La Habana. Año X.
7 al 13 de ENERO de 2012

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Wifredo Lam, un acto de descolonización

Virginia Alberdi • La Habana


"La silla"


La biografía, y sobre todo, el legado artístico de Wifredo Lam debían ser del más amplio dominio en la escuela cubana, constituir motivo de orgullo y sentido de pertenencia por parte de las nuevas generaciones, y afianzarse como emblema consistente en el imaginario popular. 

Cierto es que cuadros suyos como “La jungla” o “La silla”, reproducidos a muy diversas escalas y en varios soportes, han logrado, con el tiempo entre nosotros, una marca reconocible. 

Pero es posible, y necesario, trascender ese estadio en aras de una comprensión mucho más raigal de lo que significó Lam para la cultura cubana y sus vínculos con el mundo. 

Se requiere llegar a la convicción de que los valores simbólicos visuales plasmados en su obra representan una síntesis al más alto nivel de las esencias que se fundieron en el desarrollo de una nueva identidad.  

Ese empeño, desde luego, desborda la intención de esta brevísima nota de presentación de una muestra con la que Alexis Leyva Machado, Kcho, ha querido sumarse a la celebración del aniversario 109 del nacimiento del gran artista, en el contexto de la agenda cubana por el Año Internacional de los Afrodescendientes, en vísperas de la conmemoración en 2012 del Bicentenario del levantamiento independentista y asesinato de José Antonio Aponte y del Centenario de la masacre de negros y mestizo con que las fuerzas represivas de la República mediatizada ahogaron la sublevación de los llamados Independientes de Color.  

Cobra esta muestra significación aún mayor por insertarse en los esfuerzos por dignificar el Castillo de San Severino como Museo de La Ruta del Esclavo y cuando en el seno de la sociedad cubana está planteado un fecundo debate, al fin, sobre la necesidad de luchar contra prejuicios raciales remanentes y de luchar, en consecuencia, por la más plena justicia en el camino abierto por la Revolución triunfante el primero de enero de 1959.  

Lam nació en el pueblo de Sagua la Grande el 8 de diciembre de 1902. Dibuja desde su más temprana edad, y al trasladarse su familia a La Habana cursa estudios académicos, los cuales proseguirá en España, a donde marcha a los 21 años.  

Su posterior estancia en París, epicentro de las vanguardias artísticas de entreguerras, lo asocia al movimiento surrealista. Pero lejos de subordinarse a este, aprovecha los renovados planteamientos formales europeos para encontrar las claves de su propia expresión visual, caracterizada por la conjunción de saberes ancestrales —negro, chino, mestizo, cubano, caribeño—  que se manifiestan en una iconografía telúrica y explosiva de notable originalidad y progresión, que se empina todavía más, y de manera decisiva, a partir del reencuentro de Lam con su tierra al estallar la Segunda Guerra Mundial.  

Alejo Carpentier en la década de los 40, fijó con estas palabras la dimensión del aporte del artista: 

“Y tuvo que ser un pintor de América, el cubano Wifredo Lam, quien nos enseñara la magia de la vegetación tropical, la desenfrenada Creación de Formas de nuestra naturaleza —con todas sus metamorfosis y simbiosis—, en cuadros monumentales de una expresión única en la pintura contemporánea.”

Vale la pena citar al propio artista, quien alguna vez explicó las razones de su obra del siguiente modo:

“África no fue sólo despojada de sus hombres sino también de su conciencia. Me irritó que en París se vendieran las máscaras y los ídolos africanos como adornos. (…) Mi pintura es un acto de descolonización, no física pero sí mental.” 

En el ámbito de San Severino, invocado por Kcho, Lam nos invita a ser nosotros mismos en esta y en las horas por venir.
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.