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Los Trovadores de Iván Soca:

“Pertenezco a mis amigos”

Antonio López Sánchez • La Habana

 Fotos: Jorge Villa y La Jiribilla

 

• Fotos de la presentación de trovadores

 

Aunque la trova es una de las principales vertientes creativas en la música de todos los tiempos en nuestro país, su reflejo no siempre va de la mano con su importancia. En la prensa, en los propios estudios que sobre este modo de hacer se han acumulado y publicado, todavía quedan amplias zonas que recorrer en investigaciones y honduras. Y a pesar de lo monumental de la obra trovadoresca en Cuba, con presencia en los últimos tres siglos del devenir de nuestra patria, todavía no somos muchos los nombres que echamos pie en tierra en este campo.

En la fotografía es todavía menor el abordaje de la trova. Aunque en sus trabajos periodísticos o en exposiciones personales, fotógrafos profesionales como Alain Gutiérrez Almeida, Kaloian Santos o el caimanero Richard, por solo mencionar algunos de los que habitualmente incluyen estas temáticas en sus obras, en verdad no destacan muchos artistas del lente a la caza de cuerdas y cantores.

Uno de esos nombres imprescindibles dentro de ese trabajo es el de Iván Soca. A pesar de su título de Ingeniero en Máquinas Computadoras, Redes y Sistemas de Computación, obtenido en Leningrado, antigua Unión Soviética, en 1992, es la fotografía su más cultivada pasión en los últimos años. Ahora, en medio de la XIX Feria Internacional del Libro Cuba 2010, aparece su libro Trovadores, publicado por la Editorial José Martí. Una suerte de iconografía amplia y necesaria para hacer saber los rostros de esas voces que muchas veces escuchamos sin conocer siquiera a sus dueños.

Todas las generaciones de la trova están representadas en este libro que suma a cada imagen una canción de la autoría del cantor. Desde ese puente que cruzó del filin a la Nueva Trova que fuera Teresita Hernández, pasando por los maestros como Noel Nicola, Pedro Luis Ferrer o Silvio Rodríguez, hasta los cantores luego de la generación los Santiago Feliú y los Gerardo Alfonso. Quiero decir, un Vanito Caballero, unos Gema Corredera y Pável Urquiza, un Eduardo Sosa, un Leonardo García o un Pedrito Beritán y Mauricio Fugeiral, por solo incluir algunos. Agrega el fotógrafo, sin conceptualismos rígidos y desde la más sensible aceptación y reconocimiento, a trovadores de otros rumbos o tiempos como el maestro Juan Formell, el poeta Waldo Leyva o una Marta Valdés, toda una clásica del filin.

Presentado en concierto en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, el libro incluyó una edición limitada de discos con varios temas de la trova cubana y en reconocimiento a ese otro fotógrafo de la trova, a Luis Hernández, el Plátano, ya fallecido. Uno de esos caballeros andantes que consagró su vida a dejar plasmada la imagen de cuanto artista empuñara una guitarra en cualquier sitio. Al Plátano se le debe la conservación de no pocos de los rostros bisoños de algunos que hoy son ya nuestros clásicos. Soca retoma ese legado y nos regala esta importante iconografía, muy válida para dar a conocer a verdaderos creadores, de los que apuestan por la cultura en mayúsculas y no por las modas.

Por ello La Jiribilla fue en busca de las opiniones de este artista, siempre tras de los lentes y colores, para traerlo ahora al escenario de las preguntas y respuestas.

¿Por qué los trovadores como eje de este trabajo?

Desde que comencé a hacer fotos me interesó mucho este mundo, el planeta de los trovadores. En primer lugar agradezco mucho a Vicente Feliú y a Augusto Blanca que fueron al inicio los trovadores que me arrastraron a esta aventura. Después, bueno, a Santiago Feliú, y después casi todos los demás. Pero sobre todo Vicente y Augusto porque creyeron mucho en mi trabajo y en lo importante que es preservar y difundir la memoria. Preservar la memoria además, para compartirla, para difundirla en verdad y no para volverla un archivo; no para hacer de la memoria un monopolio o algo enquistado, guardado, sino para que sea de todos. Hablo de la memoria en función de las nuevas generaciones, de todo lo que vendrá.

Hace tiempo que no había una iconografía de los trovadores cubanos.

