La Habana. Año X.
17 al 23 de DICIEMBRE 

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Miriam Rodríguez Betancourt
Siempre en el ojo del huracán
Helen Hernández • La Habana
Foto: Juventud Rebelde

Subí las escaleras de la Facultad de Comunicación con una ansiedad parecida a la de mi primer día de estudios. Hace 8 años, ascendía camino a mi vocación. Ahora, me disponía a conversar con mi profesora de entrevista, la periodista y académica Miriam Rodríguez Betancourt. La Profe, como siguen llamándola periodistas de múltiples generaciones, es una de esas maestras que sientan derroteros. Fueron sus clases las que me hicieron preferir sobre todo los géneros la entrevista, “piedra angular del periodismo”, como le gustaba citar, y en ellas me seguí convenciendo de haber elegido la profesión correcta. 

Recuerdo la estampa imponente cuando llegó al aula por primera vez, y el respeto que despertaban en el grupo los comentarios con los que fue descubriéndonos el difícil arte de combinar empatía, sagacidad, don de gente y rigor investigativo con el solo propósito de dejar lucir al otro, de saber el momento indicado para lanzar la pregunta que augura una revelación.  

La mayor parte de su carrera la dedicó a la enseñanza y la investigación, pero nadie pierde dudas de su indiscutible aporte al periodismo cubano. Acerca de la entrevista periodística, Acerca de la crónica, Tendencias del periodismo contemporáneo, son algunos de los libros que bajo su firma han guiado a profesionales de la comunicación de todo el país. En 2010 recibió el Premio Nacional de Periodismo José Martí, como reconocimiento a su amplia labor en este sentido, y recuerdo por entonces que en el gremio nadie podía dejar de hablar del asunto, y de la alegría que les producía. 

Antes de entrar a la biblioteca, donde estaba previsto el encuentro, recordé varios de los consejos que nos dejara en el aula: “Hay que conocer a fondo el personaje, documentarse, crear empatía, ser incisivo, llegar al fondo, tener claro el objetivo de la entrevista”. No estoy segura de haberlos aplicado en su totalidad, solo dejé que corriera el diálogo, y disfruté las respuestas certeras, contundentes, sin más adjetivos que aquel que resulte fundamental. 

“Estudié en la primera promoción de la carrera de Periodismo, en los años iniciales de la Revolución, cuando se abrió la convocatoria para estudiar la carrera en la Universidad de La Habana. Siempre pensé recibir una formación sistemática en la academia. Me sometí a un examen bastante fuerte para entonces y creí que no lo había aprobado, porque estaba entre las últimas, pero sí ingresé. Entre el año 69 y 70 hice el servicio social en varios lugares del país, lo mismo en la Isla de la Juventud que en otras provincias, porque se tenía un espíritu de revolución, de transformarlo todo. Después hicieron falta profesores y me quedé en la academia. Seguí colaborando, pero me decidí a priorizar mi labor docente, porque si me iba a dedicar a ella tenía que hacerlo lo mejor que podía, y el periodismo activo no deja tiempo.”   

¿Cómo era la presencia de las mujeres periodistas en aquella etapa? 

En la República había un buen grupo de mujeres periodistas como Mari Blanca Sabas Alomá, Ofelia Rodríguez Acosta, Marta Rojas. En los años iniciales de la Revolución se produjo un vuelco en la prensa, muchos periodistas se fueron y otros tuvieron que asumir esas tareas. Poco a poco empezaron a nutrirse las redacciones de mujeres. En nuestro grupo éramos bastantes compañeras y esa tendencia se fue incrementando.  

En aquellos tiempos en la escuela de Letras había grandes profesoras como Camila Henríquez Ureña y Mirta Aguirre. ¿Qué impronta de estas figuras quedó en las generaciones de profesionales? 

Las recuerdo influyendo en los estudiantes por su magisterio, por su trayectoria y su entrega a la causa de la Revolución. No sé en los profesionales en activo que por entonces ejercían el periodismo, pero en los profesores nuestros, en los que estaban a su alrededor, fue sin duda un ejemplo grande. A su alrededor se formaron muchísimos profesores de la escuela de letras como Luisa Campuzano, Rogelio Rodríguez Coronel, Mirta Yáñez, Dioni Durán, Elina Miranda, que fueron muy importantes no solo para los que estudiaban esas carreras, sino para todas las personas que estábamos en aquella facultad. Ese contexto de compartir, de escucharlas y de ser formados por esas profesoras, fue importante en nuestro desarrollo.

El haber formado a tantas generaciones de profesionales de la prensa debe haber dejado alegrías y sinsabores. 

Me siento muy satisfecha y creo que he puesto un grano de arena, aunque no soy la única que ha contribuido a la formación de los estudiantes de periodismo. Es el resultado del esfuerzo de muchos compañeros. Sinsabores he tenido pocos en mi carrera de profesora. He sido privilegiada por haber podido compartir cátedra con profesores brillantes, que me enseñaron a amar la profesión.  

