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El sentido de la imagen en el teatro de títeres
Marilyn Garbey • La Habana

En estos tiempos en que la imagen audiovisual se ha convertido en uno de los principales instrumentos para la comunicación humana, al teatro de títeres le corresponde pensar en qué estadio de su desarrollo se encuentra, debe cuestionar su eficacia como herramienta creadora, debe preguntarse si aún puede tender puentes hacia los espectadores.

¿Cuál es el sentido de la imagen en el teatro de títeres hoy? Ya se sabe que las herramientas del diseño crean al personaje titiritero. En este terreno es posible dar rienda suelta a la imaginación. Los límites los impondrá el objetivo del director al asumir la puesta en escena y la capacidad creadora del diseñador. ¿Por qué se hace la Puesta en escena? ¿Para qué se hace la puesta en escena? Las respuestas conllevan elegir el diseño correspondiente: el espacio de representación, la técnica de animación, el tipo de retablo, el vestuario de los muñecos y el de los actores, el cartel y programa de mano, las luces. No pueden dejarse al azar. Reitero las preguntas porque parece han caído en el olvido. Desconocerlas es, en mi opinión, uno de los defectos del teatro de títeres en Cuba.  ¿Por qué y para qué se hace teatro?


La cucarachita Cuca, Guiñol de Guantánamo

Aliexa Argote, del Guiñol de Guantánamo, ha creado un espectáculo unipersonal para presentar en la serranía oriental durante el paso de la Cruzada teatral. Quien escribe, actúa y dirige es egresada del ISA. Me atrevo a afirmar que ha asimilado profundamente el legado de sus maestros. Ella ha dado una vuelta de tuerca a la superconocida historia de la cucarachita Martina y el ratoncito Pérez, convirtiendo los objetos de limpieza en figuras animadas para contar la fábula.

El teatrista tiene el derecho a elegir el tipo de público para el cual trabaja, niños o adultos. El teatrista tiene el deber de ser consecuente con su elección. Cuando trabaja para niños, al oficio y a la profesionalidad debe añadir grandes cuotas de eticidad. Los niños viven en un mundo donde la fuerza de las imágenes gana en intensidad. No puede soslayarse que la TV es el producto cultural más consumido por el público cubano: videoclips, dibujos animados, espectáculos musicales, espectáculos deportivos, telenovelas, seriales, cine. Si a eso sumamos la proliferación del mercado de CD y DVD, la situación se torna más engorrosa porque en ese terreno no hay ni ley ni orden. Al titiritero le cabe elegir si compite con la última producción de Harry Poter o si propone al niño otro tipo de visualidad a través del títere. Y es ahí donde el sentido que le insufle a su puesta en escena será decisivo para la elección de los lenguajes escénicos, incluido el diseño.


Tras la noche, grupo Retablos

Ariel Bouza, director de Teatro Pálpito, insiste en que su trabajo para niños va dirigido a toda la familia y en sus puestas en escena hay mensajes para los niños y para los padres, y así se inscribe en una tendencia que propone al teatro como espacio de convergencia de niños y adultos, una suerte de foro donde pueden discutirse asuntos que tienen que ver con la familia, con los seres humanos que las conforman, con la sociedad en que viven. Historias con sombrillas propone un diálogo generacional, una ojeada a la tercera edad, segmento de la población que crece y a la que habrá que mirar desde una perspectiva diferente a la usual.

El titiritero no puede no debe descansar en la búsqueda artística, debe hallar, en la era de Internet y de grandes juegos de artificios para inaugurar cualquier evento social, nuevas maneras para crear la magia, debe encontrar el hilo para sorprender a su espectador con los recursos artesanales o tecnológicos con que cuenta.

Y aquí hago un alto para cuestionar a quienes se escudan en la falta de recursos para no hacer. Hace casi un año, cuando terminé de ver Arroz con maíz, de Los cuenteros, Malawi Capote me hablaba de las dificultades materiales que afrontaba el grupo para trabajar. Aún no salgo de mi asombro porque el despliegue escénico de la obra la desmentía. La puesta en escena de Félix Dardo ha recibido numerosos elogios. Es una confirmación de que los recursos que deben echarse a andar son los de la inteligencia y los de la imaginación.

