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PREMIO NACIONAL DE TEATRO 2012

Pancho García, artista en todas las vidas

La Jiribilla


Foto: Pepe Murrieta

Apenas le hemos visto bajar del escenario de Argos Teatro y guardar hasta el próximo fin de semana la piel de Ángel Romaguera, cuando el actor Francisco (Pancho) García se ha convertido en el más reciente Premio Nacional de Teatro cubano. Su encarnación del personaje virgiliano bajo la dirección de Carlos Celdrán da cuenta, justamente por estos días, de un teatrista en plenitud de sus capacidades.

“Este premio es el más alto honor a que puede aspirar un actor en Cuba aseguró. Me emociona mucho, me llena de satisfacción, me estimula y me encanta que me haya llegado trabajando. Además, me alegra poder seguir haciéndolo, sobre todo para la gente joven, recogiendo lo que ellos traen y dando lo que uno tiene, eso es muy importante. Es algo a lo que puede ayudarme el premio, indiscutiblemente”.

Nacido en 1943, el cienfueguero inició su carrera artística en 1961, junto al Grupo Experimental de Aficionados de La Habana. Como profesional, integró el elenco del Joven Teatro, dirigido por Rubén Vigón y del legendario Teatro Estudio, en 1970. Fundador del movimiento de aficionados en Cuba, el actor le agradece en cada entrevista a sus años en el colectivo de Amán. En su trayectoria como actor, se cuentan más de 200 puestas en escena:  Madre Coraje y sus hijos, Morir del Cuento, Parece Blanca, Un tranvía llamado deseo, Vida y muerte de Pier Paolo Pasolini, Chamaco, Final de partida, La muerte de un viajante y Aire Frío. Esta última, en cartelera desde el pasado sábado 7 de enero.

“En mi carrera he hecho obras muy buenas, lo cual es una satisfacción, no una vanidad. Me gusta actuar para satisfacción de los otros. Esto del premio me encanta, pero me gusta más estar en la escena transmitiendo, tener ese regocijo con el público, sentir que está conmigo y yo con él, comunicarnos ese misterio. Cuando tengo eso, yo soy feliz; después, solo soy un pobre diablo”.
 


Raquel Revuelta, Pancho García y Michaelis Cué en Madre Coraje y sus hijos.
Teatro Estudio, 1961, director Vicente Revuelta

Pancho ha asumido también la dirección de obras como  La muerte de un viajante, de Arthur Miller. Como actor, ha incursionado en la televisión y el cine. La gran pantalla le recuerda especialmente en los filmes Chamaco, de Juan Carlos Cremata, y El ojo del canario, de Fernando Pérez.

En los últimos años, quienes han seguido las puestas de Argos Teatro desde Vida y muerte de Pier Paolo Pasolini, han percibido la perfecta armonía del actor de 68 años con un colectivo joven, tanto en edades físicas como en propuestas artísticas. Según ha confesado Pancho, ha sido siempre un renegado de los anquilosamientos. “Me encanta trabajar con los jóvenes, interactuar con ellos —ha dicho. No me gusta decirles que esto se hace así, sino demostrárselo. Me gusta verlos en el escenario y que se den cuenta de que la mirada que se produce en escena es única. Lo que pasa entre los actores es maravilloso; la gente no se mira en la calle. Es especial aprender a captar el misterio que se da en el público cuando los actores están vivos, haciendo esa síntesis, como en estado de gracia”.

Entre los premios que le han sido conferidos durante su extensa carrera, se encuentran varios premios de actuación del Concurso Francisco Covarrubias y el Caricato, ambos entregados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); el Premio Villanueva 2003, por su actuación y dirección artística de En el túnel un pájaro; el Premio de Actuación Masculina en el Festival de Teatro de Camagüey, 2004, por Stokman, un enemigo del pueblo.
 

Pancho supo de su más reciente reconocimiento el mismo día en que falleció Vicente Revuelta: “Ayer por la mañana recibí la noticia y me sentí muy conmovido, porque fue un hombre que yo admiré mucho, uno de mis grandes maestros. Lo admiré muchísimo como director y como actor. En la sala Adolfo Yauradó nosotros hicimos un espectáculo que se llamaba La conquista de América, para el cual estudié a Martí y la historia de América como nunca, ahí se hizo una cosa maravillosa. Aprendí mucho con él. Entonces, cuando me llamaron para darme el premio me eché a llorar, porque es duro que me llegue este premio el día que se muere este maestro. Pero luego pensé: la vida es así, es un vaivén, una calle larga por donde vamos pasando todos y llegamos hasta donde podemos”.

El Premio Nacional de Teatro se prestigia ahora con el nombre de otro artista a quien, si le preguntan lo que haría con “otra vida”, elegirá siempre la escena.
 


Pancho García en la puesta en escena de Final de partida, por Argos Teatro
Foto: Pepe Murrieta

 

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.