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El 18 de mayo de 1854 le
cambió la vida a Nelson
Pinedo. Ese día, en los
estudios de la emisora
CMQ, el joven cantante
colombiano, a la sazón
con 26 años cumplidos,
grabó por primera vez
con el conjunto Sonora
Matancera. Había llegado
poco antes a La Habana
fichado para cantar la
orquesta Casino de
Sevilla —aquí se llamó
Serenata Española—, que
pretendía terciar en la
competencia de coplas,
pasodobles y fandangos
librada entre el público
cubano por Los
Churumbeles y Los
Chavales de España.
Pasaba entonces Pinedo
por un avispado andaluz
en busca de los favores
de ultramar cuando en
realidad había nacido en
las cercanías del
Caribe, en una
Barranquilla enfebrecida
por los trepidantes
sonidos del trópico.
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En Cuba, al formar parte
de la leyenda de la
Sonora, se convirtió él
mismo en una leyenda. Y
ese es el resplandor que
le acompaña en su
reencuentro con la Isla
cuando a los 82 años
decidió matarse el gusto
de la nostalgia mediante
la grabación de un disco
y la presentación en
concierto en el teatro
América, empresas en las
que ha contado con el
concurso en los arreglos
y la dirección musical
del ex Van Van Pupy
Pedroso.
Los días de sus primeros
éxitos habaneros fueron
recordados por Pinedo, a
quien llaman El
Almirante del ritmo: “Yo
le di a la Sonora y la
Sonora me dio. Primero,
porque cuando llegué a
ella mi situación en La
Habana no era la mejor.
Ya no estaba con
Serenata Española y
estaba un poco embarcado
aquí. No se sabe cuántas
fritas comí en la Playa
de Marianao mientras
esperaba una buena
oportunidad. Pero desde
que me encontró la
Sonora cambió mi suerte.
Mi voz gustó y eso que
le estaba discutiendo la
primacía a Daniel
Santos, que había
marchado a México. Me
dijeron que Daniel
regresaría, que estaría
con el conjunto unos 15
días. Pero Daniel no
regresó. Lo primero que
hice fue un número de mi
compatriota Rafael Campo
Miranda, “Playa, brisa y
mar”. Aquello funcionó
muy bien y Rogelio
Martínez, que dirigía la
Sonora, quiso que yo
incluyera música
colombiana en el
repertorio del conjunto.
Yo quería que
mantuvieran la rítmica
del porro, pero siempre
terminaban guaracheando
los temas. Y me adapté”.
En el imaginario de los
cubanos de la época
quedó, sin embargo, una
pieza entrañable en la
voz de Pinedo, “Me voy
pa’ La Habana”. Él mismo
cuenta cómo se le
ocurrió: “En ese mismo
1954 modifiqué la letra
del porro “Me voy pa’
Aracataca”, de José
María Peñaranda. La
Acarataca de la que se
habla es la misma que se
haría famosa después por
ser el lugar donde nació
Gabriel García Márquez.
Pero entonces ese nombre
no le decía nada a
nadie. Y como estaba en
La Habana, sustituí la
letra. No mi imaginaba
que iba a causar furor,
al punto que al año
siguiente la incluyeron
en una película”.
Pinedo fue uno de los 61
cantantes que pasaron
por la nómina de oro de
la Sonora Matancera. En
cinco años y medio grabó
49 temas con la
agrupación. En medio de
tales faenas viajó a
Puerto Rico para
intervenir en una sesión
de estudio con Cortijo y
su Combo. Entre sus
éxitos con la Sonora se
inscriben, además, “El
gavilán”, “Mi casita
linda”, “Momposina” y
“La esquina del
movimiento”, este último
de nuestro Senén Suárez.
¿Y por qué El Almirante
del Ritmo?
“Ese mote me lo puso uno
de los más tremendos
animadores que ha tenido
Cuba. Lo recuerdo con
cariño. Me refiero a
Germán Pinelli.” |