Si hacemos un recuento de los talleres que se han impartido en Cuba sobre diversos aspectos del teatro de títeres Di Mauro, Armando Morales, Freddy Artiles, René Fernández, Zenén Calero y un largo etcétera hasta llegar a Claudio Hochman y Fernan Cardama llegaremos a la conclusión que no han rendido los frutos que hubiéramos deseado. Y ese es otro defecto del teatro de títeres, la lentitud en la asimilación del conocimiento. A veces me tropiezo con titiriteros que no han leído los libros de Freddy Artiles o los publicados por las ediciones Alarcos como el de Pepe Carril o el de Paolo Beneventi. El teatro de títeres tiene como basamento el juego, pero hacerlo no es cosa de juegos.

Los niños cubanos viven en una sociedad donde el estado asegura la igualdad de oportunidades para todos, pero con un panorama económico que acentúa las diferencias sociales. El concepto de familia se transforma y la escuela ya no es el único sitio para acceder al conocimiento: telemóvil, computadoras, puertos USB, mp3 y un sinfín de aparatos son empleados con esa finalidad. ¿Qué sentido otorgarle a la imagen en el teatro de títeres? ¿Será portador de certezas? ¿Pecará de didactismo o propondrá al joven espectador,  y al adulto que lo acompaña, otra manea de relacionarse con el mundo en que vive?

El espectáculo El hijo del viento, de Cristian Medina, aborda el tema de la muerte sin edulcorado, sin ñoñerías, con un diseño hermoso; pero sobrio, como corresponde a la tragedia que narra.


Zenén Calero en su taller pinta muñecos de Los zapaticos de rosa

Si se trata de teatro para adultos también son complejas las realidades. Creo que lo más interesante para los espectadores cubanos es encontrar en el teatro imágenes de su realidad, creo que buscan en el teatro una metáfora sobre su entorno que no encuentran ni en la tele ni en la prensa. ¿Cómo hablarle al cubano de su realidad? ¿Cómo trascender la inmediatez para alcanzar un diálogo enriquecedor con los adultos a través del teatro de títeres? Y he aquí que debo referirme al Teatro de las Estaciones, a su diseñador Zenén Calero, a su director Rubén Darío Salazar. A menudo escucho opiniones que intentan minimizar el trabajo de este colectivo y reducirlo a una mera cuestión de belleza: es un teatro bonito, me dicen. Les pregunto: ¿No crees que la belleza es un valor? La declaración, al margen de que le guste o no la propuesta, es fruto de la ignorancia. Desconocen que tras cada diseño de Zenén se esconde una profunda investigación, que la imagen es portadora de horas de estudio, de discusiones de los miembros del grupo, de rechazos de propuestas y del surgimiento de otras. Recordemos La virgencita de bronce o la más reciente Por el monte Carulé. En estos montajes se discuten temas relacionados con la cultura cubana, a partir de mitos literarios o leyendas musicales se cuestionan las relaciones humanas marcadas por el racismo o los lugares comunes sobre nuestra identidad como nación y se ponen en entredicho las condiciones que impiden la realización del ser humano. La virgencita de bronce es un gran espectáculo, retablo enorme, muchísimos muñecos, se suceden los cambios de vestuario, hay carteles, telones. Por el monte Carulé es un montaje de pequeño formato, con muñecos de pequeño tamaño, cabe en una maleta. Lo resalto porque es una demostración de que no solamente el despliegue de recursos puede lograr una puesta en escena de altos valores.


La virgencita de bronce, Teatro de Las Estaciones

Para alcanzar la fuerza de la imagen en el teatro de títeres es preciso echar a andar la inteligencia y la formación cultural de sus hacedores para trascender los lugares comunes, para soslayar lo evidente, para no quedarse con lo primero que le viene a la mente, para crear la belleza. Ese es el reto para multiplicar la gran virtud del teatro de títeres en Cuba, la de comunicarse de manera tan diáfana con sus espectadores.
 

Bibliografía:

-“El teatro para chicos en la sociedad posindustrial: el imaginario niño” en Paolo Beneventi: Introducción a la historia del teatro para niños y jóvenes, Ediciones Alarcos, 2003. Pp 197-199.

-Freddy Artiles: Títeres, historia, teoría y tradición, Librititeros, 1998, Ediciones Arbolé.
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.