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La primera sesión del
Coloquio de la II
Jornada hernandiana en
Cuba, organizado por el
Centro Cultural Pablo de
la Torriente Brau y por
la Fundación Cultural
Miguel Hernández de
Orihuela, fue celebrada en la
19 Feria Internacional
del Libro Cuba 2010.
Dedicada a la figura del
gran poeta español
Miguel Hernández, y en
el año de su
centenario, tienen lugar
en nuestro país varias
acciones para
homenajear a este hombre
que permaneció por
muchos años, como dijera
su biógrafo José Luis Ferris, “desterrado y en
silencio dictatorial”.
Víctor Casaus, director
del Centro Pablo; Juan José Sánchez
Balaguer, director de la
Fundación Miguel
Hernández;
José Luis Ferris, autor
de Miguel Hernández.
Pasiones, cárcel y
muerte de un poeta;
Ricardo Hernández Otero
y Denia García Ronda,
intelectuales cubanos,
dialogaron y
compartieron con los
asistentes al coloquio
datos, hechos y
trascendencia de la vida
y la obra del autor
español.
Juan José Sánchez
Balaguer, a modo de
introducción, mostró su
gratitud por la alianza
y el fortalecimiento de
los lazos de
comunicación
establecidos entre la
institución cubana y la
fundación española,
colaboración que,
explicó, “nos une por un
objetivo común: divulgar
la obra poética de
Miguel Hernández. Nos
propusimos trazar líneas
solidarias y de estrecha
cooperación con Cuba.
Damos las gracias porque
esta relación ha dado
frutos año tras año. Fue
aquí donde se realizó el
primer homenaje a Miguel
Hernández después de su
muerte, en el que
participaron, entre
otros, Nicolás Guillén.
Es entonces muy
importante para nosotros
que sea una vez más
Cuba, el primer país
fuera de la frontera
española en dedicarle un
espacio a ese grande de
la lírica, y qué mejor
que hacerlo con la
palabra, la escritura,
la poesía y la música”.
Sánchez Balaguer
presentó a José Luis
Ferris quien es autor de
la biografía del poeta
de Alicante, libro que
será presentado en esta
edición de la Feria. El
texto de Ferris, asegura
Balaguer, es la mejor de
las biografías hechas a
Hernández, la más
asequible, pues desanda
ese entramado de
historias que rodean la
figura del poeta que
pecó; pero solo por su
compromiso histórico con
el tiempo en el cual
vivió, con su realidad y
consigo mismo.
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Para José Luis Ferris es
un placer estar en La
Habana, en América, en
“el continente donde a
Miguel Hernández se le
sacó de un silencio al
que fue obligado de modo
dictatorial a partir de
su muerte. Su
fallecimiento en aquella
cárcel franquista el 28
de marzo de 1942 no
significó solo su
desaparición física,
sino la pérdida de su
obra durante 40 años en
España. Fue desterrado
de los planes de
estudio, de las
librerías y de cualquier
lugar donde alguien
pudiera leer la obra de
un hombre al que se le
calificó y tachó de
rojo, de perdedor, de
republicano y de muchas
otras cosas”.
Ferris comentó cómo él y
los de su generación
leían a Miguel de manera
clandestina, gracias a
editoriales hispanas que
se atrevieron a publicar
al poeta que fue
olvidado y censurado en
España. “Siempre había
alguien más o menos
valiente que en la
trastienda guardaba uno
que otro ejemplar de la
Editorial Lozada de
Buenos Aires”.
En su conferencia el
escritor español
sostiene la idea de la
presencia de un Miguel
Hernández sesgado,
incluso después de la
muerte del dictador
Francisco Franco en la
década del 70 del siglo
pasado. “La sociedad
quedó entonces bajo la
influencia del Miguel de
la Guerra Civil
española. No conocíamos
a aquel adolescente que
les cantaba a las cosas
sencillas de la vida a
través de un lenguaje
complejo. No conocíamos
al poeta de El rayo
que no cesa, y sobre
todo, no conocíamos a
ese poeta de la cárcel,
que no pierde la
esperanza pese a todo”.
Hernández era visto como
un católico, apostólico
y romano engañado, un
cordero comido por los
lobos del comunismo, un
buen hombre que se
descarrió de su camino
lúcido: la iglesia y el
ideal de morir en paz.
Era el hombre que todos
conocían, afirma Ferris,
quien se propuso en su
libro, desmitificar y
derrumbar leyendas, en
su mayoría falsas,
porque “hablamos de un
hombre que cuando toca
mojarse y toca
comprometerse y hacer
una poesía, él lo hace
con la vida, con el
pueblo, incluso con
situaciones políticas.
Es el único que lo logra
sin bajar el listón de
la calidad artística y
literaria que hubo de
alcanzar”.
Hernández cumplió
también en la Guerra
Civil española como
corresponsal, y grande
fue la amistad y la
admiración que le
profesó a Pablo de la
Torriente Brau. Estos
temas fueron de especial
interés en las ponencias
presentadas por Ricardo
Hernández y Denia García
Ronda, en la mesa
redonda Miguel Hernández
como corresponsal de
guerra.
