La Habana. Año X.
9 al 15 de JULIO de 2011

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Sujeto subalterno y naturaleza en los textos
de viaje martianos:
“Como el sol que lo calienta”
Mayra Beatriz Martínez • La Habana

En sus textos de viaje, José Martí pretendió operar como mediador de voces subalternas1, las cuales, hasta ese momento, habían alcanzado a expresarse precariamente en el sistema de literatura de Hispanoamérica: eran aquellos pertenecientes a “otra” etnia, “otro” género, “otra” clase social diferente a la que, de común, representaba el sujeto literario, inscrito en la red de sentidos encargada de refrendar el poder. Los marginados nuestramericanos del XIX por razón de etnia, en particular, habían sido solo entrevistos de manera epidérmica.

La reafirmación del “ciudadano” sujeto emisor —adscrito al proyecto de la modernidad— frente a este “no ciudadano” objeto literario —que se mantenía, voluntaria o involuntariamente, a los bordes de la civilidad— se expresaba muy claramente en la oposición de la ciudad y el campo, latente en una gran parte de la literatura de la época.

En la obra martiana —aunque es perceptible una fascinación de raíz muy boudeleriana por la ciudad demonizada— la balanza se inclina, como sabemos, hacia la sencilla vida en comunión con la naturaleza, en virtud, sobre todo, de su enjuiciamiento agudo del pragmatismo positivista, la industrialización feroz y la marcha forzada hacia una modernización inhumana que se le había revelado durante sus intensos años estadounidenses y que nos muestra fundamentalmente mediante su periodismo.

Su narrativa de viaje, en cambio, nos coloca ante textos de muy diferente índole. En este corpus —integrado generalmente por documentos no concebidos para la publicación; o, que, nunca llegaron a ver la luz posiblemente por su intrínseca conflictividad—, asume un posicionamiento más liberado de mecanismos de mediación. Ello nos permite observar su paulatina identificación con los habitantes de los espacios naturales, a quienes el autor llamara bien explícitamente hombres “naturales” o “de la tierra”, y que a nuestro modo de ver contemporáneo, se corresponden con los llamados por Gramsci subalternos, por razón étnica en particular.

¿Quiénes eran esos hombres “naturales” o “de la tierra” según Martí?

Representan construcciones conceptuales del ser humano en relación con su entorno: articulados y actuando en él. Su inclusión dentro del proyecto emancipador martiano, a nuestro juicio, cumplimenta dos imperativos fundamentales: ético y político. Los aludirá, abiertamente, en Nuestra América, el documento que marca, justamente, la madurez de su pensamiento:

“Por eso el libro importado ha sido vencido en América por el hombre natural. Los hombres naturales han vencido a los letrados artificiales. El mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico. No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza.2

Resulta fácil percatarnos de que el hecho de vivir en “la naturaleza” caracteriza a ese “mestizo autóctono” contrapuesto al “criollo exótico”, o sea, chocante, discordante en nuestro entorno.

Es evidente que, al destacar el hecho del “mestizaje” como absoluto, unido a su apelación pretendidamente genérica al “hombre natural autóctono”, desea fundamentar la construcción de un sujeto representativo capaz de aunar la gran diversidad de variables —distingos culturales—, con las que debió familiarizarse durante sus recorridos, y cuya profundidad usualmente se desconocía —y se desconoce— en pos de la hegemonía pretendida por los proyectos nacionales.

En su importantísimo artículo “Mi raza”, publicado en Patria, a la altura de 1893, haría explícito este accionar estratégico —en ese caso, al parecer, dirigido a coartar las distinciones raciales:

“Insistir en las divisiones de raza, en las diferencias de raza, de un pueblo naturalmente dividido, es dificultar la ventura pública.”
3

Recordemos que, desde su propio ensayo Nuestra América, había declarado esa propia intención: “No hay odio de razas, porque no hay razas”4. Años después y en Patria, ratifica su negación de la existencia de diferencias raciales:

“No hay razas: no hay más que modificaciones diversas del hombre, en los detalles de hábito y formas que no les cambian lo idéntico y esencial, según las condiciones de clima e historia en que se viva.”
5

Acá nos habla de “modificaciones diversas del hombre”, “detalles de hábito” “condiciones de clima e historia en que se viva”. No está refiriéndose, pues, a distinciones morfológicas en su sentido lato, que es lo que implica esencialmente el concepto “raza”. Está aludiendo, pues, a otro tipo de especificaciones: costumbres y tradiciones, adaptaciones al medio, entendido no solo en su carácter natural —dice “clima”— sino social —menciona la “historia” acumulada. El concepto actual de “etnia” es el que, en puridad, se expresa: comprende esas propias distinciones de índole biológica, pero, además, aúna factores culturales, que, en efecto, Martí registrará, a nuestro juicio, con un propósito legitimador capaz de justificar el reclamo por parte de esos grupos marginados de su derecho histórico de supervivencia.

