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Partido independiente de color:
en la trampa de la fraternidad racial
Esteban Morales • La Habana
Foto: Cubadebate

A modo de introducción

Me correspondió presentar el libro del reconocidísimo historiador Rolando Rodríguez, Premio Nacional de Ciencias Sociales. Fue un honor, y lo seguirá siendo, el que me haya solicitado esa tarea, que no soy su amigo íntimo ni tampoco historiador. 

Lamentablemente, circulan opiniones de que se trata de “un libro equivocado”, siendo esta una calificación muy seria y sobre todo excesivamente arriesgada yo diría que aventurera para calificar una obra que cuenta con un cúmulo de documentación original que no creo posea nadie más que el autor de la obra. Tuve acceso a ella para hacerme de mis propias interpretaciones y, quien desee superar la obra del compañero Rolando deberá, al menos, tener a la mano esa misma documentación. 

Más que hablar mucho del libro, con las licencias que la presentación de una obra nos permite, lo más que hice fue inspirarme en él, pues lo considero ciertamente inspirador para continuar investigando dentro de un tema en el que no creo que nadie pueda tomarse la atribución o hacerse la ilusión de haber dicho la última palabra. 

Quedan muchos espacios oscuros en nuestra historia y este, referido a los Independientes de Color, es uno de ellos. Rolando Rodríguez, por su parte, aportó información de la que es posible haber oído hablar, pero que nadie consultó como el autor. 

Es cierto que el tema levanta muchas pasiones, no se quisiera tirar sobre los Independientes la más mínima crítica, al punto de que yo mismo hubiera deseado que algunos documentos no existiesen; pero existen y hay que enfrentarse a ellos porque la ciencia exige, primero que todo, honestidad ante los hechos y valentía para enfrentarlos, aun cuando es posible equivocarse. Los que me conocen saben muy bien que no soy dado a las concesiones. 

Literatura no es ciencia, aunque pueden hacerse ambas a la vez. Pero si se quiere que las cosas vayan más allá de la ficción, los documentos y su interpretación son una condición ineludible para no caer en la subjetividad; aunque, cuando de interpretaciones se trata, los documentos tampoco son la varita mágica ni el tridente de Neptuno. 

Por eso reitero que el libro de Rolando Rodríguez es una obra inspiradora y quien desee superar ese escalón, que es la forma en que la ciencia avanza, lo que debe hacer es publicar una obra mejor, más fundamentada en la información y no pretender descalificarla solo en un puñado de cuartillas. 

Mi interpretación 

La intervención norteamericana, a partir de 1898, no solo expulsó al Ejército Español de la Isla, sino que comenzó un intenso proceso de restructuración (norteamericanización) de la vida cubana, dentro del cual, sin duda, los no blancos apenas tenían cabida. La definición del cubano, como hombre blanco, dada por José A. Saco, comenzaba a ser aplicada por los gringos casi con precisión matemática. 

Según el censo de 1907 Cuba tenía 2 048 980 habitantes. De ellos 274 272 negros y 334 695 mulatos. Ambos representaban el 29% de la población. A pesar de todos los esfuerzos realizados para poner requisitos que limitaran la posibilidad de su participación política, la temprana aprobación del sufragio universal masculino permitía que aproximadamente un 30% de la población no blanca pudiera ejercer el voto, por lo que, paradójicamente, los no blancos devenían un sector muy codiciado por los partidos políticos de la época[1]

Sin embargo, las condiciones bajo las cuales los negros y mestizos debían hacer uso del derecho que les asistía, no les eran nada favorables. Lo cual se expresaba, entre otros fenómenos, en que las múltiples promesas de que eran objeto durante los procesos electorales por parte de los líderes de los partidos tradicionales: Liberal y Conservador, una vez concluidos los comicios, tales promesas se diluían, y los negros y mestizos retornaban al “cuarto de desahogo” hasta las próximas elecciones. 

Las razones que explicaban ese comportamiento tienen sus raíces a partir del lugar que históricamente les correspondió a negros y mestizos dentro de la sociedad colonial cubana. Situación que una participación en las Guerras de Independencia les ayudó a superar bastante, pues una inmensa masa de ellos, la mayoría dentro del Ejercito Libertador, ganaron prestigio por su valentía, arrojo y sacrificio, que se hicieron indiscutibles al finalizar las contiendas por la independencia. Muchos negros y mestizos disfrutaban de una autoestima que nadie se atrevía a discutirles abiertamente. 

Sin embargo, las autoridades interventoras norteamericanas no tuvieron en cuenta para nada tales méritos y al organizar la República, a los negros y mestizos se les vio casi al margen de la distribución del poder. Los norteamericanos, para organizar la República a su antojo, prioritariamente se apoyaron en los generales blancos, los autonomistas (en su inmensa mayoría blancos también), en los hombres de negocio españoles que se quedaron en Cuba y en el Ejército Norteamericano de intervención. Los negros y mestizos, prácticamente, apenas algunos estaban en la Guardia Rural que se organizó, el nuevo ejército, la policía y el cuerpo de marina y de artillería, que finalmente organizó el entonces presidente José Miguel Gómez[2]

Cientos de hombres fogueados en las guerras, con méritos más que suficientes, cuando lograron ocupar alguna posición lo hacían solo en los puestos más desfavorables, de los más miserables salarios y con los grados más bajos, si es que lograban formar parte de algunos de los cuerpos militares.  

El racismo importado por los interventores yanquis, ligado al ya existente, se encargó de excluir a los negros de las posiciones de poder y de los puestos mejor remunerados. Una principal demanda de los negros era que se les diera más puestos de trabajo en el gobierno. Pero, “según el censo de 1907 había 205 empleados en el gobierno, de los cuales solo 11 eran negros” (Fermoselle p.83)[3].  

También los negros alegaban ser discriminados en las fuerzas armadas, donde de 8 238, solo 1 718, o sea el 28%, eran negros (Ob. Cit. p.83). Habiendo sido mayoría en el Ejercito Libertador, apenas ocupaban espacio dentro del nuevo ejército y el resto de los cuerpos armados. 

Entre la población de más de diez años, el 54,9% de los negros eran analfabetos, mientras los blancos apenas llegaban a un 38%. (Fermoselle p.83). 

Otras cifras sirven para denotar la baja participación de los negros en actividades de prestigio social, pues el número de profesionales negros también era muy reducido. Tal y como podemos ver en los datos siguientes: 

-          De 1 349 abogados, solo 4 eran negros.

-          De 1 343 médicos, solo 9 eran negros.

-          Negros había: 40 dentistas, 14 ingenieros, 5 veterinarios y 15 arquitectos. 

Excepto para el caso de la industria del tabaco, la queja de los negros estaba justificada, pues de 27 503 trabajadores solo 10 485 eran negros. 

La inmensa mayoría de los negros estaban empleados en la agricultura, fábricas de industrias mecánicas y también ocupando masivamente los servicios domésticos, todas actividades de las más bajas remuneraciones. (Fermoselle, p.83-84) 

Junto con ello, había comenzado a llegar a Cuba una inmigración blanca española, favorecida, que hacía aún más difícil la situación a los negros y mestizos para encontrar buenos empleos[4]

Entre la frustración acumulada por muchos independentistas al finalizar la guerra, la amañada y desequilibrada distribución de poder llevada a cabo por los norteamericanos durante la intervención, la traición de algunos viejos independentistas y el especialmente discriminatorio tratamiento dado a la población negra y mestiza, el ambiente social no careció de enrarecimiento, para que muy pronto comenzaran a aparecer las primeras señales de un descontento que trajo la emergencia de los atisbos de que un movimiento negro nacionalista se estaba organizando. En diciembre de 1906 afloraban los rumores de que los negros estaban descontentos con el Partido Liberal. El ambiente político ponía de manifiesto claramente en qué consistían y dónde residían las inconformidades de los negros y mestizos, las que se expresaban a través de varios llamamientos que veían la luz en el propio año de 1907. 

Entre ellos, el 3 de julio de 1907 salió el llamado “Manifiesto al Pueblo de Cuba y a la Raza de Color” publicado en la ciudad de Santa Clara por Ricardo Batrell. En el mismo se proclamaba fundar una organización que permitiera ayudarse mutuamente y trabajar por el progreso de la raza de color.  

Ese espíritu de reclamo de los negros y mestizos obedecía a que los mismos estaban orgullosos de haber contribuido a la formación de la República que había emergido. Aunque ello se contradecía sobremanera con el hecho de no haber visto aún cristalizadas sus aspiraciones[5]

Otro manifiesto, el de Lajas, del 27 de agosto del propio año 1907, “Al Pueblo de Lajas y a la Raza de Color”, pedía la unidad de los negros para obtener sus derechos. Al mismo tiempo expresaba que no volverían a ser engañados más por lo líderes que prometían y no cumplían. Este llamamiento ponía dentro del escenario político temporal un ingrediente ciertamente explosivo: los negros esgrimían el instrumento de su unidad para alcanzar sus reivindicaciones y lo hacían también para “evitar continuar siendo engañados por el liderazgo de los partidos políticos existentes”. 

A diferencia del denominado llamamiento de Camagüey, el de Lajas, si pedía la formación de un “partido independiente de negros”. Si se trataba o no de una solución políticamente viable, lo cierto es que no parecía una mera aventura, sino algo que emergía de un nivel de madurez de la conciencia política, alcanzado por un gran grupo de ellos. Que buscaban una solución radical a las dificultades para lograr su participación política dentro de la nación. No pocas veces habían insistido en que los partidos tradicionales, en particular, el partido liberal, no daban a los negros posiciones de consideración, mando y prestigio, acorde con la participación que estos habían tenido dentro de la república, incluso en la llamada Guerrita de 1906.  

Por lo que, desde 1907, ya se ponían de manifiesto las contradicciones que darían motivos al surgimiento de un partido independiente de los negros. Sin duda, esta era una idea extremo compleja y hasta peligrosa pues, aunque no se quisiera, rompía con los criterios de la llamada “fraternidad racial”, muy defendida, y que había caracterizado las relaciones entre negros, mestizos y blancos por muchos años.[6] 

Pero esa conciencia política de negros y mestizos emergía en medio de dos tendencias: la del llamado “Directorio de la raza de Color” a nivel nacional, y una segunda que ya buscaba la formación de un partido político independiente, de los negros. 

