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Ambrosio Fornet:
No se trata de un debate sobre la lengua

Leandro Estupiñán Zaldívar • Holguín

Foto: Liborio Noval

 

Sentados en el muro exterior de una emisora de radio, conversamos sobre un Congreso frustrado. Mientras, los autos pasan frente a nosotros, es una noche excesivamente fría y en Internet se desarrolla un virtual Congreso Internacional de la Lengua Española.

Ambrosio Fornet luce el hombre sencillo que es. Nacido en Veguitas de Bayamo y Premio Nacional de Literatura en 2009, el editor, ensayista y narrador es un hombre delgado de 78 años. 

Vinculado a no pocos proyectos de éxitos en la Revolución —Lunes de Revolución, Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), Casa de las Américas), el autor de El Libro en Cuba es también miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua. Pero no hablamos de estructuras internas de la Institución ni de la historia de esta. Hablamos del habla, del idioma y del Congreso que un fenómeno natural malogró en Valparaíso, Chile.

¿Qué aporte ha hecho el habla cubana a la lengua española?

Si te contestara con cierto aire de autoridad, estaría siendo un farsante porque los lexicógrafos y lingüistas de la Academia son otros. Yo entro en la categoría: crítico literario, escritores... Tengo la impresión, sin embargo, de que hay un aporte. De hecho hay diccionarios de cubanismos, desde Pichardo, en el siglo XIX. Se han ido incorporando términos. Hablo en el plano lexicográfico, no en el morfológico donde no creo que haya grandes transformaciones. La nuestra es la misma lengua que se habla en todo el mundo hispano, salvo por las diferencias lexicográficas. Simplemente, hay variaciones de este tipo, pero no mucho mayores que las que hay entre Oriente y La Habana.

Nunca he logrado hablar como habanero, jamás: cuando voy a decir zapote, digo zapote, y cuando voy a decir guineo digo guineo. Soy de donde nací. También lo hago como una especie de provocación: ¿por qué si me fui de Bayamo a los 25 años tengo que cambiar mi vocabulario? Por ejemplo, la palabra: papaya. En La Habana es escandalosa una palabra que se usa en Perú, Panamá, Colombia, en los EE.UU.... ¿Por qué decir fruta bomba? Yo no lo adopto. O cometa, así le digo y así se dice en muchos lugares. Hay un plano que es estrictamente lexicográfico.

Mi respuesta concreta: Cuba aporta cubanismos que pueden ser o no adoptados, pueden coincidir. No imagino que pueda haber otro aporte.

Usted que, además, es creador, ¿cómo asume el idioma?, ¿cómo se propone usarlo desde la creación? Pienso en escritores como Carpentier o Garrandés, que se regodean en el lenguaje…

El creador va encontrando su propia tensión lingüística, su propio tono. Aporta a la lengua —estamos hablando de la lengua y no solo de la literatura— ciertas características que son propias de él y de su desarrollo como lector, como escritor, como creador. Tú te puedes preguntar, ¿qué aporta Carpentier al lenguaje…? Aporta una terminología enorme, ciertos vicios de dicción muy específicos suyos, el uso de verbos, de gerundios que otra persona, Mañach, no utilizaría nunca porque tiene un sentido más convencional de la lengua. Digo Mañach porque pienso en un ensayista y no en un narrador.

Hay otros que utilizan un vocabulario que puede estar cayendo en desuso, pero que ellos rescatan y me parece atractivo, el vocabulario del modernismo. Me has citado escritores en quienes noto el intento de rescatar una terminología y un lenguaje superculto que ya ha dejado de usarse. Pero, la persona insiste en incorporarlo. También está el trabajo, que más se aprecia, por ser el más creador. Lo que hacía Guillermo Cabrera Infante sobre el lenguaje popular, habanero por lo menos. Seguir el ritmo de ese lenguaje va creando cierta sintaxis muy especial. Lo sientes sonar de una manera y dices: ¡Caramba!, esto suena como cubano. Así hablan ciertas zonas y sectores de cubanos.

