Año VIII
La Habana
2010

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La mariposa perdió su red

Miguel Ernesto Gómez Masjuán • La Habana 
 

Esta podría ser la línea argumental de una de las tantas películas que siempre tienen la palabra “red” en alguna parte del título: un grupo de expertos se desespera ante su incapacidad de identificar al enemigo sin rostro que, detrás de un ordenador, dirige sus fechorías; luego él comete un error y es todo lo que necesita un cuerpo de seguridad para irrumpir en la casa del hacker y tomarlo prisionero.

Hasta aquí la historia pudiera funcionar para una obra de ficción; pero si el hacker adopta una identidad, Netkairo; los hombres en su búsqueda son expertos y agencias de seguridad de varios países y los daños causados son muy reales, entonces ya no se trata de una película, sino de la saga de Mariposa, nombre que recibió una gigantesca “botnet”, término técnico con el que se conoce a las redes de computadoras infectadas, convertidas en zombis, por la acción de un virus.

Durante un largo tiempo Mariposa mantuvo a muchos en tensión. Nadie parecía capaz de identificar a los miembros de la red y los estragos causados seguían en aumento. Los hackers controlaban millones de ordenadores —la policía española manejó una cifra cercana a los 13— y esto los convertía en una opción muy atractiva en los planes de otros criminales.

Para camuflar sus identidades, Netkairo y sus secuaces empleaban múltiples vías, especialmente hacían uso de las llamadas “redes privadas virtuales” y a las agencias de seguridad informática les resultaba imposible determinar las direcciones IP (Internet Protocol) desde las que provenían los ataques. 

El modo de acción para sumar un ordenador a la “botnet” era sencillo: un fallo en la seguridad de los navegadores posibilitaba la entrada de un virus, adquirido a través de Internet, el cual convertía a la computadora en zombi, es decir, podía ser controlada a distancia y el usuario ni siquiera notaba que estaba siendo utilizado para actividades ilícitas. 

Una vez que los hackers tenían conformada una amplia red, la aprovechaban para múltiples propósitos: en primer lugar extraían información personal almacenada en los zombis (números de tarjetas de crédito, cuentas bancarias) y luego “blanqueaban” ese dinero a través de juegos online de póker; además, obligaban a los ordenadores a visitar sitios que tuvieran contratos con Google y de esta manera, al recibir millones de visitas, pues más cobraba ese sitio web por la publicidad.

Como si esto no fuera suficiente, el DDP —Días de Pesadilla Team, nombre seleccionado por los hackers— también alquilaba sus zombis a otros grupos para que estos lanzaran, sobre todo, ataques de denegación de servicio. Por ejemplo, si alguien quería dejar a un sitio sin conexión, le pagaba a DDP para que dirigiera millones de peticiones al servidor donde estaba alojado el sitio atacado. Estos servidores no aguantaban las demandas, y la página quedaba fuera de servicio.

Mariposa centró la atención de los expertos y la solución al problema llegó de una forma inesperada: finalmente en diciembre de 2009 la “botnet” dejó de funcionar. Esto no lo esperaba Netkairo, y cometió el error de intentar recuperarla sin antes enmascarar su identidad. El hacker se conectó desde su hogar y la policía solo tardó unos minutos en llegar a la casa donde habitaba el hombre, cuyo nombre no fue revelado, pero sí que tenía 31 años de edad.

Para sorpresa de muchos, solo fueron capturadas tres personas, todas de nacionalidad española, quienes supuestamente manejaban Mariposa; aunque esto no queda claro todavía porque ninguno de los piratas poseía grandes conocimientos técnicos, lo que deja abierta la posibilidad de que fueran intermediarios.

Con la detención de los implicados, llegaron más datos que ilustran cuán extendida estaba la “botnet”: las víctimas de Mariposa —ordenadores controlados— podían localizarse en 190 países e incluían a usuarios domésticos, medianas y grandes empresas, universidades y hasta agencias gubernamentales.

La caída de la red Mariposa, más allá de las historias policiales que probablemente se verán reflejadas en algún momento en el cine, colocó en la agenda pública, una vez más, el tema de la seguridad informática. ¿Es suficiente tener un software antivirus? ¿Cómo evitar que nuestra computadora se convierta en zombi de una “botnet”? Son preguntas que se hicieron muchos internautas en distintos foros de Internet. Lo más preocupante podría ser que las respuestas no son del todo convincentes ni efectivas, quizá porque los hackers también las conocen.

 

 

 

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La Habana, Cuba. 2010.
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