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Aunque los precios ―en algunos casos―
obligan a rascarse duro el bolsillo,
este año en Cuba han abundado los frutos
de la tierra. Me ocupo buena parte de la
mañana del jueves en hacer compras en
varios agromercados y al final están
sobre la mesa las yucas, los boniatos y
las malangas. Para los lectores
extranjeros pasaré a comentar algo sobre
cada uno de ellos. También había papas
disponibles, pero preferí obviarlas.
Esto último les parecería increíble a
mis amigos españoles. Mi abuelo canario
también festejaba cada momento en que
podía adquirir “las papitas”, como solía
llamarlas, relamiéndose en el
diminutivo.
La yuca es negra, alargada y sale de
debajo de la tierra literalmente. Tirar
del cangre, sacar la yuca, es labor no
tanto ruda como de manos diestras. Se
trata de un tirón seco, único, exacto.
El boniato se ha visto a veces como un
pariente pobre dentro de las viandas que
el cubano adora. Yo no comparto esa
jerarquía. Redondo, dulzón, alimenticio,
figura entre mis preferencias. La
malanga es redondita o alargada y de un
sabor con algo de picantito, como una
pequeña y sabrosa travesura en medio del
paladar.
Este año ha sido el mejor en lustros en
cuanto a la producción de plátanos
machos. En Murcia invitamos a la yuca y
esta variante les encanta a muchos de
nuestros amigos en días de cumpleaños u
otros buenos pretextos. Para nuestros
anfitriones la palabra plátano
significaba solo un postre, una fruta
pequeña y dulce. Después los mercados
comenzaron la asimilación de estos
productos. La emigración crece y la
demanda cumple sus leyes.
Miro la mesa y es como si hundiera los
pies ―aún más― en el mundo de mi
infancia y adolescencia. En las largas
caminatas de ida y vuelta a la
secundaria pasaba muy cerca de los
sembrados de estos alimentos; el camino
del surco al plato era para nosotros
corto, expedito, natural.
Los plátanos fritos ―si son maduros,
mejor― constituyen una delicia, pero es
una de las formas más rápidas de
aumentar el colesterol u otros efectos
negativos de las grasas.
Mi mamá los hace casi siempre hervidos
por estos días. Resulta saludable y a su
vez el sabor nos recuerda más la
autenticidad y vigor de nuestra tierra. |