Una tercera posición, ya dentro del movimiento político de los negros, buscaba un levantamiento armado, como resultado, al parecer, del resentimiento acumulado contra los liberales por sus continuos engaños, los norteamericanos, y proveniente de los intereses que deseaban provocar de nuevo una crisis dentro del país[7]

Pero los negros de más baja condición económica estaban atrapados entre distintos fuegos. Los Directorios de las Razas, fundados en varias regiones, dirigían sus acciones a los negros descontentos. Por su parte, tanto el Partido Liberal de José Miguel Gómez, como el Conservador, trataban de atraer el voto de los negros, mientras que otros negros más radicales preparaban levantamientos para tratar de lograr bajo presión, lo que no conseguían pacíficamente. 

Pero, como bien expresa Aline Helg, “la concientización de los negros y mulatos cubanos y su desafío autónomo, incitaron a la elite dominante a hacer más explícita la ideología de la supremacía blanca”[8]. La idea de construir un partido negro independiente preocupó sobremanera a la elite blanca, haciéndola tirar a un lado la idea de la “fraternidad racial” y esgrimir de manera explícita lo que en su mayoría habían defendido: la de la hegemonía blanca. En 1906, durante la insurrección liberal contra Estrada Palma, la violencia había emergido como potencial solución para no pocos, un antecedente ineludible para cualquier análisis. 

Las fuerzas políticas liberales y conservadoras no querían esta última alternativa, pues la suya era que no se produjera ninguna desviación del proceso político, de modo que contradijese preservar la formación y hegemonía de los partidos burgueses. Lógica aspiración de los sectores de poder, de que todas las fuerzas políticas que emergiesen quedasen agrupadas, encasilladas, dentro de una estructura de partidos, cuyo rejuego político electoral era el que en definitiva les permitía mantener su hegemonía. 

De todos modos, alguna claridad existía sobre cuál era el trasfondo de las contradicciones políticas del momento pues, en particular, la opinión del gobierno norteamericano de la época era que las revueltas de los negros se debían a que estos no habían recibido una parte adecuada de los puestos en el gobierno. Cínica clarividencia imperial de su parte. Luego, aunque las contradicciones políticas pudieran adoptar un rostro racial y así le convenía a la elite presentarlas, en el trasfondo se trataba de una cuestión de poder, de clase. 

Entre 1898-1902, la intervención norteamericana había dejado como lastre la inmensa cantidad de negros y mestizos que, habiendo combatido a veces por más de 30 años por la independencia, finalmente no les había tocado nada en  la distribución del poder de la República. 

Por esta razón, los intentos de construir un partido negro ya habían emergido desde principios del siglo, después de la llamada Guerrita de los Liberales en 1906. Aunque muchos negros habían participado en ella, nunca lograron ver reivindicados sus intereses. Simplemente, los negros y mestizos fueron utilizados y después no les tocó nada en la distribución. La elite blanca se lo había repartido todo, como “botín de piratería. 

Con posterioridad a la aprobación de la Enmienda Morúa, sin duda, el papel desempeñado por EE.UU. en el derrocamiento de Tomás Estrada Palma durante la llamada Guerrita de 1906 —es decir, ante la tozudez de este—, su definitiva contribución para descarrilarlo a favor de los liberales quedaría como una señal que sería interpretada por la dirección del Partido Independiente de Color como que EE.UU., en algún momento, los ayudaría a derogar la enmienda[9]. Tampoco es posible trasladar el EE.UU. de ahora al de aquellos tiempos, dentro del cual la democracia, los compromisos y la politiquería tenían un tono más sofisticado[10]

Sin duda, la actitud asumida por EE.UU. frente a la incapacidad de Estrada Palma de negociar ante la insurrección de 1906, nos permite colegir que las esperanzas que los miembros del Partido Independiente de Color pusieron en que el gobierno norteamericano los ayudaría, presionando a su favor para derogar la Enmienda Morúa, no era algo festinado ni pura ilusión. 

Por eso, tal vez, Gregorio Surin lanzó en Previsión una proclama que en realidad era para estremecer a los patriotas no simpatizantes del PIC. En la misma se decía: “Si la propuesta de Morúa se convierte en ley irían a dirimir ese asunto de derecho a Washington, donde nuestra vida política había sido sancionada por un gobierno fuerte que no temía a las manifestaciones del sentimiento popular” (Rolando Rodríguez. República de Corcho, p. 302). 

En realidad, es difícil de creer que personas de una inteligencia normal y golpeada por la experiencia política de la actuación norteamericana se creyesen semejante acción de Magoon como algo repetible. Esto, además de una bofetada a la gran masa del pueblo cubano, que no resistía la Enmienda Platt, era reconocer el derecho de EE.UU. a meterse en los asuntos de Cuba. Pero creo que se manejaba por el PIC como una esperanza de algo que en otro momento había sido posible. (Para ampliar ver: Ob. Rolando Rodríguez p. 302).  

Sin embargo, en realidad un reconocimiento como ese, del poder de la Enmienda Platt, no podía tener mejor resultado que restarle prestigio al Partido Independiente de Color, ante aquellos en los que más debía buscar el apoyo político. Sin duda, no era un buen camino para lograr la aceptación que el Partido necesitaba.  

La fundación del PIC 

Entre 1878-1889 se había intentado construir un partido de negros al frente del cual estaría Juan Gualberto Gómez, pero la idea no fructificó porque Gómez era enemigo de dividir a blancos y negros. Al contrario, estos debían unirse contra el poder español en Cuba[11]

En 1908, Evaristo Estenoz y Gregorio Surin, en La Habana, crearon la que llamaron Agrupación de los Independientes de Color, la que más tarde cambiaría su nombre por Partido Independiente de Color[12]

Tal vez ante el temor de una posible sublevación, Charles Magoon, entonces interventor en la Segunda Ocupación norteamericana, legalizó el Partido. Pretendía, según parece, apaciguar a los negros y mestizos belicosos, porque sabía de la participación de estos en la Guerra del 95 y en la insurrección de 1906. Pero también es posible imaginar que esa aprobación se debía a que la misma no contradecía que en los EE.UU., a pesar del racismo imperante, los negros y otros grupos (minorías) fundaban sus organizaciones para reclamar mejoras para su población. 

A finales de agosto de 1908 la Agrupación comenzó a publicar su órgano oficial, bajo el nombre de Previsión. Este último lanzó campañas que al parecer causaban el temor de los blancos. 

Ser blancos independentistas, a los negros que habían luchado contra España. Visión un tanto torcida de traición, porque se partía de un análisis de colores y no de clases. Los blancos en realidad no traicionaban a nadie, simplemente, muchos de ellos con poder, dinero y respaldados,  respondían a la defensa de sus intereses. 

Lamentablemente, aunque no fuese su intención, en medio de los temores que un posible enfrentamiento racial producía, el PIC, sin proponérselo, provocaba una cierta división entre blancos y negros, que asustaba y no era aceptable para muchos cubanos de ambas “razas”. Cosa que los principales fundadores de la nación cubana nunca habrían permitido. 

Incluso, el propio Antonio Maceo, el negro más aguerrido y luchador contra la discriminación racial, la sufría, pero nunca se atrevió a decir ni hacer nada que pudiese dar la impresión de que blancos y negros pudiesen convivir separados. A pesar de sufrir no pocas veces la discriminación, Antonio Maceo era un inclaudicable defensor de la unidad de todos los cubanos. Lo principal era hacer la guerra contra España para lograr la independencia y Maceo ya había vivido las consecuencias que la división entre los cubanos podía provocar. La República sería otra cosa. José Martí la había proclamado “Con todos y para el bien de todos”. Sin embargo, ya estábamos en la República y el sueño martiano parecía evidentemente frustrado, al menos para la inmensa mayoría de los negros y mestizos. 

Cierto, no era lógico hablar de traición a los negros, aunque realmente es verdad que los generales blancos, en su inmensa mayoría, fueron evidentemente favorecidos por una administración interventora racista, a la que ayudaron a convertir en polvo la idea de la República martiana por la que tantos cubanos, blancos y negros, habían muerto.  

A muchos generales de la Guerra de Independencia hasta Gerardo Machado y Morales, el último de la lista, que se beneficiaron sobremanera, les cabe el lamentable honor de haber puesto en práctica el modelo neocolonial diseñado para Cuba por EE.UU., mientras que un general de cuatro guerras como Quintín Banderas no recibió más que un miserable puesto de cartero, para finalmente morir vilmente macheteado. 

En 1908, la agrupación presentó candidatos legislativos en La Habana, pero solo alcanzó 2 000 votos y ninguno resultó elegido. El mismo Estenoz obtuvo solo 95 votos, fallándoles entonces la idea de que debían ir en lista independiente (Fermoselle, pp.111-112). 

Los Independientes de Color no buscaban supremacía de raza, sino que no hubiera supremacía. Se unían no como negros y mestizos, sino como oprimidos. Tampoco la agrupación era un fin en sí mismo, por lo que impedirles unirse era permitir que continuase la supremacía blanca y la desigualdad. En sus filas se permitían blancos, y se integraron muchos españoles anarquistas. Su programa era nacionalista con base en la búsqueda de la igualdad social y racial, pro obrero y pro campesino, favorable a la educación universal y a una justicia de verdad equitativa. Por esto es muy posible que los ataques de racistas con que les persiguieron siempre, no fueran más que un modo también de tapar la animadversión y la cobardía que les provocaba a los sectores blancos de poder el tener que soslayar enfrentarse con un programa que ni cínicamente hubieran podido ser capaces de adoptar. 

Pero, lamentablemente, también se manifestaba en el Partido Independiente de Color cierta dualidad contradictoria respecto a EE.UU. 

-Reclamaban la aprobación dada por Magoon, por lo que de hecho aceptaban así la Enmienda Platt, al considerar que era bajo su autoridad debía devolvérsele estatus legal al partido[13]

-Apelaron a la autoridad del Presidente de los EE.UU. para lograr el reconocimiento de su demanda. 

