La Habana. Año X.
7 al 13 de ENERO de 2012

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XXI feria del libro: un acercamiento a la conspiración
de Aponte y a la masacre de los independientes de color
Para que no duerma la memoria histórica
de la nación
La Jiribilla

En el pasado de los pueblos han de hallarse las claves fundamentales para entender su presente y trazar los caminos del futuro. Cada generación ofrece nuevos acercamientos a sucesos, procesos y figuras de la Historia.

Reivindicar las zonas y sujetos menos visibles en los relatos historiográficos puede arrojarnos nuevas respuestas. De ahí el tradicional interés editorial que Cuba ha mantenido por recuperar acontecimientos significativos de su devenir, en los que se recoge la participación de grupos sociales desfavorecidos.

El año 2012 impone repasar dos sucesos de trascendencia imprescindible, pues pusieron en evidencia la injusticia y el racismo imperante en el pasado: los 200 años de la ejecución de Aponte, quien lideró un movimiento antiesclavista de negros libres y esclavos, que terminó con el ahorcamiento por parte de las autoridades españolas de algunos de sus principales líderes como escarmiento a todos aquellos que pretendieran sublevarse contra el poder colonial; y también el centenario de la Masacre de los Independientes de Color, la represión que sufrieran los integrantes del Partido Independientes de Color tras su levantamiento armado en protesta por la ilegalización de su grupo político y contra la discriminación de las personas no blancas en el país.

Ambas conmemoraciones llaman a repensar el aporte del pensamiento, la voluntad de lucha y el accionar político de la población negra en Cuba, sometida a condiciones de explotación e inequidad de derechos tanto en la Colonia, como en la primera República.

A propósito de la recordación de esos sucesos y de algunas interpretaciones sobre los mismos, La Jiribilla ha organizado este dossier que sirve de pórtico a otros acercamientos que conformarán próximas ediciones durante el año que comienza. Se proponen las visiones y opiniones de los intelectuales Fernando Martínez Heredia, Eduardo Torres Cuevas, Esteban Morales, Guillermo Rodríguez Rivera, Tomás Fernández Robaina, Félix Julio Alfonso, Elier Ramírez, Joel Nicolás Mourlot y Hebert Pérez Concepción.

La Feria Internacional del Libro será otro de los espacios desde donde se promoverá durante el 2012 el debate acerca de estos episodios. Asimismo, se prevé presentar nuevas investigaciones, con diversos puntos de vista que contribuyan a comprender los entresijos y contradicciones que marcaron el contexto y las actitudes de quienes nos precedieron.

Con la intención además de adelantar una parte de estas novedades, La Jiribilla conversó con Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro, quien comentó parte del programa por el Bicentenario de la Conspiración de Aponte y el Centenario de la Masacre de los Independientes de Color.    

Este año Cuba conmemora el bicentenario de la ejecución de José Antonio Aponte y el centenario de la masacre de los Independientes de Color. ¿Qué acciones editoriales están concebidas para recordar estos acontecimientos?

Para algunos temas y efemérides, en el Instituto del Libro concebimos el bienio editorial 2011-2012 como una unidad. Acompañamos las celebraciones del Año Internacional de los Afrodescendientes con la edición de 15 títulos, cuatro de ellos de autores extranjeros. Son libros valiosísimos, que incluyen reediciones como Deja que te cuente de Bola (Ramón Fajardo), Componentes étnicos de la nación cubana (Jesús Guanche), Cómo Europa subdesarrolló a África (Walter Rodney)  e Identidades: Poesía negra de América, la selección de poemas de autores caribeños que, en español, inglés y francés, preparó Mónica Mansour hace algunos años. Pero también han visto la luz las primeras ediciones de Afrocubanas. Historia, pensamiento y prácticas culturales, antología de Daysi Rubiera e Inés María Martiatu, en la que 35 intelectuales cubanos analizan los aportes de las mujeres negras al pensamiento y la espiritualidad de la nación cubana, desde el siglo XX hasta hoy; Familias, agregados y esclavos, de María de los Ángeles Meriño y Aisnara Perera, una investigación que abarcando un período de poco más de 80 años y centrada en los padrones de vecinos de Santiago de Cuba, devela interesantes aspectos de la cotidianidad colonial; así como las primeras ediciones en español de dos relevantes ensayos: Cuba insurgente. Raza, nación y revolución 1868-1878, la audaz interpretación realizada por la historiadora cubanoamericana Ada Ferrer sobre la influencia de la cuestión racial en las gestas independentistas de Cuba en el siglo XIX; y Haití, paisaje y sociedad, texto del antropólogo belga André Marcel D’Ans, que profundiza en las causas de la trágica pobreza de esa hermana nación.

