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Las historias vivientes de Google

Miguel Ernesto Gómez Masjuán • La Habana 
 

¿Cómo lograr que los usuarios pasen más tiempo en los medios online? Esa parece ser una de las grandes interrogantes que producen pesadillas en los editores. Vivimos tiempos en que ellos necesitan, a toda costa, mostrar mayores números de visitantes únicos para complacer a los anunciantes y que, al final del mes, estos desembolsen los dólares-euros que le permitan al medio mantener su modelo de negocio.

Quizá la mejor respuesta a la pregunta sea producir contenidos más completos que se acerquen a las crecientes exigencias de los usuarios. La afirmación anterior cabe en apenas dos líneas; pero llevarla a la práctica requiere de un enorme esfuerzo por parte del equipo de trabajo de las redacciones digitales.

Entonces, cualquier idea que ayude a ofrecer contenidos más organizados e innovadores en las versiones online de los medios será siempre bien recibida, especialmente por editores y periodistas. Esto explica el interés que ha despertado en varias partes del mundo la apertura del código del proyecto Living Stories (historias vivientes) de Google.

Los objetivos del programa están muy bien definidos: reconfigurar las formas en que son presentadas las noticias online y desarrollar herramientas que ayuden a los medios de comunicación.

El funcionamiento de las “historias vivientes” es sencillo, aunque demanda un gran trabajo en la organización de la información. En una misma página (un único URL) el internauta puede seguir el desarrollo de una noticia y cómo ha sido abordada por el medio a lo largo del tiempo.

La iniciativa del líder mundial de búsquedas se ha probado con éxito en dos importantes medios del mainstream norteamericano: The Washington Post y The New York Times. Hasta ahora, de forma experimental, los dos diarios estadounidenses han elegido temas complejos como la reforma de salud y la guerra de Afganistán y los resultados han sido positivos porque el tiempo de permanencia de los visitantes ha aumentado en nuevos minutos. Nada mal, dirían muchos, y con razón.

Con las “historias vivientes” todos parecen ganar. En primer lugar los lectores porque pueden interactuar fácilmente con las últimas actualizaciones de los relatos que les interesan y también revisar, de una manera más simple, los contextos informativos que rodean a las noticias. Además, las “historias vivientes” incluyen los elementos multimediales con que cuenta el medio (gráficos, fotografías, videos, etc.).

Para editores y periodistas, el proyecto de Google es muy ventajoso ya que les posibilita llamar la atención de los usuarios sobre un determinado hecho de una forma más efectiva, y todo esto mediante un balance entre lo escueto y la profundidad en el contexto. Así los medios incrementan el tráfico hacia su sitio y, especialmente, logran que los lectores interactúen durante más tiempo con las propuestas noticiosas.

La apertura del código de las “historias vivientes”, sin duda, contribuirá a que los desarrolladores introduzcan diversos cambios y readaptaciones. Esta apertura sorprendió a muchos, pues no es característica de las grandes empresas; pero se entiende porque el proyecto fue pensado para los productores de contenido y el negocio de Google se basa, precisamente, en ingresos por la publicidad, a partir del contenido propuesto por otros. Mientras más medios utilicen las “historias vivientes”, mayores ganancias tendrá, a largo plazo, el buscador.

Hasta aquí todo luce muy atractivo; aunque la realidad es más compleja: si desde Cuba alguien intentara acceder a la parte dedicada a las “historias vivientes” dentro del Google Lab, le aparecerá, irremediablemente, un desesperanzador mensaje: “Error 403. Forbidden (prohibido).

El sistema detecta que nuestra dirección IP (Internet protocol) proviene de Cuba y, por tanto, niega el acceso al proyecto. Esto no es nada nuevo, pues antes Google había prohibido el uso para la Isla de productos como el Google Earth o el Google Code, siempre bajo el concepto del bloqueo norteamericano que impide a las empresas de ese país ofrecer o intercambiar tecnologías con “enemigos”.

Los éxitos iniciales de las “historias vivientes” —en dos medios muy poderosos— probablemente impulsen a otros a seguir el ejemplo del Post y el Times. No obstante, ninguno de esos medios será cubano. Una mejor organización de los contenidos periodísticos agradará a los usuarios; sin embargo, el reto para los medios sigue siendo el mismo, ¿cómo producir mejores contenidos? Esta es la verdadera cuestión.

 

 

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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