Año IX
La Habana
2010

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Amigas
Amado del Pino • La Habana

A menudo hablo de mis amigas. Las he tenido buenas. Cuando leí aquello de Sartre en que proclamaba a las mujeres como más inteligentes que los hombres, andaría por los 20 años. El machismo residual salpicaba todavía algunas de mis actitudes. Vulgarizando el asunto más bien me dije: “No, querido Sartre, las mujeres lo que están es buenas y lindas, no hay otra opción que adorarlas, pero inteligentes de verdad son mis amigotes del bar y las escaramuzas literarias”.

A mis 50 exactos, comparto el criterio del mediático escritor francés. Tengo más amigas que amigos en los últimos años. Hilda Guevara se me fue temprano, después de una relación en la que hubo bastante de risa y de bohemia pero también cariño, complicidad, intercambio de ideas.

Con las hermanas Lillian y Vivian Lechuga me ha sucedido algo curioso pero enriquecedor. De la primera fui colega en los intensos años de trabajo en Juventud Rebelde. La terraza de su amable hogar en la muy habanera calle Paseo se convertía muchas veces en continuidad de los debates y los afanes de la redacción. Por esos tiempos salían poemas de mis dedos y a Lillian y a su encantadora hija Lilita Martinó les gustaban, prestaban una máquina de escribir y me hacían sentir como un pianista de jazz que improvisa para los amigos un domingo por la tarde.

Entonces, Vivian era “la hermana de Lillian”, que asistía a algunas fiestas. Fue siempre muy agradable y se hacía acompañar de su ya por entonces brillante hijo, Carlitos. Las vueltas de la vida y de la profesión me han llevado a que ahora la amistad más entrañable y continuada la sostenga con Vivian —la editora formidable, la consejera de todo momento, en altas y bajas— y que Lillian haya pasado a “desempeñar la plaza” de hermana que visito o a la que se le mandan fraternales saludos.

A Adriana del Pino le gustaría que la sumara a la antología de las amigas. Pero los psicólogos dicen con razón que eso de padre y amigo no pega, no juega, no funciona demasiado. De lo mucho que hay de amistad en el amor —que en mí es sinónimo de Tania— hay bastante bueno que decir.

Hay quien se la pasa pidiendo suerte, dinero, ascensos. Y es muy natural y humano. Ya se sabe que el dinero no hará la felicidad, pero HACE falta. Yo no digo que sea de poco pedir, pero si algo reclamo para el futuro es amigas con las que acompañar el trabajo, el desasosiego y tantas otras pequeñas fortunas o pifias.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2010.
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