Año VIII
La Habana
2010

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 
José Antonio Méndez, el King
Josefina Ortega • La Habana
Foto: Cortesía de la autora
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José Antonio Méndez

 

1. Háblame de frente
2. Otra nueva canción


De las noches de mi juventud aún recuerdo con nostalgia las descargas del club Scherezada, y después, las del Pico Blanco, cuando con su muy particular voz ronca el King interpretaba “Si me comprendieras, /si me conocieras, / jamás dudarías…” o  “Novia mía,/ desde el primer y fiel abrazo…”, en tanto pulsaba la guitarra con el dedo pulgar de la mano derecha, y un público extasiado, le pedía una y otra vez alguna de sus mágicas creaciones como “Me faltabas tú”, “Por nuestra cobardía” o “La gloria eres tú”…

Para mí y para otros muchos de mi generación aquellas escenas de la bohemia habanera fueron únicas, en las que el autor e intérprete de tan célebres melodías, llevadas y traídas por no pocos cancioneros a todo el mundo, confesaba a sus íntimos: “Cada día hay que vivirlo como si fuera el último”.

Un clásico

Parecía estar predestinado para ser uno de los grandes de nuestra música. Nacido el 21 de junio de 1927, conoció en su humilde casa de la barriada habanera de Los Pinos al mismísimo Sindo Garay, a Manuel Corona y a Rosendo Ruiz Suárez, y con solo 12 años se presentó y ganó —con aquella voz de “anticantante”, como era también la del Bola— el primer premio en La Corte Suprema del Arte.

Se cuenta que en aquel programa descubridor de talentos cantó el corrido “Cocula”, muy de moda entonces, pero ya en 1946, compuso “Por mi ceguedad”, “Soy tan feliz” y “Novia mía”; y en 1947, “La gloria eres tú”, que popularizó Toña la Negra, y Pedro Infante la incluyó en la cinta mexicana Dos tipos de cuidado.

El camino ya estaba trillado…

Por cierto, algún tiempo después el Ronco de Oro, como también se le llamó, reveló su “secreto” para escribir piezas tan hermosas que lo convertirían en un clásico dentro de la canción en lengua hispana: “Yo no sé fabricar una canción; por eso no soy tan fecundo que digamos. (…) cuando trato de exteriorizar mis sentimientos ha existido una razón para hacerlo”.

“Ah, esa cosa tiene filin”

Gran artista, en extremo sencillo, José Antonio Méndez integró el núcleo fundamental del movimiento cubano del filin. “El filin —decía—quiere decir sentimiento, pero para nosotros más bien era también algo de la época nuestra, del tiempo que vivíamos. No era sutileza, sino decir algo. Uno podía tener voz ronca, pero si enviaba un mensaje o decía algo, ya tenía filin. (…) cada vez que uno ponía más de la tónica y dominante establecida, una novenilla, una séptima, se decía: ‘Ah, esa cosa tiene filin’”.

En 1949, invitado por el cantante cubano Pepe Reyes, se va a México en busca de más oportunidades para ganarse la vida con su arte. “Habiendo estudiado un poco de Guitarra y Composición y ya con varias obras suyas a la espalda, —al decir del colega y amigo Bladimir Zamora Céspedes— llega a la capital azteca a comerse el mundo. O sencillamente a crear un círculo de gracia donde le permitan decir sus canciones. Y logra establecerse cantando en clubes, haciendo radio y televisión, grabando discos…” Regresa a Cuba en 1960 y unos años después es elegido presidente de la Sociedad Cubana de Autores Musicales.

Durante varias generaciones, su obra es asumida por una amplia variedad de intérpretes como Elena Burke, Moraima Secada, Orlando Vallejo, Vicentico Valdés, Fernando Álvarez, Pacho Alonso, Roberto Sánchez, Pablo Milanés, Omara Portuondo, Lucho Gatica, José José, Manzanero.

Una gran pérdida

Su muerte nos agarró de sorpresa aquel 10 de junio de 1989 en un absurdo accidente de tránsito, bajo las gomas de un ómnibus que no percibió a tiempo. Dos noches antes había ofrecido algunas de sus memorables creaciones en la gala dedicada al movimiento cubano del filin en el Tercer Festival Internacional Boleros de Oro, que se celebraba en La Habana. Le habían confirmado un próximo viaje a París. Sus boleros y sus canciones, como siempre, seguían subyugando al mundo… Una multitud, a pie y en silencio, lo acompañó hasta el cementerio de Colón, donde reposan sus restos.

Sobre este excelente músico se cuenta una simpática anécdota: “Portillo —aludía el King a su amigo y compositor César Portillo de la Luz— volverá a regañarme cuando olfatee en mis palabras el perfume del alcohol. Otra vez le repetiré mi lema: “Mira, nunca he visto una botella de aguardiente Coronilla que diga en la etiqueta beber daña la salud, y entonces le criticaré su fumadera de cigarrillos…”.

 
 
 

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La Habana, Cuba. 2010.
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