-Parecían reconocer el racismo norteamericano, porque su órgano Previsión, en la práctica, defendía la blandura del racismo yanqui ante un racismo más marcado en Cuba[14]

Sin duda, el PIC buscaba justicia apelando a los mecanismos de poder tal y como estos funcionaban en aquellos momentos. Pero lamentablemente las claves de ese poder no estaba en manos de los cubanos, sino bajo el control de  EE.UU. por lo que le quedaban muy pocas alternativas. 

Sin embargo, el PIC tenía una postura no solo antirracista, sino que también se pronunciaba contra el expansionismo yanqui y la propia Enmienda Platt, considerando entonces a Guantánamo y Bahía Honda como dos heridas en el cuerpo de la nación. No obstante, todo parece indicar que la obsesión por quitarse de encima a la Enmienda Morúa, en la práctica los llevó a soslayar un poco sus propias concepciones patrióticas. Es de destacar que no estaban en medio de la guerra, sino en la República, controlada por EE.UU. y administrada por sus cancerberos, por lo que se trataba de un terreno muy resbaladizo, donde no era difícil quedar envueltos por la politiquería, que fue lo que finalmente les ocurrió. 

En las elecciones parciales de 1910 solo tendrían derechos liberales y conservadores. Para entonces el Partido dejó de llamarse Agrupación y adoptó el nombre de Partido Independiente de Color. 

Estenoz fue detenido por violar la Ley de Imprenta, acusándolo de ser el autor de un violento texto aparecido el 30 de enero de 1910. (Ver: Rolando Rodríguez, La Conspiración de los Iguales, p. 299). El gobierno confiscó Previsión, y Estenoz fue condenado a 120 días de arresto. 

El Senador Martín Morúa Delgado aprovechó la ocasión el 10 febrero del propio año y presentó al Congreso una Enmienda al artículo 17 de la Ley Electoral.

Supuestamente, con esa acción Morúa defendía la unidad de los cubanos. Puede, tal vez, que esa haya sido su intención personal, pero en la práctica no se trató más que de una trampa para sacar del juego electoral al Partido Independiente de Color. Comenzó así una larga batalla político-legal en la que muchos se vieron envueltos dentro de la cámara, destacándose entre ellos Salvador Cisneros Betancourt, al considerar que “la Enmienda de Morúa traería más problemas de los que trataba de evitar”, y así fue[15]

Pienso que de no existir la Enmienda y de haberse podido evitar lo peligroso que resultaba un partido de filiación racial, sobre la base de un debate amplio acerca de la necesidad de dar espacio político real a los negros y mestizos para que estos no se viesen obligados a constituirse en partido independiente por sentirse presionados, pues se trataba de solucionar el asunto por la vía de una imposición como la enmienda, se habría podido avanzar. Pero para ello se requería la voluntad política de la mayoría blanca y de los negros que se oponían. Eran los blancos sobre todo los que tenían el poder, aunque también los negros exigían una mejor distribución del mismo. Sin embargo, creo que la sociedad cubana de entonces no estaba preparada para un debate de esa naturaleza y todo solo podía terminar, como terminó, en una gran masacre dentro de la cual los negros no cedieron, pero los blancos tampoco. En el fondo, el asunto no era un simple problema racial sino de clase, de poder, donde la cuestión racial era solo el ingrediente que agravaba la confrontación, pero no su esencia. 

Pensamos que el PIC absolutizó el enfrentamiento a la Enmienda Morúa reduciéndolo todo a una batalla electoral y esa batalla llevó al Partido Independiente de Color a cometer un conjunto de errores políticos que le restarían muchas fuerzas para sostener la totalidad de sus demandas y focalizar el debate por alcanzarlas de una manera más amplia y positiva atrayendo hacia ese debate tanto a negros y mestizos, como a blancos de la población humilde, que podían identificarse con el programa del partido. 

Entre tales errores debemos mencionar los siguientes: 

- El primer error fue olvidar que la batalla del PIC no podía ser solo contra la Enmienda Morúa, sino una lucha político-social por ganarse a la masa de negros y mestizos, y hasta de blancos, pobres sobre todo, que podían encontrar reflejadas muchas de sus aspiraciones en el Programa del Partido; por cierto, muy progresista para su época. 

- Prestar más atención al aspecto organizativo del Partido para evitar lo que de hecho se produjo en algunas ocasiones, la emergencia de iniciativas regionales, que no pocas veces pusieron en peligro las intenciones pacíficas y no racistas del partido. 

-Haber confiado de manera muy idealista, apoyados en la estrategia de 1906 contra Estrada Palma, en que el gobierno norteamericano defendería en Cuba reivindicaciones políticas de negros, cuando dentro de su propio país practicaban el racismo más despiadado. Además, la diferencia con 1906 era que fueron blancos los que lideraron entonces el movimiento. 

-Creer que José Miguel Gómez se vería obligado en algún momento a derogar la Enmienda Morúa. 

-No tomar suficientemente en cuenta, los factores de peligro presentes en el ambiente político de la época, tales como: el interés de algunos sectores por provocar  la intervención norteamericana, el racismo presente en la vida nacional, el peso de la propaganda racista que magnificaba, tergiversaba y manipulaba toda actividad del partido como una acción dirigida contra los blancos y sus familias; además de la actitud paranoica del gobierno norteamericano contra toda actividad que pudiese afectar sus propiedades en Cuba. 

- Los independientes confiaron en que conversar con José Miguel Gómez les serviría para adelantar algo en sus aspiraciones de abolir la Enmienda Morúa, pero no valoraron suficientemente algunos asuntos que tendrían consecuencias desastrosas. Entre ellos: 

- Muy pronto, una vez producido el alzamiento, el Presidente comenzó a sentir la presión proveniente del gobierno de EE.UU. para que protegiera las propiedades y los ciudadanos norteamericanos, a lo que se aliaban los cónsules norteamericanos, ingleses y franceses. 

- Beaupre, Ministro representante del gobierno norteamericano en Cuba, en coordinación con el cónsul inglés, francés y otros funcionarios representantes de los negocios norteamericanos en la Isla, se afanaba continuamente por magnificar el peligro que representaba la insurrección, e informar al gobierno estadounidense acerca de las incapacidades de la administración cubana para proteger las propiedades norteamericanas. 

-Varias personalidades presionaban continuamente por la intervención norteamericana. 

- Dentro del Congreso se movían fuerzas dirigidas a poner en manos de José Miguel Gómez todas las capacidades para terminar la insurrección de la manera más violenta posible. 

- El Presidente no hizo el menor caso a la realidad de que los insurgentes rehuían los combates, evitando los enfrentamientos con el ejército. Todo lo contrario, al haberse corrido fuertemente el rumor de que había algún entendimiento con los líderes del Partido Independiente para que lo que tuviera lugar fuese un simulacro de enfrentamiento. Gómez movilizó tropas y armamentos suficientes para masacrar la insurrección. Por lo que, en el congreso, al triunfar la idea de la suspensión de garantías y definitivamente aprobarse la Enmienda Morúa, el General Monteagudo, jefe del ejército, se vio protegido para actuar con toda violencia y criminalidad, como efectivamente lo hizo. 

Acontecimientos preliminares del alzamiento armado 

Evaristo Estenoz hizo constar en más de una ocasión que el PIC había sido respetado y considerado por el gobierno de Washington durante la Segunda Ocupación, en la persona de Magoon. Por su parte, Pedro Ivonnet, renunciaba al Partido Conservador y se les unía para ser presidente del PIC en Oriente. 

Pero, según se acercaban los momentos definitorios de la contienda contra la Enmienda Morúa, la situación política para el PIC se tornaba más difícil y compleja. 

El 3 de marzo de 1910 apareció en “La Lucha” un manifiesto de las Sociedades de Color, bajo la dirección de Juan Gualberto Gómez, que criticaba a los Independientes por rígidos e impacientes. No los apoyaba y este despegue hacía un gran daño al Partido, pues se enajenaba al negro más importante de la época. 

Los liberales se preocupaban, pues no se acababa de aprobar la Enmienda, y los miembros del PIC continuaban organizándose y constituyéndose. En tal caso, José Miguel Gómez tampoco quería ceder terreno a los Conservadores y asumiendo un papel de árbitro supremo, que supuestamente estaba por encima de la disputa, cortejaba a los Independientes y les prometía interceder para que la Enmienda no quedara aprobada. 

Estenoz, como parte de la campaña para evitar la aprobación de la Enmienda, atacó fuertemente a Gómez, tildándolo de lechero y a Morúa de negro vendido, llamándole ignorante al coronel Manduley.  

El Club Aponte tuvo una fuerte polémica debido a la pertenencia de algunos de sus miembros al PIC, a los que expulsó. 

Por su parte, Enrique José Varona se pronunciaba contra el “coqueteo con una organización que se basaba en el color”, señalándolos como irresponsables que comprometían el futuro de la patria. 

En el órgano Discusión les aconsejaba no agruparse por la raza y les sugería aliarse al Partido Conservador. 

No eran pocas las manifestaciones de desaprobación que el PIC recibía continuamente de miembros de todos los grupos raciales y prácticamente de todos los sectores sociales. 

El 22 de abril, el Ministro norteamericano Jackson le escribió al de Estado Knox que se había reunido con Estenoz. Este le había asegurado que su partido era legítimo, pues lo había reconocido Magno, que estaba integrado por negros y blancos y no tenía que provocar acciones para derramar sangre o provocar una intervención de EE.UU. 

Pero la opinión de Knox era que detrás del PIC había blancos que deseaban crear una causa de intervención y de posible anexión. Estos eran, según él, los que querían crear una situación similar a la de 1906, que a pesar de su negativa inicial, al final, había tenido que aceptar la solicitud de Estrada Palma de intervenir en la Isla[16]

No obstante, en realidad, la entrevista con Jackson fue un error del PIC, pues ya la proclama de Surin, mencionada más arriba, había servido para levantar la sospecha de que el PIC buscaba la temida injerencia de EE.UU., lo cual contribuía a enajenarle las simpatías del elemento más patriótico del país, pues realmente imaginar que EE.UU. sería fuente de justicia para los negros en Cuba era algo ciertamente descabellado. ¿Cómo era posible imaginar que el Gobierno norteamericano apoyara a negros en su neocolonia si prácticamente los masacraba en su propio país? Es una respuesta que no vale la pena encontrar. Sin embargo, el PIC insistió en semejante asunto casi hasta el cansancio. 

