Año IX
La Habana
24 al 30
de JULIO
de 2010

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Elijo la sinceridad de la guitarra

Helen Hernández • La Habana

Fotos: La Jiribilla

 

Una de las hazañas culturales de Santa Clara radica en realizar de manera ininterrumpida desde hace 13 años una peña semanal que reúne, en el Centro Cultural El Mejunje, a una tropa de juglares del siglo XXI, empeñados en defender la continuidad de la trova en Cuba. La Trovuntivitis es el espacio por excelencia para definir lo que viene sucediendo con la canción inteligente en las últimas generaciones, pues ha logrado gestar una verdadera cofradía trovera, singular no solo por la talentosa y a la vez variada propuesta de los bardos que la integran, sino porque la fidelidad de su público demuestra una vez más la inmortalidad de esta manifestación musical entre los nacidos en esta Isla. 
 

Fue escuchando cada jueves a esos poetas con guitarra que comenzó Yaima Orozco a enamorarse de la trova. Si de reconocer influencias se trata, para quien hasta hace muy poco fuera la única integrante femenina de la peña, los cantautores santaclareños resultaron la inspiración principal para aventurarse por ese camino.  

Empezó en los micrófonos como vocalista acompañante de los creadores Alain Garrido, Leonardo García y Diego Gutiérrez, hasta que hace poco más de cinco años deslumbró con sus primeros temas a los asiduos de El Mejunje.  Para quienes la escuchamos por entonces y hoy acudimos a sus peñas o conciertos, no es difícil constatar el acelerado crecimiento creativo de esta mujer de 29 años. Sus dotes interpretativas, ya evidentes en las primeras presentaciones en solitario, han continuado escalando calidades, al tiempo que se le suma un logrado dominio de la escena.  

Junto con la instrumentista y compositora Irina González, viene desarrollando en los últimos tiempos un interesante trabajo que las llevó a la pasada edición del Festival de la trova Pepe Sánchez, en Santiago de Cuba, y a realizar exitosos conciertos en Matanzas y en la Casa de las Américas, Ciudad de La Habana. La unión de las trovadoras ha enriquecido la profundidad musical de sus respectivas obras individuales y las hace despuntar como probables referentes de la trova contemporánea.  

La industria discográfica y la difusión continúan sin notar propuestas de este tipo, resueltas a seguir la marea de banalidad que homogeniza los gustos de las grandes audiencias. Pero Yaima no parece amilanarse con estas “nimiedades”. O, más bien, reacciona ante ellas con las buenas ansias de labrar nuevos mundos a guitarrazos; convencida de la vocación que ha dado sentido a su existencia; con una inalterable sonrisa para enfrentar los avatares de la vida y un valor casi ingenuo para medir su talento junto a grandes figuras y en renombrados escenarios.  

De este modo se me ha perfilado la cantautora a través de una amistad cultivada a trancos entre lejanías, conocidos comunes, la fugacidad de eventos, conciertos y encuentros azarosos. He descubierto a la muchacha que no teme a temblores de tierra, capaz de pernoctar en alejados parajes con tal de mantener un espacio fijo en la capital, la de la guitarra presta a salir del estuche ante el solo asomo de la descarga y revelar así el universo de anhelos y voluntades que definen a Yaima Orozco como trovadora. 

En uno de sus frecuentes viajes a La Habana para realizar la peña que desde hace unos meses conduce en el Patio de la EGREM, Yaima encontró lugar para compartir el café y las palabras. 

¿Cómo llegaste a La Trovuntivitis?     

Siempre tuve inquietudes artísticas e intenté alcanzarlas por muchas vías: danza, teatro, locución; pero en realidad lo que me gustaba era cantar. Por eso estudié educación musical en el Pedagógico, porque me aconsejaron que ahí podía conocer algo de música. Cuando tropecé con la trova en El Mejunje, me convencí de que si algún día me iba a dedicar a la música, esa era el estilo que debía cultivar.  

Participaba en los festivales de cultura de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), pero no me daban premios y, tal vez por eso, no confiaba mucho en mis condiciones como cantante. Fue en una de esas galas que me vio el trovador Alain Garrido y me propuso que lo acompañara en un concierto. Luego de esos, hice voces para Leonardo García y Diego Gutiérrez con su banda y de esa manera pasé del público a pararme detrás del micrófono. 

Cuando me gradué de la universidad, no sabía guitarra, porque nunca pensé hacer canciones. Si alguna vez tuve en mente cantar, fue solo como intérprete. Aprendí a tocar de manera autodidacta, ayudada un poco por Alain Garrido, mirando cómo se ponían los acordes, aprendiéndome otras canciones. 