Como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua, ¿cómo acogió la no participación de Cuba en el Congreso que se haría en Valparaíso, Chile?

El problema es que, lo decíamos en la declaración de la Academia, en el Congreso hay un elemento mediático que me imagino esté dado, como en el 84,6 por ciento de todo lo mediático, por un problema de financiamiento: ¿Quién financiaba ese Congreso? Seguramente que el grupo PRISA o la Fundación no sé qué. Cuando empezamos a recibir la lista de los participantes, nos quedamos boquiabiertos.

¿Quiénes participarían?

Te advierto que cuando recibimos la primera lista, Yoani, la bloguera, no estaba. Para nada. Nos hubiéramos caído de espalda o de frente y nos hubiéramos roto la nariz. Lo que he leído de Yoani son dos o tres crónicas, todas muy hostiles a la Revolución. Ahora bien, desde el punto de vista del lenguaje no aporta nada. ¿Qué ocurre? ¿Es que de  pronto el ciberespacio y los blogs son importantes en el desarrollo de la lengua? Me alegra mucho saberlo. Mira, voy a hacer un pronóstico, y anótalo para que te prepares sicológicamente: antes de dos años esta muchacha, Yoani, recibirá el Premio Nobel de la Paz… Ya le dieron el Ortega y Gasset, ya quedó como una de las cien personalidades más influyentes del mundo... Bueno, lo que le falta es el Premio Nobel, y se lo darán. Cuando nuestra Academia recibe la invitación de la RAE, no está su nombre, no está Yoani... Pero ya están los nombres de algunos profesionales de la contrarrevolución, gente que aquí estuvo presa y se escapó... Y uno se pregunta: ¿qué hace este ahí?? Por otra parte, estaban políticos, funcionarios, gerentes de empresas... ¿Qué iban a aportar a un congreso de la Lengua?

Las relaciones con la Real Academia Española, pese a la negativa de Cuba a participar, parecen ser las mejores. Esta semana en una entrevista que propició El País digital, Víctor García de la Concha decía que las relaciones con la Academia cubana son cordiales, ¿qué cree usted?

Son normales las relaciones. García de la Concha es una persona respetable. No tenemos ningún conflicto con la RAE. Están haciendo un buen trabajo. La edición de los diccionarios me parece magnífica, aquella edición crítica de El Quijote me pareció excelente. No tengo objeción profesional que hacerle a la RAE; pero, de pronto se viste de empresa mediática y aparece en escena el señor Carlos Alberto Montaner. ¿Y por qué Montaner y no Retamar, nuestro director, por ejemplo? Entre la obra del periodista Montaner y la de Retamar, o Fina García Marruz, o alguna de nuestros o nuestras jóvenes lingüistas hay una considerable distancia. Dicen que Montaner es el único agente de la CIA con carnet que se conoce públicamente, pero eso aparte, ¿qué rayos iba a hacer allí, en ese Congreso?

¿Y por qué no se contrarresta eso?, ¿por qué no participar en el Congreso virtual que ha suplido, en algo, el malogrado Congreso de Chile?

En la medida en que intervengas estarás legitimando la maniobra… No tienes manera de competir con ese monstruo mediático ferozmente “anticastrista”, para decirlo en su jerga. Tengo entendido que los textos de Yoani aparecen en decenas de periódicos, en no sé cuántos idiomas. Si yo participo y me atrevo a hablar de este país sin analfabetos y donde todos pueden comprar un libro, ¿en cuántos idiomas crees tú que se publicará ese testimonio de un intelectual “castrista”? No, prefiero abstenerme. 

Última pregunta: ¿cómo entra usted a la Academia? ¿Por qué ocupa la letra O, por ejemplo?: ¿por las tres “o” de su nombre y apellido… o…?

No, es parte de una tradición. Los académicos son también seres humanos y, naturalmente, van muriendo. El que ingresa ocupa la silla simbólica, representada por una letra del alfabeto, que su predecesor dejó vacía.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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