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Con la entrega de los premios en el
Salón de los Vitrales de la plaza
Antonio Maceo, concluyó la oncena
edición del Festival Internacional de
Documentales Santiago Álvarez in
Memoriam, nueva confirmación del
excelente estado de salud que
caracteriza al género, en Cuba y en el
mundo, en fechas recientes. Los
principales premios del jurado oficial
recayeron en obras cubanas, de
Venezuela, Francia y Brasil, en
particular Eso que anda, dirigido
por Ian Padrón (primer premio, mejor
diseño sonoro, edición) y Éramos
invisibles, de la venezolana Ana
Luisa Pereira (Gran Premio, mejor
dirección), Partir o morir, con
nacionalidad francesa y dirigido por
Rodrigo Sáenz Ramírez (segundo premio,
mejor fotografía) y Alumia
(tercer premio y mejor guión).
La documentalística brasileña triunfó en
otros dos acápites: El Premio Especial
del Jurado se adjudico a Utopía y
barbarie, de Silvio Tendler,
mientras que, por su acercamiento
delicado y humanista a varios personajes
que habitan la finca San Francisco,
Alumia recibió también el galardón
que otorga todos los años la Escuela
Internacional de Cine y Televisión de
San Antonio de los Baños.
Esta edición del Festival destacó por el
impulso que se confirió a un taller de
creación documental con niños de la
comunidad San Pedrito, por un concurso
también internacional de fotografía (una
disciplina artística estrechamente
ligada al género testimonial) y la
conferencia de prensa de Juan Formell,
el fundador y líder histórico de los Van
Van, para acompañar el estreno del
documental Eso que anda,
finalmente laureado entre los mejores
del concurso.
Reynaldo González: Ese ojo que nos ve
“Suma de textos escritos desde una
perspectiva desprejuiciada, y en
lenguaje asequible y ameno”, el libro
Cine cubano, ese ojo que nos ve, fue
uno de los sucesos relevantes durante la
ocurrencia de la oncena edición del
Festival Santiago Álvarez in Memoriam,
que ha rendido homenaje, también, a
Reynaldo González, autor del libro antes
citado. Presentado por Aida Bahr,
directora de la editorial Oriente, que
viene publicando varios títulos
relativos a la temática cinematográfica,
Reynaldo subrayó la revitalización del
pensamiento sobre el audiovisual,
gracias al estímulo del ICAIC a este
respecto, porque “puede que no estemos
viviendo la mejor salud del cine cubano,
pero sí ha crecido la cultura
cinematográfica” a través de un conjunto
de libros que reflexionan sobre el mundo
del cine, aseguró el narrador y
ensayista, Premio Nacional de
Literatura.
En medio de la incesante actividad y las
proyecciones de un Festival marcado por
la presencia de documentalistas y obras
procedentes de Venezuela, Francia,
Qatar, Cuba, Brasil —la célebre
realizadora Teté Moraes concursa con
Nací para bailar. Joao Donato La
Habana-Río, mientras que por Cuba,
fue recibido calurosamente Una
historia en blanco y negro, de
Gloria Argüelles, ambos reconocidos con
sendas menciones oficiales—, Reynaldo
comentó las principales temáticas del
libro (relación con la música, las
rumberas, los inicios del cine en Cuba,
la crítica, Tomás Gutiérrez Alea) y
selló su presentación, antes de pasar a
la venta “masiva” del libro, asegurando
que le debía un texto a Santiago
Álvarez, en su opinión, el mejor
narrador del cine cubano, alguien con
una capacidad proverbial para dialogar
con su público y con la época que le
tocó habitar.
Para el viernes 12, el Festival propone,
como “plato fuerte” teórico, la
conferencia del ensayista e historiador
brasileño Paulo Antonio Paranagua, uno
de los más destacados conocedores de las
dinámicas y proyecciones del cine
latinoamericano en el ámbito de la
crítica y la teoría sobre estos temas.
Paranagua ilumina Festival Santiago
Álvarez in Memoriam
Avezado en detectar las tendencias
dominantes, los protagonismos más
significativos y las plataformas que se
proyectan al porvenir, dentro del cine
latinoamericano contemporáneo, el
investigador brasileño Paulo Antonio
Paranagua disertó sobre tales sujetos y
cauces en la conferencia titulada La
subjetividad en el documental de América
Latina, en la cual describió, más
bien desmontó, la más reciente
metamorfosis de este género audiovisual,
a partir de la desideologización, o la
pérdida del compromiso político, y del
sentido social, que se aprecia en
documentales recientes, y
significativos, como los brasileños
Edificio Máster y Santiago,
el cubano-chileno Telón de azúcar,
el mexicano Del olvido al no me
acuerdo, o el argentino Los
rubios, entre muchos otros
mencionados por el ilustrado estudioso.
Aseguró Paranagua que en estos
documentales se percibe, paralelamente
con la búsquedas de renovación formales,
la profundización en la intimidad de los
personajes, las llamadas “voces del
documental”, más allá de su adscripción
a determinada clase social o tendencia
política, a diferencia de la tónica
marcada en estas tierras durante las
décadas de los años 60 y 70, cuando los
sujetos se exponían en pantalla
atendiendo a su dimensión de iconos
sociológicos o políticos. Los mejores
documentales latinoamericanos, en fecha
reciente, prefieren atender a la primera
persona en su singularidad ontológica, y
en esa dirección, los realizadores
exponen no solo su manera de ser y de
pensar, sino también las reflexiones
sobre el cine en tanto lenguaje.
“El documental ya no es solo un tema a
desarrollar —dijo Paranagua— sino, sobre
todo, una mirada, una manera de
acercarse a un tema y de
instrumentalizarlo de manera singular”.
Y para concluir, luego de referir su
parecer sobre otros documentales
contemporáneos de mucho valor como el
cubano Suite Habana o el
argentino La televisión y yo,
aseguró que la creciente subjetividad de
los documentales latinoamericanos
contemporáneos tiene mucho que ver con
la decisión del realizador sobre
opciones formales, y puntos de vista
singulares respecto a la dramaturgia, la
estética y la sociedad que el documental
contiene e informa. |