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Población Afrodescendiente cubana actual

Un debate imprescindible

Gisela Arandia • La Habana

El conflicto raza-nación11 marcó desde los inicios la construcción de la unidad nacional, en las nuevas repúblicas una vez que lograron liberarse del sistema colonial. A priori los pueblos originarios y la población negra fueron excluidos del concepto de ciudadanía. En el caso de Cuba la población de origen africano una vez que su fuerza de trabajo dejó de ser el componente decisivo de la prosperidad, la cultura dominante comenzó a explorar cómo eliminar la presencia negra. Para enfrentar esa dificultad el poder de la supremacía blanca buscó durante varios siglos posibles soluciones.

Una corriente de pensamiento en la cual casi todas las tendencias coincidieron acorde con la cosmovisión hispanista fue continuar la tradición que había caracterizado la lucha de siglos contra la dominación del Islam a través de la limpieza de sangre, sustituida acá por la búsqueda de la blanquitud. Ante el peligro que implicaba una mayoría de habitantes negros y la posible influencia de la revolución en Haití el programa inmediato fue la emigración europea en gran escala, como la fórmula más socorrida para impulsar la construcción del blanqueamiento.

Con la misma sutileza que se había aplicado en el viejo continente, la herencia de la hispanidad estableció de manera paralela el ocultamiento del tema, bajo el legado de que lo que no se habla, no existe. A partir del esquema del silencio el protagonismo de la población negra en el combate por la emancipación quedó reducido. La historia contada en los textos por la clase dominante en el poder reafirmó la estrategia de invisibilizar los momentos más álgidos y dolorosos del conflicto de la racialidad.12

El desconocimiento acerca de esas historias de luchas de la población negra ha causado un daño extraordinario en la sociedad actual. Por una parte, al borrar un segmento importante de la memoria histórica y ocultar el aporte tenaz de negros y negras frente al sistema de dominación ha servido para prolongar el sentimiento de inferiorización destruyendo al mismo tiempo el orgullo identitario a través de mecanismos culturales de autodevaluación.

De manera simultánea ese vacío histórico apoyado en el imaginario social con estereotipos raciales hacia la población negra promueve la blanquitud como único modelo capaz de alcanzar la equidad social, con un impacto simbólico desastroso hacia su autoestima como ser humano.

La devastadora estrategia de la blanquitud creó falsas y aberrantes categorías identitarias fomentadas hacia el interior mismo de la población no blanca. Esa táctica estableció modelos de racialidad con distinciones arbitrarias entre los más oscuros y los más claros. Con la intensión malsana de impedir alianzas del conglomerado de origen africano en general, la hispanidad instauró estamentos sociales de acuerdo al porciento de negrura expresado en el color de la piel contenida en cada ser humano no blanco para diseminar expectativas ficticias que han llegado hasta la actualidad sobre el acercamiento a la blanquitud.

La creación diabólica de una fantasía de coloración logró imponer una mirada distorsionada según la cual, a menos cantidad de melanina más cerca de la blanquitud, lo que en término de vinculación con el estatus de poder, ha significado mayores posibilidades de alcanzar el triunfo económico. Una verdadera tragedia identitaria basada en la hipocresía para manipular a los menos oscuros, haciéndoles sentir que estaban más cerca de la blancura como menos negros y como la negrura es el mayor conflicto, mientras menos negros: mejor.

Una secuela de esa falacia se mantiene hoy día en los censos de población con la finalidad conciente o no de perpetuar la blanquitud, invisibilizar la negrura y sostener el rechazo hacia la africanidad como una categoría humana indeseable. Se trata de diseños del racismo impuestos desde el periodo colonial que han seguido acompañando el imaginario colectivo bajo un conjunto de pretextos que inciden en la pérdida del orgullo identitario, no solo como una perspectiva de racialidad sino como negación civilizatoria.