En realidad es un álbum de mis amigos. Pertenezco a mis amigos, eso está claro. No formo parte ni de grupos, ni de tendencias, ni de ninguna esquina: Soy simplemente de mis amigos. Ahora es libro, pero antes fue una colección de fotos gigantesca; hay muchas fotos de trovadores de todas las tendencias y edades. Adrián Berazaín, uno de los trovadores más jóvenes, me decía que él no entendía cómo yo podía estar frente a Silvio Rodríguez y luego frente a cualquiera de los muchachos más desconocidos, haciendo fotos. Eso hago: Soy un preservador de la memoria; estoy consciente de que la memoria es todo lo que ocurre delante de ti; todo eso que hay que guardar para mañana.

Hay una dedicatoria en el libro que muchos no van a entender. ¿Puedes explicar en estas páginas quién es Jesús?

Jesús es El Plátano. En realidad, como saben los que recuerdan “En blanco y negro”, la canción de Carlitos Varela, él se llamaba Luis Hernández. Pero si tú dices cualquier nombre, pues da lo mismo. Se podría llamar de cualquier modo, pero cuando digas El Plátano, todos se van a acordar, por la mística que dejó. El Plátano fue un caballero, como El Caballero de París, y nos mantuvo siempre a todos con los ojos agrietados, de lo bella persona que era.

Es ese tipo, y digo tipo a conciencia para decirle una palabra bonita, que estuvo en aquellos primeros conciertos donde ni tú ni yo estábamos. Ahí están las fotos de Casa de las Américas, de Noel, de Silvio, de Pablo. El Plátano estuvo allí cuando nació eso que se llamó y se llama Nueva Trova. El Plátano, incluso, mira qué cosa tan poética y tan de caballero, estuvo en muchos de esos conciertos haciendo fotos sin tener rollos en su cámara porque no podía comprarlos o porque no había. Las fotos se la llevaba en su bolso viejo, en su cajón, o hasta en su cabeza. Eso es bonito, eso construye la mística de un personaje valioso. De un caballero.

Este libro está dedicado a su memoria. Él se llama Luis, pero para mí es Jesús y siempre lo dije: es como Dios, por aquello de que siempre estaba en todas partes. No soy religioso y creo que él tampoco lo era, pero siempre lo sentí con esa mística. Tengo una anécdota con El Plátano. Los fotógrafos tenemos un ojo muy amplio, muchas veces estoy haciendo fotos y sé lo que pasa a mi espalda; lo veo con el rabo del ojo. Eso es un don de los que hacemos fotografías, no solo mío ni mucho menos. Y siempre recuerdo al Plátano llegar detrás de mí, como Dios, como Jesús, y ponerme la correa de la cámara por arriba del cuello, y yo entonces volverme a mirarlo y sonreírle. Esa es una imagen que me llevo en mi bolso viejo, en mi cajón, en mi memoria.

¿Cómo ves la trova en el presente?

Recuerda que soy siempre una tercera persona entre el trovador y el que lo escucha, y que lo miro todo desde mi propia poética. Aunque acepto la poética de todas las canciones de los que cantan, con guitarra con banda o con lo que sea. La trova ahora mismo se tiene que adaptar al nuevo momento que se está viviendo. No te voy a hablar de otros géneros ni nada de eso, pero sí se está fusionando el modo habitual de hacer la trova con otras líneas como el jazz, como lo afrocubano. Pienso en un ejemplo como Harold López-Nussa, un niño casi y ya tiene un disco que es una genialidad, abordando la trova desde sus conceptos. Ahí están las canciones de Silvio, de Pablo, de Varela, a su aire, en sus versiones. Pues de alguna manera hemos hecho lo mismo, también me he nutrido de todas esas canciones y así hacemos juntos el presente. Uno desde un piano y yo desde una cámara, y son muy similares de hecho.

¿Y para mañana, cómo ves la trova en el futuro?

¿El futuro? El futuro es el que vendrá.

Sí, pero dame tu foto del futuro. 

Pues es el retrato de estos mismos muchachos, pero grandes. En el concierto cantó un muchacho de Holguín, Leandro, que nadie conoce y que está defendiendo sus canciones, diciendo lo suyo. Eso es el futuro. Una persona que como hicieron en su momento Silvio o Pablo, dice lo que piensa, con tremendo valor, y tremenda fuerza, y tremenda poesía.

Para terminar, ¿cómo es ser un trovador con una cámara?

Es cantar.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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