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Homenaje a un autor de libros siempre codiciados

M. M. López • La Habana

 

El elogio a Reynaldo González en esta 19 Feria Internacional del Libro ha ocupado las mañanas del lunes y el martes. Además de la publicación de sus obras inéditas y la reedición de otras para este evento, sus colegas y amigos se han convocado con el fin de valorar su trabajo o de contar anécdotas sobre su relación con Reynaldo.

Las novelas Siempre la muerte, su paso breve y Al cielo sometidos, objeto, entre otros, de los comentarios de la Editora de Letras Cubanas, Mónica Olivera, en la sala Nicolás Guillén, son de esos libros que han provocado en muchos el deseo de lanzar en voz alta sus juicios sobre la obra de este escritor cubano.

La experiencia editorial con ambos textos deja en Olivera la sensación de “identificación-extrañamiento” de la que habla el narrador Eduardo Heras en uno de los prólogos a los libros de González. De sus títulos agotados en varias ediciones de tiradas amplias, señala esta especialista la “perfección del idioma” y la “labor acuciosa” del escritor”.

Sobre Siempre la muerte…, texto que obtuviera Mención en el Premio Casa de las Américas 1968, el propio Heras apuntó que una nueva lectura lo sorprende, porque considera que los “extraordinarios valores técnicos” de la novela, “sabiamente empleados”, anuncian el “alarde lingüístico” de escrituras posteriores, como Al cielo sometidos.

La calidad, riqueza y limpieza de la prosa —viva y nerviosa al decir de Heras— se vuelve vehículo eficaz para mitificar a Ciego del Ánima, escenario principal de la narración; y la imagen se consigue “integrando las voces del pueblo entero”, y haciendo guiños constantes a personajes de otros autores como Lisandro Otero o Cabrera Infante.

Las observaciones del director del Centro Onelio Jorge Cardoso lo llevan a afirmar que este libro muestra un dominio técnico “tan profundo en una primera novela como no se ha vuelto a repetir en la narrativa de la Revolución” y que es, además, una “obra de una modernidad aplastante” a la que hay que hacer justicia hoy, pues la crítica de la época no permitió que fuera valorada en su momento.

Aunque Heras señala también el papel de la persona gramatical como un recurso técnico empleado de forma novedosa, el escritor Francisco López Sacha afirma que González ha creado un “narrador emisario, pues no le basta con contar la historia, necesita establecer una relación entre el discurso del autor y el lector, que debe estar dentro de la novela para construir la argumentación mitológica de Ciego del Ánima”.

“Este narrador emisario construye dos argumentos, dos mundos —continúa López Sacha—: el de los personajes y el del autor; una historia particular dentro de un mundo mítico.”

La trama, que según el criterio de López Sacha llama la atención por “la confluencia entre los personajes y sus especulaciones”, además de las historias personales —que se mueven en círculo intentando romper la desidia de la dictadura de la Cuba prerrevolucionaria— tiene como centro “el crecimiento a hombres de los personajes y el de una pasión abyecta”.

El responsable de las antologías Fábula de ángeles (1994) y La isla contada (1996), entiende que a Reynaldo “no le basta con el idioma que heredó, ha inventado un nuevo idioma narrativo (…) a partir de su voluntad de crear un lenguaje particular y técnico de manera que formen un flujo, un continuo, un desarrollo, un mundo”.

Al cielo sometidos, editada en cinco ocasiones en el país, Premio de la Crítica y Premio Italo Calvino es, según el profesor José Antonio Baujín, la obra que “selló la atención permanente a este autor”. Señala Baujín que “intenta ser novela de fundación y reescritura de la fundación de la novela” que atiende a textos fundamentales de la picaresca y el origen de la novela en Cuba.

La obra, al decir de este autor ―quien se acercó por primera vez a Reynaldo al editar un texto suyo sobre Valle Inclán― aborda “un tema con garra, sujeto a la realización formal más exigente con una zambullida en las aguas profundas del idioma”. “Son los personajes quintaesencia de la preterición, los desahuciados, los más escondidos (…) personas disfuncionales que centralizan la obsesión por la libertad”, donde se encuentra la universalidad del texto, según el punto de vista de Baujín.

El Premio Nacional de Literatura Jaime Sarusky valoró durante el homenaje, el libro Caignet: el más humano de los autores, que se reedita para la 19 Feria, a partir del éxito que ha tenido entre el público.

Del tratamiento que da González al creador de El derecho de nacer, dice Sarusky que el escritor de esta biografía lo presenta no solo como “el hombre providencial de la radiodifusión cubana”, como un “buscavidas de altura” o como “el más conocido, discutido y controversial” hombre de los medios en su época, sino que logra “describir sus circunstancias y también dibujar sus obsesiones”.

En este título, que tiene como precedente el libro Llorar es un placer, un acercamiento más teórico a la radionovela, explica Sarusky que “paso a paso devela el entramado implícito en la obra para que el espectador quede intrigado sobre el destino que le deparará al otro día”. “Esta obra —continúa el autor de Rebelión en la octava casa— se adelanta a fijar las zonas de la lidia en la envolvente atmósfera del melodrama radial”.

Una segunda jornada de agasajo para Reynaldo González contó con las intervenciones de los escritores Luisa Campuzano, Luciano Castillo, Margarita Mateo y Pedro de la Hoz, en un panel moderado por Marilyn Bobes. Fueron presentados los libros Cine cubano, el ojo que nos ve, Lezama revisitado y la revista La Siempreviva, que González dirige.

Campuzano dio continuidad al análisis de Llorar es un placer. Este libro, a su entender, “nos coloca en el lugar de la explotación y el aprovechamiento de la radio como instrumento de dominación, y en su impacto ideológico en los oyentes”.

Del tránsito de González por uno y otro género de la literatura, siempre con acierto, hablaron los panelistas. Sin embargo, “el ensayo, con su conocido epíteto de centauro (…) ha sido el tipo de escritura más transitada por Reynaldo González”, advirtió Mateo.

Quien firmara la novela Desde los blancos manicomios agrega que “los ocho libros de ensayo que ha escrito en esta etapa de muy diversas temáticas —muestra de la amplitud de sus inquietudes y de la versatilidad de su laboreo literario—, han sido considerados por él `sus universidades´, `la forma de hallar respuestas a mis preguntas´, es decir, las escuelas de altos estudios por las que ha transitado en un difícil proceso de aprendizaje, principal en su formación intelectual y académica”.

El periodismo de Reynaldo González, según el Jefe de la página cultural del periódico Granma, Pedro de La Hoz, tiene como rasgos fundamentales la curiosidad, la capacidad asociativa y el manejo del lenguaje, “que nos recuerda que el contacto con el lector masivo y la inmediatez de las publicaciones no tiene por qué dar cabida al desaliño”.

A La Siempreviva dedicó Reynaldo González su intervención para agradecer las palabras de los amigos; porque esta revista literaria es su “más preciado amor” de los últimos dos años. Los homenajes al Premio Nacional de Literatura de 2003 continuarán en la 19 Feria, pero los mejores los seguirán haciendo los lectores al perseguir y comprar sus libros.

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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