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Naturalista, feminista,
activista política,
defensora de los
derechos de los animales
y la naturaleza… son
algunas de las etiquetas
que acompañan a Margaret
Atwood. Pero para esta
mujer que creció en el
norte de Canadá rodeada
de árboles y libros, el
mejor calificativo es,
sin duda, el de
escritora. Más de 40
libros publicados y
tener en su haber entre
otros reconocimientos el
Premio Príncipe de
Asturias 2008, pueden
avalar una vida dedicada
a la literatura,
vocación que nació muy
tempranamente según
narró en un encuentro
con los lectores
conducido por la
periodista Magda Resik
en el espacio de la 19
Feria Internacional del
Libro de La Habana.
“Escribí una novela
cuando tenía siete años,
la heroína de esta
novela era una hormiga”,
recordó. La autora
añadió que a esta
incursión inicial en las
letras le siguió un
período en el cual la
pintura se convirtió en
el modo de expresión de
su preferencia y
finalmente, a los 16,
comenzó a “escribir en
serio”. “Era una cosa
muy extraña en Canadá
―afirmó ante sus
oyentes― porque no
teníamos muchos
escritores entonces”.
Además de su destreza
como narradora,
evidenciada en sus
múltiples novelas y
libros de cuento,
Margaret tiene un
notable desempeño como
poetisa, crítica
literaria e
historiadora. Entre sus
títulos más reconocidos
se encuentran El
cuento de la criada,
Alias Grace,
Asesinato en la
oscuridad, La
mascota de Anna,
Días de Rebeldes
1815-1840 y
Supervivencia: Una guía
temática de la
literatura canadiense.
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Una de las inquietudes
siempre presentes en la
obra de Margaret está
relacionada con la vida
en el planeta: “estoy
muy preocupada con el
tema de la naturaleza
porque leo las noticias
y estamos agotando los
alimentos que tenemos,
en otros países ha
habido incluso huelgas
por alimentos ―explicó―.
El problema fundamental
son los océanos, que han
sido seriamente dañados
por malas prácticas de
pesca”. Añadió que
también “estamos
presentando problemas
con el uso del agua
potable” y concluyó que
un problema que se
avecina es la relación
hombre-naturaleza y
necesitamos una solución
conciliadora de los dos
términos porque “la
naturaleza no nos
necesita, nosotros somos
los que la necesitamos a
ella”.
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Conocedora profunda de
la sicología humana,
Margaret afirma que “los
seres humanos son muy
egoístas, pero también
nos podemos comportar de
modo solidario. Las
diferentes culturas
hacen énfasis en el
egoísmo o en la
solidaridad y cuando
escribes ficción, lo
haces con las dos
posibilidades, que
nuestros personajes sean
egoístas o solidarios”.
La temática femenina es
otra de las
preocupaciones raigales
de la escritora. Lo
avalan obras como El
cuento de la criada
y Alias Grace.
“Todo está cambiando en
el mundo, afirma, la
próxima potencia
económica no va a ser
China ni India, sino las
mujeres, por eso es
importante que ellas
definan lo que quieren”.
En este sentido Margaret
llamó la atención sobre
el hecho de que aunque
el 60 por ciento de los
estudiantes
universitarios son
mujeres, muchas no
llegan a lugares de
poder y reflexionó: “no
es solo posible que
alcancen la cima,
también tienen que
quererlo”.
El quetzal
resplandeciente y otros
relatos
fue el volumen de
cuentos de la escritora
canadiense publicado por
la Editorial cubana Arte
y Literatura. “Este
libro que estamos
presentando hoy
―definió― es como una
caja de chocolates, cada
pieza es pequeña y
diferente”. Historias
largas, cuentos de
ciencia ficción y
monólogos se agrupan en
esta recopilación hecha
especialmente para Cuba.
Sobre su presencia en
esta FIL Margaret
declaró: “No he podido
pasear por todos los
pabellones pero he leído
el programa y he visto
el listado de
publicaciones con
precios asequibles; algo
que agradecen siempre
los escritores es que
los lectores lean sus
libros”.
Aunque ya había estado
en Cuba, la primera
ocasión en 1984, la
particularidad de esta
nueva visita fue
destacada por la autora
canadiense: “Hace muchos
años que queríamos venir
a la Feria pero esta es
una edición
particularmente
interesante, es el
momento en el cual Cuba
y Rusia se están
reconectando y tiene
lugar un año después del
crash de la
crisis financiera, que
ha hecho que la gente
piense en sus sistemas.”
A propósito la narradora
citó la experiencia del
más reciente Foro
Económico de Davos donde
“le estaban brindando
una atención especial a
las mujeres, a su
educación y al cambio
climático... Estamos
arribando a una época en
la cual la cooperación
no es solo posible, sino
necesaria”. |