La noche del 22 y 23, hasta el 25 de abril de 1910, fueron arrestados 59 de los principales dirigentes del PIC. Para representar al líder se constituyó como defensor el General Freyre de Andrade, dirigente del Partido Conservador. La jugada era clara, se trataba de atraer al PIC al control de los conservadores. 

Además, la prensa reforzaba la idea de que el PIC era el plan de algunos blancos y extranjeros para buscar el derrocamiento del gobierno y provocar la intervención de EE.UU., algo similar a lo que había tenido lugar en 1906. Pero en 1906 EE.UU. no había intervenido en favor de negros. 

La tensión era tal que el Consejo Nacional de Veteranos publicó el 23 de abril en El Veterano el manifiesto “Ni blancos ni negros, solo cubanos”, donde se acusaba a los Independientes de Color de encabezar una campaña racista encaminada a destruir la república cubana por lo que entonces el PIC tampoco podía contar con los veteranos, una fuerza que poseía arrastre y prestigio suficiente. 

Se creaba así una atmósfera que hizo que las Sociedades de Color de La Habana condenaran la agitación de los Independientes de Color. Previsión se vio obligado a declarar que no buscaban la intervención ni se proponían el levantamiento armado. El periódico trataba de salir en defensa del partido en medio de la situación tan desfavorable que se les creaba. Pero el desequilibrio entre lo que un solo periódico del partido podía hacer en su defensa y el resto de la prensa era muy grande[17]

El 29 de abril de 1910 fallece Morúa Delgado y el 2 de mayo, sin duda influenciadas por el acontecimiento, la Enmienda es aprobada con 42 votos contra 20, y pasa a conocérsele como la Ley Morúa. A partir de entonces, la batalla contra la Enmienda prácticamente concentró definitivamente todos los esfuerzos del PIC.  

El 20 de junio del propio 1910 diez de los detenidos del PIC decidieron acatar la Enmienda y declararon disuelto el PIC. A pesar de haber sido excarcelados 57 disidentes, Estenoz continuaba encerrado y expresó que el partido seguiría luchando. 

Los que permanecieron en prisión tomaron la decisión de que o la Enmienda Morúa era derogada, o por la fuerza la echarían abajo. Finalmente, Estenoz es liberado y en octubre se encarga de hacer público que el PIC continuaba, pues su disolución en la cárcel no había sido reconocida por una parte importante de sus miembros y que él continuaba siendo el jefe del Partido. 

Pero, en el mismo octubre de 1910, Isidoro Santos Carrera y Zamora Francisco Caballero (miembros del Comité Ejecutivo Provincial del PIC en Oriente) dirigen una carta al Presidente de EE.UU. reclamando la legalidad del PIC que había hecho Magoon y, lamentablemente, en la misiva califican de visionaria a la Enmienda Platt. 

Sin lugar a duda, una carta como esa, al Presidente norteamericano, halagando la Enmienda Platt, le restaba aun más prestigio al Partido, haciéndolo quedar como antipatriótico[18]

A la misiva mencionada, le siguió una carta a José Miguel Gómez, de fecha 18 de octubre, pidiéndole aplazar las elecciones. Tan nada aceptable como la anterior. 

En realidad, todas estas reclamaciones carecían de valor, pues Estenoz se había reunido e invocado el dictamen dado por Magoon de beneplácito con el PIC, lo cual se había basado en la Enmienda Platt, pues bajo su jurisdicción era que había tenido lugar la Intervención de 1906. 

Como algo nuevamente lamentable en sus reclamaciones, llamaban a  Magoon ilustre ciudadano, cuando todos sabían de su falta de prestigio en los EE.UU. y de sus vínculos corruptos en Cuba. 

En las solicitudes del PIC se ponía claramente de manifiesto la mentalidad de subordinación existente en casi todos los políticos cubanos de la época. Aunque los del PIC en su inmensa mayoría eran negros y mestizos, por lo que entonces, ¿qué tenían que hacer estos últimos pidiéndole clemencia al Presidente de la nación más racista del hemisferio? De  ello salió el desaire esperado, donde el Presidente de EE.UU., respondía “… que no consideraba oportuno formular sugerencias al gobierno cubano”. 

Otros de los desvaríos políticos de varios miembros del PIC se expresaba en que junto con los disidentes de la cárcel, otros también se expresaban de acuerdo en votar por el Partido Conservador, criticando a los liberales por haberlos encarcelado.  

Estenoz trabajaba arduamente para reanimar el PIC que en 1912 tendría como tareas no apoyar a ningún candidato y derogar la Enmienda Morúa. A la sazón, Fernando Freyre de Andrade y Armando André habían presentado un proyecto de Ley para derogar la Enmienda Morúa, pero aun después de mucho debate no se logró nada concreto en la dirección defendida, entre otros, por el propio Andrade, Lino D’ou y Campos Marquetti[19]

Como un lamentable error de cálculo, el PIC no prestaba atención suficiente al contexto político en que tendría que moverse su pronunciamiento de levantamiento armado. Entre otros, sería grande la alarma que se crearía, que traería el recuerdo de las rebeliones de esclavos y en particular del “miedo al negro” que la Revolución de Haití había provocado y que todavía permanecía en la conciencia de muchos blancos y negros también. 

El camino hacia el levantamiento armado 

En enero de 1912 fue presentado un recurso de inconstitucionalidad contra la Enmienda Morúa; pero fue declarado sin lugar, así se esfumó la última esperanza del Partido Independiente de Color. Perdidas las esperanzas de anular la acción de la Enmienda Morúa, los Independientes de Color continuaron trabajando en las direcciones siguientes: 

-Acentuaron el trabajo en función de preparar la protesta armada, término que no dejaba muy claro su significado, su posible comprensión, aceptación, ni sus  límites. Pero se hablaba en él de protesta y de armas.  

-Estenoz programó una visita a Washington para insistir en reclamar la aprobación dada por Magoon. 

-A mediados de febrero una comisión encabezada por Estenoz se entrevistó con el Presidente Gómez. Aquí el Presidente hizo algunas promesas de ayuda, pero reclamó que borraran el término “color” de la denominación del Partido. Esto último parecía ser lo que más preocupaba y molestaba a las elites blancas de los partidos tradicionales. Aunque también a no pocos negros. 

-Estenoz finalmente lanzó un ultimátum a Gómez: si la Enmienda Morúa no se derogaba antes del 22 de abril de 1912, los negros lucharían por preservar su honor. Acto seguido, Estenoz, en Reivindicación, publicó una circular amenazando al gobierno con desatar una ola de protestas y una manifestación masiva en Oriente. En realidad se trataba de un peligroso ultimátum, que no tomaba muy en cuenta las condiciones bajo las cuales el Partido lo realizaba. (Rolando Rodríguez, pp. 321-323) 

El ministro Beaupre, inmediatamente, informó al Secretario de Estado norteamericano, sobre la visita de Estenoz al presidente Gómez, diciendo que Estenoz había declarado a la prensa que su Partido era todopoderoso y que ningún partido podría ganar sin su ayuda. (Rolando Rodríguez p. 323). De modo que Beaupre informaba que el PIC pretendía lograr sus objetivos por tres vías:  

-Presionando a José Miguel Gómez y al Congreso. 

-Por la vía de la intervención de EE.UU. 

-Por una negociación con las armas en la mano. 

Los negros siempre habían sido columna vertebral de los levantamientos armados en Cuba, pero bajo el mayoritario liderazgo de los blancos, nunca solos. La prensa, tornando aun más tensa la situación, insistía en que el PIC recibía ayuda de Haití y de Jamaica, elemento este que fue extensamente manipulado. 

Por otro lado, la situación del PIC se tornaba aún más complicada y peligrosa, al continuar insistiendo en apostar a que una decisión de EE.UU. les beneficiara. Esta política los alejaba cada vez más de las simpatías populares que necesitaban mucho tanto de parte de los negros, como de los blancos. 

El 21 de marzo, Estenoz enviaba un cable al Presidente Taft, en el que pedía protección y acusaba al gobierno de no ofrecer garantías a su partido. Esta acción fue realizada también por decenas de miembros del PIC, por medio de Beaupre para hacerlo llegar a Taft. (Rolando Rodríguez, la Conspiración de los Iguales. p. 326). 

A pesar de los atropellos de que eran objeto, ofensas y hasta prisión, ello no justificaba insistir por parte de los militantes del PIC, pues mientras veteranos y patriotas solicitaban a EE.UU. no intervenir en Cuba y salvar la República (maltrecha, pero República al fin) los Independientes solicitaban que se les aplicase el artículo III de la Enmienda Platt, con tal de salvar su partido. Sin duda, se trataba de un egoísmo que lindaba con el oportunismo y la falta de patriotismo. 

La prensa entonces utilizaba los documentos emitidos por el PIC para atacarlos por doblegarse a Washington, considerado como reprobable ante la conciencia nacional, aunque esta misma prensa no se cansaba de adular a Washington. En realidad, el patriotismo de la inmensa mayoría de esta prensa cabía en el bolsillo pequeño de cualquiera; pero con mucha frecuencia la demagogia y el cinismo no pagan entrada, se cuelan por los resquicios más insospechados. Esa misma prensa que exacerbaba el sentimiento racista contra los Independientes, los acusaba de antipatrióticos. 

En medio de esta situación llegó la artimaña de José Miguel Gómez. Sabiendo este último que Estenoz se entrevistaría con Knox, el 5 de abril lo convocó a una reunión a Palacio, donde le prometió que la circular que prohibía los mítines, sería cancelada y hasta que la Enmienda Morúa sería derogada.  

El gobierno trataba de hacerle creer así a Estenoz que EE.UU. le demandaba cesar sus actividades, comentándoles que habían recibido cartas de Washington procedentes del Presidente Taft (Rolando Rodríguez p. 329). 

Para tratar de captarlo, Gómez llamó a Ivonnet a Palacio, quien llegó a la reunión con las aspiraciones del partido y rechazó su cambio de nombre, así como con la decisión de apoyar al candidato presidencial que más ventajas les diera[20]. Ivonnet declaró entonces que regresaba a Oriente sin haber logrado que el gobierno derogara la Enmienda Morúa.  