En ese tiempo la peña se hacía en el bar de El Mejunje, pero por la cantidad de público hubo que pasarla al patio y coincidió con que yo había compuesto alrededor de tres temas medio escondida. A mí me encantaron, de hecho todavía las tengo en mi repertorio, y se los enseñé a Alain. Recuerdo que por ese tiempo me fui con él a un evento en Camagüey, en el que me encontré con trovadores jovencitos de La Habana y Holguín, y me sentí cómoda para enseñarles lo que estaba haciendo. Noté que les gustaba, sinceramente, y cuando regresé aproveché el cambio de espacio de la peña para cantarlas. Tuve la suerte de que todo funcionó. Ahora sé que mi vocación es cantar, pero este tipo de música. 

Un colega bromea diciendo que con tu voz, tus canciones, tu físico y un buen productor, pudieras ser una superestrella. Más allá de la ironía, lo cierto es que apuestas por un tipo de música que no privilegia la difusión, que tal vez exige un poco más de esfuerzo. ¿Por qué? 

Me identifico mucho con la expresión de la trova. Haciendo este tipo de canción puedo ser yo misma, me siento libre, no tengo que esconderme ni esconder nada. Cuando escribo es como si estuviera conversando con un amigo, sin temores, sin guardarme cosas, sin secretos. La trova me inspira confianza. También me resulta hermosa la idea del trovador con la guitarra, saber que con ese solo instrumento se puede decir tanto. Aunque ahora se está apostando por enriquecer la música con otros formatos, yo elijo la sinceridad de la guitarra.  

Por otra parte, estoy convencida de mi decisión. Encontré una ocupación en la que quiero pasarme la vida y tengo aspiraciones de ir adelante con ella, de que me conozcan en mi país y la juventud escuche mi música. A lo mejor soy muy ambiciosa, pero quiero que me lleven en los mp3. 

Con la trova hay problemas de divulgación y promoción, no se graban discos, no se realizan videos clips, y esas son las vías por las que un artista puede llegar a ser reconocido nacionalmente. A los trovadores de provincia nos va peor porque en La Habana tienen a su alcance todos los medios nacionales.  

Estar inmersa en el contexto cultural santaclareño debió haberte aportado bastante. ¿Cómo ha funcionado tu relación con los demás artistas de la provincia? 

No creo mucho en eso de las influencias, porque al final uno va tomando un poco de todo el mundo; pero yo llevo en vena la trova santaclareña. Para mi formación musical, el trabajo en equipo ha sido fundamental. Nosotros tenemos cada uno nuestras carreras, pero a la hora de hacer conciertos nos apoyamos en los otros. Somos muy amigos, estamos cerca todo el tiempo no solo para el trabajo, también nos visitamos, conversamos, compartimos las cosas de la vida. 

¿Son muy exigentes entre ustedes?  

Siempre está volando la broma de que nos llevamos recio y sí, nos ayudamos. Yo les he enseñado canciones y me han sugerido cambiar un verso, una frase, la armonía en determinado momento; pero lo que más nos favorece es la posibilidad de trabajar en conjunto. Saber que tú puedes mostrarles tu canción a personas que le van a aportar y van a ser sinceras. No buscamos la competencia, sino mejorarnos entre todos. El trabajo con las voces también enriquece muchísimo, y todo eso es comidita fresca que me ha llegado de primera mano para superarme.  

En Santa Clara la trova ha podido desarrollarse en los últimos años como en casi ninguna otra provincia del país.  

Verdaderamente nos va muy bien. Aparte de ser muy queridos por el público, las instituciones nos tienen en cuenta. Casi todos los trovadores en Santa Clara somos profesionales, y siempre estamos insertados en las acciones culturales más importantes de la provincia. Los medios de allá también nos dan un puesto. Promueven mucho nuestra música por la radio y la televisión, se preocupan por apoyarnos. También porque es evidente que funciona. Al Mejunje entran 500 jóvenes cada jueves, porque en Santa Clara la trova convoca.  

¿Y cuándo llegan a otros lugares? 

También convoca. Es notable la sensación que causa la Trovuntivitis cada vez que se presenta. A la gente le llama la atención el show que montamos, la informalidad, el intercambio, la frescura. Además, somos muchos y existe variedad. Aunque tenemos un misterio que nos une y nos identifica como trova santaclareña, existe una marcada diferencia entre nosotros.  

Además del Mejunje, también han surgido otros lugares para la trova en Santa Clara.

El Mejunje ha ido creciendo y ha tomado otro ritmo, algo más acelerado. Ya no podemos cantar los jueves cancioncitas suaves como antes. Generalmente nos presentamos con otros músicos y le damos al público lo que quiere oír. Pero eso nos llevó individualmente a buscar nuevos espacios para hacer otro tipo de canciones y trabajar arreglos diferentes. Tengo desde hace un tiempo una peña en la UNEAC, Alain Garrido también y Roly Berrío tiene una en el Museo. A veces te parece que no te van a ir a ver porque estamos en muchos lugares tan seguido, pero fíjate si hay demanda que también se llenan.  

