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Recuerdos de un gran rumbero

La Jiribilla

José Reyes Fortún
(Musicólogo)

La desaparición física de Gregorio Hernández —más conocido en el ambiente rumbero, en el ambiente del folclor y en el ambiente de la cultura cubana como El Goyo— es una pérdida irreparable. El Goyo fue cantador, compositor, y percusionista, un artista muy versátil. En estos días en que estamos dedicando  varias actividades a la memoria de Chano Pozo y a reflexionar sobre la rumba cubana, seguramente El Goyo hubiese estado aquí impulsando la polémica; siempre entusiasta, llevando hacia adelante lo más cubano y lo más autóctono de la rumba.


Amado Dedeu
(Director de Clave y Guaguancó)

Se sentirá el vacío del Goyo. Él era la rumba personificada. Como rumbero marcó pautas dentro del género, incluso mucho antes de que se hiciera integrante del Conjunto Folclórico Nacional. Desde muy joven fue un rumbero reconocido por su participación en la rumba informal (no porfesional) de los diferentes barrios. A partir de ahí, se ganó un lugar destacado como rumbero, por su esitilo de decir, de cantar y de bailar la rumba. El Goyo no solamente se dedicó a proyectarse artísticamente como cantante, tocador y bailador, sino que se destacó como investigador de los orígenes, las influencias y las diferentes vertientes del género.

Va a pasar mucho tiempo para que aparezca otra persona como El Goyo dentro de la rumba. Sin embargo, hay una juventud con mucho talento, una gran cantidad de nuevos rumberos que están garantizando el relevo de la rumba, algo que al Goyo le preocupaba mucho.


Armando Valdés, El Loquillo
(Rumbero, asesor del programa “La rumba no es como ayer”, de Radio Metropolitana)

El Goyo y yo nos conocimos siendo niños y lo vi hacerse rumbero de talla y fama. De muchachos yo me dedicaba a vender jabas, y El Goyo hacía también este tipo de trabajos ambulantes (recoger y vender botellas, cartones, etc.) para ayudar en la casa. Después nos metíamos en todos los grupos de rumba. Desde que él empezó en este mundo se notaba que tenía la idiosincrasia propia de la rumba consigo. Nos veíamos en las rumbas por ahí, hasta que él tuvo la posibilidad de entrar en el Folclórico Nacional, donde amplió sus conocimientos. Sin tener grandes estudios ni haber pasado la universidad, El Goyo se hizo un experto en los diferentes estilos de la rumba y otros géneros folclóricos.

Su principal virtud era la afinidad que tenía con sus amigos. Era muy solidario con el que se enfermaba o con el que tenía un problema, hasta lo ayudaba económicamente cuando le era posible.

El Goyo se convirtió en una personalidad de la rumba y de la cultura nacional. Viajó a numerosos países y dio a conocer en ellos nuestra música. Fue uno de los mayores defensores que ha tenido la música folclórica cubana hasta nuestros días. Lo más importante ahora no es que haya fallecido —que es algo que obligatoriamente tiene que ocurrir algún día— sino ver el resultado de lo que él fue y sembró durante toda la vida.
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.