El mismo día 14 de abril, Gerardo Machado derogó la circular que prohibía los mítines al PIC. Se dice entonces que en reciprocidad, el PIC quitó lo del color.  

El PIC comprendía que tendrían que lograr rápido derogar la Enmienda Morúa. De lo contrario, quedarían marginados del proceso electoral. Entonces se estudiaron algunas opciones. Las más importantes fueron: 

-Cambiar el nombre del partido y darles cargos a blancos. Pero entonces habría que reinscribirlo y eso significaba en la práctica abandonar la batalla. 

-Disolver el partido, lo cual implicaba retirarse de la contienda electoral. 

-Organizar una protesta armada, peligrosa variante que podría llevar a la ocupación, como en 1906, presionando para obligar al gobierno de José Miguel Gómez a derogar la Enmienda Morúa. (Silvio Castro. p. 129).

A partir de entonces, comenzaron procesos que llevaron al desenlace fatal.  

Pienso, no obstante, que la primera alternativa, habría ayudado a convertir al partido en un movimiento popular. Con un programa atractivo, que podía desplazar a los otros partidos y atraer masas, también a los negros de renombre, como lo eran Juan Gualberto Gómez, Silverio Sánchez y otros que se mostraban renuentes a brindar su apoyo al PIC. 

El 12 de mayo de 1912, se reunió el Ejecutivo nacional del PIC, con la presencia de Estenoz y la participación amplia del resto, 13 en total, en la calle Virtudes No. 95 (Ver: Silvio Castro.p.90). 

Durante la reunión, el debate se centró en ir a la Protesta Armada o cambiar el nombre del Partido y seguir luchando dentro de la legalidad. También se consideraba necesario conocer la opinión de José Miguel Gómez sobre la derogación de la Enmienda Morúa y sobre los obstáculos que les oponía Gerardo Machado, ministro de Gobernación, para la lucha legal.(Ver: Portuondo Linares. p. 148). 

Se consultó en clave con los Comités del partido sobre las opciones. Una abrumadora mayoría de las juntas votó por tomar las armas. (Portuondo Linares p. 147). 

Por su parte, Ivonnet, presentaba el proyecto de los Independientes de la manera siguiente:

Confiaba en que se haría una asamblea para cambiar el nombre del partido y decidir a quién apoyar como presidente.

Se irían al Campo las fuerzas comprometidas para alzarse. No habría enfrentamientos de sangre. A los 8 días se derogaría la Enmienda Morúa y después apoyarían la reelección de Gómez. 

Después de la mencionada reunión entre Gómez e Ivonnet, la prensa hablaba de un pacto entre ambos. En realidad, el Presidente había tenido un diálogo con el PIC y les había prometido derogar la Enmienda Morúa. Pero ello no significaba que hubiera un pacto. 

Pero, el 26 de mayo, en una entrevista de Ivonnet y Estenoz con el periodista Bacardi, para El Cubano Libre de Santiago de Cuba, cuando ya los Independientes se habían ido al monte, rechazaron que se hubiera establecido ninguna combinación con el Presidente Gómez. Explicando que le habían dado a entender a este último que si no satisfacían sus demandas se verían obligados a adoptar una actitud violenta. (Rolando Rodriguez. p.332). 

Se especulaba mucho sobre un posible arreglo entre el PIC y Gómez, pero ello  es muy difícil de admitir debido a su peligrosidad. Esto tampoco está probado. 

De todos modos, Gómez, por su parte, para negar que hubiera habido algún pacto, tenía que hacer todo lo posible por manifestar su voluntad de aplastar la insurrección. A lo cual se sumaban otros asuntos, tales como: 

1-   Las fuertes presiones en el congreso para que no se pudiera derogar la Enmienda Morúa. 

2-   Las intrigas del ministro Beuapre, continuamente sobredimensionando todos los peligros, para justificar la ocupación y una posterior anexión. 

3-   El peligro real de que el PIC había aplicado la variante más peligrosa de rebelión: la llamada Protesta Armada. 

4-   La actitud cínica del gobierno norteamericano, que nunca mostró la intención de reiterar la aprobación que Magoon le había dado al PIC.  

La tesis de un supuesto acuerdo entre Gómez y el PIC para el alzamiento, es totalmente cuestionable. Pero es cierto que el Presidente hizo promesas de derogar la Enmienda Morúa. Por lo que tan cercana las elecciones, e incumplida la promesa de Gómez, ello llevó más a los independientes por el camino de la violencia. 

No era la intención del PIC derrocar al gobierno, pero la variante seleccionada para lograr sus objetivos era la más peligrosa de todas. Al mismo tiempo, debiendo buscar apoyo en los negros, pero también en los oprimidos en general, no lo lograron, siquiera, parece, que lo hayan intentado con la mayor fuerza y lo que hicieron fue moverse dentro de las estructuras del poder interno, el gobierno de EE.UU. y se olvidaron del pueblo, perdiendo todo el carácter social y movilizador que pudo haber desplegado su movimiento. 

Por su parte, el gobierno norteamericano, al producirse el alzamiento, apoyó la masacre que realizaría el Ejército Nacional y los voluntarios, bajo el mando del General Monteagudo. 

Sin duda, aquellos negros, orgullosos de su papel en la Guerra de Independencia, parecían no comprender que los enemigos ahora no eran los mismos, ni ellos tampoco eran los mismos, a quienes se les enfrentaban entonces ahora como negros armados contra blancos de la elite en el poder. 

El levantamiento armado 

Fue en Oriente donde se focalizó el conflicto. Lógico, si al observar el censo se ve que de los 609,000 negros y mestizos que se decía entonces había en Cuba, en Oriente había 195,000, concentrándose la mayoría en la franja sur de la provincia. (Rolando Rodríguez, p. 336). Donde también estaban los líderes más importantes del partido. 

Al mismo tiempo, se prestaba atención a la composición racial de la zona donde, según el censo de 1907: El caney tenía 53% mestizo, Alto Songo 71,8% y San Luis 68,9%. 

El 17 de mayo, en el parque Crombet, de Santiago de Cuba, se llevó a cabo una concentración, en la que Estenoz, se dice, lanzó una amenaza: “Si la Enmienda Morúa no era derogada pronto su partido arruinaría a Cuba” (Rolando Rodríguez, p. 337).[21] 

Se cuenta, que al día siguiente del mitin, Estenoz se presento en la herrería de Buenaventura Parada y le dijo: “ Es preciso nos vayamos al campo, todas las provincias están preparadas ya para el movimiento y el partido comprometido para alzarse… no habría derramamiento de sangre, las tropas no nos encontrarán y si acaso nos encontráramos, sostendremos un pequeño fuego del que nada ha de resultar, a los 8 días se derogará la Enmienda Morúa y después hemos de apoyar la reelección del general Gómez ( La Lucha, 1ro. de agosto de 1912 ).[22] 

Según, Silvio Castro, es de este pasaje sobre el plazo de 8 días y el apoyo a Gómez de donde se extrae, la supuesta complicidad del Presidente con el alzamiento. (Silvio Castro, p. 163). Después Parada, que había referido este asunto, cambió su versión de la conversación, narrada en condiciones muy especiales, estaba preso, pero de todos modos, no se puede inferir de lo dicho que haya habido una confabulación expresa entre Gómez y el PIC.  

En realidad, la situación política era muy tensa, pero la versión de Estenoz sobre lo que él consideraba que sería el alzamiento resultaba poco menos que increíble. Pues era una verdadera idealización imaginar que con las armas en la mano y en medio del ambiente de desaprobación que sufrían los independientes, todo terminaría tan fácil y rápido.[23] 

Se dice que el alzamiento comenzó el 19 de mayo, en casa de Ivonnet.

Ya el 17 de mayo, el Regimiento No. 2 del Ejército nacional, informaba de una escaramuza entre ellos y 4 hombres. El 18 hubo alzados del PIC en Sagua la Grande y Cruces, y el rumor de alzamientos de negros se esparcía por momentos. 

Mientras comenzaba el alzamiento en Oriente, Freyre de Andrade en La Habana, el 19 de mayo, luchaba por introducir un cambio en el orden del día del congreso para tratar de derogar la Enmienda Morúa. Su insistencia fue continua, pero frente a sus esfuerzos, legisladores negros como Campos Marquetti y Costa Rondón, no dieron el apoyo que se esperaba. 

Freyre de Andrade diría: “…Mis defensas a las reformas no son de la raza de color, sino de las libertades del país… la esclavitud negra en Cuba ha costado también sangre de la raza blanca.” (Portuondo Linares p. 143). 

Se pensaba entonces que, el levantamiento armado, promover el debate en el congreso y la intervención de EE.UU. presionando a Gómez, podrían traer la derogación de la Enmienda Morúa y así, supuestamente, podría terminar todo. Pero no se logró nada en el congreso, el levantamiento devendría una masacre, y los yanquis no harían nada para reiterar la política seguida por Magoon de aprobar sus derechos al PIC y se generó de tal modo una encerrona de la cual fue imposible salir. 

Estenoz, por su parte, parecía tener una visión un poco irreal de la situación, pues creo era necesario explotar al máximo el contenido social del movimiento de los independientes, aunque lo consideraran como algo eminentemente político.  

No obstante, de todos modos, el PIC parecía estar condenado. Porque si los negros triunfaban en sus empeños políticos, liberales y conservadores sentirían el temor a esta nueva fuerza, al convertirse en una fuerza para sí. Ello, en realidad no era imposible, pero los líderes del PIC, con sus errores, situaron tal posibilidad a una distancia inalcanzable. Porque, en particular, el alzamiento podría provocar la intervención norteamericana y con ella la ocupación de la república, lo cual preocupaba tanto a negros, como a blancos, que habían luchado por ella. (Rolando Rodríguez. p. 340). 

Las dos razas habían luchado por la república y aunque esta última, un poco maltrecha, resultaría que un segmento de la población, por muy justa que fuera su causa, iba a provocar el fin de los esfuerzos de 30 años. Aunque los negros con sus reivindicaciones ¿adónde irían a parar? Se trataba de una verdadera trampa que no tenía solución. 

