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Entrevista con el escritor boliviano Manuel Vargas,
redactor de la revista infantil Chaski

Una mirada a la literatura infantil boliviana

Celia Medina Llanusa • La Habana

 

Manuel Vargas tiene un conversar pausado, de esos que mantienen a la expectativa. Quizá como el personaje de alguno de sus libros, busque las mejores palabras para comunicar una idea; o los vocablos que logren construir un mensaje claro, directo y sencillo, premisas que no pierde de vista en la conformación de sus cuentos y novelas. Vargas visita por primera vez la nación cubana, justamente en el marco de la 19 Feria Internacional del Libro, y a pesar de la cantidad de gente a nuestro alrededor y del rítmico sonar lejano de unos golpes, el escritor boliviano hilvana imágenes, inmutable, impresionado por el interés, la importancia y el cariño que se le tiene en Cuba al libro.

A Vargas lo encontramos desandando, observador, los diferentes recintos de la Feria, o presentando ante la Merienda de locos que organiza la Editorial Gente Nueva la revista infantil Chaski, de la que fue redactor hasta que desapareciera en el año 2000: “se ha cumplido un ciclo”, dice Vargas cuando se le pregunta por la interrupción de Chaski, pero “una generación creció con sus buenas nuevas”. Así comienza entonces esta conversación con La Jiribilla, con las peculiaridades de la publicación, para continuar con algunos detalles de la literatura infantil en Bolivia.

“La revista tiene un nombre de origen quechua. En Bolivia hay una gran influencia de los idiomas nativos como el quechua y el aymara. El chaski es un término conocido dentro del país porque los chaskis eran unos personajes del imperio de los incas que tenían por oficio llevar los mensajes de un lugar a otro, de una ciudad a otra. Ellos corrían por leguas y leguas, y eran relevados por otros que hacían lo mismo, hasta que, finalmente, el encargo era entregado. Y esa era la idea de Chaski: llevar buenas nuevas, trasladar mensajes de un lugar a otro.

“La publicación se inició en el año 1983 y tuvo una vida de más de 13 años, estaba dirigida a los niños a partir de la necesidad que tenía este sector de un material de lectura adecuado a su edad, por un lado, y por otro, a sus realidades, a sus vidas, cosa que no existía o que se encontraba muy esporádicamente en Bolivia. Chaski nació, pues, para proporcionar un medio a los niños donde ellos mismos podían participar enviando sus creaciones y también como instrumento de lectura atractivo para este público.”

La audiencia infantil constituye uno de los sectores poblacionales más complejos, ¿qué estrategias siguió Chaski para atrapar la atención de los niños?

La revista tenía una serie de materiales atractivos: cuentos, poesías, pequeños reportajes que mostraban la realidad diversa de Bolivia. Con respecto a esto último, en los trabajos incluíamos características de diferentes pueblos y culturas que tenemos en nuestro país, las múltiples ciudades, las actividades diversas que caracterizan a cada región, de manera que en cierta medida Bolivia se fue conociendo a través de estas páginas. Por ejemplo, sabemos que un gran porcentaje de la población de nuestro país es campesino, y nosotros nos dimos a la tarea de revalorizar esa actividad y acercarnos a las formas de vida de ese sector… enfocábamos los aspectos positivos de las diferentes realidades que mostrábamos. Por ejemplo, de la cultura de un pueblo de algún lugar del país, reflejábamos sus costumbres, la vida espiritual de sus habitantes... Se buscaba darles un valor a todos los problemas que tienen lugar en nuestro país. Lo más importante para nosotros era lograr que el niño se sintiera orgulloso de ser boliviano. También incluíamos otros materiales exclusivamente para el entretenimiento del pequeño: trabalenguas, chistes y adivinanzas.

Obviamente, la revista la conformábamos a partir de un lenguaje sencillo, adecuado a los niños, cosa que ha sido un proceso de aprendizaje tanto para mí, como para muchas otras personas que pasaron por la revista y que hoy se dedican a escribir literatura infantil.

En cuanto al tratamiento de las ilustraciones, ¿de qué manera la revista resolvía el tema de la visualidad?

Generalmente en Chaski había un grupo de ilustradores, cada uno se dedicaba a una sección de la revista, y la persona que a lo largo de toda la existencia de la publicación dirigía el proceso de confección de las ilustraciones era entendida en artes gráficas y diseño. Este profesional tenía mucho cuidado en que los elementos de ilustración fueran creativos y atractivos. Con nosotros trabajaron varios artistas que llegaron a desarrollar un estilo en la ilustración, donde también se potenciaba el carácter nacional, el carácter boliviano.

En cuanto a la recepción de la revista, ¿cómo fue acogida por el público infantil?

En muchas ocasiones tuvimos materiales para constatar cuánta gente leía la revista. Se hicieron encuestas, preguntas... trabajábamos en los colegios de los barrios populares, en las provincias y principales ciudades del país y también en algunas zonas mineras. Cuando hacíamos este tipo de intercambio, era siempre con el profesor, aunque como elemento independiente de la parte más formal de la enseñanza, como algo más bien lúdico, más libre. De esa manera llegamos a grandes sectores de la población. Por otra parte, el hecho de que se publicaran diez mil ejemplares de cada número cada mes durante todos estos años, da una idea de la cantidad de revistas que se distribuyeron. Aún hoy, cuando hace años que no se publica la revista, algunos remanentes, algunos ejemplares que aparecen, son todavía muy queridos por la gente. Ha habido casi una generación que ha crecido con estos textos.