El esfuerzo editorial de 2011 sustenta y a la vez conecta con las producciones de este nuevo año, en el que 48 títulos dedicados a las culturas del Caribe dan cuenta de nuestra sin par diversidad, pero también de historias económicas, culturales y políticas que alimentaron símbolos y códigos identitarios de indiscutible matriz caribeña. Varias de las obras de y sobre el Caribe dialogarán con títulos específicamente concebidos para rendir homenaje a dos efemérides dolorosas de la historia de Cuba: el asesinato de José Antonio Aponte y sus compañeros, y la masacre de los Independientes de Color.

Sobre Aponte reeditamos recientemente el clásico de José Luciano Franco y este año, con una nueva tirada, daremos mayor oportunidad al público cubano de disfrutar Una biblia perdida, novela de Ernesto Peña, ganadora del Premio Carpentier 2010, cuya trama logra trasladarnos al escenario de la conspiración, y revivir los hechos, sin renunciar a la belleza de las formas ni al suspense de la narración. Como novedades editoriales tendremos en la feria la primera edición en español de La rebelión de Aponte, del historiador estadounidense Matthew Childs, a cargo de la Editorial Oriente y, hacia finales del año, un libro con las memorias del evento que a propósito del bicentenario realizará la comisión creada al efecto, y que preside el Dr. Fernando Martínez Heredia. Comenzaremos nuestro tributo a Aponte en la feria, con el ciclo de conferencias “A 200 años de la conspiración de Aponte: el negro cubano en la lucha por la emancipación”, organizado por la Sección de Historia de la Asociación Nacional de Escritores. Este empeño intelectual conectará indefectiblemente con las batallas que a lo largo del siglo XX libraron cubanos de todos los colores por la igualdad racial, incluidos los militantes del PIC.

Nuestro homenaje a las víctimas de la masacre de 1912 también comenzará en la feria, con un panel coordinado por la Dra. Olga Portuondo. En él se presentará un tabloide, que contiene trabajos de varios historiadores cubanos. El bajo costo de este folleto nos permitirá imprimir varios miles de ejemplares para distribuirlos a través de Correos de Cuba y socializar el análisis de las causas y consecuencias de esta tragedia nacional. Los ciudadanos que deseen profundizar sus conocimientos sobre el asunto, podrán adquirir el tabloide en los estanquillos. Por otra parte, Ediciones Caserón presentará en la feria el título Por la identidad del negro cubano, que compila interesantes ensayos sobre el aporte de los africanos y sus descendientes a nuestro proceso de formación nacional y nuestras luchas por la libertad; tres de los trabajos contenidos en tan valioso libro se refieren a los acontecimientos de 1912. Más adelante, en el mes de marzo, la Academia de Historia de Cuba efectuará una jornada de reflexión sobre tan relevante y hasta hace poco silenciado proceso de nuestra historia; y digo proceso, no hecho, para recordar que la tragedia comenzó a gestarse en 1908, tras la inscripción del PIC como partido político y la divulgación de su programa nacionalista y antirracista. La jerarquía intelectual de los académicos que actuarán como conferencistas, nos han hecho comprometernos anticipadamente con la publicación de las memorias del evento. Este título, y Apuntes cronológicos sobre el Partido Independiente de Color, resultado investigativo del Archivo Nacional de Cuba que publicará Ediciones Santiago, forman parte de las obras que serán apreciadas por primera vez por los lectores cubanos.