En América Latina durante el siglo XX, la consolidación de las repúblicas tuvo en cuenta algunos aspectos de la racialidad para alcanzar un nivel elemental de ciudadanía y asumir el derecho a llamarse cubano, brasileño, colombiano, pero eso no representó en realidad un posesionamiento de posibilidades de encontrar la equidad social. La población no blanca indígena o afrodescendiente continuó discriminada en su gran mayoría, los más oscuros de piel siempre en el último escalón.

La cuestión del legado de tergiversación identitaria y rechazo a la africanidad continúa en la actualidad como parte de un grupo de costumbres históricas de tipo colonialistas. Pero la pregunta sería qué mecanismos del pensamiento permiten que se conserve el rechazo hacia las personas de origen africano más visible, mientras que la blanquitud sigue marcando las riendas del poder.

Por un lado, la explotación capitalista que utiliza el racismo como mecanismo de diferenciación social para mantener los privilegios de una elite en el poder, corresponde a esa realidad de exclusión. Sin embargo, cómo explicar entonces la actualidad de la discriminación racial y de la subalternidad13 en países como Cuba que intentan transformar el sistema económico para encontrar las posibilidades reales de aplicar fórmulas que ayuden a establecer la justicia social.

Cuba, un país de vanguardia que realizó una ruptura plena en la búsqueda de la independencia política y económica significó un viraje total hacia la descolonización. Enfrentando consecuencias muy difíciles al romper con la dependencia de EE.UU. y asumir la autodeterminación soberana plena a partir de la cual ha conseguido múltiples logros sociales de trascendencia sociales enormes.

Sin embargo, no haber podido dar una respuesta coherente para eliminar la discriminación racial ha creado un vacío ideológico, a pesar de avances notables en la búsqueda de mayor equidad social. La ausencia de un proceso para deconstruir los mecanismos culturales que favorecen la presencia de comportamientos discriminatorios ha representado una debilidad política en la medida en que muchas de esas conductas de rechazo racial contenidas en el imaginario social heredado y de nueva creación, componen obstáculos importantes para la equidad.

Se trata de la urgencia de colocar el racismo como parte de un fenómeno social, que puede no desaparecer de modo espontáneo porque está inscrito como un conflicto sistémico de tipo estructural14 que involucra aspectos concretos de la sociedad. En su trayectoria compromete el estado de las mentalidades, donde lo conciente y lo inconciente penden en ocasiones de un hilo muy fino, marcado solo por subjetividades.

Por eso las soluciones encaminadas desde la voluntad revolucionaria en abstracto como discurso, y proyectos por separados sin aplicaciones concretas, sin el diseño de políticas específicas para el tema no permiten avanzar de manera profunda. La atención en espacios aislados con enfoques unilaterales no ha sido suficiente porque debido a su carácter estructural y sistémico el racismo alcanza a la sociedad en su conjunto.

El desmontaje del racismo y sus entidades asociadas, el prejuicio y la discriminación exigen de una proyección abarcadora que solo puede hacerse tangible desde la concepción misma del estado, debido a las complejas variables de su núcleo duro. Porque el racismo en Cuba se ha revelado históricamente usando el camuflaje de una unidad nacional imaginaria impuesta por la cultura dominante, revestida en ocasiones bajo el manto del mestizaje para ocultar su verdadera esencia excluyente.

La matriz identitaria de la blanquitud como modelo de sociedad progresista y culta ha servido para esconder los propósitos discriminatorios aplicados hasta nuestros días. Utilizando siempre la capacidad del control económico, desde determinados códigos ideológicos ha intentado al mismo tiempo, legitimar la discriminación y la subalternidad siempre anclado en los aspectos identitarios.

Desde finales del siglo XX ha surgido una tendencia que ha sido bautizada como neorracismo o nuevo racismo15 para tratar de decodificar la verdadera raíz de los mecanismos de rechazo a identidades diferentes que se articulan desde el racismo. Este análisis más reciente surgido en el ámbito de las ciencias sociales intenta atravesar los espacios más íntimos de la subjetividad de cada miembro de la sociedad para poder encontrar los vasos comunicantes entre las mentalidades y la aplicación concreta para establecer la exclusión racial.

