
desde la muerte de
Trujillo en 1961 hasta
1972 aproximadamente,
los textos teatrales y
otras manifestaciones
artísticas como la
música siguieron
reproduciendo la imagen
machacada de la mujer
que fomenta eso que
algunos llaman la
cultura nacional.
“He propuesto muchas
veces crear, de la misma
forma que existen los
premios nacionales,
premios que incluyan a
la cultura popular y que
impulsen una nueva
imagen de la mujer
dominicana, una más
dignificada. Es una
manera de llegar a los
jóvenes artistas que
aprenden que maltratar a
una mujer no es nada
extraño e incorporan a
su arte una visión
propia del mundo,
aprehendida de su
entorno marginal. Un
premio en metálico, o la
publicación de ese libro
o disco premiado los
estimula a transformar
los lastres que viene
arrastrando la sociedad
dominicana desde su
surgimiento”, concluyó
Vicioso. |