Sumerge al hombre natural —al cual está intentando liberar del estigma que lo discrimina— en una progresión histórica, que justifica su posición en el sitio justo donde habita: es el sujeto pertinente a su proyecto y al que le concede una mayor garantía de justicia, porque su presencia y acción no rompen el orden natural, sino se corresponden con él. Será un sujeto que refrende una espiritualidad muy particular, cuya cosmogonía acepta la lógica del universo.

Será el indígena, a quien considera capaz de preservar la cultura cimentada en lo “autóctono”. Pero también aquel asentado en los territorios nuestramericanos con respeto: procedente de otros espacios marginados por la cultura occidental —África, mayormente—, y, que, sin traicionar su raíz original, acepta las especificidades del suelo que lo ha acogido. Es el hombre para el cual la tierra es más que un legado material: es un patrimonio espiritual, del cual dependen una serie de valores importantes para su grupo: que lo hacen ser cual es y no otro. Su relación particular con la tierra, con la naturaleza, expresa identidad: sistema de valores vigentes en cada comunidad.

En 1877, rumbo a Guatemala y a su paso por Livingston, se había referido al “negro de la raza pura” que “alegra los ojos”. Desde el primer párrafo, llama a sus habitantes “hijos de la costa”, señalando la precisa adscripción a su medio. Ahondando en su caracterización, lo refiere como grupo que habla:

“[…] caribe primitivo, su dialecto puro: ellos no lo han mezclado [dice] con palabras españolas para las innovaciones españolas. O han inventado sus palabras, o las tenían, lo que acusa natural riqueza.”
6

La superposición de planos descriptivos en esta breve memoria, que van de uno a otro orden sin marcado deslinde —el entorno animal y vegetal, los rasgos de su economía, sus costumbres—, sugieren los pasos iniciales hacia una visión amplia y cohesionadora del universo natural, capaz de sobrepasar el sentido biológico estrecho.

Muchos estudiosos se han referido a esta perspectiva totalizadora. Se señala como condicionante fundamental, lo aportado por las obras de sus contemporáneos: por ejemplo, de aquella “persona natural”, como lo llama, que fuera Walt Whitman o de Emerson y su filosofía trascendentalista, de carácter hondamente holístico. Ellos superaron la idea sostenida por los autores de la Ilustración acerca del forzoso enfrentamiento entre lo natural preexistente y la cultura, considerada producto exclusivo del hombre. No podemos olvidar, sin embargo, que también las diferentes cosmogonías de los pueblos indígenas nuestramericanos y las provenientes de las lejanas tierras del África, subrayaban esta misma comunión.

Martí debió sentirse impresionado, asimismo, y a pesar de la reticencia con que se refiere a sus trabajos, por autores que, en seguimiento de las teorías darwinianas respecto al origen del hombre, inauguran los estudios ecológicos; es decir, comienzan a ocuparse de las relaciones existentes entre los organismos y su ambiente. El término “ecología” fue acuñado, en 1869, precisamente, por el biólogo alemán Haeckel, muy mencionado por Martí.

No ha de resultar peregrino, pues, vincular todo este aprendizaje libresco y vivencial con la declaración hallada en una de sus anotaciones de fecha desconocida, que subraya el indispensable nexo que nos ocupa: “Para mí, la palabra Universo explica el Universo: Versus uni: lo vario en lo uno”7.

No era así como se comprendía extendidamente fuera de la literatura estrictamente científica. Se aspiraba a un individuo en lucha creciente contra la naturaleza para sacar el mejor provecho de ella. Martí todavía evalúa así al hombre en sus primeras anotaciones de viaje mexicanas, en 1876: según su capacidad para obtener riqueza del entorno, en concordancia con el rol asignado dentro del proyecto desarrollista moderno. Reprocha, entonces, a quienes no colaboran: “¿[…] quiénes son los dueños de esta tierra? ¿Una raza canija, de vasta distancia entre el poder de idear y el de la voluntad, —entre el bello discurso y la bella acción?”8.

Lo interesante en su caso es cómo, muy rápidamente, trasluce, su aprensión ante la posibilidad de que ese actuar represente un hecho perjudicial. Refiriéndose al islote virgen de Contoy, en 1877, anota la acción depredadora de los visitantes ocasionales: “A las veces, los marineros bajan a la costa, empuñan un palo, y tal es la abundancia de las compactas masas de aves, que a golpes matan y hieren centenares de ellas”9. La perplejidad implícita en su mención al hecho devastador, sin evaluación alguna posterior, está revelando, al menos, un sentimiento de aprensión, tras el cual intuimos el comienzo de una reflexión extraliteraria.

En Nuestra América se hace muy evidente su entendimiento de la trascendencia de ese sistema de factores entrelazados, cuando aconseja que los “estadistas naturales” debían deshelar la “sangre natural”, mediante el estudio de la “naturaleza”, aprendiendo “indio”; o sea, aprendiendo del subalterno que comulga con su entorno, mediando su voz. Desde luego, ese “estadista natural” —propuesto como sujeto actante—, garante de la armonía imaginada, no se trata del propio subalterno que hemos venido siguiendo: para Martí todavía debe ser representado. Es obvio que aún confía en que la típica representatividad burguesa permita vehicular “la sangre natural del país” 10. No obstante, es innegable que Martí llevó al límite su posibilidad de representación del “otro” subalternizado por razón de etnia.