Porque un aspecto poco explorado en el estudio del racismo y donde se encuentra un obstáculo grande para el análisis ha sido el nexo inseparable con el mundo de las emociones tanto para el que sufre el rechazo como para el que lo ejecuta. La facultad que ejerce el racismo para mover al unísono las ideas de prejuicios y paralelamente comprometer las emociones de rechazo ha sido un espacio poco examinado por las corrientes de pensamiento marxistas, las que concentraron su atención en el modelo económico. Mientras que el universo de los sentimientos no ha gozado del mismo prestigio.

Las emociones que actúan en los espacios del racismo quedan grabados en la memoria histórica de las víctimas que sufren la exclusión por razones identitarias y se proyectan desde los espacios más íntimos del ser humano ubicadas generalmente en el inconciente-conciente.16 Esta situación exige de un rango de estudios mucho más complejos para poder alcanzar un análisis mucho más intenso de un tema expuesto también a los mecanismos de manipulación subliminal, donde los medios masivos de comunicación y la cultura juegan un papel determinante sobre los comportamientos y actitudes hacia la diferencia.

Un concepto importante en este debate actual es la visión del racismo como parte inseparable de la modernidad17 lo que quiere decir que sigue presente en la práctica cotidiana. Junto al racismo clásico de tipo biologisista que pone énfasis en la inferioridad en este caso, de origen africano, se ha incorporado el racismo diferencialista.18

Esta variable es mucho más peligrosa porque su impacto simbólico tiende a fusionarse con el campo cultural, en ese sentido omite utilizar términos como raza o etnicidad, a la vez que penetra en los espacios más sutiles de la institucionalidad.

Actualmente en Cuba, desde la proyección identitaria, uno de los debates que más fuerza ha tomado es el énfasis en la pertinencia o no de seguir la idea tradicional de autodefinirse simplemente como cubanas y cubanos.

Se trata de una costumbre que en Brasil por mucho tiempo fue utilizada, a partir de la llamada democracia racial. Las personas negras prefirieron identificarse como cubanas, o brasileñas, porque eso representaba sentirse incluido dentro de la nacionalidad en su conjunto. A la luz de la lucha actual, en el proceso por la descolonización la metáfora de simplemente cubano, brasileño, colombiano u cualquier otro, comienza a tener otras lecturas. Para algunos investigadores, la repetición de ese diseño expresa un vacío y rechazo a la propia identidad.

Esta polémica no es un tema realmente nuevo, lo que ha ocurrido es que al crearse cierta apertura del tema en la sociedad civil ha comenzado una mayor sensibilidad hacia la racialidad, lo que ha facilitado una profundización de la conciencia identitaria. De ese modo, el hábito histórico de algunos sectores de la población negra de identificarse con la cubanidad y rechazar o aceptar la identidad de origen africano empieza a poner en dudas, los niveles de conciencia sobre la verdadera asunción de la africanidad.

Las posibilidades de transformar los viejos mecanismos de exclusión racial en un escenario favorable por la aparición de nuevos liderazgos en la región y por otro lado una lucha más activa hacia la eliminación del racismo con un protagonismo como nunca antes, también está influyendo en la Isla.

Esta discusión, sin lugar a dudas simboliza un paso de avance hacia la búsqueda del consenso acerca del papel que deberá jugar la identidad de origen africano, por la reivindicación racial. Están también las personas que afirman que no somos afrodescendientes sino afrocubanos, mientras que otras opiniones nos señalan como cubanos.

Hay quienes dicen que si bien afrocubano tuvo un extraordinario valor en su momento histórico en la actualidad es un apelativo redundante porque en realidad, quiere decir cubano negro(a) y requeriría entonces de su contraparte que entonces sería la hispano cubana, con lo cual regresaríamos seguramente a la cubanidad, como una opción que no recalca la descendencia negra.