“Yo seguiré cantando con
un fusil y un romance”,
así reza una frase
del poeta español,
utilizada por Ricardo
Hernández para dar
inicio a testimonios que
revelan que la intención
de Miguel, más que
escribir un informe
diario de lo que
acontecía, a las
autoridades en las
afueras del campo de
batalla, se empeñaba en
hacer crónicas dirigidas
a los hombres y mujeres
que compartían junto a
él la guerra.
“Se trata de un
corresponsal de guerra
sui géneris que no
cumplía solamente su
misión periodística
ajeno al acontecer
bélico de su entorno.
Aunque fue siempre un
miliciano, los cerca de
40 trabajos suyos de esa
orientación temática, y
que se dieron a conocer
en su momento en una
docena de publicaciones,
pocos se refieren a
acciones propiamente
dichas, de ahí tal vez
que después se
recogieran en un volumen
aparte y se hicieran
llamar Crónicas de la
guerra”.
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Asimismo, Denia García
Ronda se refirió a los
lazos y relaciones entre
Pablo de la Torriente y
Miguel Hernández, entre
los cuales, destaca la
intelectual cubana,
existía una profunda
amistad pese al corto
período de tiempo en el
que se conocieron. “Los
unió la épica
resistencia de la
república española y su
coincidencia en el
legendario Quinto
Regimiento. Pero más que
la guerra y más que su
vinculación a la
literatura, los vinculó
su humanismo, su pasión
por la justicia social,
su coherencia entre
pensamiento y acción, y
el carisma mutuo que se
manifiesta en personas
que intuitivamente se
saben semejantes”.
“Estos azahares de la
vida y de la muerte, el
trabajo de cronistas de
la Guerra Civil española
de ambos escritores,
devino símbolo de
herencia histórica.
Pablo cayó abatido en
diciembre de 1936 y
Miguel comienza sus
trabajos de cronista de
la guerra en enero de
1937. Como si el
alicantino recogiera la
bandera del cubano, como
si quisiera no dejar
morir del todo a quien
fuera no solo su
camarada en los trajines
de comisario político,
sino sobre todo, su
amigo entrañable.”
Denia comenta que Pablo
llegó a España siendo
periodista y fue allí
que se hizo soldado,
Miguel, por otro lado,
entró a la guerra como
un soldado y fue
entonces que se
convirtió en periodista,
pero en realidad,
agrega, los dos fueron
ambas cosas de manera
cabal. Pablo y Miguel
constituyen “paradigmas
de autenticidad
revolucionaria, de
intelectuales orgánicos
al pueblo, fueron hechos
con la sustancia de los
héroes verdaderos. No
solo han quedado en
España sino en la
voluntad de los que
aspiran a un mundo
mejor”.
En la sesión segunda
del coloquio se
presentó además la
Antología de textos de
periodistas y escritores
cubanos sobre Miguel
Hernández, con
selección, compilación y
presentación de
Aitor L. Larrabide
y Concepción Allende.
El volumen recoge los
textos sobre las jornadas hernandianas
celebradas en
Cuba entre 2007 y 2009.
Esta Antología es un
trabajo colectivo que
pretende “unir ambas
orillas”, afirmó
Aitor L. Larrabide, para
el cual
fueron seleccionados 44
trabajos del poeta en el
período que abarca de
1937 al 2008, y en los
que se ofrece una
panorámica bastante
amplia y diversa de los
temas concernientes al
autor alicantino.
En el libro se incluyen
artículos de Nicolás
Guillén, Alejo Carpentier, José Antonio
Portuondo, Roberto
Fernández Retamar,
Víctor Casaus y el poema
que Ángel Augier le
dedicara a Miguel
Hernández, entre otros
autores. “Nuestro
objetivo ha sido poner
en manos de los
interesados los textos
críticos del tema
hernandiano, para que a través de
ellos se puede calibrar
la huella del poeta
español”.
Para la confección de
este libro, agregan los
compiladores, se
siguieron criterios
tales como la vigencia y
la relevancia de los
trabajos, y se valoraron
aquellos que si bien
poco conocidos tenían
algo que aportar sobre
la vida y la obra del
escritor español.
El Centro Pablo es la
principal institución en
Cuba vinculada a la
figura de Miguel
Hernández. Disímiles
proyectos propone este
Centro en el año del
centenario del autor de
El rayo que no cesa,
entre los que se
encuentra la
presentación del disco
Una canción para
Miguel. La idea de
este CD, afirma Víctor
Casaus, “surgió al calor
del concurso que lleva
el mismo nombre, para el
cual, trovadores de toda
la Isla musicalizaron
los poemas de Miguel. Es
una tradición hermosa de
nuestro centro, la cual
nos acerca a ese
universo compartido
entre la música y la
poesía”.
Junto a Una canción
para Miguel tuvo
lugar la presentación de
Palabra viva,
colección definida
como "el salvamento de
una época", contiene
grabaciones con
testimonios, poemas y la
que se considera es la
única grabación de la
voz de Miguel Hernández.
A estas celebraciones,
durante todo el año del
centenario, se suman
otras instituciones
cubanas. Es una ocasión
propicia para apreciar y
homenajear la obra de
uno de los poetas más
importantes del habla
hispana. |