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¡Llegó el circo! Y el
teatro Karl Marx y la
carpa Trompoloco, en el
municipio habanero de
Playa, se poblaron de
miles de espectadores.
La alegría infantil, los
rostros de asombro, la
expectativa y la
sorpresa en cada giro
del artista, regresaron
de la mano de la 9na
edición del Festival
Internacional Circuba
2010, que a mediados de
agosto atrapó la
atención del público
habanero.
Elegancia en los
movimientos, seguridad
en cada salto, ligereza
en los ejercicios
acercaron en sus
presentaciones a los
artistas llegados de
EE.UU., Venezuela,
Rusia, México,
Argentina, España y
Cuba, quienes
compitieron, en buena
lid, por los galardones
de un Festival que, poco
a poco, va recuperando
el espacio alcanzado en
el panorama cultural de
la Isla y del área en
los 80.
Luego de cinco largas
jornadas, un jurado
presidido por José
Felipe Rodríguez (Cuba)
e integrado por
personalidades del circo
de Rusia, Japón, Suiza y
EE.UU., decidió otorgar
el Grand Prix de Circuba
2010 a los carismáticos
e intrépidos jóvenes del
grupo de barra fija con
levitores, de Compañía
Havana (Cuba), que
tantos aplausos
conquistaron en sus
presentaciones por el
excelente quehacer
escénico y la perfección
de sus integrantes, en
un número muy raro ya en
los circos del mundo por
su complejidad.
En una larga ceremonia
de clausura, obtuvo el
primer premio un joven
que atrapó al auditorio
desde su primera
aparición porque aúna,
en su ejercicio de
gimnástica en cintas
aéreas, la destreza y la
elegancia con la
actuación: Donet Collazo
(Cuba), quien logró
además el Premio de
interpretación masculina
con una actuación que
recuerda mucho al ballet
clásico, solo que esta
vez danza por el aire.
El segundo lugar recayó
en el original
malabarista ruso, Denis
Chindyaskin ―durante las
funciones mostró un alto
nivel de ejecución de un
número que, aunque
habitual en estas lides,
resultó novedoso por la
unión de variados
elementos que lo
distinguieron de muchos
otros―, mientras que el
tercero fue para el dúo
Rose (trapecio), de
EE.UU. La hermosa pareja
(hombre y mujer) “armó”
un poema visual con sus
cuerpos en las alturas y
cautivó por la
plasticidad, el lirismo
y precisión de un número
que será largamente
recordado. Hay que
señalar, además, que era
la primera vez, luego de
más de 50 años, que
artistas circenses
norteamericanos actuaban
en un escenario cubano.
No cabe duda de que fue
un hermoso regalo de
Circuba.
El galardón de
interpretación femenina
quedó desierto, pues el
jurado internacional
consideró que no hubo un
ejercicio que lograra
ese extra, capaz de
arrebatar el premio.
Menciones doradas
recayeron sobre la
singular Troupe Scala
(Cuba), de acrobacia en
báscula ―una agrupación
de mucho profesionalismo
que convenció en todas
sus presentaciones, a
las que sumaron muchos
deseos de hacer―; el antipodista Ángel Vivas
Ayala (México); el
equilibrista en manos
Maxim Minasov (Rusia)
―quizá uno de los
números más elegantes
del encuentro―; el grupo
de barra rusa de
Compañía Havana (Cuba);
el pulsador cubano
Lázaro Méndez, el dúo de
cintas y el Ballet de la
Universidad
Mesoamericana de Puebla
(México). También hubo
menciones de plata.
El anhelado Premio de la
Popularidad, que otorga
el público asistente a
las funciones, fue a
manos del payaso cubano
José Opitz Peña (Pepitín),
quien llenó siempre el
escenario de alegría y
demostró su
versatilidad-carisma en
el difícil arte de no
solo hacer reír. Él puso
de relieve que la
tradición de este
personaje sigue viva en
Cuba.
“Mestizaje”, un original
espectáculo del dúo de
cintas aéreas y el
Ballet de la Universidad
Mesoamericana de Puebla
(México), que en escasos
siete minutos resume la
historia y tradiciones
de un continente,
llevadas magistralmente
al arte circense, obtuvo
el Premio de la Imagen.
El jurado en esta
categoría estuvo
encabezado por Julio
Alberto Revolledo
(México) y contó con
otros miembros de Chile,
Rusia y Cuba. Durante la
ceremonia fueron
entregados, además,
otros lauros de
instituciones rusas,
mexicanas y cubanas.
Una mirada a Circuba
2010
El verano volvió a traer
de la mano al circo,
esas letras
apasionantes que
convocan las emociones y
las sorpresas, con
acróbatas, gimnastas,
malabaristas, payasos y
trapecistas llegados de
varios continentes.
Hasta la fecha, más de
40 mil espectadores han
podido disfrutar de este
arte primigenio que
ocupa primeros lugares
en la preferencia de los
cubanos. Amén de que la
concepción del
espectáculo y el balance
de los programas sumaron
también puntos.
Los días estivales
“regados” por el arte
circense pusieron en su
lugar a un Festival
Internacional que tuvo
un alto prestigio hace
20 años y que luego, por
diversas razones,
desapareció de nuestro
panorama cultural. Con
el esfuerzo del Circo
Nacional de Cuba, el
Consejo Nacional de las
Artes Escénicas (CNAE) y
otras instituciones, a
un ritmo lento y desde
hace dos años, ha
comenzado a resurgir. Ya
en esta 9na. edición
podemos ver los frutos
del arduo trabajo
realizado por los
organizadores en aras de
llevar adelante tamaña
empresa y, sobre todo,
poder sumar más países
del área y de lugares
donde esta manifestación
tiene hondas raíces, con
la finalidad de que el
espectador cubano pueda
satisfacer esa necesidad
de conocer lo que se
hace por el mundo. El
camino está abierto.