Una manera de poder analizar con mayor claridad el asunto sería conocer cómo se identifican las personas blancas y si responden simplemente como cubanos. El resultado de esa indagación podría mostrar una respuesta que permitiría debatir las razones válidas o no del sector negro/mulato que prefiere seguir definiéndose solo como cubano, lo cual pudiera mostrar de manera mucho más abierta la presencia de un conflicto de tipo identitario.

Se trata del paso indispensable en la cristalización de la conciencia racial, dentro de la cubanidad, lo que el estudioso y activista venezolano Jesús Chucho García19 llama la etapa del autorreconocimiento de sí mismo. La cuestión sería entonces, si el autorreconocimiento, como negra-negro, pone en peligro la esencia de la cubanidad.

O si por el contrario, asumir la identidad de origen africano, como han hecho históricamente otras poblaciones ayuda a fortalecer la apropiación de esa categoría ciudadana, al tiempo que permite avanzar en el proceso descolonizador para asumir dialécticamente la realidad.

El dilema parece simple, una persona es negra o es blanca, porque se trata de una clasificación que no está asignada, a partir de una decisión voluntaria o intelectual sino que forma parte del mecanismo de la naturaleza.

Pero por otra parte, no se trata de una identificación opuesta a la cubanidad, pues ella justamente es la síntesis que contiene tanto a las personas de origen europeo, como africano e incluso también a las personas de origen chino y otras. Definitivamente son complementarias, por tanto asumir la africanidad como parte inseparable de la nación para acrecentar el patriotismo humanista, no desde el ocultamiento sino desde la visibilidad que permita construir la equidad social.

Quizá sería pertinente profundizar más acerca del sentido que tiene hoy en día, en Cuba después de más de 50 años de Revolución continuar la negación de sí mismo, como una secuela de la política histórica de la blanquitud que ha dado lugar a una ensoñación, un tipo de ceguera que impide ver una realidad que el espejo aclara de modo inmediato.

Si bien en un momento dado lo importante fue ser cubano por encima de cualquier definición para los no blancos, en el contexto de la liberación debido a la cultura dominante hacia la población negra. Hoy el escenario de lucha para la eliminación del racismo es otro, que exige de un mayor compromiso y responsabilidad de los descendientes de africanos.

La lucha actual requiere de buscar las estrategias apropiadas siempre desde la perspectiva de la unidad nacional. Eso quiere decir que aun después de la aceptación de la cubanidad, que no fue un regalo sino ganada durante la independencia, la persona no blanca no logra alcanzar el estatus de empoderamiento que le corresponde.

Definirse solo como cubana o cubano y rechazar la racialidad de origen africano ha sido parte de un mito, de una fantasía común a la América Latina. Afortunadamente ese proceso ha comenzado a cambiar. La lucha para eliminar el racismo histórico y contemporáneo que ha servido para legitimar la discriminación hacia los no blancos, toma más fuerza cada día. Los pueblos indígenas reclaman sus derechos junto a los afrodescendientes y en esa dinámica han surgido nuevos entramados por la descolonialidad20 continental por la equidad social hacia el paradigma del siglo XXI.

Posiblemente definirse como cubano en la Isla continúe observándose por algunas personas como "políticamente correcto" pero en la praxis social forma parte de un mecanismo ilusorio de manera conciente o no de la no asunción de la matriz identitaria original, que subsume y evade en cierta medida la problemática racial cotidiana.

El autorreconocimiento constituye un signo inequívoco de la evolución de la conciencia social, personas negras, blancas, gays, lesbianas participan del derecho ciudadano para elegir. Negar esa realidad no es sancionable, por supuesto pero instaura una evidencia de una frágil conciencia identitaria.

Es que acaso la negrura, como la homosexualidad menoscaba la condición humana. Para un análisis que intente descubrir el impacto histórico de la colonialidad habría que hurgar en las reacciones del inconsciente colectivo donde el racismo ha dejado una huella profunda. ¿Cómo podría explicarse este fenómeno? ¿Vergüenza de ser negra-negro? La respuesta es parte de la búsqueda histórica por la blanquitud, ser blanco es bueno, ser negro es malo.