El propio acercamiento martiano a los hombres naturales y sus universos significa la manera del estadista que debía “aprender indio”11. Así, durante los momentos más candentes de los preparativos del viaje hacia Cuba, escondido, esperando el momento de partir, en sus anotaciones de viaje, nos cuenta que lee sobre indios.12 Es imposible pasar por alto el examen, cuasi antropológico y enamorado, al que somete la población negra caribeña, a su paso por Haití y Santo Domingo. A pesar de la tensión del momento del embarque en la goleta Brothers, no abandona su observación:

“De pie, a las rodillas el calzón, por los muslos la camisola abierta al pecho, los brazos en cruz alta, la cabeza aguileña, de pera y bigote, tocada del yarey, aparece impasible, con la mar a las plantas y el cielo por fondo, un negro haitiano. El hombre asciende a su plena beldad en el silencio de la naturaleza.”
13 Con su vuelta definitiva a tierras cubanas entre los hombres y mujeres naturales, encargados de apoyar su guerra necesaria, conformadores del grueso de la mambisada, es cuando manifiesta alcanzar su plenitud humana. Recordemos la carta dirigida a Carmen Miyares y sus hijos, donde confiesa haber llegado a su “plena naturaleza”, entre sus “paisanos”, y la naturaleza a la que el valor demostrado les “da derecho”.14

Cintio Vitier, refiriéndose indirectamente a los sujetos presentes en los diarios de viaje martianos, legó una frase antológica, donde manifiesta su implícita percepción de esta identificación del autor: “Son ellos, es él, somos nosotros. Aquí hay una hermandad honda y levísima15. La concisa agudeza de Vitier esclarece el gesto holístico final martiano, quien regresara para fundir conscientemente su suerte con la de los hombres de “su” tierra.

 

Este texto fue presentado durante el II Coloquio Internacional “José Martí por una cultura de la naturaleza”.

Notas:


1- Me refiero a la ya clásica definición de “subalternidad” aportada por Antonio Gramsci (1891-1937), que reconoce a la subordinación en términos de clase, casta, género, raza, lengua, cultura, ocupación, edad o cualquier forma de gradación jerárquica, ejercida por la “centralidad” hegemónica, y que es parte de la relación dominación/sometimiento en la historia del hombre. Entiende como hegemonía cultural, en específico, implica la dominación de un grupo, que impone sus valores, sobre otro minoritario o en relación de desventaja, para lo cual usa mecanismos de poder que se mantiene justo gracias al control de las producciones culturales, las cuales son las encargadas de transmitir y fijar sentidos. Gramsci, como se sabe, desarrolló el concepto en sus Cuadernos de la cárcel, escritos entre 1929 y 1935. Según Ranajit Guha, simplemente lo subalterno es “un nombre para el atributo general de la subordinación” (Guha, R., “Preface”, en Guha, R., y G. Spivak (eds.), Selected Subaltern Studies, New York, Oxford University Press, 1988, p. 35).
 

2- José Martí: Nuestra América, ed. cit. p. 15.
 

3- José Martí: “Mi raza”, Obras completas, t. 2, ed. cit., p. 299.


4- José Martí: Nuestra América, ed. cit.


5- José Martí: “La verdad sobre los Estados Unidos”, Obras completas, t. 28, ed. cit., p. 290.


6- José Martí: “Livingston”, en Obras completas. Edición crítica, t. 5, ed. cit., 2001, p. 30.

 

7- Martí, José: “Cuadernos de apuntes”, no. 9, Obras completas, ed. cit., t. 21, p. 255.

8- Martí, José: “[De pronto, como artesa de siglos…]”, Obras completas. Edición crítica, ed. cit., t. 4, p. 113.

9- Jolbós.

10-
Op. cit., t. 6, p. 21.


11-
Op. cit., t. 6,

12- IIbídem
 

13- bídem


14- Martí, José: “Selección de cartas, circulares y manifiestos de Martí entre el 19 de febrero y el 19 de mayo de 1895”, Diarios de campaña, ed. cit., p. 368. El destaque es nuestro.

15- Vitier, Cintio: “Cuba: su identidad latinoamericana y caribeña”, texto leído en la Cátedra Latinoamericana y del Caribe, en el Centro de Estudios Martianos, el 25 de marzo de 1992.

 
 
 
 

 

LA JIRIBILLA Nro. 38
La realidad y la utopía

 

 

LA JIRIBILLA Nro.90
Poeta mayor

 

 

LA JIRIBILLA Nro. 211
Martí, ahora

 

 

LA JIRIBILLA Nro. 300
Forma y pensamiento en la obra martiana

 

 

LA JIRIBILLA Nro. 431
Una revista sin edad

 

 

LA JIRIBILLA Nro. 472
El hombre más puro
de la raza

 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.