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Por sus “valiosos
aportes a la cultura
nacional” y su
“magisterio intelectual
reconocido por
estudiosos de la
literatura tanto en
Cuba, como en el
extranjero” el Premio
Nacional de Literatura
correspondiente al año
2009 le fue entregado al
ensayista, crítico y
editor Ambrosio Fornet
Frutos.
La 19 Feria
Internacional del Libro
se convirtió en espacio
propicio para el
reconocimiento a un
autor que, al decir de
la escritora Aida Bahr:
“Tiene la paciencia y
capacidad de análisis y
síntesis que requiere
tanto un investigador,
como cualquiera que
trabaje con papeles”
acompañado además de “un
espíritu inquieto, un
pensamiento aventurero,
amante de las
contradicciones y la
búsqueda”.
La directora de la
Editorial Oriente añadió
que el mérito principal
de Ambrosio Fornet,
“además de ser una de
las personas más
influyentes en la
narrativa y el ensayo
cubanos contemporáneos,
él es un verdadero
paradigma para nuestros
críticos”. Para
sustentar esta
afirmación se encuentran
sus nueve libros de
crítica entre los que se
cuentan En tres y dos,
En blanco y negro,
Las máscaras del tiempo
y El otro y sus
signos, así como la
monografía El libro
en Cuba; siglos XVIII y
XIX.
“Ambrosio Fornet ha
tenido el coraje y el
tacto necesarios para
ejercer la crítica en
zonas muy sensibles de
nuestra vida literaria,
ha contribuido de manera
decisiva a historiarlas
y tender puentes que nos
permitan superar abismos
y escisiones, y ello sin
pretender sentar
cátedra, muy al
contrario, promoviendo
el debate, porque como
buen crítico, como buen
pensador, como legítimo
intelectual
revolucionario, rechaza
el dogma y ama la
discusión, el
intercambio, el respeto
a la opinión ajena. Eso
también forma parte de
su magisterio.”
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Si esto no bastara para
describir la magnitud de
la impronta del también
Premio Nacional de
Edición en la cultura
cubana, habría que
recordar también su
libro de cuentos A un
paso del diluvio,
sus guiones
cinematográficos y su
sostenida labor en el
Instituto Cubano del
Libro, el Instituto del
Arte e Industria
Cinematográficos, la
Escuela Internacional de
Cine y Televisión de San
Antonio de los Baños y
la Casa de las Américas.
Durante muchos años, nos
recuerda Aida Bahr,
“Ambrosio se dedicó a
servir, a ser útil, a
trabajar para la cultura
como editor e
investigador, y a leer y
mejorar los textos
inéditos de sus
numerosísimos amigos”.
Al pronunciar sus
palabras de
agradecimiento el Premio
Nacional de Literatura
expresó que: “lo mejor
que tiene un premio como
este es lo que arrastra:
la alegría de los
amigos. Ahora quisiera
añadir otra virtud: la
de renovar las
credenciales literarias
de la prosa reflexiva”.
Con un discurso de
penetrante prosa y
aderezado con el fino
humor del que siempre
hace gala, Ambrosio hizo
reflexionar a los
presentes sobre el
crecimiento individual
que entrañan la lectura
y la escritura. “El
proceso es difícil por
contradictorio. A cierta
altura del partido ya se
tiene el pellejo tan
duro que no es posible
cambiar radicalmente sin
quebrarse y además sin
preguntarse por qué y
para qué. Y entonces lo
que uno suele hacer es
reivindicar su derecho a
seguir siendo el mismo.
Habrá quien llame a eso
tozudez. Yo prefiero
llamarlo coherencia,
autenticidad”. |