El contenido

A partir de esos requerimientos, el presente ensayo trata de crear una visión que ayude a socializar algunas ideas sobre la racialidad en Cuba. Un tema que a lo largo del tiempo se ha ido conformando como parte de una identidad que sigue en movimiento. Esta aproximación llega en un momento importante porque parece que por primera vez después de 1959 comienza a surgir un consenso más sólido a favor del análisis del conflicto racial. Este nuevo escenario deberá constituir un paso trascendente en la búsqueda de la equidad racial que corresponde.

Desde otra perspectiva resulta válido comentar los nuevos espacios que han surgido al interior de las instituciones y también como discursos alternativos, fortaleciendo el incremento de la polémica. Aunque no existe todavía el obligado debate público que el tema demanda, algunas discusiones y recomendaciones sí permiten enunciar los temas de mayor impacto en esos análisis encaminados a sectores específicos como la educación, los medios masivos de comunicación, la academia, la familia y sobre todo las comunidades.

En una reflexión rápida quisiera mencionar otro desafío quizá no inmediato pero importante a largo plazo y es el papel que jugará el lenguaje como parte del consenso para definir las distintas denominaciones para caracterizar el tema. Debido a las propias exigencias de Cuba para sostener y avanzar el proyecto social que comenzó el primero de enero de 1959, en ocasiones no ha existido la oportunidad de asistir sistemáticamente al debate regional más reciente, donde se ha ido construyendo una masa crítica acerca del tema racial.

En ese sentido estimo que la ausencia de funcionarios cubanos de alto nivel en la construcción de una terminología decisiva como "afrodescendencia", no como clasificación étnica, cultural, histórica o de racialidad sino como la aparición fenomenológica de una nueva categoría de reivindicación social se presenta hoy como una dificultad para comprender el consenso regional. Ese alejamiento involuntario, impide una mayor comprensión de tal denominación y de sus implicaciones en la estrategia de lucha.

La afrodescendencia es parte de una nueva agenda política mundial para la lucha contra la colonialidad. Por primera vez, después de siglos la palabra "negros" que ha servido para afirmar la subalternidad, ha sido consensuada y sustituida por afrodescendientes. No significa esto que los clásicos prefijos afros queden totalmente excluidos del lenguaje popular, en muchos territorios las personas continuarán nombrándose afrocubano, afrovenozolano, afrobrasileño, afroamericano u otras, que abarca la individualidad de cada nación.

Pero lo cierto es que esas definiciones contienen una síntesis imprescindible para empezar a construir una agenda más global, que permita incorporarse al tema del racismo mundial desde una plataforma pertinente, donde la diáspora africana pueda expresar sus demandas y reparaciones a partir del crimen que fue la trata esclavista. No se trata del rechazo o aceptación particular a la terminología afrodescendientes sino de la necesidad de enlazar los vínculos históricos que fueron cortados por el colonialismo para acercarnos en busca de una comprensión más extendida, con el fundamento lógico de ver el conflicto no solo de un país sino en toda su magnitud.

A mi juicio, este fenómeno de socialización de afrodescendencia debería ser observado como un asunto de enorme complejidad, no solo lingüística sino también conceptual y sobre todo política porque contiene una agenda de lucha para acciones de aquí y ahora. En su contenido está también tratar de erradicar un grupo de denominaciones de inferioridad impuestas por el colonialismo. La finalidad de clasificar a la población de origen africano establecido por siglos, ha sido legitimar la discriminación, utilizando estereotipos raciales y buscando en todo momento disolver la autoestima con la correspondiente pérdida del orgullo identitario.