Por azares diversos me dediqué a la enseñanza fundamentalmente, y esa cercanía, esa observación de los otros profesores fue para mí decisivo. Con eso alivié un viejo sinsabor, que ha sido no dedicarme por entero al periodismo, a escribir, que es lo que realmente me gustaba, por lo que he sentido más inclinación. He mantenido colaboraciones, pero el periodismo hay que vivirlo en las redacciones. Hay que tratar de aprender a amar lo que uno hace, no hacer lo que uno ama, como decía Goethe. 

Sin embargo, hay muchos alumnos que la recuerdan con afecto, y ha contribuido al rigor académico de la carrera. 

A partir de ese cariño que tienen por mí algunos alumnos, he tratado siempre de transmitirles que se trata de una profesión difícil, de complejidad cultural, no de ganar el pan nada más. Es una profesión a la que hay que insuflarle mucha responsabilidad. Como decía García Márquez, es uno de los mejores oficios del mundo, sobre todo cuando se ejerce con responsabilidad, con ética. El periodismo si no tiene ética no es nada, es una taquigrafía de los acontecimientos. Cuando se dan por lo menos esas prevenciones que después compruebas en la práctica, a la larga se agradece.  

Trato de enseñar a mis alumnos a mantener honradez, a pensar con su propia cabeza, a comprender que además de intelectuales son personas que trabajan en un medio y tienen que tener un respeto por la línea editorial, como en cualquier lugar del mundo. Es una profesión en la que se sufre mucho, sobre todo con los errores que uno comete. Pero tampoco hay que hacer de ellos una tragedia, porque esta es una profesión donde se tienen que cometer errores, una profesión muy compleja y de todos los días. También trato de persuadirlos de que es una profesión que comienza todos los días y hay que estudiar siempre, porque si no lo haces la vorágine te absorbe y te quedas como un chupatintas digital.  

La prensa cubana es muchas veces cuestionada por falta de rigor, por desconocimiento, por falta de crítica. Sin embargo, en su programa de estudios se trata de suplir esas carencias. ¿Cómo valora esa dualidad entre lo que adolece la prensa y lo que se intenta formar desde la academia? 

No hay plan de estudio que responda de manera total y satisfactoria para siempre a la profesión, porque la práctica, el hacer profesional, es la continuación de los estudios. Ahora estamos en el Plan D, llamado así porque antes estuvieron todos los anteriores. Creo que es superior, pero no perfecto.  

Por otra parte, está el hecho de que por naturaleza el periodismo es una profesión expuesta al error. Entonces se convierte en el chivo expiatorio, todo el mundo deposita sus críticas en la prensa cuando hay un problema. Nosotros casi siempre somos los culpables.  

La contradicción entre el ser profesional y el saber teórico, las críticas hacia la labor periodística, no son del tiempo de la Revolución, sino de antes, de manera que eso es como el rayo que no cesa, y hay que estar preparado para afrontarlo, no con cinismo, sino con un poco de sosiego, de tranquilidad y sabiendo que vamos a estar en el ojo del huracán, siempre. 

Claro, no somos inocentes. La prensa cubana no es el gran culpable, pero tiene errores, insuficiencias. 

¿Cuáles son los aspectos sobre los que debería incidir el cambio que necesita la prensa actual? 

La prensa tiene que tener un nivel de autonomía. Tiene que ser mucho más plural en sus puntos de vista y opiniones. El proceso de renovación del modelo económico y social que estamos llevando a cabo pasa por la prensa. Sin la prensa no se avanzará suficientemente, o se avanzará más lentamente. Tiene que jugar un papel dinamizador y acompañar ese proceso desde actitudes periodísticas, desde el hacer y participar como un elemento de transformación, de avance y de intercambio de ideas y de pensamiento. 

¿Están preparados los profesionales de la prensa en Cuba para esta transformación? 

Nunca nadie está preparado, porque la vida es mucho más compleja y dinámica que el afán previo; pero aprenderemos. Lo haremos entre tropezones y desaciertos. Habrá que vencer todos los obstáculos y pagar por ellos si es necesario, y equivocarse, igual que cualquier otra profesión. Pero pienso que desde la academia, desde la experiencia que se tiene en los medios, donde hay personas muy talentosas también, se puede contribuir a fortalecer y mejorar, a preparar. Si hay una decisión y una voluntad para entender el papel de la prensa, el protagonismo que el periodismo puede desempeñar, el sector responderá. 

Existe una mayoría femenina en los medios cubanos. Sin embargo, sigue siendo una prensa sexista, que repite estereotipos de género constantemente. ¿Cuál es la razón de esta paradoja? 

