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Pedro Pulido es pintor,
grabador, dibujante,
ceramista y escultor;
también Jefe de la
Cátedra de Dibujo de la
Academia de Artes San
Alejandro y responsable
de un Taller Opcional de
Escultura en el propio
centro de altos estudios
―al
que está vinculado desde
el año 1958.
Por estos días y hasta
finales de septiembre en
el Palacio del Conde
Lombillo, en La Habana
Vieja, el profesor
Pulido muestra su más
reciente quehacer a
partir de una exposición
que incluye 12 piezas
—mármol y otros
materiales ensamblados—
y ocho dibujos
—cartulina y grafito—
que ha titulado
Erotic organic.
Según comentó en
entrevista exclusiva
para La Jiribilla,
Erotic organic
tiene sus antecedentes
en años anteriores
cuando talló la puerta
principal de su casa —de
madera— con bajos
relieves.
“El tema —dice— alude a
la puerta del infierno
de la conocida obra de
Dante Alighieri. Es una
escultura un tanto
paradójica porque tiene
en su cara anterior una
imagen opuesta a cuando
accedes a ella: una es
la entrada al Infierno y
la otra al Paraíso. El
tratamiento formal de la
cara Infierno es más
bien figurativo y
recuerda los bajo
relieves de la
xilografía, pero
realmente es una
escultura. Trata casi
todos los temas —muy
fusionados— de los
círculos del infierno en
que el Dante dividió los
pecados del hombre. En
el dintel de la puerta
—en los laterales— hay
un texto de la misma
obra que dice: “Por mí
se va al eterno
tormento; dejad toda
esperanza, pagad la
deuda, pagad”.
¿Esa es la génesis de
las esculturas
funcionales?
Efectivamente, porque la
puerta es un objeto
funcional que por lo
general es artesanal y
tiene una determinada
estética, pero no es una
escultura en el sentido
más académico de la
definición.
¿Cuáles fueron los pasos
que le llevaron hacia lo
que llama escultura
funcional?
Después hice la Puerta
de la Amistad, realizada
a finales de los 90 y
actualmente emplazada en
el patio central de San
Alejandro; al hacerla
participamos un grupo de
escultores cubanos y
extranjeros.
¿También en madera?
No, tallada en mármol
con esculturas exentas;
es decir, hay un salto
cualitativo por cuanto
—siendo puerta— las
esculturas están
flotando en el aire en
forma del signo de
Omega. Hay alrededor de
13 esculturas que
nacieron de un simposio
que convocamos en medio
del llamado período
especial, y en ese
momento existía el
peligro real de que la
escuela colapsara
producto de la propia
situación económica y
las carencias que
enfrentaba el país. Se
me ocurrió hacer un
encuentro entre
estudiantes de arte de
varias partes del mundo
y contactamos con
norteamericanos,
canadienses, españoles y
belgas. Reunimos a
varios estudiantes
cubanos y —juntos con
los de los países
mencionados y tres
profesores de la
Academia— concretamos el
proyecto.
¿Cuál es la magia o el
sentido que tiene la
escultura funcional?,
¿cuál es su valor
intrínseco?
Históricamente la
escultura no solamente
tenía del propósito de
hacer gozar a partir de
la apreciación visual
—que va desde la
escultura que hacían los
esquimales hasta las
concebidas en el
Paleolítico—, pero el
concepto de funcional se
fue desdiciendo. Es
decir, se quedaba
solamente en el aspecto
perceptivo y no iba a
otras esencias que
tienen que ver con los
sentidos. Abarcar estas
posibilidades siempre
estuvo dentro de mis
intereses, de ahí que he
investigado mucho sobre
el tema.
¿La relación entre la
escultura y el hombre es
algo que caracteriza a
la llamada escultura
funcional?
Caracteriza a la que yo
hago y la que espero
seguir haciendo. Aspiro
a que la práctica me
lleve a continuar
tocando determinados
resortes que hagan más
evidente esta intención.
Por el estrecho y largo
vínculo que tiene con la
docencia ¿cómo ve hoy la
enseñanza de la
escultura en Cuba?
La enseñanza de la
escultura en Cuba pasa
por lo mismo que en
cualquier parte del
mundo porque los
aciertos y dificultades
que tiene la escultura
son intrínsecos de su
propia ejecución. En
cualquier contexto —por
las características de
la escultura— está en
desventaja en relación
con otras
manifestaciones.
¿Esas desventajas son,
por ejemplo, el tamaño?
Las esculturas que hago
son de mediano y gran
formato y el peso es una
gran dificultad, también
la resistencia del
material, el lugar de
trabajo —que muchas
veces es agresivo para
la gente que vive
alrededor, sea por
exceso de ruido o de
polvo…— moverlas
mientras las estás
haciendo y luego
trasladarlas hacia el
lugar en que
definitivamente se
emplazarán. Todo ello
hace difícil su
ejecución.