De manera personal será posible apreciar que utilizo casi todo el tiempo el concepto población negra, población de origen africano o población no blanca. En contadas ocasiones aparece la denominación mulatez y corresponde a textos que fueron escritos hace más tiempo. Este libro es precisamente una recopilación de ensayos, artículos, conferencias. Por tanto, muchas ideas están repetidas desde diferentes perspectivas, como los movimientos de una misma sinfonía que tienen un tema musical y se acoplan para lograr una tonalidad común que pretende poder aportar al diálogo para el debate imprescindible.

A modo de despedida algunas modestas sugerencias:

1.      La batalla contra el racismo y la discriminación debería ser considerada como una pieza decisiva del país para consolidar la unidad nacional. Concebida esta como el método dialéctico por la emancipación, inseparable de la renovación continua por la justicia social.

2.      La creación de nuevas estrategias para combatir el conflicto exige de un debate público como paso imprescindible para ampliar el consenso y la conciencia racial. Ese diálogo podría favorecer y legitimar los avances obtenidos, y al mismo tiempo visibilizar los temas pendientes.

3.      La solidez política adquirida por la población cubana por más de cinco décadas, enfrentando un cúmulo extraordinario de dificultades exige una fortaleza. Esa realidad acredita su capacidad para crecer también en la lucha por una mayor equidad racial, dejando atrás el mito colonizador de juzgar la racialidad como un fenómeno muy peligroso.

4.      El avance institucional por una parte y la cultura histórica de resistencia de la población de la Isla representan evidencias que permitirían vaticinar que la asunción plena de la problemática racial, lejos de constituir un riesgo local pudiera aportar esencias importantes para el paradigma de equidad social que hoy comienza a gestarse en toda la región, donde Cuba tiene un protagonismo trascendente.

Gisela Arandia Covarrubias. Reparto La Ceiba, noviembre 29, 2011.
 

Notas:

11- Héctor Díaz Polanco: Etnia, nación y política, Ed. Juan Pablo, México, 1990, p.14.

12- Terminología utilizada para hacer referencia a los problemas raciales.

13- "la repetición de la construcción cultural de un blanco superior y un negro subalterno que debe estar agradecido perpetúa la intención del deslinde como si la nación cubana no fuese el resultado de la hibridación de espiritualidades de pueblos diversos... ". Eliseo Altunaga: Construcción cultural, ensayo, 2010.

14- Romero Rodríguez, actual embajador itinerante del gobierno de Uruguay para temas afrodescendientes. Director por varios años de la Red Mundo Afro. Fue uno de los artífices de la III Cumbre de Durban. Uno de sus argumentos ha sido el carácter estructural del racismo "no puede haber un proyecto de construcción de una sociedad libre, soberana participativa si no se pone como eje transversal el tema del racismo". Ha escrito múltiples ensayos y la novela Mbundo Malungo a Mundele en 2006.

15- Fredy Rivera Vélez: "Las aristas del racismo" "Racismo ecuatoriano: imágenes e identidades", Ecuador Debate, 2006.

16- Gisela Arandia: "Sociedad multirracial e identidad nacional", ensayo, 1989.

17- Fredy Rivera Vélez: ob. cit.

18- Michel Wieviorka: El espacio del racismo, p. 102.

19- Jesús Chucho García plantea el concepto sobre el autorreconocimiento en su libro Afrovenezuela: una visión desde adentro, Ed. TlDCAV, 1992. p. 51, tomado del curso "Comunidades afroamericanas y transformaciones sociales".

20- Descolonialidad del poder, término acuñado por Aníbal Quijano, para distinguir entre colonialismo como condición de vivir en un espacio cuyo régimen de vida es administrado por el poder imperial y colonialidad que es un atributo fundamental que configura el patrón de poder de la modernidad. Tomado del prólogo "Condenados de la tierra" escrito por Agustín Laó-Montes, Ed. Casa de las Américas, 2011.


Fragmentos del prefacio del libro Población Afrodescendiente cubana actual, editado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y por el Fondo de las Naciones Unidas para Población (UNFPA), 2012.

 
 
 
 
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