Usted mencionaba que no existían en Bolivia publicaciones sistemáticas para los niños cuando salió Chaski con su novedosa propuesta, pero a unos años de esa experiencia, ¿en qué estado se encuentra la literatura infantil en su país?

Dentro de la literatura infantil, en términos generales, no encontramos una gran difusión ni un gran desarrollo. Sin embargo, tenemos un nombre que es un clásico: Oscar Alfaro, un autor que hasta el año 1970 publicaba sus cuentos para niños. Existen otros escritores como Hugo Molina que escribía poesía para los más pequeños, con un lenguaje bien sencillo, muy directo. O autoras que a partir de la experiencia de la revista Chaski siguieron en la línea de la literatura infantil. Es el caso de Gabi Vallejo que está por publicar un libro acá en Cuba con la Editorial Gente Nueva, o también Rosalba Guzmán. Hay otros autores en diferentes regiones del país que ya están desarrollando una literatura infantil, más que todo explotando el género del cuento,  tratando siempre de estar en sintonía con la comprensión del niño y el sentido educativo.

Es interesante que los escritores de literatura infantil en Bolivia se comiencen a alejar de una educación moralista que contiene mensajes directos, y traten más bien de insertarse dentro del mundo infantil y, finalmente, volverse niños para poder sentir como ellos y escribir también como ellos. Sin entrar en el alma de los niños se establece una relación vertical, donde el adulto es el que sabe y tiene que transmitir una serie de normas y reglas morales, y ese tipo de pensamiento aplicado a la literatura infantil no llega igual. En este sentido creo que estamos en un buen camino, acomodándonos a los nuevos tiempos y a la manera en que el mundo está escribiendo para los niños.

¿Se insertan los escritores de literatura infantil en igualdad de condiciones en el campo literario boliviano?

Bueno, en el caso de Bolivia, los escritores, no solamente de literatura infantil, son venidos a menos, y es normal porque el mundo de los libros corre la misma suerte. Tenemos una tradición muy pequeña de la cultura del libro en términos generales. Ha habido hasta hace poco una gran cantidad de población analfabeta y el hecho de que se hablen diferentes idiomas también ha sido una limitante para el desarrollo de un interés por la literatura... toda esa realidad boliviana contribuye a que la cultura del libro haya sido poco desarrollada, de ahí que el escritor no tenga un gran reconocimiento, lo cual no quiere decir que a lo largo de toda la historia boliviana no hayan existido escritores muy importantes en los diferentes géneros literarios, pero no han tenido un apoyo o un reconocimiento por parte de la sociedad, y aún no hemos superado esta situación.

Usted no se considera a sí mismo un escritor de literatura infantil, sin embargo, su obra es leída por los niños, ¿qué elementos considera como imprescindibles para establecer una buena comunicación con el niño?

Uno tiene que buscar al lector. He ido a partir de circunstancias personales o con el auspicio de algunas instituciones a las escuelas, a los centros donde hay niños. Esa es mi primera recomendación: ir a los diferentes lugares simplemente a leer. Es muy importante que el público conozca que existen escritores, que existen autores que hacen cuentos, que puede uno comunicarse, porque realmente se maneja una idea muy vaga de lo que es un libro, de lo que es un cuento, entonces generalmente los pequeños creen que los escritores son seres inalcanzables o que ya murieron, que no son parte de la vida cotidiana, que no son reales. Por eso es necesario establecer relación con este público, para que sepan que los escritores son seres humanos que viven, que comen. Ese es un primer paso para que se acerquen a la lectura.

En otro orden de ideas, en toda mi literatura ya sea para niños o adultos siempre he tratado de escribir de una manera clara, directa y sencilla. Busco siempre eso para que la gente se sienta interesada. Obviamente, después hay que incorporar otros elementos, con la técnica literaria, para insertar acción, aventura, siempre a través de un lenguaje adecuado, suelto, que sea utilizado por los niños, que no sea muy libresco ni muy elevado en el mal sentido de la palabra. A veces se piensa que un lenguaje literario es aquel donde se utilizan demasiadas palabras, y no, uno tiene que buscar la manera de reflejar el habla de la gente: las personas tienen que encontrar en el texto esa identificación para que puedan disfrutar la lectura.

Mi caso es un poco especial. Nunca me he considerado un autor de literatura infantil, lo que he buscado siempre es llegar al público, lo que me interesa es lograr un lenguaje asequible, preciso y claro. Resulta que al tener ese objetivo y esa manera de escribir, algunos de los libros que he publicado han sido tomados por los niños, y se ha considerado como literatura infantil. Sin embargo, trato de que la literatura que produzco sea de interés para todo el público. A veces, claro, tengo que tener en cuenta algunos elementos más estrechamente relacionados con el mundo infantil. Para mí lo principal es que sea una obra literaria bella, que guste a todo el mundo.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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