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El rigor y la constancia
en la investigación
historiográfica fueron
recompensados en esta 19
Feria Internacional del
Libro con la entrega del
Premio Nacional de
Historia, y los Premios
de la Crítica Histórica
Ramiro Guerra y José
Luciano Franco.
La más alta distinción
otorgada a los
historiadores en Cuba
fue conferida a Ibrahim
Hidalgo Paz,
investigador conocido
sobre todo por sus
estudios acerca de la
vida y obra de José
Martí. El lauro, que
fuera entregado por
primera vez en 1995 a
Hortensia Pichardo y
Julio Le Riverand y
luego, a más de una
decena de destacados
profesionales del ramo,
se le concede sobre todo
por “un acucioso laboreo
para desentrañar
relaciones, con
traducciones,
construcciones, procesos
históricos en los que
Martí desempeñó un papel
fundamental y que aporta
nuevos conocimientos
dentro de la
historiografía”. La
doctora Francisca López
Civeira agregó que la
obra de este autor “se
inscribe en la mejor
producción científica de
Cuba”.
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Hidalgo
―graduado
de la Universidad de
Oriente―
se ha desempeñado desde
hace 30 años como
profesor e investigador
en el Centro de Estudios
Martianos. Sin que sus
trabajos sobre el
Apóstol resulten un
conjunto de
investigaciones
repetitivas, ha logrado
producir un corpus
historiográfico sin el
cual no podría hoy
estudiarse la figura de
José Martí.
Entre sus libros vale
destacar José Martí;
Cuba 1895-1895.
Contradicciones y
disoluciones y El
PRC en la Isla. Sus
textos publicados, que
aportan relevantes
visiones sobre el primer
Partido Comunista de
Cuba, la organización de
la Guerra necesaria y la
epopeya independentista
de 1895, entre otros
temas, le han hecho
merecer el Premio de la
Crítica y el de la
Academia de Ciencias de
Cuba. La medalla Alejo
Carpentier y la
Distinción por la
Cultura Nacional son
otros de los
reconocimientos que
acumula Hidalgo en su
carrera.
El historiador, quien
además ha sostenido una
intensa labor docente,
expresó durante el acto
de entrega del Premio
Nacional que consideraba
muy especial recibirlo
en este contexto, porque
su primer acercamiento a
la palabra impresa en la
infancia se produjo
precisamente a través de
los libros.
Hidalgo recordó cómo
vivió en el rol de
espectador, los horrores
de la dictadura
batistiana y contó que
con la Revolución de
1959 comenzó a ser parte
activa del proceso
transformador que se
iniciaba. “Se abrió
entonces un enorme e
inagotable libro y un
maestro incansable,
Fidel, quien levantó en
alto una frase con
bandera: ‘no le decimos
al pueblo cree, le
decimos al pueblo lee’”.
Con el triunfo
revolucionario, cuenta
Hidalgo, “se abrieron
para todos posibilidades
ilimitadas de estudio” y
esto lo llevó a la
elección de la carrera
de Historia, donde fue
conducido por sus
profesores por los
caminos de la indagación
disciplinada. Así llegó
este estudioso a las
investigaciones de la
vida y obra del maestro,
que “se hicieron cada
vez más una necesidad y
un disfrute
intelectual”.
En el acto de homenaje,
Hidalgo no habló solo de
sí, sino de la misión de
los historiadores:
“estudiar el pasado sin
juicios previos, no para
justificar lo que ocurre
en el presente (…) sino
con el objetivo de
hallar las causas de las
actuaciones humanas en
el pasado y su
proyección hacia el
futuro”.
Un reconocimiento a
otros historiadores tuvo
lugar con la entrega del
Premio de la Crítica
Histórica Ramiro Guerra
en su edición 13, que
fuera conferido al
volumen Historia del
Teatro Sauto (1863-1999),
de Daneris Fernández
Fonseca, narrador e
historiador de la
institución matancera.
El jurado, presidido por
la investigadora Dolores
Guerra, reverenció del
libro la excelencia,
originalidad, rigor
científico, adecuada
metodología, uso certero
de las fuentes
documentales y novedad
en el campo de la
historiografía regional
y local.
También en este acto se
dio a conocer el
resultado del concurso
por el Premio José
Luciano Franco en su
octava edición. Cuba,
constitución y
liberalismo, de la
Premio Nacional de
Historia Olga Portuondo,
ganó el lauro. El texto
publicado por la
Editorial Oriente hace
un estudio del
comportamiento del
liberalismo hispano y su
presencia en la Isla,
fundamentalmente en la
zona oriental cubana. El
volumen premiado en la
categoría de Ensayo
reanima este tema que ha
sido tratado de una
manera muy limitada por
la historiografía en la
Isla.
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La familia Máximo Gómez,
de Antonio Álvarez
Pitaluga, obtuvo el
premio en el apartado
Biografía. El texto que
publicara la Editora
Política aborda la vida
privada, personal y
familiar de uno de los
hombres más importantes
de nuestras gestas
independentistas y según
el jurado, “rebasa
ampliamente la
exposición de hechos
cronológicos”, para
aportar un ensayo de
carácter interpretativo
“que no había sido hecho
antes en materia de
estudios de
independencia”. Pitaluga
es profesor auxiliar de
Historia de Cuba y la
Cultura Cubana en la
Facultad de Filosofía e
Historia de la
Universidad de La Habana
y ha publicado entre
otros, el texto
Máximo Gómez: cien años.
Los historiadores
laureados en esta Feria
del Libro quedan
convocados por la voz de
Ibrahim Hidalgo a
“ejercer la honestidad
intelectual y el apego a
la verdad (…) para
evitar deformaciones en
la interpretación del
pasado que conducen a
deformar el presente”. |