La Habana. Año XI.
20 al 27 de JULIO de 2012

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Manuel Galbán:
Los Zafiros llenaron una época
y todavía suenan
Josefina Ortega • La Habana

Largo y fecundo camino recorrió en la música Manuel Galbán (14 de enero de 1931- 7 de julio de 2011), a quien se le reconoce como uno de los músicos cubanos con más “horas de vuelo”. Fueron 67 años de vida artística ininterrumpida desde que a los 13 años, en su natal Gibara, en Holguín, comenzó como guitarrista de la orquesta Villa Blanca.
 

Ya en La Habana, desde 1956, para el joven inquieto y deseoso de triunfar, vendrían otros proyectos. De los más conocidos el cuarteto Los Zafiros, después el grupo Batey,  la Vieja Trova Santiaguera, el Afrocuban All Stars y el Buena Vista Social Club, con el que nació en intercambio creativo con Ry Cooder, el disco Mambo Sinuendo, ganador del Premio Grammy Latino en la categoría Mejor Álbum Pop Instrumental en el 2003.

“Galbán y yo —diría Cooder— sentimos que había un sonido que no se había explorado, un sonido de los grupos cubanos interpretados por la guitarra eléctrica que pudiera recuperar la atmósfera de los años 50 con belleza, singularidad y simplicidad.”

Manuel Galbán fue durante casi una década el guitarrista y director musical del fabuloso grupo vocal Los Zafiros, que tejió su leyenda  en aquellas noches habaneras de los 60. De ello ya se ha contado. Hasta en el cine con la película Zafiros, locura azul, rodada en La Habana en 1997, y cuya exhibición conquistó un éxito asombroso, incluso entre quienes no vivieron su época de gloria cuando en el Olympia de París fueron aplaudidos durante nueve minutos y sus grabaciones se repetían una y otra vez en las victrolas y radios de toda Cuba.
 

Hoy, Los Zafiros son pura nostalgia.

Su historia comenzó a finales de 1962, en el barrio centrohabanero de Cayo Hueso. Sus protagonistas: cuatro jóvenes mulatos, barrioteros y muy musicales —El Chino, Ignacio, Miguelito y Kike—,deciden un buen día montar un cuarteto. Como director y guitarrista los acompañará, no por mucho tiempo, el compositor Néstor Milí, cayohüesero también.

Después ingresa en el grupo el guitarrista Óscar Aguirre, que a su vez será sustituido por otro ejecutante de este instrumento; ni más ni menos que Manuel Galbán, excelente músico de 32 años, mientras el cuarteto tiene un promedio de apenas 20.

De común acuerdo fueron los cuatro vocalistas quienes decidieron nombrar al holguinero su director, que para ese tiempo vivía en la calle Campanario, también en Centro Habana.

Los Zafiros precisaban de una dirección adecuada. “Cuando ellos —recuerda Galbán— vieron mi trabajo de montaje de voces, de arreglos y acompañamiento, el “Chino” (Eduardo Elio Hernández) dio un salto y gritó: ¡Este es el hombre que necesitábamos!”

A Galbán le tocó guiar al mítico cuarteto durante casi diez años, “en una nave bien difícil de conducir con aguas muy turbulentas”, como dijera el cronista musical Rafael Lam. Porque no sería sencillo “domar” a Los Zafiros, buenos muchachos, pero que no estaban preparados para convertirse en ídolos de la noche a la mañana. Aún así, llegaron a la cúspide de la popularidad.

Solo alguien como Galbán, con su paciencia y disciplina, podría encaminarlos, tanto organizativa como musicalmente. Asumía el montaje de voces, junto con Leoncio Morúa, el “Kike”. Componía, arreglaba y tocaba la guitarra y el piano de forma magistral.

Con sus conocimientos musicales logró campear el temporal de una forma admirable. “Pero quiero ser sincero, ese grupo vocal, desde que apareció en el escenario, despertó el interés; mi labor consistió en apoyarlos, perfeccionarlos y desarrollarlos todo lo posible”.

“Amaban mucho su oficio. Tenían talento natural. Se movían al ritmo de la clave. Todos bailaban muy bien, como un metrónomo. Yo me guiaba por sus pasos para llevar el ritmo”.
 

Con sus voces hicieron maravillas.

Ignacio —al decir de Galbán— era sobrenatural, un tenorino (más que un falsete) que daba un Re sobre agudo. Era el Tony Wilson de Los Platters, en su versión cubana. El “Chino” era el gran cantante de los mejores éxitos, la mayoría de las grabaciones las cantaba él: bolerista, rumbero con guapería de barrio, una voz con un bajo excelente, era el más cubano. “Kike” (Leoncio Morúa) era la voz picadita, muy ritmático para cantar twist, calipso y bossa nova. Miguel Cancio ya tenía experiencia de cuarteto, con Facundo Rivero.

Debutaron en el programa televisivo Juntos a las nueve, dirigido por Manolo Rifat.  Les llamaban cuatro voces y una guitarra, ya los pianos habían comenzado a desaparecer de los escenarios nocturnos. Pero en las grabaciones Galván les formaba un piquete musical de primera, entre los que tocaban Tata Güines, Guillermo Barreto y Papaíto Hernández. El propio Galván tocaba el piano.

Grabaron tres discos LP de pasta negra con un solo micrófono para todas las voces, y sin embargo, cómo suenan.

Poco antes de morir en La Habana de sus triunfos, a los 80 años, Manuel Galbán confesó que se sentía un músico realizado. “Adoro mi patria, mi música y mi familia”. Y a la pregunta de Rafael Lam si seguía recordando a los Zafiros, respondió: “La etapa de Los Zafiros fue de vinos y rosas, como dice una película, siempre los recuerdo como uno de los momentos memorables de la música cubana, ellos llenaron una época y todavía suenan”.

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.