La Habana. Año IX.
5 al 11 de FEBRERO
de 2011

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Entrevista con Luis Najmías Jr., director de fotografía
Filmar también es un placer
Liliana Rodríguez • La Habana
Fotos: Ignacio Barrios y Cortesía del ICAIC

Cuando rememoro una y otra vez algunas de sus producciones, Luis Najmías Jr. se convierte ante mis en un perfeccionista de la luz y de la imagen, en un “realizador”, en un artista, en el más amplio sentido de la palabra. Después de graduarse en Comunicación audiovisual, en la especialidad de Fotografía, por el Instituto Superior de Arte (ISA), Najmías cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV) y en la Escuela Cantonal de Arte de Lausana, Suiza. Cursos, talleres y su desempeño como profesor han aderezado también el quehacer y la formación de este destacado director de fotografía cubano.

Una de sus más recientes producciones, Afinidades, es el filme de ficción, dirigido por Jorge Perugorría (Pichi) y Vladimir Cruz, en el cual Najmías seduce a través de la imagen. Exhibido por primera vez en el pasado Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana (2010), fue el resultado de mucho trabajo, pero también de una comunión fundamental entre el equipo técnico. Esta y otras inquietudes fueron algunos de los temas abordados en el encuentro exclusivo que mantuvo con La Jiribilla.   

¿Cómo llegó Luis Najmías Jr. al proyecto que preparaban Jorge Perugorría y Vladimir Cruz?

Trabajé como director de fotografía con Vladimir Cruz en el corto de ficción Soy yo acaso el guardián de mi hermano, en el cual, además de actuar, se desempeñó como director; a partir de esta colaboración me comentó acerca de un largometraje que estaba preparando con Pichi. Tiempo después me enviaron el guion y me propusieron ser el director de fotografía de la película. El guion me encantó y accedí gustoso a ser parte de esta aventura creativa.

En una entrevista concedida a Cubanow comentó que existen dos personas sumamente importantes en un equipo de filmación: el director y el director de fotografía. ¿Cómo fluyó esta relación?

Uno de los posibles conflictos en el rodaje de Afinidades era el hecho de tener dos directores, actores además. La dirección es un proceso muy intenso y, generalmente, muy individual, pues un mismo guion puede ser filmado de manera muy distinta por dos directores. Sin embargo, Vladimir y Pichi se complementaron muy bien a la hora de rodar la película y en todo el proceso de posproducción. Tenían muy claro el tipo de película que querían, el tono de la historia y su intensidad dramática. Respecto a su relación con la fotografía fueron muy exigentes con el resultado visual de la imagen y muy comprensivos con las necesidades de la fotografía, gracias a esto rodé con mucha comodidad.

Cada integrante del equipo visualiza de manera independiente lo que pretende de la producción audiovisual. Coméntanos cómo lograron esa comunión necesaria en el proceso de filmación. ¿Alguna anécdota?

El rodaje de los exteriores de la película ocurrió en Guamá, con un plan bastante ajustado en cuanto al tiempo para la filmación y a la necesidad de tener días soleados. Cada mañana a las 6:00 a.m., antes de la salida del sol, me levantaba a ver el cielo: si estaba estrellado tendría muchas posibilidades de tener la luz que necesitaba. Al mirar hacia la cabaña de al lado estaba Vladimir observando también, en una especie de conjuro “antilluvia” y “prosol”. La verdad: funcionó, pues casi no llovió durante nuestra estancia en el lugar.  

¿Cuáles fueron los principales retos que enfrentó para concebir la fotografía de la cinta?  

Los retos para hacer un largometraje siempre son interminables, pero poco a poco los vas sorteando hasta tenerlos todos resueltos. Buscar la luz siempre ha sido mi motivación principal, y para esta historia en particular decidimos, junto con los directores, contraponer la belleza del lugar a lo turbio del conflicto; cómo en unos espacios magníficos, paradisíacos, se puede estar gestando un viaje a los límites de los personajes, donde el poder, el sexo y la búsqueda de la felicidad se entremezclan.

Al ser una historia de cuatro personajes, traté de que cada uno mantuviera, a través de momentos de la película, una luz especial, única tanto a nivel de textura, como de color. Los dos personajes femeninos, Magda y Cristina, tienen una luz distintiva y un color que las definen en momentos importantes de la película. Filmar en Guamá me dio, por un lado, la oportunidad de contar con bellos espacios naturales, pero creó unos problemas logísticos enormes, pues todo el traslado de los equipos era por agua, en lanchas, desde la cámara hasta las grandes lámparas y el dolly, por ello fue muy exhaustiva la preparación, era imprescindible hacerlo lo más sencillo posible.

Las secuencias de bote que parecen tan tranquilas en la película fueron muy difíciles de filmar, con dos botes en tándem y diez personas en ellos. Por suerte conté con un equipo de cámara excepcional, el cual me ha acompañado y apoyado en mis largometrajes: el operador de cámara Oscar Valdés, el primer asistente de cámara Ernesto Calzado, Hannold, el segundo asistente, e Iván Scull, mi jefe eléctrico. De ellos también son las imágenes que pueblan esta historia.  

Najmías ha hecho publicidad, videoclips, documentales, películas de ficción, ha transitado por los más disímiles géneros, ¿qué exigencias debe tener un material audiovisual para que usted se sienta motivado y se enrole en su realización?

Hay muchas formas de llegar a un proyecto: a través de un director conocido y con el cual has trabajado, de un productor que te llama, tu propio trabajo también hace tu reputación, y personas que no te conocen personalmente te llaman para un proyecto. Trato de filmar mucho, me gusta experimentar formas diferentes de fabricar imágenes tanto a nivel creativo, como tecnológico, y cuando trabajas mucho estás sometido a un proceso de exigencia enorme para con los proyectos, tu trabajo y esfuerzo. Me interesa mucho la relación con el director, una especie de simbiosis traducida en que a veces un plano tiene una forma única de filmarse.

Creo mucho en la experiencia de vida de un rodaje, me gusta filmar con gente que me entienda y yo a ellos, gente con la cual buscar el mejor resultado, de manera que filmar sea un placer a pesar de la dureza intrínseca de una filmación. Afinidades es un ejemplo de esto.

Para muchas personas la fotografía de Afinidades constituye uno de los principales valores del filme. ¿Qué representó para usted formar parte de este proyecto?

La fotografía de Afinidades es parte de un todo, concebido y defendido por un equipo muy talentoso y trabajador, todos dieron lo mejor de sí para hacer esta película. Fue una lindísima experiencia trabajar con Vladimir (Vlado), con Pichi y con el resto del equipo, la cual espero, de todo corazón, que se repita. Luché por encontrar la luz correcta para la historia, desde el primer plano hasta el último. Estoy muy contento con la visualidad de la cinta, me gustaría que el espectador se emocione con la historia, pero también con la luz y las imágenes.

Desde el punto de vista de la imagen, ¿cuál ha sido su nivel de satisfacción de acuerdo con los propósitos que se trazó con Afinidades?

Lo importante en un filme no es el elemento creativo suelto, es el todo. Me gusta Afinidades en sí misma, la profundidad del conflicto relatado, la capacidad de la historia de entrar en comunión con el espectador y hacerlo reflexionar y reír a la vez. Por su factura no parece una película de directores noveles. Estoy muy contento con ella, y mi trabajo aporta a ese todo.

 
 
 
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.