Por su parte, Theodore Roosevelt había dicho: “…si una de estas islas que libertamos no es capaz de gobernarse a sí misma, entonces debemos nosotros gobernar hasta que llegue esa condición” (Rolando Rodríguez. p. 341).  

Para dar a entender nexos con el anexionismo, por parte del PIC, incluso,  se llegó a afirmar por la prensa que Estenoz, se había reunido con Steinhart, con el fin de recabar dinero para su causa. (Rolando Rodríguez p. 341). No existe nada que pruebe que Estenoz estaba en nexos anexionistas con Steinhart.  

En realidad, no se puede decir que hubiese intenciones anexionistas por parte del PIC, pero su aceptación de ser apoyados contra la Enmienda Morúa, y recuperar la autorización dada por Magoon, los hacía sospechosos y manipulables dentro del tema, aunque ello no demostraba nada, salvo la intención negativa de alguna prensa. De todos modos, Estenoz justificaba sus contactos con Steinhart diciendo que era para conseguir el apoyo de EE.UU. a sus derechos. Pero, sin duda, el PIC se movía dentro de un terreno muy resbaladizo que podía acarrearles serios problemas. 

Estenoz y los dirigentes de su partido, no medían justamente la correlación existente entre sus propósitos de lograr la legalidad del partido, destruyendo la Enmienda Morúa u obteniendo la legalización de su organización y los medios para conseguirlo, sin al parecer percatarse de cómo se perjudicaban con algunos métodos que utilizaban para conseguir lo que pretendían. 

El Presidente Gómez, por su parte, ya iniciado el levantamiento armado, aprovechaba muy bien las desventajas del PIC, a quien la prensa atacaba despiadadamente, los veteranos no lo apoyaban y sufrían la no aceptación de los negros y mestizos más prominentes. 

La, “declaración de guerra” de hecho se produce el 22 de mayo de 1912, cuando Ivonnet cursa una carta al Presidente Gómez en que le decía: “El PIC ha empuñado las armas para protestar de los errores cometidos contra el expresado partido… a mi mando tengo 4 000 Independientes de Color y que no son todos los independientes ni son todos negros, pues también hay blancos”.[24] 

A partir de entonces, aunque el alzamiento había comenzado antes, empezaron a moverse las tropas del gobierno. Ya antes, el 21 de mayo, los veteranos negros y blancos, comenzaron su apoyo al gobierno. Ni uno solo de los grandes patriotas como Juan Gualberto Gómez, Rabí, Cebreco, Pedro Díaz y otros, respaldaron a los Independientes. Sin percatarse de ello, el PIC había dividido no solo a los cubanos, sino también a los negros y desde el primer día ya perdía la batalla con la prensa y la opinión pública. (Rolando Rodríguez p. 345). 

No obstante, un individuo como Armando André, enemigo de los Independientes, decía: 

“Por lo pronto hasta ahora, por lo menos no puede decirse… que sea un levantamiento racista… ni la sublevación va contra los blancos, por más que este es un plano muy inclinado y fácil de recorrer.”[25] 

Ya el día 21 de mayo, el ministro Bauprés, que no esperaba más que una  mínima confirmación de sus deseos o la inventaba, telegrafió a Washington que el movimiento negro se había difundido y era alarmante. Intentando transmitir la inquietud para provocar la ocupación norteamericana. 

Durante todo el tiempo que duró el levantamiento y aun cuando ya se reconocía que había concluido, este señor, antes mencionado, estuvo sobredimensionando los peligros, combates, saqueos etc. Para mantener activa a la flota norteamericana contra Cuba. Combinando todo ello con la amañada apreciación de que el gobierno de Gómez no estaba en condiciones de sofocar el levantamiento. También instigando de que otros financiaban el movimiento de los independientes. Ello desempeñó un papel fundamental en la disposición del Presidente por acometer con fiereza contra los alzados y brindarle al general Monteagudo todos los recursos y garantías, para convertir las acciones militares del gobierno en una verdadera carnicería.[26] 

La prensa exacerbaba el problema, viendo alzados y acciones violentas por todas partes. El miedo, la mala intención de otros y el manejo político de unos cuantos, deslizaba el ambiente por las sendas más tenebrosas. Aunque no todos se dejaban llevar por la situación creada y los rumores que la sobredimensionaban. Sobre todo, en los primeros días, veteranos de Pinar del Río, reclamaban la posibilidad de una amnistía que les propiciara a los alzados regresar al orden. Pero, lamentablemente, Emilio Núñez, al frente  del Consejo Nacional de Veteranos, eliminó toda intención de posible negociación con los alzados e impulsó las acciones necesarias a nivel nacional, para que “…traer a los independientes a la legalidad fuera considerado como algo incompatible con la dignidad nacional”. (Aline Helg: Ob. Cit. p.296, Rolando Rodríguez, Ob. Cit. pp. 349-350). 

Por su parte, Gerardo Machado, alentaba al general negro Agustín Cebreco, líder liberal y representante a la cámara, a emprender una acción mediadora entre el gobierno y los alzados que los trajera al orden. El gobierno negó esta gestión, pero los dirigentes blancos de importantes clubes de Santiago de Cuba, como San Carlos y Unión, protestaron drásticamente. (Rolando Rodríguez p. 350. Meriño p. 98). 

“En la actitud que tomó finalmente el gobierno de reprimir el alzamiento sin parlamentar, tuvo que ver el rechazo a tal conducta del cónsul estadounidense (Holaday) en Santiago de Cuba. (Rolando Rodríguez .p. 350-351. Meriño p. 28).

El idealismo, más bien inocente, desplegado por los líderes de los independientes, se había confirmado en que,  durante la primera semana, el alzamiento, como habían planeado, no fue violento y solo se trataba de una demostración de fuerza para presionar al gobierno y al presidente Gómez. Los independientes se reunían y gritaban “abajo la ley Morúa, viva Gómez”. (Rolando Rodríguez p. 349) (Aline Helg. Ob. Cit. p.270).  

Era evidente que los independientes estaban lejos de concebir quienes podrían ser sus verdugos. Pues se trataba de una consigna que encerraba en sí misma todas las complicaciones con que los independientes se alzaron. 

Aunque se trataba de hombres armados, se seleccionó la peor alternativa para reducirlos a la obediencia. Matarlos, donde la posibilidad de la legalidad pierde todo sentido. Había otras variantes posibles de utilizar, pero se trataba de negros en rebeldía, cimarrones, con los que nunca se había tenido ningún tipo de contemplaciones. Negros armados, amenazando al gobierno, a los blancos, supuestamente a sus familias y a las propiedades norteamericanas; alterando la tranquilidad racial. Era bastante más de lo que la elite blanca y la mentalidad racista predominante podían soportar. Aunque, para no pocos, se trata también de ciudadanos que podían votar y hasta antiguos compañeros de armas en las guerras por la independencia contra España. 

“De la amenaza de destrucción no hay dudas. El mismo 20 de mayo, Estenoz le había escrito al administrador del central Soledad, de propiedad estadounidense… y le describió su movimiento como una guerra por los derechos conculcados a la mitad del pueblo de Cuba. Si el administrador no les suministraba a los independientes de color 25 rifles y municiones, en los próximos días, sabotearían las plantaciones y el central”[27]. Aunque se tratara de una pantomima, resultaba algo sumamente peligroso, amenazar las propiedades norteamericanas de esa manera. 

Pero además, todos los días finales de mayo, Beaupre y el secretario Knox, se la pasaron intrigando en varias direcciones. 

-         De qué manera ponían en situación comprometida al gobierno de Gómez, hablando de sus incapacidades para reprimir el alzamiento y proteger las propiedades norteamericanas. 

-         Mantener a Gómez bajo la presión del gobierno norteamericano era casi su tarea más importante. 

-         Como lograban que los barcos norteamericanos vinieran y desembarcaran tropas. 

-         Como sobredimensionaban el alzamiento y los peligros que el mismo representaba para los intereses norteamericanos en la Isla. 

-         Manipular continuamente que el Presidente Gómez estaba comprometido con los independientes y que de ello provenía su poco interés por  atacarlos fuertemente. 

-         El secretario Knox hacia causa común con Beaupre y ambos empujaban a Gómez hacia la más drástica solución.[28] 

Por otra parte, la experiencia de 1906 pesaba doblemente. Para los Independientes, porque fue el momento en que Magoon, representando al gobierno norteamericano, había aprobado la existencia del PIC. Para Gómez, porque había sido el momento en que EE.UU. en lugar de apoyar a Estrada Palma, ante la tozudez de este último, había facilitado el terreno a los liberales. Solo que ahora las cosas eran más complicadas; para los independientes, sobre todo, porque a pesar de que iban solo contra la Enmienda Morúa y únicamente presionaban al gobierno en esa dirección, se trataba de negros, a los cuales la prensa, casi de manera total, les tergiversaba su movimiento, convirtiéndolo todo en una guerra racial. Lo cual no gozaba de simpatía alguna. Ni entre los liberales, los conservadores e incluso ni entre una buena parte de los negros y mestizos. 

Las cosas se complicaron aun más para Gómez, cuando Menocal, de manera oportunista, trataba de hacer ver que el presidente  era un flojo y ofrecía entonces 3,000 hombres para ahogar cuanto antes la insurrección. (Portuondo Linares. p.192) 

Por su parte, Washington, siguiendo la idea del Secretario de marina Wintrop, dio instrucciones a Beaupre de comunicar al gobierno de Gómez, que estaba haciendo movimientos militares, y que si Gómez no lograba  proteger vidas y propiedades, sus tropas desembarcarían. Se trataba de un verdadero ultimátum que Gómez no estaba en condiciones de soportar. 

De manera que entonces, Washington, envió además de los anunciados buques, 700 hombres, 5 000 fusiles y 1 millón de proyectiles. Poniendo en alerta a todos sus hombres en el Caribe sobre el 25 de mayo, de lo que Beaupre informó a Sanguily. (Rolando Rodríguez. p. 367). 

El 25 de mayo de 1912, José M. Gómez, no aceptaba la intervención, tildándola de indeseable para la independencia y por demás, no acordada entre ambos gobiernos. Pidiéndole al presidente de EE.UU., que diera marcha atrás, pues Cuba estaba solucionando el asunto del alzamiento, limpiando de occidente a oriente. Lo contario desprestigiaría al pueblo de Cuba y a su gobierno (Rolando Rodríguez. p.367). 

