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¿Cómo lograr que los usuarios
pasen más tiempo en los medios
online? Esa parece ser una de
las grandes interrogantes que
producen pesadillas en los
editores. Vivimos tiempos en que
ellos necesitan, a toda costa,
mostrar mayores números de
visitantes únicos para complacer
a los anunciantes y que, al
final del mes, estos desembolsen
los dólares-euros que le
permitan al medio mantener su
modelo de negocio.
Quizá la mejor respuesta a la
pregunta sea producir contenidos
más completos que se acerquen a
las crecientes exigencias de los
usuarios. La afirmación anterior
cabe en apenas dos líneas; pero
llevarla a la práctica requiere
de un enorme esfuerzo por parte
del equipo de trabajo de las
redacciones digitales.
Entonces, cualquier idea que
ayude a ofrecer contenidos más
organizados e innovadores en las
versiones online de los medios
será siempre bien recibida,
especialmente por editores y
periodistas. Esto explica el
interés que ha despertado en
varias partes del mundo la
apertura del código del proyecto
Living Stories (historias
vivientes) de Google.
Los objetivos del programa están
muy bien definidos: reconfigurar
las formas en que son
presentadas las noticias online
y desarrollar herramientas que
ayuden a los medios de
comunicación.
El funcionamiento de las
“historias vivientes” es
sencillo, aunque demanda un gran
trabajo en la organización de la
información. En una misma página
(un único URL) el internauta
puede seguir el desarrollo de
una noticia y cómo ha sido
abordada por el medio a lo largo
del tiempo.
La iniciativa del líder mundial
de búsquedas se ha probado con
éxito en dos importantes medios
del mainstream
norteamericano: The
Washington Post y The New
York Times. Hasta ahora, de
forma experimental, los dos
diarios estadounidenses han
elegido temas complejos como la
reforma de salud y la guerra de
Afganistán y los resultados han
sido positivos porque el tiempo
de permanencia de los visitantes
ha aumentado en nuevos minutos.
Nada mal, dirían muchos, y con
razón.
Con las “historias vivientes”
todos parecen ganar. En primer
lugar los lectores porque pueden
interactuar fácilmente con las
últimas actualizaciones de los
relatos que les interesan y
también revisar, de una manera
más simple, los contextos
informativos que rodean a las
noticias. Además, las “historias
vivientes” incluyen los
elementos multimediales con que
cuenta el medio (gráficos,
fotografías, videos, etc.).
Para editores y periodistas, el
proyecto de Google es muy
ventajoso ya que les posibilita
llamar la atención de los
usuarios sobre un determinado
hecho de una forma más efectiva,
y todo esto mediante un balance
entre lo escueto y la
profundidad en el contexto. Así
los medios incrementan el
tráfico hacia su sitio y,
especialmente, logran que los
lectores interactúen durante más
tiempo con las propuestas
noticiosas.
La apertura del código de las
“historias vivientes”, sin duda,
contribuirá a que los
desarrolladores introduzcan
diversos cambios y
readaptaciones. Esta apertura
sorprendió a muchos, pues no es
característica de las grandes
empresas; pero se entiende
porque el proyecto fue pensado
para los productores de
contenido y el negocio de Google
se basa, precisamente, en
ingresos por la publicidad, a
partir del contenido propuesto
por otros. Mientras más medios
utilicen las “historias
vivientes”, mayores ganancias
tendrá, a largo plazo, el
buscador.
Hasta aquí todo luce muy
atractivo; aunque la realidad es
más compleja: si desde Cuba
alguien intentara acceder a la
parte dedicada a las “historias
vivientes” dentro del Google Lab,
le aparecerá, irremediablemente,
un desesperanzador mensaje:
“Error 403. Forbidden
(prohibido).
El sistema detecta que nuestra
dirección IP (Internet
protocol) proviene de Cuba
y, por tanto, niega el acceso al
proyecto. Esto no es nada nuevo,
pues antes Google había
prohibido el uso para la Isla de
productos como el Google Earth o
el Google Code, siempre bajo el
concepto del bloqueo
norteamericano que impide a las
empresas de ese país ofrecer o
intercambiar tecnologías con
“enemigos”.
Los éxitos iniciales de las
“historias vivientes” —en dos
medios muy poderosos—
probablemente impulsen a otros a
seguir el ejemplo del Post y el
Times. No obstante, ninguno de
esos medios será cubano. Una
mejor organización de los
contenidos periodísticos
agradará a los usuarios; sin
embargo, el reto para los medios
sigue siendo el mismo, ¿cómo
producir mejores contenidos?
Esta es la verdadera cuestión.
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