Con mucho gusto se
disfrutó el quehacer de
los artistas rusos.
Tanto el malabarista
triunfador como el
equilibrista en manos,
evidenciaron los rumbos
por los que desanda este
arte en la nación
europea, y nos
recordaron otros buenos
tiempos. De la República
Bolivariana de Venezuela
asombró ver el auge que
va alcanzado el circo en
ese país sudamericano y,
sobre todo, cómo en
escasos ocho meses se
han formado algunos de
los presentados en
Circuba, con la
colaboración de los
profesores y artistas
nuestros que laboran en
ese país. Ese es el caso
de Dicson Anciso
(gimnástica en cintas
aéreas) y Darwin García
(malabarista con
diábolos). Ellos fueron
largamente ovacionados
en sus trabajos por la
calidad, interpretación
y alegría juvenil que
acercaron a la escena.
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Hubo más dentro del
bloque de participantes
de otros países, entre
los que sobresalió, por
la limpieza y precisión,
el talentoso
equilibrista en manos
argentino, Meyer Román
Jacques, que constituyó
una pequeña “hendija” al
quehacer circense del
cono sur. También se
destacaron por su
carisma el malabarista
mexicano Omar Vivas
Ayala ―quien “coqueteó”
con el Premio de la
Popularidad―, y su
hermano Ángel, en un
ejercicio de antipodio,
que dejó boquiabiertos a
los espectadores por la
destreza y organicidad
exhibida en eso de hacer
“malabares” con los
pies. Ojalá para
próximas ediciones se
encuentren recursos y
posibilidades para
acercar a nuestras
pistas a artistas de
Asia (China, Vietnam,
Mongolia, Corea del
Norte), donde el circo
está muy desarrollado,
algo que de seguro
enriquecerá el encuentro
y agradecerá el
espectador cubano.
En relación con los
payasos presentes en
esta edición, debemos
significar que no
mostraron sus “garras”
en las reprises
expuestas e, incluso,
hubo algún que otro
ejemplo de gags fuera de
lugar que nada aportaron
pues hay que tener en
cuenta que el
espectáculo está
dirigido a un amplio
público, compuesto
fundamentalmente por
niños, multiplicados en
este tiempo de
vacaciones. Sin embargo,
un rayo de luz y alegría
regaló el joven cubano
José Optiz (Pepitín),
quien enseñó sus buenas
dotes artísticas, tanto
en el Discjokey,
particularmente en el de
La mosca. No por azar se
llevó, cada noche, las
más fuertes ovaciones y
las sonrisas del público
asistente y, por ende,
el lauro de la
Popularidad.
El circo cubano hoy
El circo cubano puso en
evidencia su buena
salud, demostró que está
vivo y busca caminos
interesantes, aunque aún
tiene mucho que
trabajar, sobre todo
para encontrar la
imagen-estética
adecuada, así como, en
algunos casos,
despojarse de
tradicionalismos
convencionales que
restan puntos a la
originalidad y entregar
una labor más a tono con
estos tiempos. Pero la
fuerza, el carisma y el
buen hacer de los
artistas del patio está
más que sobrado. Hubo
ejemplos fehacientes en
estos días de Festival.
Destreza y muchas
emociones “regaron” por
la pista del coliseo los
jóvenes artistas de la
Compañía Havana, que
dirige el laureado
artista Germán Muñoz, en
los diversos ejercicios
presentados. Podemos
subrayar el quehacer del
grupo en barra fijas con
levitores que se destaca
por la destreza, la
ligereza y la fuerza, y
el de Valtich, una
agrupación juvenil que
desborda alegría a
granel. Atraparon la
atención otros ganadores
―en grupos o
individuales―, y algunos
muy noveles que vienen
con fuerza como Daniel
Lamezón (Rolan Rolan),
Wendy Yera (Red aérea),
quienes dejaron en claro
los senderos por los que
cruza este arte en la
Isla.
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Durante el encuentro
llegó una feliz noticia:
el dúo de fuerza Reik
obtuvo la medalla de
plata del Festival de
Circo de Vietnam, y en
las dos últimas
funciones del Circuba,
el público cubano tuvo
la posibilidad de
ovacionar la excelente
labor de los jóvenes
integrantes, quienes
conquistaron uno de los
premios especiales de la
Universidad
Mesoamericana de Puebla,
México.
Y aunque el calor de la
carpa Trompoloco alcanzó
muchos grados, ―que
abarrotaba la sala― pudo
disfrutar del Circuba
2010 porque la pasión
del cubano por el circo
traspasa cualquier
barrera. Dado el éxito
del Festival, se
mantendrán las funciones
de miércoles a domingo,
hasta el 5 de septiembre
en los Ecos del Circuba,
en su sede de la carpa
del parque de la Isla
del Coco (5ta Avenida y
112, Playa). Artistas
cubanos premiados junto
con otros de Venezuela
se unen para seguir
grabando la magia y las
emociones en este
verano. Y después, 13
provincias cubanas,
acogerán este
espectáculo en el noveno
mes. |