En mi peña invito a trovadores de otras provincias y, como me gusta tanto esto de ser la anfitriona de un espacio y poder producirlo, me ha dado por decir que lo que estoy haciendo es un Longina (Festival de trova) mensual. 

Tienes también un espacio fijo en la Casa de la EGREM, en Ciudad de La Habana. Si les va tan bien por allá, ¿por qué te decidiste a probar en la capital? 

Estoy intentando venir a La Habana cada vez que puedo. Es que a veces sientes que en tu ciudad llegaste a un punto, porque ya te conocen y hay un público que te sigue casi como un amigo. Con él las cosas están bien, pero yo quiero ponerme a prueba, sondear en otros espacios y saber hasta dónde llega mi música con otra gente. Uno desea conquistar escenarios mayores y eso es lo que me ha sucedido. Siento que estoy lista, que me lo pide el momento de mi carrera. Por eso estoy probando con la peña en la EGREM, y hace poco hice un concierto junto con Irina González en la Casa de las Américas. 

Háblame de esta unión con Irina. ¿Desde cuándo cantan juntas? 

Ella viene trabajando con los trovadores desde antes de que yo comenzara a hacer canciones, porque es una gran músico, multifacética: toca piano, oboe, flautas dulces, armónica, y es muy talentosa en los arreglos musicales. Parece que esa misma cercanía a la trova la motivó a componer canciones hace más o menos un año y tal vez porque somos mujeres, porque éramos amigas desde antes, por la empatía entre nosotras, nos aproximamos. Se nos ocurrió armar un concierto juntas y cuando lo hicimos la primera vez, nos gustó tanto la manera en que se enriquecía la obra a dos voces y dos guitarras, que seguimos intentándolo. Al ver la aceptación que ha tenido en Santa Clara se nos ocurrió llevarlo a otros sitios. Fuimos a Matanzas, a Santiago de Cuba en el Pepe Sánchez y La Habana no podía faltar.  

Todavía no sabemos si vamos a quedarnos como dúo. Los amigos nos dicen que no lo pensemos, pero ninguna de las dos lo tiene muy claro. Creo que Irina está pasando por un momento diferente en su vida creativa. Pero ella estudia composición en el Instituto superior de Arte (ISA), escribe para orquesta, toca varios instrumentos, y con todo el talento que tiene puede caminar más allá de la trova. Por ahora seguiremos presentándonos en cuanto tengamos un chance, juntas o en solitario. 

Hasta que llegara Irina tú eras la única mujer de la Trovuntivitis. ¿Cómo fue el proceso de inserción en este espacio mayoritariamente masculino? 

Tenía temor, porque sabía que me estaba atreviendo a algo sin la seguridad de que iba a resultar. Pero yo soy un poco valiente para esas cosas. Empecé sin mucha visión de lo que me estaba enfrentando, hacía canciones porque las sentía y parece que por ese mismo modo de entrarle a la trova, con esa misma sinceridad, fui recibida. Me fue cómodo pertenecer a la Trovuntivitis, no pasé ningún trabajo, e incluso fueron los trovadores santaclareños los que me embullaron a cantar. Me invitaban a sus conciertos y fueron ellos los que poco a poco me abrieron el huequito.  

El tema principal de tus canciones es el amor. ¿No has pensado abrirte a otros asuntos? 

Ahora mismo estoy pensando en eso, en hacer otro tipo de canciones, porque hay muchas otras facetas de la vida que me interesan. Lo cierto es que no me salen. Y es que todavía no logro el oficio de componer. Compongo por vivencias personales, cosas que me conmueven, y casi siempre están vinculadas con el amor.  

Se especula mucho sobre si la trova podrá o no sobrevivir en la actualidad. ¿Qué piensas tú al respecto? 

Confío en que nosotros vamos a lograr mejores espacios, que nuestra obra se va a tener más en cuenta. Y no es por otra cosa que porque la trova es un movimiento de antaño, que con el tiempo ha venido creciendo, que no deja de existir. Los trovadores no pueden parar el sentimiento que les brota, y siguen haciendo canciones. La trova tiene mucha fuerza ahora mismo. Todos los días salen personas dispuestas a defender este tipo de música y estamos conquistando a un público joven. Los medios de comunicación poco a poco apuestan por nosotros. Con un poquito de fe, y ni siquiera de fe, si seguimos trabajando, cantando con ganas y con sinceridad, lo vamos a conseguir. Vamos a poner la trova también en el gusto de la gente que va a la disco.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
IE-Firefox, 800x600