Por fin, el 3 de junio de 1912, Gómez propuso al congreso suspender las garantías. Pues el General Monteagudo había solicitado al Presidente que adoptara tal medida, como algo que se necesitaba para proceder contra los negros que adoptaban una actitud pacífica. Era el toque de “a degüello”, que necesitaba Monteagudo para desatar la masacre. Sin contemplaciones de ningún tipo, el ejército y los voluntarios, se lanzaron contra los independientes, pero también contra los negros en general, asesinando incluso a negros miembros del cuerpo de voluntarios y hasta del ejército, simplemente por ser negros. Gómez brindó las facilidades que Monteagudo necesitaba para convertir las acciones militares contra el movimiento en un pase de cuentas de carácter totalmente racista. Bastaba entonces con ser negro o mestizo para ser objeto de la más brutal represión, aunque no se tuviese relación alguna con el Partido Independiente de Color y el alzamiento. Tomando las acciones del ejército nacional un carácter totalmente racista. 

La masacre 

Hasta última hora emergieron posibles alternativas de negociación con los Independientes. Freyre de Andrade en la cámara, Kholy, Ducasse, algunos sectores de Veteranos en el interior del país, los intentos de Marquetti en la cámara, y otras iniciativas, incluso de personalidades individuales. Pero en definitiva se impuso la densidad agresiva que el contexto histórico imponía, integrado por un conjunto de factores que solo servían para frustrar el posible camino de las soluciones. 

El racismo persistente arrastraba a todos los sublevados y no sublevados, hasta presentarlos finalmente como metidos dentro de una supuesta guerra de negros contra blancos; del Gobierno norteamericano era inútil esperar que cediera a las demandas; la prensa, en su casi totalidad los acogotaba sobredimensionando y exagerando cuanta acción llevaban a cabo; no hay que olvidar que se trataba de negros en rebeldía, armados, exigiendo que les permitieran cambiar el mecanismo partidario modelado por los blancos, por demás poderosos, muchos de ellos anexionistas furibundos, con un gobierno nacional que temblaba ante las exigencias de EE.UU.; sin el apoyo de muchos de los de su raza, particularmente de los más prominentes. Por lo que todo hacía recordar las rebeliones de esclavos, el “miedo al negro” y  los supuestos intentos de fundar una república negra, de lo cual el propio Antonio Maceo había sido acusado en su tiempo.[29] 

Toda la situación se deslizaba velozmente hacia la solución más violenta.  

Entre las exageraciones de la prensa sobre las acciones de los independientes, las intrigas del ministro Beaupre, el miedo de los blancos, los errores estratégicos y tácticos de los independientes, el racismo acumulado, las presiones de EE.UU. y el peligro de intervención norteamericana, todo se correlacionó para legitimar la matanza de los negros.  

Si un dato de este proceso aún es desconocido, es cuántos negros fueron asesinados y masacrados dentro de una contienda, que no puede ser calificada como una guerra, porque en realidad tanto el numero, como el armamento y la capacidad militar de que disponían los Independientes de Color, no nos permite decir que haya habido como tal una guerra, ni siquiera que hayan existido verdaderas batallas, sino casi solo escaramuzas y una ardua, brutal y sangrienta persecución, contra individuos que apenas podían defenderse, mucho menos atacar. 

Más allá de su posición política que no compartimos, lo cierto es que al parecer Morúa tenía claridad en cómo terminaría el intento de los Independientes de Color. Más allá de su derechismo, su intelectualismo, su incoherente carrera política y de que su enmienda respondía a una concepción partidista de derecha, para sacar del juego al Partido Independientes de Color; lo cierto es que detrás de sus posiciones podía vislumbrarse que intuía lo que podía ocurrirles a esos negros que se habían propuesto desafiar el poder blanco, cambiando las reglas del juego de la política, dentro de una sociedad racista, al nivel en que lo era la nación cubana a principios de siglo XX, por demás bajo el control de EE.UU., entonces el país más racista del universo conocido. 

No era difícil para la prensa de derecha vender la idea de que lo que el Partido Independiente de Color había iniciado era un movimiento racista para destruir la independencia nacional. Muy mal administrada y, sobre todo, peor distribuida, pero defendida a sangre y fuego, sobre todo, por los que se beneficiaban de ella. Pues se consideraba que los negros habían violado los frágiles límites de la democracia racial cubana. 

Aunque la derrota y la masacre de los Independientes fue ante todo el resultado de la represión blanca, que la lideró, utilizando incluso a los propios negros, ello fue facilitado también por el limitado apoyo que el PIC tenía entre los negros. Entre los cuales muchos habían incluso condenado la creación de un partido constituido por negros, aunque hubiese entre ellos algunos blancos. 

El sentimiento extendido entre los blancos, era aplastar el levantamiento y no hacer concesiones de ningún tipo a los negros alzados. Por otro lado, no es posible presentar una foto en que se pudieran ver marines ahorcando negros, pero la marina norteamericana movió amenazadoramente los barcos de guerra, desembarcaron tropas y dieron todo el apoyo logístico necesario al Ejército Nacional y a los voluntarios, para que estos se pudieran concentrar en la tarea de descabezar y aplastar sangrientamente la rebelión.[30]

El 27 de mayo de 1912, el presidente Gómez había enviado a Oriente al General José de Jesús Monteagudo con 1 200 hombres. Iba acompañado por el Coronel José Martí Zayas-Bazán (el hijo de José Martí y de Carmen Zayas Bazán) como jefe de Estado Mayor; los tenientes coroneles José M. Guerrero y José Pereda Álvarez; los comandantes Lisandro Torriente y Rigoberto Fernández; y los capitanes Antonio Torres, Andrés R. Campiña y Federico Patterson.[31] 

La carnicería llevada a cabo por el General Monteagudo se extendió hasta el mes de agosto, tratándose de un verdadero paseo militar. Los sublevados, en su mayoría desarmados, fueron masacrados por la artillería y cayeron sobre ellos miles de hombres de la Guardia Rural, el Ejército y los voluntarios, bien entrenados y perfectamente armados. La desproporción en los enfrentamientos se hizo evidente, cuando se sabe, que todas las fuerzas oficiales no tuvieron ni diez bajas y solo aproximadamente una treintena de heridos. Mientras que entre los independientes, todos hablan de no menos de 3 000 muertos entre las escaramuzas, la persecución y los asesinatos.[32] El propio general Monteagudo declaraba, en cables enviados al presidente Gómez, que en Oriente, lo que estaban haciendo era una verdadera carnicería. 

Al mismo tiempo, se desplegaba la represión en las ciudades y poblados, donde se perseguía a los negros, no solo a los Independientes. En la ciudad de La Habana, en los municipios de Regla y Marianao, fue donde la represión se hizo más notable. Persecuciones, detenciones arbitrarias, no solo de miembros del partido, sino también de ciudadanos negros comunes que no tenían vínculos con el alzamiento. Asesinatos, linchamientos incluso (en el municipio de Regla). 

Ya en medio de la represión más brutal, el 4 de junio, el congreso se reunió y le concedió al presidente Gómez suspender las garantías, en la provincia oriental. Sin conceder al Presidente la potestad de extenderla a otras regiones. Aunque en definitiva, Monteagudo no necesitaba más,  porque el foco de la rebelión era precisamente Oriente Sur. Podía tranquilamente continuar la matanza. 

Poco antes, el 3 de junio (bastante tarde por cierto) en medio de los debates entre las más relevantes personalidades negras sobre el camino a seguir, en busca de una salida para detener la guerra, encabezada por Juan Gualberto Gómez, Lino Dou, el general Cebreco y el senador Nicolás Guillén, estos habían lanzado un manifiesto en que condenaban a los alzados que habían provocado una situación tan grave para el país. Tal llamamiento dirigido a “Nuestro Pueblo” negaba que hubiera problemas raciales en Cuba.[33]  

Es opinión nuestra que se trataba de una posición, que además de tardía, no iba al centro del problema: la necesidad de detener la masacre que ya se desplegaba contra los negros y no solo contra los miembros del Partido Independiente de Color. Además, negar que hubiera un problema racial en Cuba, parecía una actitud casi infantil o de oportunismo político. 

No solo estas personalidades antes mencionadas se opusieron a la existencia del Partido Independiente de Color y a su protesta armada, en lo cual podían tener la razón, porque en medio de la situación existente era una verdadera temeridad y tal vez una locura pensar que una experiencia como esa pudiera tener éxito. Pero que en medio ya de la más brutal masacre y represión contra los negros y el asesinato de sus líderes, Estenoz e Ivonnet, se apareciesen con un llamamiento como “A Nuestro Pueblo”, en lugar de oponerse fieramente y con todas las armas políticas a su disposición, al horrendo crimen que estaba teniendo lugar, era, como en definitiva ocurrió, dejar que todo terminase sangrientamente como terminó. Como una masacre de negros, que ha quedado como una imborrable mancha en nuestra historia republicana. Por demás, celebrada con un fastuoso banquete en el Parque Central.

La descomunal fuerza manejada por el Ejército Nacional y el apoyo logístico de EE.UU., que pudieron haber sido utilizados para imponer una solución por la fuerza, pero no criminal, fue utilizada para masacrar a los negros. Como para que no se atreviesen más nunca a cuestionar el poder y la hegemonía blanca y ni siquiera volver a recordarle a esta última que también los negros habían luchado por la república y que tenían derecho a ella. 

Sin duda, los líderes del PIC se equivocaron, cayeron dentro de una turbulencia política que nunca llegaron a dominar y de la que nunca salieron; cometieron errores tácticos y estratégicos, pero seleccionaron su variante de lucha, sin imponérsela a nadie, la llevaron adelante, luchando con dignidad, valentía y murieron por ella. No traicionaron directamente los ideales por los que antes habían luchado en las Guerras de Independencia, aunque provocaron cierto retraso de la patria y casi una nueva ocupación que afectaba la igualdad racial. Se vieron envueltos en una situación, donde el arrojo y la valentía no eran suficientes. Hacía falta suspicacia política, más experiencia, manejo de la situación política tan compleja del momento y sobre todo poder, del cual carecían. Pero murieron defendiendo una causa justa, la de la igualdad racial, causa que merece un lugar de honor en nuestra historia. Al ser desacertados en los métodos, en la práctica, casi sin percatarse de ello, actuaron en perjuicio de la causa que defendieron y por la que murieron. 

