La Habana. Año X.
7 al 13 de ENERO de 2012

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La empaka se llevó al Goyo

Mabel Machado • La Habana

Fotos: Archivo

La empaka se llevó al Goyo… Vamo´ a decil que falleció, Gregorio Hernández Ríos, pa´ llamarle por el nombre completo, porque él se merece respeto como cualquier apellida´o con un Aguasclaras o un Márquez. Se murió un rumbero ilustre, uno de los más ilustres entre los rumberos. A estas alturas quizá lo hayan despedido con un itutu, como es costumbre entre los yorubas, pero lo que anda comentando to´el mundo es que lo llevaron al Palacio de la Rumba, en la calle San Miguel de Centro Habana. Seguro que se va felí, porque en ese barrio apretuja´o no falta la bulla de la clave y la tumbadora, que es lo único que no puede faltarle jamás a un rumbero de los buenos.
 

El negro nació allá por el año 36 en la comunidá El Moro y terminó siendo un cantante famoso y un profesor de respeto en Cuba y en el extranjero. Daba conferencias y to´ hablando de la historia de la rumba, porque a eso le sabía un mundo. ¡Cómo no iba a sabel si desde chamaquito estaba metío en fiestas de santos y en cualquier invento de los solares! Decía que la rumba siempre fue cosa de gente pobre, de los que no tenían dinero pa´ ir a un cabaré o a un club nocturno… que la rumba era la diversión más barata.

Se acordaba de la parranda que se folmó cuando cumplió los 17: a las cuatro de la tarde arrancaron la cumbancha con una botella de ron y después aparecieron muchas más que alargaron la cosa hasta la madrugá. El Goyo contaba que se hacían poninas con un sombrero en el centro de la fiesta, y que recogiendo kilo a kilo se armaba la guaracha. En todos lados, repetía que antes la rumba se daba con lo que hubiera, y que él se hizo músico por amor y no porque supiera que iba a vivir de eso.

Tremendo cantante que era el Goyo. Grabó discos que tuvieron mucho éxito, como ese que se llamaba Rapsodia rumbera y el otro, La rumba es cubana. Estuvo 25 años en el Conjunto Folclórico Nacional y organizó el Conjunto Folclórico Universitario. Actuó con Los Muñequitos de Matanzas, con Los Van Van, con Tata Güines, y con muchos artistas de renombre. Ganó en los Premios Grammy con Ibrahim Ferrer y con el guitarrista de Los Zafiros, Manuel Galbán.

Pa´Gregorio rumbear era “compartir la vida misma”, era divertirse, aunque el disfrute a veces tenía sus riesgos, porque costaba dinero ir a las rumbas en Matanzas o en los lugares apartados y de vez en cuando lo cogía alguna bronca, alguna pelea por haberse enreda´o en una controversia con alguien. De todas formas bailaba como un loco, con la camisa abierta, echa´o pa´lante, provocando, vacunando.

Era un tipo duro. Se hizo abakuá a los 26 por el racismo que había antes de la Revolución. Lo marginaban, y la religión le permitió sentirse “alguien”. De niño lo habían botado de la escuela dos veces por fajarse con los blanquitos, que le hacían maldades y le echaban las culpas. Su mamá le rapaba la cabeza pa´que no cogiera piojos, y en el colegio los otros niños le pintaban la calva con tiza. Tuvo que dejar de estudiar y ponerse a pesetear, a vender periódicos y a limpiar zapatos, porque tampoco aguantaba los maltratos de los patrones en los otros trabajos.

El Goyo se juró y la sociedad siempre tuvo un significado muy grande pa´él. Le dolía que los muchachos de ahora no vayan a la junta y se pasen la vida alardeando de ser abakuás. La rumba era de los abakuás en sus orígenes, “los rumberos tienen sentimiento abakuá”, decía. Respetaba eso como un altar. No se cansaba de advertir que en la música cubana, la rumba le ha dado sentido a la salsa, al jazz… a todo.  

Va a estar bien después de muerto el Goyo. Ya los rumberos tienen en Cuba hasta un palacio, y nadie puede mencionar la música de Cuba sin decir Los Papines o Los Muñequitos. Sus hermanos, como homenaje, harán sonar el quinto y lo escucharán desde allá arriba aconsejando que pa´ tocar las tumbas o el bongó hace falta estudio… y mucha sabiduría.
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.