Adicionalmente, hemos decidido reeditar obras con diferentes interpretaciones de las ideas, móviles e intereses de las figuras y fuerzas políticas que protagonizaron los hechos. Tal es el caso de Lo que nos corresponde. La lucha de los negros y mulatos por la igualdad en Cuba, 1886-1912, de la historiadora Aline Helg; así como Los Independientes de Color y Otra vuelta a mayo de 1912, de los autores cubanos Serafín Portuondo Linares y Oilda Hevia Lanier.

La actividad editorial en torno a estas conmemoraciones se une a importantes esfuerzos de otras instituciones. Se realizarán exposiciones, proyecciones de documentales, eventos académicos. Entre otras acciones, se emplazarán dos monumentos en recordación a José Antonio Aponte y sus compañeros.

¿Cuáles otros hechos o procesos trascendentales para la memoria histórica de Cuba están previstos de ser abordados en el plan editorial del Instituto Cubano del Libro en este 2012 que recientemente comienza?  

Este año daremos continuidad al esfuerzo iniciado en 2010 con la colección Alba-Bicentenario, publicando alrededor de seis obras, algunas de ellas ensayos, pero también textos de ficción. Entre los últimos, aspiramos a que resulten atractivas para el público lector sendas novelas del escritor ecuatoriano Juan Valdano y del venezolano Gabriel Jiménez Emán, que publicará la Editorial Arte y Literatura. 

También celebraremos, con nuevos títulos o demandadas reediciones, efemérides literarias importantes, como el bicentenario del natalicio de Cirilo Villaverde, el aniversario 110 de Dulce María Loynaz y la primera centuria de Virgilio Piñera. En el caso particular de este último, la colección conmemorativa Edición del Centenario, se conformará con un mínimo de diez títulos para abarcar la diversidad autoral de Piñera, innovador y auténtico en cada uno de los géneros literarios en que incursionó. Vinculo todo esto a la memoria histórica porque aunque su estrecha relación no siempre resulta tan evidente, historia y literatura constituyen, desde el apogeo de la cultura griega, elementos importantes para la construcción de la identidad cultural  de una nación. 

Por la importancia que tiene la historia para la construcción de la identidad de un país, ¿cuán significativo resulta acercarnos, desde la historiografía y las ciencias sociales, a acontecimientos que en su momento fueron silenciados y luego no se han abordado con sistematicidad? 

Es conocido que la memoria histórica —esa acumulación dinámica y transmisible de conocimientos, valores, representaciones y sentimientos de sujetos individuales y colectivos— mantiene un permanente intercambio con la memoria historiográfica, un ejercicio profesional de deconstrucción y relectura del pasado, en las condiciones de un presente que indefectiblemente se convertirá en pretérito, otra vez susceptible de nuevas reinterpretaciones. Una y otra se nutren mutuamente, unas veces complementándose para la confirmación de ciertos hechos y procesos; y otras, oponiéndose para refutar, desde el conocimiento científico o la memoria familiar, local, en fin, colectiva, las leyendas que perduran en el imaginario social.

Sobre la masacre de los Independientes de Color, una y otra hicieron silencio durante mucho tiempo. La sociedad, avergonzada de tal manifestación de intolerancia y barbarie, intentó cancelar esa parte de su memoria histórica; y la ciencia se mostró cautelosa, ante un terreno plagado de obstáculos al conocimiento, dada la escasez y diseminación de evidencias documentales que ayudaran a narrar la historia de las víctimas, y las complicadas relecturas que exigían los hechos, desaparecidos o muy ancianos ya sus testigos presenciales.

Los silencios son la puerta de escape de la sociedad ante conflictos no resueltos o responsabilidades no asumidas —por supuesto, en un sentido histórico—, sobre todo si el asunto silenciado resulta disonante respecto a los valores defendidos o proclamados por la sociedad. Pero los silencios sociales son como los gérmenes del organismo: tarde o temprano la acumulación rompe el equilibrio y aparece la fiebre. Entonces la ciencia, el activo social mejor preparado para detectar las anomalías del sistema, vuelve sobre el pasado, en un intento por volverse a explicar aquello que, al parecer, muchos sabían, pero con lo que casi nadie estaba satisfecho, o convencido.
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.