Septiembre 25 de 2011.

 

Notas:

1 En principio se trató de hacer valer un conjunto de  requisitos para  tener derecho a votar, entre ellos: ser hombre, 21 años, nativos o españoles, residentes al menos 30 días, saber  leer y escribir, propiedad  por 250 oro americano y haber servido en el Ejército Libertador, con prioridad a julio 18 de 1898. Ver: U: S .Bureau of the Census, Censo de  la República de Cuba, bajo la administración provisional de los Estados Unidos: 1907, Washington, D.C, Bureau of the Census, 1908.

2 La intervención norteamericana remodeló al Ejército Libertador sobre la base de licenciarlo primero y después variar totalmente las reglas para formar parte del Ejército Nacional y la Guardia Rural. Muy pocos negros y mestizos formaban parte de estos cuerpos, con grados muy bajos por lo general, siguiendo las posiciones políticas que les exigía la administración nacional de turno.

3 Rafael Fermoselle: Política y Color en Cuba. La guerrita de 1912. Editorial Colibrí, tomado de Ediciones Géminis, Montevideo, Uruguay, 1974.p. 83.

4 Ver: María del Carmen Barcia. “Un modelo de emigración favorecida: traslado  masivo de españoles a Cuba, 1880-1930”. Revista Catauro, No.4, 2001, pp. 36-59.

5 La autoestima de los negros y mestizos era muy alta en esa etapa. Muchos habían combatido por la independencia, alcanzando altos grados dentro del Ejército Libertador. Particularmente en la región oriental, había muchos negros con grados de general, alcanzados a fuerza de valentía y coraje dentro de las guerras de independencia.

6 Se trata de una idea que era defendida por muchos tanto negros, como blancos, pero que no pocas veces era violada y otras muchas servía como cobertura política para que los negros aceptasen siempre una posición subordinada. No obstante, sobre esa base José Martí había construido la unidad que los había llevado a todos, negros y blancos, a la lucha por la independencia. Pero Martí ya no estaba ni Maceo ni muchos de los que tenían la capacidad de exigir su cumplimiento; mientras que otros se habían apropiado de la república, dejando a los negros y mestizos al margen de la distribución del poder.

7 Un levantamiento armado no era nada extraordinario para la época. En medio de la intervención norteamericana había quienes dejaron armas guardadas para volver a alzarse; el espíritu de la guerra estaba muy fresco y ya había ocurrido un levantamiento armado contra Estrada Palma en 1906.

8 Aline Helg: Lo que nos corresponde: la lucha de los negros y mulatos por la igualdad en Cuba, Imagen Contemporánea, La Habana, 2000, p. 21.

9 Había en ello algo más de fondo, que impediría que EE.UU. actuara en favor del PIC. Pero aun era temprano para descubrirlo.

10 Por mucho que pudiésemos criticar al EE.UU. que recién emergía como potencia imperial, no podemos juzgarlo entonces con los ojos de ahora. Entonces era menos antidemocrático y más cuidadoso.

11 El asunto de la unidad entre blancos y negros ha resultado muy complejo en toda la historia cubana. Aun hoy, en circunstancias muy diferentes, hay personas que se niegan a tratar el problema al considerarlo siempre como un asunto que divide a la nación. Lo que ha traído como consecuencia que los negros hayan sufrido durante siglos el racismo blanco y ellos mismos hayan tenido que elaborar una contra-ideología, pues no se puede hablar de verdadera unidad mientras el racismo exista.

12 En momentos tan tempranos del siglo XX nunca se había logrado fundar un partido de negros o por filiación racial, en toda América. En Brasil en 1931, Uruguay (1938-1944). En Cuba es fundado el 7 de agosto de 1908. El 20 de septiembre del propio año celebró su primera reunión al aire libre en el Parque Cristo de La Habana. Ver: Rafael Fermoselle, Política y Color en Cuba: la guerrita de 1912. Editorial Colibrí, Montevideo, Uruguay. p.110.

13 La Enmienda Platt existía porque había sido aprobada como parte de la Constitución de 1901. Luego, aunque impopular y dañándose a sí mismo, el PIC no hacía más que acogerse a la legalidad existente, que ni ellos habían inventado ni tampoco aprobado directamente, y quedaban como en una encerrona.

14 Tomado de Aline Helg. Ob. Cit., p.202.

15 En política valen las intenciones, pero las prácticas resultantes de ella son las que finalmente se imponen. Además, la personalidad política de Morúa, signada por su derechismo y total oposición a la existencia de un partido de los negros, que rompiera con la estructura partidista tradicional, era mucho más indicativo de que se trataba de una maniobra para sacar del juego al PIC.

16 No es absurdo pensar que alguien estuviese tratando de sacar provecho de tan compleja situación para provocar la intervención, pero el PIC no la promovía ni la tenía entre sus planes. Y no se trataba de algo que siempre estaba a  las puertas porque los cubanos la provocaran sino si EE.UU. la necesitaba. Estrada Palma la había pedido en 1906 y en principio EE.UU. se negó; poco después intervenía, contra el mismo que la había pedido. Luego ningún acontecimiento en Cuba provocaba la intervención si EE.UU. no lo consideraba meritorio de ella.

17  Ver: Aline Helg, Ob Cit., pp.217-260.

18  Lamentablemente, dirigirse  al Presidente estadounidense reclamando justicia y calificando de visionaria a la Enmienda Platt era sacrificar demasiado por obtener la legalización del Partido, pues era sacrificar al propio partido y la imagen de patriotismo que este debía dar.

19 Se trata de un largo debate, imposible de introducir en el breve espacio de este ensayo, pero que puede ser leído en el libro de Rolando Rodríguez La República de Corcho, capitulo XVI al XVIII, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2010, pp. 287-370.

20  Gómez al parecer no quería la reelección, pero si el caos que había dentro del Partido Liberal continuaba y sus amigos le reiteraban su confianza, tendría que aceptar. Esta conversación entre Ivonnet y Gómez fue muchas veces manipulada en el sentido de que de ella había salido un acuerdo entre el Presidente y el  PIC, de que ambos manejarían el levantamiento armado como un simulacro de rebelión, pues Gómez, días después de comenzar el alzamiento derogaría la Enmienda Morúa. Ver: Rolando Rodríguez, La República de corcho. p.348.

21 Otra versión indica que el mitin fue el 18 y no el 17. Que estuvo Estenoz y que había dicho que si en 24 horas no era derogada la Enmienda Morúa, correría la sangre. Otra versión dice que el mitin se celebró el 16 y el 17 en la tarde tomaron el tren de Guantánamo. (Rolando Rodríguez, p. 338).

22 En realidad, todo se decía con tal precisión y seguridad, que parecía haber un acuerdo, que aseguraba que todo sería como se estaba diciendo. Pero ¿de dónde salía ese plan? si se decía que no había tal acuerdo. Si tal acuerdo no está confirmado por nadie.

23 En realidad muchos negros y mestizos se fueron al monte, pero era muy fuerte el desnivel educacional y político entre los que lideraban el movimiento, lo que se le oponían y los que se habían alzado. Tal vez ello influyó también en las descoordinaciones y ciertos actos de bandidismo que restaban prestigio al movimiento máxime si tenemos en cuenta que la prensa de derecha los magnificaba todo continuamente.

24 Silvio castro: ob.cit, pp.236-237.

25 Serafín Portuondo: Ob. Cit.p.208

26 Ver: República de corcho, Ob. Cit.p.348.

27 De Beaupre a Secretario de Estado, 22 de mayo de 1912, NA-RS, microcopy, 488, rollo6.

28 Hay que decir que la preocupación de EE.UU. por el alzamiento respondía también a que un triunfo de los Independientes de Color en Cuba podía resultar un mal ejemplo para los negros norteamericanos, sobre todo del sur. Pues se sabe que en el 95 participaron en las filas del Quinto Cuerpo yanqui alrededor de 3 000 negros norteamericanos, creándose muchos vínculos con los negros cubanos del Ejército Libertador, que publicaciones negras en EE.UU. dieron a conocer, por lo que el general Chárter pidió la evacuación inmediata de esa tropa (Ver. Eliades Acosta, Los colores secretos del imperio. Ediciones Mercie, La Habana, 2002.

29 Los extremos de la prensa llegaban hasta inventar horrendas mentiras como el caso de El Caney, donde supuestamente una maestra blanca, Concepción Ureña, había sido violada por siete negros, los que a dentelladas la habían dejado moribunda. Poco después, la propia maestra desmentía la patraña. La Discusión 26 de mayo de 1912.

30 Ver: Silvio castro. Ob. Cit., p.106, El 26 de mayo, fue acantonada una tropa de 50 marines en el poblado de carrera larga, cerca de  Bayate, dispuesta a participar en lo que fuera necesario.

31 Ver: Silvio Castro: Ob. Cit, p. 100. De ello prácticamente no se habla, pero lamentablemente el José Martí Zayas–Bazán, no era otro que el hijo de nuestro Apóstol José Martí. Quien como coronel del Ejército Nacional, participó en la matanza de los negros del 12. Lamentables paradojas de la historia.

José de Jesús Monteagudo, general de Cuarto Cuerpo, fue senador después de la matanza de los independientes y muere a los 53 años, el 14 de diciembre de 1914, en el balneario de Amaro en Santa Clara. Ob. Silvio Castro, p. 99.

32 Ya estaban asesinando a mansalva a los negros y estas ilustres personalidades comenzaban por atacarlos, y como si fuera poco, negaban que hubiera un problema racial en Cuba. Conminando a los independientes a deponer las armas y rogando a los blancos mantener su fidelidad a la doctrina de la fraternidad racial, no confundir a los rebeldes con la inmensa mayoría de los negros y no pronunciar palabras ni esbozar un gesto que diera pábulo o recelo a la discordia entre los cubanos. (Ver: Aline Helg Ob. p. 289)

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.