Creo que hay que amar
mucho la escultura para
dedicarse a ella…
Una vez que a un artista
plástico lo atrapa la
escultura —a pesar de
estas dificultades a las
que se le suman las
económicas porque
precisamente por esa
razón se vende poco— es
difícil que la abandone.
En lo personal, después
de hacer grandes
esfuerzos para realizar
una exposición, me juro,
por lo más sagrado, que
no voy a hacer
esculturas de gran
formato porque quedo muy
dañado; pero cuando pasa
algún tiempito me
asisten nuevamente la
pasión y la necesidad de
hacerla. Vuelvo a caer
en su trampa.
Además de ese amor, ¿de
qué condiciones tiene
que estar dotado un
artista que apueste por
la escultura?
No creo que haya que
tener otra condición que
sentirse artista de la
plástica y estar
atrapado por la
escultura. No se trata
de hacer una estructura
sumamente grande o que
sea formalmente realista
—porque puede
convertirse en un
muñeco— y en esencia no
es una escultura. Lo
esencial es el concepto
de escultura; el creador
puede ser de gran
estatura o pequeño o
tener una complexión
corpulenta o no o puede
ser mujer u hombre, pero
lo que tiene que estar
es dotado de esa
sensibilidad, de ese
toque mágico.
La escultura es una
manifestación que tiene,
también, algo de
tecnología ¿cuáles son
las sorpresas que puede
dar la escultura?
En todas las
manifestaciones de las
artes plásticas hay
sorpresas. En la
cerámica sí sucede que
el horno tiene la última
palabra, pero en el caso
de la escultura una
fisura en la piedra
―que
le llamamos liso―
puede que nos sorprenda
y obligue a variar las
coordenadas iniciales.
¿Eso suele suceder?
Suele suceder porque en
el caso de las artes
plásticas cualquier
accidente no es casual.
Es un poco la relación
entre causa y efecto.
Cito al gran Miguel
Ángel que decía —más o
menos— que “la buena
escultura cuando se
despeña por una
pendiente y pierde una
cantidad de elementos,
esa es la escultura, lo
que quedó”. Por lo
tanto, un accidente en
cerámica, un accidente
de un pomo de pintura
que se vierte sobre una
cartulina, la fisura en
el mármol o la falta de
algún material, es la
obra final y lo que no
puedes es desdeñarla ni
deshacerte de ella.
Simplemente tienes que
preguntarte la causa y
el efecto y ahí está la
obra.
¿Muchos jóvenes
estudiantes
se inclinan por la
escultura?
Esto que voy a afirmar,
quizá, no le guste mucho
a mis compañeros de
trabajo o a otros
artistas que no se
dediquen a la escultura:
a pesar de todas las
dificultades que tiene
la escultura, hoy por
hoy es la líder dentro
de todas las expresiones
del mundo de la
plástica.
Conceptualmente y
formalmente es la más
completa.
Antiguamente en San
Alejandro se graduaban
dos o tres alumnos y en
los últimos diez años a
la hora de elegir en qué
se van a especializar,
por lo general, la
matrícula de escultores
es buena. Una captación
que roza sobre los 30
alumnos, nunca han
faltado diez, 12 ó 13
que acceden a la
especialidad, es decir,
un tercio del total.
¿Por qué ha optado por
el mármol?
Por su condición
imperecedera, la
escultura que me gusta
es la de espacios
abiertos —cuando el
artista la concluye se
desprende de él— y
discursa en su condición
de polisemia de una
generación a otra. Es
decir, hoy dice una cosa
y mañana otra y otra, y
eso es precioso. No es
lo mismo que un lienzo
en una pared o un
grabado en un formato
convencionalmente
pequeño, que es donde
más vive: la escultura
tiene otras condiciones
que son tremendas.
En el actual contexto
habanero, ¿cómo aprecia
la relación entre
escultura-hombre-ciudad?
En La Habana —al igual
que en otras muchas
ciudades del país— la
escultura se está
haciendo fuerte y en los
últimos 15 años la
ciudad se ve invadida
por toda suerte de
formas escultóricas. Ahí
están los artistas que
engalanan y que
identifican a la ciudad.
Te puedo hablar de un
proyecto —en estos
momentos algo detenido—
que contempla un grupo
de esculturas que van a
poblar la entrada de la
ciudad y que van desde
la salida del Túnel de
la Bahía de La Habana
hasta la Villa
Panamericana.
El proyecto existe y
estamos involucrados,
entre otros, José Villa
Soberón, René Negrín,
Consuegra, Kcho, Ramón
Casas, Eliseo Valdés;
son artistas reconocidos
que tienen su obra
dentro y fuera de Cuba.
Según nos informaron,
diariamente salen y
entran de la ciudad casi
un millón de personas
¡te imaginas cuántas
gentes pueden disfrutar
de eso!
De todas maneras siento
que La Habana pude
admitir muchas más
esculturas funcionales…
Así es.