Debe haber varios factores para eso, como en todo problema. Me voy a referir a la academia que es el campo que más conozco. Creo que en la carrera de periodismo nos ha faltado audacia y comprensión de este problema, nos ha faltado visibilizar el género como un pensamiento de vanguardia. Apenas hemos incluido en el plan de estudio asignaturas de carácter opcional sobre temas de género, cuando se trata de una perspectiva de vocación emancipatoria. No hemos incluido estos estudios en la carrera y esa cuota de falta de previsión nos ha marcado. Desde ese punto tenemos responsabilidad en esa situación de sexismo que afronta la prensa.  

¿Considera que deberían incluirse los estudios de género entre las materias que estudian los periodistas? 

Definitivamente, sí. Nos faltó conocimiento y nos enfrascamos en otras urgencias que estimamos más acuciantes. Como profesora, como presidenta de la Comisión Nacional de Carrera que he sido hasta hace poco, tengo que aceptar que nos fuimos hacia otras cuestiones y olvidamos el género. Todo lo que tiene que ver con los temas de discriminación ha creado un pensamiento más revolucionario, más renovador, más amplio y más holístico que muchos otros. 

Y en las mujeres que ejercen el periodismo, ¿advierte otro enfoque? 

Independientemente de que muchas compañeras periodistas no tengan lo que se denomina el enfoque de género, el hecho mismo de ser mujer tiene necesariamente que imprimir a su visión del mundo una mirada especial. No obstante, el conocimiento de las herramientas del género nos ayudaría mucho.  

Además, no solo se adquiere este enfoque de género mediante la academia. Otras instituciones han encaminado esfuerzos, talleres, y eso ha ido ganando gente joven interesada por esta visión, y han ido aprendiendo a visibilizar el papel de la mujer, su situación. No porque hayamos hecho una Revolución todo está conseguido. 

Es una de las pocas mujeres que ha obtenido el Premio Nacional de Periodismo José Martí. ¿Cree que esté suficientemente reconocida la labor de las grandes periodistas en Cuba? 

Todo lo que se haga a favor del reconocimiento de las mujeres va a influir en esa transformación, pero creo que todavía se puede trabajar mucho más por reconocer y por comprender el papel de las mujeres que se han dedicado al periodismo. 

¿Cuáles han sido sus modelos profesionales? 

He admirado a muchos periodistas: Pablo de la Torriente, José Martí, Enrique de La Osa, periodistas extranjeros. Todos deben haber dejado algo, una influencia. Estos que te menciono son la gente que más me ha llegado, que más he gozado, sufrido y disfrutado de su trabajo y de su pensamiento. De los grandes periodistas y de los que no lo son tanto también una recibe influencias.  

Usted es una gran defensora de la prensa impresa. En tiempos en que comienza a apostarse por los medios alternativos. ¿Cuál es el lugar que va quedando para los soportes tradicionales? 

La prensa impresa no puede competir con los medios digitales, sino recobrar las señas de identidad que tiene y, si en el futuro la vía que se va a imponer para la difusión de las ideas es la de las nuevas tecnologías, el periodismo es el que se salvará. Pero eso es futurología, al menos para mí. 

Pienso que deberá coexistir, pero quizá estoy haciendo pasar la realidad por mi deseo. En este momento, en lugares donde todavía existe y es preponderante la prensa y el periodismo escrito en papel, tiene sobre todo que afianzarse en lo que han sido siempre sus fortalezas: en el poder reflexivo de la palabra impresa, las posibilidades que tiene la prensa de guardarse, archivarse, tenerla cerca, y no pretender competir con los medios digitales, sino asimilar de ellos lo que puede realmente contribuir.  

¿Cuál es la principal enseñanza que les ha dejado a sus estudiantes? 

He querido que siempre piensen con su propia cabeza. Más que recomendaciones confío en que los jóvenes van encontrándose en el camino. Quedarán los que no entendieron bien la profesión, los que no amaron el periodismo. Los que sean verdaderamente periodistas entenderán, sin duda.   

Si se pudiera resumir en una idea la principal satisfacción que le han traído todos estos años dedicados a la enseñanza del periodismo, ¿cuál sería?

Te lo diré con una frase: verlos que sepan prescindir y encuentren su propia voz y camino, porque en esa ruptura, de alguna manera, está lo que yo he podido influir, y lo que mis compañeros han puesto en esa andadura de los jóvenes.

 
 
 
 

 

LA JIRIBILLA Nro. 303
Género e identidad.
La mujer y el hombre fuera del paraíso

 

 

LA JIRIBILLA Nro. 434
Mujer y literatura.
También tiene género
la escritura

 
   
Lineamientos del VI Congreso del PCC
(.pdf, 736 Kb)
Información sobre el resultado del Debate
(.pdf, 394 Kb)
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2011.