Sé que encabeza un
proyecto que lleva el
nombre de ese gran
martiano que fue y es
Cintio Vitier, y que lo
promueven la UNEAC, la
Unión de Escritores y
Artistas de Cuba y el
Consejo Popular
Colón-Vedado, ¿cómo nace
y con qué objetivo?
Hace unos ocho años
aproximadamente comencé
en el lugar donde resido
—Calle 25, entre 22 y
24, en el Vedado— a
impartir clases a niños
de la comunidad y —luego
de saltar de una sede a
otra— decidí hacer ese
Taller en la terraza de
mi casa, que es donde
mayor cantidad de tiempo
hemos estado.
Pasado los años, uno ve
que esos muchachos
—además de permanecer—
crecen y luego aspiran a
entrar en San Alejandro
y muchos lo logran
gracias a sus cualidades
y también a las
enseñanzas que le hemos
transmitido. Uno siente
orgullo. Como proyecto,
hemos participado en
muchas exposiciones y
concursos y hubo un año
en que mereció ¡23
premios! En el seno de
su familia el niño
incide y cambia la
mecánica de ese núcleo y
sentimos la necesidad de
involucrar más a la
familia y al barrio.
Todo este trabajo previo
nos llevó —en agosto del
pasado año— a hacer
estas esculturas
funcionales en el
barrio, pero sin
pretensión de hacer un
proyecto sistemático.
Cuando había un cúmulo
de esculturas realizadas
—alrededor de las cuales
sucedían acontecimientos
culturales muy
interesantes como jugar
ajedrez o damas (porque
hicimos hermosísimos
tableros que están
emplazados en la calle y
que forman parte de las
esculturas funcionales),
de manera natural nace
el proyecto. Por
aquellos días había
fallecido nuestro
querido Cintio y optamos
por rendirle tributo
desde el arte.
A partir del mes de
agosto trabajamos muy
duro y el 20 de octubre,
Día de la Cultura
cubana, inauguramos
oficialmente el proyecto
que incluye una
biblioteca barriotera
que se llama Walterio
Carbonell —que fue un
escritor, periodista y
diplomático, ya
fallecido—. Es, además,
autor de un libro que
aborda la génesis de la
cultura cubana y
constituye un texto
inquietante que dinamita
—de algún modo— la
percepción de la
historia que nos
enseñaron en la escuela.
Los fondos de esa
biblioteca fueron
donados por los propios
vecinos y funciona en
una casa de familia.
¿Y “La paloma” que está
emplazada en la Calle 23
también surge como
resultado de este
proyecto o es anterior?
Surge de este proyecto y
fue emplazada el pasado
26 de Julio. Tiene tres
metros y es una columna
de mármol. En su cúspide
aparece una paloma —un
tanto abstracta— y de
ella pende un huevo de
acero incrustado dentro
de la piedra con un
texto que dice: “La paz
no es blanca ni negra,
es azul”. Intentamos
hacer un llamado para
que —hoy más que nunca—
cuidemos el planeta. La
obra alude, igualmente,
a lo peligroso que sería
otra guerra, lo cual es
una amenaza real en
estos tiempos.
Ahí, también, hay
emplazada una escultura
de Martí que tiene
varios conos de visión y
era muy difícil colocar
un busto del Apóstol que
mirara para un solo
lado; asumimos algunos
códigos de la tendencia
cubista de manera que
cuando accedes al
espacio el busto se
enfrenta a ti y
viceversa; es decir,
tiene tres imágenes
frontales y otras
secciones de la misma
estructura orgánica de
la cabeza.
¿Planes?
En la zona de La Habana
donde resido, existen
muchos espacios que
requieren del arte como
“El Fanguito” o “La
Dionisia”, que están
considerados barrios
insalubres necesitados
del crecimiento
espiritual de las
personas.
Concretamente son dos
proyectos: en la Calle
27, entre 26 y 24, hay
dos edificios que fueron
construidos en un
espacio donde debían de
haber existido tres
—parece que no fueron
muy bien diseñados— y se
accede a través de una
explanada (como de 45
metros) en la que el
terreno es abrupto. Ahí,
justamente, está el
consultorio del médico
de la familia y no
existe acceso expedito
ni para autos ni para
coches de niños y, mucho
menos, para ancianos que
tienen más limitaciones
a la hora de
trasladarse. Hemos
realizado un proyecto
que está en fase de
aprobación en el que
están incluidas ocho
esculturas funcionales y
un área de estar.
El otro proyecto se ha
dado en llamar “Las
casitas de Kohly” —que
también están en un área
un tanto desprotegida—;
son viviendas de madera
con tejas y hemos
concebido una
ambientación preciosa
para que luzcan como de
muñecas. Todo esto
formará un singular
conjunto arquitectónico
que, seguramente,
embellecerá aún más
nuestra ciudad. Ese es
el objetivo de todo:
unir lo bello y lo útil.
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